En febrero de 2025, la Casa Blanca publicó en X un vídeo titulado 'ASMR: Vuelo de deportación de extranjeros ilegales', que acumuló más de cien millones de visualizaciones. El vídeo convierte el sonido de cadenas y grilletes sobre cuerpos sin rostro en entretenimiento relajante, apropiándose de un género diseñado para el bienestar. Más allá de una estrategia de comunicación, este gesto revela algo más inquietante: la voluntad de convertir el sufrimiento humano en espectáculo compartido, de hacer del mal no un secreto vergonzoso, sino un producto cultural con audiencia masiva.
ASMR: El placer de deportar migrantes según la Casa Blanca
Su única voz es el sonido de su propio sometimiento
¿Por qué importa que sea ASMR específicamente? ¿No es solo un vídeo de deportaciones?
Porque ASMR es un género que existe para provocar placer y calma. Usarlo aquí es decir explícitamente: esto es entretenimiento. Esto es para que disfrutes.
Pero ¿sabemos realmente cuál fue la intención de la Casa Blanca? ¿Hay una declaración diciendo que buscaban placer o entretenimiento?
El título del vídeo, la elección de sonidos, la distribución masiva. Las acciones hablan.
¿Qué hace diferente esto de otras formas de propaganda política?
Que no intenta convencerte de una política. Intenta hacerte sentir bien viendo a personas encadenadas. Es propaganda del mal mismo, no de una idea.
El columnista compara esto con el siglo XX y el mal nazi. ¿Es una comparación verificable o es retórica?
Es un análisis. Arendt es un marco teórico. Lo que sí es verificable es que el vídeo existe, tiene cien millones de visualizaciones, y muestra personas encadenadas.
¿Qué pasa ahora? ¿Hay reacciones, investigaciones?
El columnista está señalando que esto representa un cambio en cómo se ejerce el poder: ya no se esconde, se exhibe.
Pero ¿cuántas personas realmente vieron el vídeo completo? ¿Cuántas lo compartieron porque les pareció bien? Esos números no están en el artículo.
No. Lo que sabemos es que circuló ampliamente y fue producido por la Casa Blanca como contenido oficial.
O Pulso
- La Casa Blanca publicó un vídeo ASMR de deportaciones que alcanzó cien millones de visualizaciones, convirtiendo el sometimiento de migrantes en contenido viral de entretenimiento.
- Los migrantes aparecen sin rostro, literalmente decapitados del encuadre, reducidos al sonido de sus propias cadenas como única presencia en la grabación.
- El vídeo invierte la lógica del género ASMR —pensado para calmar— y lo usa para que el público disfrute estéticamente de la humillación ajena.
- Críticos y columnistas advierten que esto no es un error de comunicación, sino una estrategia deliberada para normalizar la vulneración de derechos humanos como forma de ocio.
- A diferencia del mal que se ocultaba en el siglo XX, este se produce, se distribuye y se le da forma artística, buscando que la audiencia comparta el placer ante el dolor ajeno.
En febrero de 2025, la Casa Blanca publicó en X un vídeo titulado 'ASMR: Vuelo de deportación de extranjeros ilegales', que acumuló más de cien millones de visualizaciones. El vídeo convierte el sonido de cadenas y grilletes sobre cuerpos sin rostro en entretenimiento relajante, apropiándose de un género diseñado para el bienestar. Más allá de una estrategia de comunicación, este gesto revela algo más inquietante: la voluntad de convertir el sufrimiento humano en espectáculo compartido, de hacer del mal no un secreto vergonzoso, sino un producto cultural con audiencia masiva.
La Casa Blanca publicó en X un vídeo titulado 'ASMR: Vuelo de deportación de extranjeros ilegales'. Superó los cien millones de visualizaciones. En él, los sonidos asociados a la calma —el tintineo suave, el roce delicado— provienen de grilletes golpeando el asfalto y cadenas rozando piel. Los migrantes no tienen cara: el encuadre les cortó la cabeza. Su única presencia es el sonido de su propio sometimiento.
