La cuarta dosis se aplicará a mayores de 50 años, personal de salud y seguridad, personas inmunocomprometidas y poblaciones especiales con mayor riesgo de transmisión. Estudios científicos argentinos demuestran que la combinación de vacunas heterólogas aumenta significativamente los anticuerpos neutralizantes contra la variante Ómicron.
Argentina inicia aplicación de cuarta dosis de COVID-19 para mayores de 50 años y personal sanitario
Ómicron evade la respuesta inmune con una capacidad extraordinaria
¿Por qué Argentina decidió comenzar con mayores de 50 años y no con 60, como en otros países?
Porque la mayoría de las muertes por COVID ocurrían en el grupo de 50 años en adelante. Aunque biológicamente los mayores de 60 generan menos anticuerpos, el gobierno priorizó donde estaba el mayor riesgo real de muerte.
Pero hay catorce millones de personas que ni siquiera tienen la tercera dosis. ¿No es un problema aplicar una cuarta si la gente no se ha puesto la anterior?
Exactamente. Por eso Vizzotti pidió intensificar la tercera dosis primero. López fue claro: con solo dos dosis frente a Ómicron no se está adecuadamente protegido, y el 40 por ciento de la población aún le falta la tercera. Pero el gobierno decidió que podía hacer ambas cosas en paralelo.
¿Qué diferencia hace combinar vacunas de diferentes laboratorios?
Los estudios argentinos mostraron que mezclar plataformas —Sputnik V con Pfizer, por ejemplo— aumenta significativamente los anticuerpos neutralizantes contra Ómicron. Es más efectivo que repetir la misma vacuna.
La variante Ómicron evade la inmunidad en más del 60 por ciento. ¿Eso significa que la vacuna casi no funciona?
No. Significa que dos dosis no son suficientes. Pero una tercera dosis revierte ese déficit de manera dramática. El problema no es que la vacuna no funcione; es que Ómicron es muy evasiva y necesita más refuerzos.
¿Por qué incluir a docentes en la segunda fase si el virus estaba en retroceso?
Porque aunque los contagios eran bajos en Argentina, subían en otras regiones. Los docentes tienen exposición constante a muchas personas. Era una apuesta a estar preparados antes de que llegara la próxima ola.
¿Había suficientes vacunas?
Sí. Habían distribuido 105 millones de dosis y aplicado 97,5 millones. Quedaban 7,5 millones en stock. El problema no era la cantidad sino convencer a la gente de que se acercara a los vacunatorios.
El Pulso
- La cuarta dosis comenzaría el 18 de abril de 2022 para mayores de 50 años, personal sanitario y grupos prioritarios
- Más de 14 millones de argentinos aún no habían recibido la tercera dosis
- Argentina había distribuido 105 millones de dosis y aplicado 97,5 millones
- Estudios argentinos demostraron que Ómicron evadía la inmunidad en más del 60 por ciento con solo dos dosis
La cuarta dosis se aplicará a mayores de 50 años, personal de salud y seguridad, personas inmunocomprometidas y poblaciones especiales con mayor riesgo de transmisión. Estudios científicos argentinos demuestran que la combinación de vacunas heterólogas aumenta significativamente los anticuerpos neutralizantes contra la variante Ómicron.
El Ministerio de Salud argentino anunció la aplicación de la cuarta dosis de COVID-19 a partir del 18 de abril para mayores de 50 años, personal sanitario y otros grupos prioritarios, con intervalo mínimo de cuatro meses desde la tercera dosis.
A mediados de abril de 2022, Argentina se disponía a dar un paso más en su campaña de vacunación contra el coronavirus. Con apenas dos mil contagios diarios reportados, el virus parecía estar en retirada, pero los datos de otras regiones del mundo pintaban un cuadro distinto. En Asia y Europa, las infecciones repuntaban. Por eso, cuando la ministra de Salud Carla Vizzotti anunció que el país comenzaría a aplicar una cuarta dosis a partir del 18 de abril, la decisión respondía a una lógica de anticipación: prepararse antes de que una nueva ola golpeara.
