En las primeras horas de un lunes ordinario, la mina El Cogote en Segovia, Antioquia, dejó de ser un lugar de trabajo para convertirse en escenario de guerra: cinco artefactos explosivos lanzados desde drones sacudieron sus patios, hirieron a trabajadores y enviaron una señal inequívoca sobre quién pretende gobernar ese territorio. Las autoridades apuntan al frente 4 de las disidencias de las Farc, que habrían actuado como represalia por el incumplimiento de extorsiones, revelando cómo la disputa por las rentas mineras en el Nordeste antioqueño ha escalado hasta adoptar tecnologías que antes p
Ataque con dron a mina en Segovia deja heridos y genera temor en Antioquia
Grupos al margen de la ley en disputa por territorio y por las rentas de los minerales
¿Por qué un ataque a una mina genera tanto temor en toda una comunidad?
Porque la mina no es solo un lugar de trabajo. Es la fuente de ingresos, de estabilidad, de presencia estatal. Cuando grupos armados la atacan, están demostrando que pueden llegar a cualquier lugar, que el control territorial es suyo, no de las autoridades.
¿Qué significa que la mina no pagara las extorsiones?
Significa que alguien decidió no ceder al chantaje. Pero esa decisión tiene un costo. Los grupos armados no toleran el desafío. El ataque es el mensaje: aquí mando yo, y esto es lo que pasa cuando no obedeces.
¿Por qué los drones cambian el juego?
Porque son baratos, difíciles de detectar, y permiten atacar desde lejos sin riesgo. Un grupo armado que antes necesitaba hombres en el terreno ahora puede lanzar granadas desde el aire. Es una ventaja táctica que los grupos criminales están aprendiendo a usar.
¿Qué pasa con los mineros que trabajan allí?
Viven en la incertidumbre. Saben que sus patrones están en conflicto con grupos armados. Saben que pueden ser víctimas colaterales. El silencio de los dirigentes de la mina refleja eso: miedo a represalias si hablan, miedo a más ataques si no ceden.
¿Esto es nuevo en Antioquia?
La extorsión a minería es vieja. Pero los drones, la sofisticación táctica, la capacidad de atacar infraestructura crítica desde el aire: eso sí es nuevo. Es el signo de que la violencia por control territorial está evolucionando.
Der Puls
- Cinco explosivos lanzados desde drones convirtieron la rutina minera de Segovia en una escena de guerra, dejando al menos dos heridos y vehículos destruidos en los patios de la mina El Cogote.
- La comunidad civil absorbió el impacto con una mezcla de conmoción y miedo: los directivos de la mina guardaron silencio, mientras las versiones sobre el número de heridos oscilaban entre dos y tres según la fuente.
- La Policía y el Ejército desplegaron operativos de inteligencia para confirmar la autoría, señalando al frente 4 de las disidencias de las Farc como responsables de una represalia por extorsiones impagadas.
- El gobernador de Antioquia advierte que grupos armados ya adaptan drones comerciales para lanzar granadas de mortero con mayor precisión, marcando una escalada tecnológica en la violencia territorial.
- Tres estructuras criminales compiten por el control de Segovia —disidencias de las Farc, Clan del Golfo y ELN—, y lo sucedido en El Cogote revela que esa disputa no tiene techo visible en su brutalidad.
En las primeras horas de un lunes ordinario, la mina El Cogote en Segovia, Antioquia, dejó de ser un lugar de trabajo para convertirse en escenario de guerra: cinco artefactos explosivos lanzados desde drones sacudieron sus patios, hirieron a trabajadores y enviaron una señal inequívoca sobre quién pretende gobernar ese territorio. Las autoridades apuntan al frente 4 de las disidencias de las Farc, que habrían actuado como represalia por el incumplimiento de extorsiones, revelando cómo la disputa por las rentas mineras en el Nordeste antioqueño ha escalado hasta adoptar tecnologías que antes parecían ajenas a estos conflictos. Lo ocurrido no es un episodio aislado, sino un capítulo más en la larga historia de territorios donde el oro y la violencia comparten la misma veta.
En la mañana de un lunes, cinco artefactos explosivos lanzados desde drones sacudieron la mina El Cogote, en la vereda El Aporreado de Segovia, Antioquia, a apenas veinte minutos del casco urbano. El ataque dejó heridos —dos confirmados por la Policía, tres según fuentes locales— y daños en vehículos estacionados en los patios de la operación. Los directivos de la mina optaron por el silencio mientras las autoridades iniciaban las investigaciones.