El ASMR —respuesta sensorial meridiana autónoma— es un género que acumula millones de seguidores porque funciona: susurros, páginas pasadas, bolsas arrugadas. Técnicas de relajación que buscan paz y bienestar. La Casa Blanca tomó esa fórmula y la invirtió: usó la arquitectura del placer sensorial para enmarcar deportaciones no como política ni como noticia, sino como algo para disfrutar.
Lo que está en juego va más allá de una mala decisión de comunicación. Hannah Arendt describió la banalidad del mal como la capacidad de cometer atrocidades con indiferencia burocrática. Pero esto es diferente: es la obscenidad del mal. No se esconde. Se produce, se distribuye, se le busca una poética y una banda sonora.
En el siglo XX, los peores actos del poder operaban en la sombra. Hoy se despliegan en pantalla con forma artística y audiencia masiva. Lo más perturbador no es que quienes gobiernan cometan actos que vulneran derechos humanos, sino que producen contenido sobre esos actos y buscan que todos compartamos el mismo placer ante el dolor ajeno. Eso es lo que representa ese vídeo: la música del peor mundo posible, reproducida cien millones de veces.
La Casa Blanca subió a X un vídeo titulado «ASMR: Vuelo de deportación de extranjeros ilegales». Acumuló más de cien millones de visualizaciones. En él, los sonidos que típicamente calman y relajan —el susurro, el roce suave, el tintineo delicado— provienen de grilletes golpeando el asfalto, cadenas rozando piel, esposas chocando contra manos indefensas, tobilleras tintineando mientras hombres encadenados suben las escaleras de un avión. Los migrantes no tienen cara en la grabación. Literalmente les cortaron la cabeza del encuadre. Su única voz es el sonido de su propio sometimiento.
Para entender qué está pasando aquí, hay que saber qué es ASMR. La sigla significa respuesta sensorial meridiana autónoma, y describe una sensación física y psicológica que produce calma y tranquilidad. Los vídeos ASMR acumulan millones de visualizaciones porque funcionan: susurrar al oído, pasar páginas de un libro, arrugar una bolsa de papel. Son técnicas de relajación que explotan sonidos en primer plano. La cuarta temporada de Stranger Things abrió con cinco minutos de ASMR puro, sin diálogos. El género busca siempre lo mismo: paz, descanso, bienestar.
La Casa Blanca tomó esa fórmula y la invirtió. Usó la arquitectura del placer sensorial para enmarcar la deportación de personas migrantes como entretenimiento. No como noticia, no como política, no como acción de gobierno. Como algo para disfrutar. Los sonidos que deberían relajarte son los de cadenas. El efecto que promete ASMR es tranquilidad; lo que produce este vídeo es la necesidad de vomitar y un hundimiento psicológico.
Lo que está en juego aquí es más profundo que una mala decisión de comunicación. Hannah Arendt escribió sobre la banalidad del mal, cómo los actos más atroces pueden ejecutarse con indiferencia burocrática, sin dramatismo, sin reconocimiento de lo que se está haciendo. Pero esto es distinto. Esto es la obscenidad del mal. No se esconde. Se exhibe. Se produce. Se distribuye. Se busca que sea visto, que sea disfrutado, que sea normalizado como entretenimiento.
En el siglo XX, el mal se ocultaba. La Solución Final fue un secreto de Estado. La Stasi operaba en la sombra. Ahora, en el siglo XXI, el mal se despliega en la pantalla. Se le da forma artística. Se le busca un lenguaje, una poética, una banda sonora. Trump y sus aliados no solo cometen actos que vulneran derechos humanos; producen contenido sobre esos actos. No solo gobiernan; crean propaganda del mal. Y lo peor no es que sean malos. Es que quieren que todos lo seamos también. Quieren que sintamos el mismo placer que ellos ante el dolor ajeno. Eso es lo que representa ese vídeo ASMR: la música del peor mundo posible, reproducida cien millones de veces.
Citações Notáveis
El mal del siglo XXI ya no se molesta en esconderse tras eufemismos o secretos; lo despliega y exhibe para aceptar que el mal dirige el mundo— Análisis del columnista sobre la estrategia política actual