Anthropic rechaza presión del Pentágono y se niega a usar su IA en armas autónomas

En conciencia no podemos acceder a su solicitud
Anthropic rechaza la presión del Pentágono para ampliar el uso militar de su IA sin restricciones explícitas.
Mark

¿Por qué Anthropic está dispuesta a arriesgar 200 millones de dólares por esto? ¿No hay una forma de negociar?

Mimi

Amodei cree que hay ciertas líneas que no se pueden cruzar sin comprometer la integridad de la empresa. El problema es que el Pentágono no quería prohibir explícitamente esas aplicaciones, solo decir que no las usaría. Para Anthropic, eso no era suficiente.

Luke

Pero aquí hay una pregunta sin respuesta: ¿qué tan vinculante es realmente una promesa del Pentágono? Si el contrato no lo prohíbe explícitamente, ¿qué impide que un futuro funcionario o una emergencia militar cambien esa política?

Mark

Entonces Amodei está apostando a que la transparencia y los principios públicos son más fuertes que un contrato ambiguo.

Mimi

Exactamente. Y lo interesante es que Sam Altman de OpenAI lo respalda. Eso sugiere que esto no es solo una posición excéntrica de un ejecutivo, sino algo que resuena en la industria.

Luke

Aunque hay que notar que OpenAI aún no ha sido presionada de la misma manera. Es fácil apoyar principios cuando no te están amenazando con cancelar tu contrato más grande.

Mark

¿Qué pasa si el Pentágono realmente invoca la Ley de Producción de Defensa?

Mimi

Eso sería un precedente extraordinario. Significaría que el gobierno está forzando a una empresa privada a entregar tecnología contra su voluntad.

Luke

Y eso es lo que hace que esta historia sea realmente importante. No es solo sobre Anthropic. Es sobre qué poder tiene el gobierno sobre las empresas de tecnología en tiempos de tensión geopolítica.

  • El Pentágono presionó a Anthropic con un ultimátum: ceder el control ético de su IA o perder un contrato millonario y ser clasificada como riesgo para la cadena de suministro nacional.
  • Dario Amodei se adelantó al plazo y publicó una respuesta pública en la que mantuvo firme la posición de su empresa, negándose a permitir usos que la tecnología actual no puede garantizar de forma segura.
  • Funcionarios del Departamento de Defensa respondieron con dureza, acusando a Amodei de arrogancia y de intentar controlar unilateralmente a las Fuerzas Armadas estadounidenses.
  • La tensión se agudizó porque el Pentágono se negó a prohibir explícitamente en el contrato los usos más controvertidos, dejando una vaguedad legal que Anthropic consideró inaceptable.
  • Sam Altman de OpenAI respaldó públicamente a Anthropic, prometiendo trazar las mismas líneas rojas en su propia empresa y elevando el conflicto a una cuestión de principios para toda la industria.

En un momento que podría redefinir la relación entre la tecnología privada y el poder militar, Anthropic se negó a ceder ante las exigencias del Pentágono de acceso irrestricto a su inteligencia artificial Claude, rechazando que esta se empleara en armas autónomas o vigilancia masiva. La empresa arriesga perder un contrato de 200 millones de dólares y enfrentar consecuencias regulatorias severas, pero su director Dario Amodei sostuvo que hay usos de la IA que, lejos de defender los valores democráticos, podrían socavarlos. El respaldo posterior de Sam Altman de OpenAI convirtió este enfrentamiento en algo más que una disputa contractual: una declaración colectiva sobre los límites éticos que la industria está dispuesta a defender.

El jueves, Dario Amodei rechazó formalmente la última oferta del Pentágono para ampliar el uso de Claude en operaciones militares. En un comunicado, Anthropic explicó que el nuevo lenguaje contractual propuesto permitiría eludir sus salvaguardas contra dos usos específicos: armas completamente autónomas y vigilancia masiva, aplicaciones que la empresa nunca había incluido en sus acuerdos con el Departamento de Defensa.

El conflicto había escalado días antes cuando el secretario Pete Hegseth advirtió a Amodei que, si Anthropic no permitía el uso de su modelo "para todos los fines legales", el Pentágono cancelaría el contrato de 200 millones de dólares y clasificaría a la empresa como "riesgo para la cadena de suministro", una designación normalmente reservada para compañías vinculadas a adversarios extranjeros. El plazo era el viernes.

Amodei se adelantó y publicó una respuesta extensa. Afirmó creer profundamente en el uso de la IA para defender a las democracias, pero subrayó que ciertos usos podían socavar, en lugar de proteger, los valores que se pretendía defender. El Pentágono, por su parte, argumentó que nunca había contemplado armas autónomas ni vigilancia masiva dentro del alcance del contrato, pero se negó a prohibirlos explícitamente, insistiendo en que solo perseguiría aplicaciones legales. Esa vaguedad fue precisamente lo que Anthropic no pudo aceptar.

