Arañas reanimadas y anchoas sexuales: los ganadores del Premio Ig Nobel 2023

La vida marina está haciendo oceanografía sin saberlo
Investigadores descubrieron que el comportamiento reproductivo de las anchoas crea remolinos que mezclan capas oceánicas.
Mark

¿Por qué existe un premio que celebra investigaciones que parecen absurdas?

Mimi

El Ig Nobel existe precisamente porque la ciencia no siempre se mueve en línea recta. Estos trabajos son reales, están publicados, pero abordan preguntas que la mayoría de nosotros nunca nos haríamos. Primero hacen reír porque desafían nuestras expectativas sobre qué merece ser estudiado.

Luke

Pero hay que ser cuidadoso aquí. El hecho de que algo sea divertido no significa que sea trivial. Zalasiewicz lamiendo rocas tiene una base metodológica real de dos siglos. No es una broma.

Mark

¿Y las arañas reanimadas? ¿Eso es ingeniería de verdad o es solo una ocurrencia?

Mimi

Es ingeniería de verdad. Un equipo internacional observó una propiedad física real de los arácnidos muertos y la convirtieron en una herramienta funcional. La pinza puede agarrar objetos irregulares. Eso tiene aplicaciones prácticas.

Luke

Aunque debemos notar que el artículo no especifica cuáles serían esas aplicaciones o si la tecnología ha avanzado más allá del prototipo. Sabemos que funciona, pero no sabemos si es viable comercialmente.

Mark

¿Qué pasa con los cubiertos electrificados que cambian el sabor?

Mimi

Eso es fascinante porque toca algo fundamental: nuestra percepción del gusto no es solo química, es también eléctrica. Si puedes manipular esa señal, puedes cambiar cómo experimentamos la comida. Imagina aplicaciones para personas con ageusia o para mejorar la experiencia de pacientes en hospitales.

Luke

Cierto, pero el artículo no dice nada sobre esas aplicaciones. Solo dice que el sabor puede modificarse de manera reversible. No sabemos si es práctico, si es seguro a largo plazo, o si alguien está trabajando en llevar esto al mercado.

Mark

¿Y el inodoro inteligente? Eso suena más cercano a la realidad cotidiana.

Mimi

Exacto. Es un dispositivo que monitorea tu salud a través de lo que tu cuerpo expulsa. Usa un sensor de huellas anales para saber quién eres. Es medicina preventiva integrada en la infraestructura del hogar.

Luke

Pero hay preguntas sin respuesta: ¿Qué tan preciso es? ¿Qué enfermedades puede detectar? ¿Cuáles son las implicaciones de privacidad? El artículo nos dice que existe, pero no nos dice si funciona bien o si la gente lo usaría.

Mark

¿Y lo de las anchoas?

Mimi

Ese es quizás el más hermoso de todos. Investigadores descubrieron que cuando las anchoas se reúnen para reproducirse frente a Galicia, sus movimientos crean remolinos que mezclan capas oceánicas. La vida marina está haciendo oceanografía sin saberlo.

Luke

Eso es poético, pero necesitamos ser precisos: ¿Cuán significativo es este efecto? ¿Es medible? ¿Afecta realmente los ecosistemas o es un fenómeno marginal? El artículo no lo aclara.

  • Diez equipos científicos de múltiples países compitieron por un galardón cuyo trofeo es un archivo PDF imprimible y billetes zimbabuenses sin valor real, pero cuyo prestigio intelectual es genuino.
  • La tensión entre lo ridículo y lo revelador estuvo presente en cada premio: arañas muertas convertidas en pinzas mecánicas funcionales desafían la frontera entre biología y ingeniería.
  • Cubiertos electrificados que alteran el sabor de los alimentos e inodoros que detectan enfermedades mediante sensores de huellas anales apuntan a tecnologías con aplicaciones médicas y cotidianas reales.
  • El hallazgo de que la actividad sexual de las anchoas genera remolinos oceánicos capaces de mezclar capas de agua sacudió la oceanografía con una causa tan inesperada como significativa.
  • La ceremonia, transmitida en vivo, consolida año tras año la idea de que el humor y el rigor científico no son opuestos, sino compañeros necesarios en la exploración del conocimiento.

Cada año, en Cambridge, Massachusetts, una ceremonia singular recuerda que la ciencia no siempre comienza con la solemnidad, sino a veces con una carcajada. La 33ª edición del Premio Ig Nobel reconoció a investigadores de todo el mundo por trabajos que, en apariencia absurdos, revelan verdades inesperadas sobre la naturaleza, el cuerpo humano y los océanos. Es una invitación perenne a no subestimar ninguna pregunta, por extravagante que parezca.