El Cogote no es una mina cualquiera: lleva más de cincuenta años en la región, heredera de las antiguas concesiones de Frontino Gold Mines, y su tamaño la convierte en un objetivo codiciado en un territorio donde el control de las rentas mineras es objeto de disputa armada permanente. El coronel Luis Muñoz, comandante de la Policía de Antioquia, señaló al frente 4 de las disidencias de las Farc como principal línea de investigación, bajo la hipótesis de que el ataque fue una represalia por extorsiones incumplidas y reuniones ignoradas.
Rubén Darío Gómez, de la Confederación Nacional de Mineros, confirmó que hubo sobrevuelos previos de drones sobre la zona antes del ataque, subrayando que lo ocurrido responde a una estrategia deliberada de control territorial. En Segovia operan al menos tres estructuras criminales —disidencias de las Farc, Clan del Golfo y ELN—, todas en pugna por el acceso a los recursos que genera la minería.
El gobernador Andrés Julián Rendón ha advertido que estos grupos ya adaptan drones comerciales para lanzar granadas de mortero con mayor precisión, una escalada tecnológica que transforma la naturaleza del conflicto en territorios donde el Estado tiene presencia limitada. Lo que sucedió en El Cogote ilustra cómo la tecnología de consumo se convierte en arma de guerra cuando el oro y la violencia comparten la misma geografía.
En la mañana del lunes, un ataque aéreo transformó la rutina de Segovia, un municipio en el Nordeste de Antioquia. Cinco artefactos explosivos fueron lanzados desde drones sobre la mina El Cogote, ubicada en la vereda El Aporreado, a apenas veinte minutos del casco urbano. El impacto dejó heridos, daños materiales en vehículos estacionados en los patios de la operación, y algo más difícil de cuantificar: una onda de temor que se extendió por toda la comunidad. La Policía confirmó dos personas lesionadas. Fuentes locales hablan de tres. Los dirigentes de la mina guardaron silencio, esperando que las investigaciones revelaran quién estaba detrás del ataque.
La mina El Cogote no es cualquier operación. Lleva más de cincuenta años en la región, operando sobre las antiguas concesiones de Frontino Gold Mines. Es una de las más grandes del municipio, lo que la convierte en un objetivo de valor en un territorio donde el control territorial y las rentas mineras son moneda de disputa entre grupos armados ilegales. Según el coronel Luis Muñoz, comandante de la Policía de Antioquia, las primeras líneas de investigación apuntan al frente 4 de las disidencias de las Farc. La hipótesis es que el ataque fue una represalia: la mina habría incumplido pagos de extorsión e ignorado reuniones impuestas por la estructura criminal.
Esta no es la primera vez que la violencia toca la minería en Antioquia. En la jurisdicción de Segovia operan al menos tres estructuras criminales: el frente 4 de las disidencias de las Farc, grupos del Clan del Golfo, y frentes del ELN. Todas compiten por territorio y por acceso a las rentas que genera la explotación mineral. La Policía desplegó capacidades operativas con apoyo del Ejército, activando también labores de inteligencia para verificar lo ocurrido. Pero el daño ya estaba hecho.
Rubén Darío Gómez, secretario de la Confederación Nacional de Mineros de Colombia, confirmó que hubo sobrevuelos previos de drones sobre el área de explotación. Los artefactos explosivos causaron daños principalmente en vehículos estacionados en los patios de la empresa. Su interpretación fue clara: grupos al margen de la ley en disputa por territorio y por las rentas de los minerales en la región. Lo que sucedió en El Cogote no fue un acto aislado, sino parte de una estrategia de control territorial que utiliza tecnología cada vez más sofisticada.
El gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, ha denunciado recientemente que las Farc están utilizando drones comerciales, adquiridos en el mercado abierto, adaptados para lanzar granadas de mortero con mayor precisión. Estos ataques contra rivales y habitantes en territorios disputados representan una escalada en la capacidad ofensiva de los grupos armados. Lo que sucedió en Segovia es un ejemplo de cómo la tecnología de consumo se convierte en arma de guerra en territorios donde el Estado tiene presencia limitada y donde la violencia por el control de recursos naturales sigue escribiendo su historia.
Bemerkenswerte Zitate
Desde el momento en que se conocieron los hechos, la Policía Nacional desplegó todas las capacidades operativas, con apoyo del Ejército, también la labor investigativa y de inteligencia para verificar lo ocurrido— Coronel Luis Muñoz, comandante de la Policía de Antioquia
Fueron grupos al margen de la ley que están en disputa por el territorio y las rentas de los minerales en la región— Rubén Darío Gómez, secretario de la Confederación Nacional de Mineros de Colombia