Emil Michael, subsecretario de Defensa, respondió con dureza en redes sociales, acusando a Amodei de mentiroso y de tener un "complejo de Dios". El enfrentamiento dejó en el aire una pregunta más amplia: qué ocurre cuando una empresa privada se niega a someterse a las demandas de una administración dispuesta a presionar.

El viernes, Sam Altman de OpenAI emitió un memorando interno prometiendo trazar las mismas líneas rojas con el Pentágono. Su respaldo transformó lo que había sido un conflicto bilateral en una declaración colectiva de la industria sobre los límites éticos que las empresas de IA están dispuestas a defender, incluso a un costo considerable.

Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, rechazó el jueves la última oferta del Pentágono para ampliar el uso de su sistema de inteligencia artificial Claude en operaciones militares. En un comunicado formal, la empresa declaró que no podía aceptar en conciencia los términos propuestos, argumentando que el nuevo lenguaje legal permitiría eludir las salvaguardas que Anthropic había establecido contra dos usos específicos: armas completamente autónomas y vigilancia masiva.

El conflicto escaló después de que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, advirtiera a Amodei el martes que si Anthropic no permitía que su modelo se utilizara "para todos los fines legales", el Pentágono cancelaría el contrato de 200 millones de dólares que mantiene con la compañía. Más allá de la pérdida económica inmediata, Anthropic enfrentaría una clasificación como "riesgo para la cadena de suministro", una designación normalmente reservada para empresas vinculadas a adversarios extranjeros. El Pentágono fijó un plazo hasta el viernes para que la empresa cediera, amenazando además con invocar la Ley de Producción de Defensa para obtener acceso completo a la tecnología sin restricciones.

Amodei se adelantó al plazo y publicó una respuesta extensa en la que mantuvo firme la posición de su empresa. Escribió que creía profundamente en la importancia de usar la IA para defender a Estados Unidos y a otras democracias contra adversarios autocráticos, pero subrayó un matiz crucial: en ciertos casos limitados, la IA podría socavar en lugar de defender los valores democráticos. Señaló específicamente que algunos usos estaban simplemente fuera de lo que la tecnología actual podía hacer de forma segura y confiable. Las armas autónomas y la vigilancia masiva nunca habían sido incluidas en los contratos con el Departamento de Defensa, argumentó, y no deberían serlo ahora.

Emil Michael, subsecretario de Defensa para investigación e ingeniería, respondió con dureza en la plataforma X, acusando a Amodei de ser un mentiroso con un "complejo de Dios" que intentaba controlar personalmente a las Fuerzas Armadas estadounidenses. Michael insistió en que el Departamento de Defensa siempre cumpliría la ley pero no se doblegaría ante los caprichos de ninguna empresa tecnológica con fines de lucro. El Pentágono había argumentado que nunca consideró las armas autónomas ni la vigilancia masiva dentro del alcance de su uso, pero se negó a prohibirlas explícitamente en el contrato, aseverando que solo perseguiría aplicaciones legales. Sin embargo, Hegseth matizó que su departamento debía poder utilizar la tecnología para toda la gama de operaciones de guerra, un mandato lo suficientemente amplio como para dejar a Anthropic incómoda con la vaguedad legal.

Lo que ocurra a continuación podría marcar un momento crucial no solo para Anthropic sino para el enfoque más amplio del gobierno estadounidense respecto a la regulación de la IA. La empresa se arriesga a una censura que podría erosionar su viabilidad a largo plazo al mantener una postura basada en principios éticos frente a una administración decidida a presionar a las empresas privadas para que se sometan. Amodei expresó su esperanza de que el Pentágono recapacitara y reconsiderara su postura, pero dejó claro que las amenazas no cambiarían la posición de su compañía.

El viernes, Anthropic recibió un respaldo público significativo de uno de sus competidores más importantes. Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, emitió un memorando al personal de su empresa prometiendo que trazaría las mismas líneas rojas con el Pentágono: ningún uso de IA para vigilancia masiva ni armas letales autónomas. Altman enfatizó que esto ya no era solo un asunto entre Anthropic y el Pentágono, sino una cuestión para toda la industria, y que era importante aclarar la postura de su compañía. El respaldo de Altman transformó lo que había sido un enfrentamiento bilateral en una declaración de principios más amplia sobre cómo la industria de la IA debería relacionarse con las demandas militares.

Creo profundamente en la importancia existencial de utilizar la IA para defender a Estados Unidos y a otras democracias, y para derrotar a nuestros adversarios autocráticos
— Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic
Independientemente de cómo llegamos aquí, esto ya no es solo un asunto entre Anthropic y el Pentágono. Es un asunto para toda la industria
— Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI
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