La cuarta dosis llegaría primero a los mayores de 50 años, al personal de salud y seguridad, y a personas de 12 años o más con sistemas inmunológicos comprometidos. También se priorizaría a poblaciones en contextos de mayor riesgo: quienes vivían o trabajaban en cárceles, instituciones de salud, geriátricos, o cuidaban a personas vulnerables. Se incluyó además a viajeros recientes a zonas donde circulaban variantes preocupantes, y a personas hospitalizadas o en investigación de brotes. En quince días, el gobierno reevaluaría si expandir el programa a personas de 18 a 49 años con factores de riesgo, así como a docentes, personal de seguridad y fuerzas armadas.
Pero había un problema más urgente: millones de argentinos aún no habían recibido ni siquiera la tercera dosis. Según los datos del Monitor Público de Vacunación, más de catorce millones de personas que ya completaban su esquema inicial hace más de cuatro meses seguían sin aplicarse el primer refuerzo. Entre los adultos mayores, la cifra era particularmente preocupante. De los mayores de 60 años, casi 750 mil no tenían la dosis adicional. Entre los de 60 a 69 años, el 13,6 por ciento aún no la había recibido, unos 482 mil individuos. En el grupo de 70 a 79 años, el 6,9 por ciento, es decir 161 mil personas, tampoco la tenía. Incluso entre los octogenarios, el 11 por ciento seguía sin vacunarse, y entre los mayores de 90 años, el 11,3 por ciento.
El infectólogo Eduardo López explicó la lógica detrás de las prioridades. Los mayores de 50 años generaban menos anticuerpos frente al coronavirus, lo que los dejaba expuestos con el tiempo. Aunque la edad de corte podría haber sido 60, se eligió 50 porque la mayoría de las muertes ocurrían en ese grupo etario. Respecto a los docentes, López señaló que su mayor exposición al riesgo justificaba la inclusión. El esquema que Argentina seguía era consistente con lo que hacían la mayoría de los países.
La ciencia respaldaba la decisión. Investigadores argentinos publicados en The Lancet Infectious Diseases habían demostrado que dos dosis de vacuna no ofrecían protección óptima contra la variante Ómicron. La viróloga molecular Andrea Gamarnik, investigadora del CONICET, explicó que Ómicron tenía una capacidad extraordinaria para evadir la respuesta inmune: los anticuerpos inducidos por la vacuna perdían más del 60 por ciento de su capacidad neutralizante frente a esta variante comparado con la cepa original. Pero una tercera dosis revertía dramáticamente ese déficit. Además, la combinación de diferentes plataformas de vacunas —por ejemplo, Sputnik V seguida de Pfizer, Moderna, Sinopharm o AstraZeneca— resultaba sumamente efectiva para acelerar la inmunización y aumentar los anticuerpos neutralizantes.
Hasta el momento de la campaña, Argentina había distribuido más de 105 millones de dosis a todas sus jurisdicciones y donado 5 millones a otros países. De esas dosis distribuidas, se habían aplicado 97,5 millones, dejando unos 7,5 millones en stock. La ministra Vizzotti había insistido en que había suficientes vacunas disponibles. El desafío no era la cantidad, sino la voluntad de la población de acercarse a los vacunatorios. En algunas provincias los turnos se asignaban automáticamente una vez cumplido el intervalo requerido; en otras, la gente podía presentarse libremente.
La campaña de vacunación se extendería más allá del COVID-19. Las autoridades anunciaron que las dosis contra la gripe podían aplicarse simultáneamente con las de coronavirus, y lanzaron la Semana de Vacunación en las Américas para el 23 al 30 de abril, con el objetivo de fortalecer todas las estrategias de inmunización. El subsecretario de Estrategias Sanitarias, Juan Manuel Castelli, subrayó que la idea era poner en agenda la importancia de la vacunación en todos los grupos de edad, no solo en niños sino también en adultos, personal estratégico y poblaciones rurales. Los riesgos de reintroducción de enfermedades prevenibles por vacuna venían ahora principalmente de los adultos, advirtió.
Citas Notables
Las vacunas siguen siendo la mejor herramienta para disminuir las hospitalizaciones y la mortalidad— Ministra de Salud Carla Vizzotti
Con dos dosis frente a la variante Ómicron no se está adecuadamente protegido. Y solo tenemos un 40 por ciento de la población que todavía le falta la tercera dosis— Infectólogo Eduardo López