La trigésima tercera edición del Premio Ig Nobel se celebró en Cambridge, Massachusetts, con su promesa de siempre: investigaciones que primero hacen reír y luego obligan a pensar. La revista Annals of Improbable Research transmitió la ceremonia en directo, donde diez ganadores de distintos países recibieron un premio simbólico que incluía billetes zimbabuenses y un trofeo imprimible en papel.

Entre los reconocimientos más llamativos estuvo el de Jan Zalasiewicz, de la Universidad de Southampton, quien investigó por qué los geólogos llevan dos siglos lamiendo rocas para identificar su composición mineral. Durante la ceremonia, demostró la técnica en vivo. En ingeniería, un equipo internacional aprovechó una propiedad física de las arañas muertas —sus patas se cierran de forma natural pero pueden abrirse bajo presión— para construir pinzas capaces de sujetar objetos de formas irregulares.

La nutrición también tuvo su momento: investigadores japoneses demostraron que palillos y pajitas electrificadas pueden modificar el sabor de los alimentos de manera inmediata y reversible. En salud pública, un inodoro inteligente fue premiado por analizar residuos humanos en busca de indicadores de enfermedad, identificando al usuario mediante un sensor de huellas anales.

Otros estudios abordaron la sensación de jamais vu al repetir una misma palabra por escrito, el análisis cerebral de personas que hablan al revés, y el conteo de pelos en las fosas nasales de cadáveres. El premio de física fue para un grupo europeo que descubrió que las anchoas, al congregarse frente a las costas gallegas para desovar, generan remolinos capaces de mezclar distintas capas del océano, con consecuencias físicas reales para los ecosistemas marinos.

La trigésima tercera edición del Premio Ig Nobel llegó a Cambridge, Massachusetts, el jueves pasado con su promesa habitual: investigaciones que primero arrancan una sonrisa y luego obligan a pensar. La ceremonia, transmitida en directo por la revista Annals of Improbable Research, coronó a diez ganadores de distintos rincones del planeta, cada uno de ellos merecedor de un premio especial que incluía un archivo PDF imprimible convertible en caja y diez billones de dólares en billetes zimbabuenses.

Entre los reconocimientos más singulares estuvo el otorgado a Jan Zalasiewicz de la Universidad de Southampton por su investigación en química y geología. Zalasiewicz explicó por qué tantos científicos tienen la costumbre de lamer rocas. Aunque la práctica se remonta dos siglos atrás, cuando los geólogos la empleaban para identificar la composición mineral, hoy persiste como método para distinguir con mayor claridad las partículas minerales sobre una superficie húmeda. Durante la ceremonia, el investigador demostró personalmente la efectividad de la técnica lamiendo una piedra e identificando sus componentes.

La ingeniería mecánica recibió un premio igualmente peculiar: un equipo internacional de especialistas procedentes de China, India, Malasia y Estados Unidos presentó su trabajo sobre la reanimación de arañas muertas para fabricar herramientas de agarre. Los investigadores descubrieron que las patas de un arácnido fallecido permanecen naturalmente cerradas, pero pueden extenderse y abrirse bajo presión. Aprovechando esta característica física, construyeron una pinza funcional capaz de sostener objetos de formas irregulares.

En el campo de la nutrición, Homei Miyashita de la Universidad Meiji y Hiromi Nakamura de la Universidad de Tokio ganaron por demostrar que el sabor de los alimentos puede modificarse de manera inmediata y reversible mediante estimulación eléctrica. Su innovación incluyó palillos y pajitas electrificadas que alteran la experiencia gustativa del consumidor. En salud pública, un inodoro inteligente se llevó el reconocimiento por su capacidad de examinar residuos humanos en busca de indicadores de enfermedad, utilizando un sensor de huellas anales para identificar al usuario.

Otros estudios premiados abarcaron fenómenos tan variados como la sensación de jamais vu que surge al escribir repetidamente la misma palabra, el análisis de neuroimágenes en personas expertas en hablar al revés, y una investigación con cadáveres que determinó el número de pelos presentes en cada fosa nasal y si la cantidad es idéntica en ambas. El premio de física fue para un grupo de investigadores de España, Suiza, Francia y Reino Unido que descubrió algo inesperado: la actividad sexual de las anchoas, que se congregan por las noches frente a las costas gallegas para desovar, genera pequeños remolinos capaces de mezclar diferentes capas de agua oceánica. Este hallazgo sugiere que incluso los comportamientos reproductivos más cotidianos en el mundo marino pueden tener consecuencias físicas significativas en los ecosistemas acuáticos.

Investigaciones que primero hacen reír y luego hacen pensar
— Descripción del Premio Ig Nobel
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