Ataque con drones deja viviendas destruidas y civiles heridos en Tibú

Una persona resultó gravemente herida en el ataque; dos viviendas fueron destruidas; múltiples civiles afectados incluyendo ancianos y menores; comunidades en riesgo permanente.
Les pedimos que nos dejen por fuera de esa guerra tan absurda
Una mujer cuya casa fue destruida por explosivos de drones en Campo Tres suplica a los grupos armados que respeten a la población civil.
Mark

¿Por qué los drones se han convertido en el arma de elección en el Catatumbo?

Mimi

Porque son precisos, relativamente baratos y permiten atacar desde la distancia sin exponer a los combatientes. Pero lo que los grupos armados ganan en eficiencia táctica, la población civil lo pierde en seguridad.

Mark

La mujer que habló pidió respeto. ¿Cree que ese mensaje llegará a quienes toman las decisiones?

Mimi

Probablemente no. Cuando una guerra se trata de control territorial y corredores para drogas, el respeto por los civiles no es una prioridad. Pero el hecho de que ella haya hablado importa porque deja constancia de que hay gente real detrás de los números.

Mark

El experto dice que bombardear no es suficiente. ¿Qué debería hacer el Gobierno entonces?

Mimi

Recuperar la presencia del Estado. Eso significa escuelas, hospitales, policía, justicia. Significa que los civiles vean que el Estado puede protegerlos mejor que los grupos armados. Pero eso toma años, y la gente de Campo Tres no tiene años.

Mark

¿Hay alguna salida realista para estas comunidades?

Mimi

La salida pasa por debilitar el control que ejercen los grupos armados sobre el territorio, pero sin destruir lo que queda. Es un equilibrio casi imposible, y por eso el Catatumbo sigue siendo una crisis.

  • Drones con explosivos detonaron sobre viviendas civiles en Campo Tres, dejando a una persona gravemente herida y dos familias sin hogar en cuestión de segundos.
  • El ataque no es un hecho aislado: desde enero de 2025, el Catatumbo acumula meses de confrontación armada que ha convertido la vida cotidiana en una amenaza permanente para ancianos, niños y familias enteras.
  • Los vecinos evacuaron el sector con sus propios medios, sin esperar al Estado, mientras una mujer afectada suplicaba públicamente a los grupos armados que respetaran a quienes no tienen parte en su guerra.
  • Expertos advierten que la solución no pasa únicamente por operaciones militares: el verdadero reto es recuperar presencia estatal y control territorial sin que los civiles paguen el costo de esa reconquista.
  • El nuevo Gobierno enfrenta en el Catatumbo una prueba que combina urgencia humanitaria, vacío institucional y la necesidad de una estrategia que vaya más allá de la fuerza para no profundizar la crisis.

En el corregimiento de Campo Tres, en Tibú, drones cargados con explosivos destruyeron dos viviendas e hirieron gravemente a un civil, sumando una nueva herida a una región que desde enero de 2025 soporta el peso de una confrontación entre el ELN y disidencias de las Farc. Lo que ocurre en el Catatumbo no es solo una disputa armada por corredores ilícitos: es la historia de comunidades enteras atrapadas en una guerra que no eligieron y cuyas consecuencias cargan en silencio. El llamado de sus habitantes —que los dejen vivir— es quizás la demanda más antigua y más ignorada de cualquier conflicto humano.

En Campo Tres, zona rural de Tibú, drones cargados con explosivos destruyeron dos viviendas y dejaron a una persona gravemente herida. Los vecinos evacuaron el sector de inmediato y atendieron a los afectados con lo que tenían. Una de las mujeres cuya casa quedó en ruinas habló con angustia: su padre quedó aturdido por las explosiones, una vecina sufrió lesiones leves, un joven fue herido. Su súplica fue directa y sin adornos: que los dejaran fuera de esa guerra, que les tuvieran respeto, que los dejaran vivir.

Este ataque no ocurre en el vacío. Desde el 16 de enero de 2025, el Catatumbo es escenario de una confrontación entre el ELN y disidencias de las Farc por el control territorial y de corredores para actividades ilícitas. La crisis humanitaria que ha generado ese enfrentamiento es una de las más severas de los últimos años, y sus víctimas principales son comunidades que no tienen bando ni voz en la disputa.

El experto en seguridad Kenny Sanguino advierte que el problema no se resuelve con operaciones militares convencionales. El verdadero desafío, señala, es recuperar el control territorial sin que la población civil —que ya sufre— pague el precio de esa reconquista. Cualquier estrategia efectiva debe combinar acción militar con presencia institucional real en zonas donde hoy son los grupos armados quienes ejercen influencia sobre las comunidades.

Mientras el nuevo Gobierno enfrenta ese reto complejo, los habitantes de Campo Tres y del Catatumbo siguen esperando algo mucho más simple: poder dormir sin sobresaltos, trabajar sin mirar al cielo, criar a sus hijos sin que la próxima explosión sea una posibilidad real. Ese deseo ha quedado grabado en las ruinas de dos casas y en el cuerpo de una persona gravemente herida.

En el corregimiento de Campo Tres, en la zona rural de Tibú, dos viviendas fueron reducidas a escombros cuando drones cargados con explosivos detonaron sobre la zona. Una persona resultó gravemente herida. Los vecinos, asustados por la posibilidad de nuevos ataques, evacuaron el sector y atendieron a los afectados con los recursos que tenían a mano.

Esta no es una situación aislada. Desde el 16 de enero de 2025, el Catatumbo ha sido escenario de una confrontación armada entre el ELN y disidencias de las Farc que ha generado una de las crisis humanitarias más severas de los últimos años. Los civiles atrapados en medio de esta disputa territorial —que también involucra el control de corredores para actividades ilícitas— cargan con el peso de una guerra que no es suya.

Una de las mujeres afectadas por el ataque habló con angustia sobre lo que vivió su familia. Su padre quedó aturdido por las explosiones. Una vecina sufrió lesiones leves. Un joven resultó herido y fue atendido por la comunidad. Su casa, donde probablemente vivió durante años, ahora es un montón de ruinas. "Les pedimos, por favor, que nos dejen por fuera de esa guerra tan absurda que ustedes tienen", suplicó. Luego agregó: "No tenemos la culpa de lo que pasa y les pedimos respeto". Su llamado no era para pedir venganza ni justicia política. Era una petición elemental: que la dejaran vivir.

Los ataques con drones han intensificado la preocupación entre los habitantes de esta región. No es solo el miedo al próximo ataque, aunque ese miedo es real y constante. Es la sensación de estar atrapados en una confrontación cuyas reglas no entienden y cuyas consecuencias no merecen. Las comunidades reclaman garantías de seguridad y acciones concretas que protejan sus vidas, sus casas y sus bienes.

Para el nuevo Gobierno nacional, el Catatumbo representa uno de sus desafíos más complejos. Kenny Sanguino, docente universitario y experto en seguridad, señala que el problema no se resuelve simplemente con operaciones militares. "El reto no es solo bombardear y dar de baja a miembros de los grupos armados, porque ejercen control; no es bombardear, sino cómo hacerlo evitando que la población que no está vinculada con ningún tipo de conflicto se vea afectada", explicó. El verdadero desafío, advierte, es recuperar el control territorial y la presencia del Estado sin poner en riesgo a quienes ya están sufriendo.

Esto significa que cualquier estrategia militar debe ir acompañada de acciones institucionales que permitan al Estado recuperar su presencia en zonas donde actualmente las organizaciones armadas ejercen influencia sobre las comunidades. No es suficiente derrotar a los grupos armados si en el proceso se destruyen más casas, se hieren más civiles y se profundiza la desconfianza en las instituciones.

Mientras tanto, los habitantes de Campo Tres y otras comunidades del Catatumbo siguen esperando poder vivir sin temor. Esperan poder dormir sin sobresaltos, trabajar sin mirar al cielo buscando drones, criar a sus hijos en un lugar donde la explosión siguiente no sea una posibilidad real. Es un llamado que ha quedado registrado en las ruinas de dos casas y en el cuerpo de una persona gravemente herida.

Les pedimos, por favor, que nos dejen por fuera de esa guerra tan absurda que ustedes tienen. No tenemos la culpa de lo que pasa y les pedimos respeto
— Mujer afectada por el ataque en Campo Tres
El reto no es solo bombardear y dar de baja a miembros de los grupos armados, porque ejercen control; no es bombardear, sino cómo hacerlo evitando que la población que no está vinculada con ningún tipo de conflicto se vea afectada
— Kenny Sanguino, experto en seguridad
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