Ander Herrera renace en Boca: cinco partidos seguidos y con miras al Superclásico

Ponerse esta camiseta es un regalo que me ha dado el fútbol
Herrera reflexiona sobre la oportunidad de jugar en Boca tras superar sus lesiones.
Mark

¿Qué significa para un jugador como Herrera, con su trayectoria en Europa, tener que luchar tanto contra las lesiones en un club nuevo?

Mimi

Es humillante y educativo al mismo tiempo. Herrera no vino a Boca a ser un jugador más; vino a ser determinante. Pero el cuerpo no le permitió eso durante meses. Ahora que puede jugar seguido, entiende que cada minuto es un regalo.

Mark

¿Por qué sus apariciones, aunque sean de treinta minutos, parecen cambiar los partidos?

Mimi

Porque trae una inteligencia que no se improvisa. Ve el juego dos segundos antes que los demás. Genera penales, crea espacios, ordena. Es la diferencia entre un equipo que juega y un equipo que piensa.

Mark

Mencionó varias veces que Boca es "entre todos". ¿Eso es genuino o es lo que se dice en estos casos?

Mimi

En su caso parece genuino. Herrera está en la recta final de su carrera. No necesita ser el protagonista. Lo que lo motiva es ganar, y sabe que eso solo ocurre si todos reman para el mismo lado.

Mark

¿Qué pasa si no llega al Superclásico?

Mimi

Eso es lo que nadie quiere pensar. Herrera ha sufrido cinco lesiones en siete meses. El cuerpo es impredecible. Pero ahora mismo, con cinco partidos seguidos, la esperanza es real.

Mark

¿Cómo ve el Superclásico desde su perspectiva de europeo que lo vio desde lejos?

Mimi

Con respeto y emoción. Herrera sabe que River es peligroso, pero también sabe que Boca es difícil de batir. Para él, jugar en un clásico de esta magnitud es el pico de su carrera, incluso a los treinta y seis años.

  • Cinco lesiones en siete meses y 109 días fuera del campo habían convertido la llegada de Herrera a Boca en una promesa frustrada antes de cumplirse.
  • Su regreso a la continuidad no fue gradual ni silencioso: en apenas 30 minutos contra Estudiantes en La Plata, provocó una expulsión y generó el penal que le dio a Boca una victoria agónica.
  • El VAR se convirtió en aliado de su inteligencia táctica, corrigiendo dos veces las decisiones del árbitro de campo para validar jugadas que nacieron de su experiencia europea.
  • Herrera no reclama titularidad fija ni protagonismo exclusivo; entiende su rol como parte de un colectivo donde la experiencia guía a la juventud hambrienta de Delgado y Di Lollo.
  • El Superclásico contra River, visto tantas veces desde España, se acerca como el escenario donde su resurgimiento podría alcanzar su mayor dimensión simbólica y deportiva.

A sus 36 años y tras meses de lesiones que parecían negar su presencia en el fútbol argentino, el mediocampista vasco Ander Herrera ha encontrado en Boca Juniors un escenario inesperado de resurgimiento. Por primera vez desde su llegada, ha encadenado cinco partidos consecutivos, recordándonos que la continuidad —más que el talento— es la materia prima de la influencia real. Con el Superclásico contra River en el horizonte, su historia se convierte en una reflexión sobre la paciencia, el cuerpo y el momento en que ambos finalmente se alinean.

Ander Herrera llegó a Buenos Aires a principios de año cargando el peso de una carrera europea brillante, pero el cuerpo no tardó en presentar su propia agenda. Cinco lesiones distintas en siete meses lo mantuvieron fuera de las canchas durante 109 días y le hicieron perder 18 partidos. La voluntad sobraba; la continuidad, no.

Algo cambió en las últimas semanas. Por primera vez desde su arribo, Herrera encadenó cinco partidos consecutivos, un número modesto para cualquier futbolista pero que para él representa el momento en que el talento puede fluir sin interrupciones. Todavía no completa los 90 minutos, pero cada vez que entra al campo deja una marca: pases precisos, movimientos que generan situaciones de gol, la inteligencia acumulada en los mejores escenarios del fútbol europeo.

Contra Defensa y Justicia provocó el penal que Paredes convirtió en empate parcial. Pero fue en La Plata donde su influencia resultó más contundente: en apenas 30 minutos, forzó la expulsión del uruguayo Neves —el VAR corrigió la amarilla inicial a roja— y luego, en un contraataque sobre el final, fue derribado dentro del área por Fabricio Pérez. El árbitro no lo vio, pero el VAR sí. Merentiel convirtió el penal y Boca se llevó una victoria que Herrera describió como un triunfo de carácter, en una cancha donde Estudiantes casi nunca pierde.

Herrera habló después con la calma de quien puede respirar. Reconoció que le hubiera gustado tener más continuidad, pero expresó gratitud genuina por ponerse la camiseta de Boca. Entiende que los equipos ganadores se construyen entre todos: titulares, suplentes, veteranos y jóvenes. Mencionó a Advíncula, Zenón y Braida como ejemplos de ese espíritu colectivo, y destacó la energía que aportan jugadores como Delgado y Di Lollo junto a la experiencia de los más rodados.

El Superclásico contra River se acerca, y Herrera lo vive con entusiasmo genuino. Lo vio muchas veces desde España; ahora quiere ser parte de él. Confía en que Boca es un equipo difícil de batir y su plan es simple: descansar, prepararse bien y enfocarse en lo que Boca puede hacer. Su resurgimiento, lento y trabajoso, llega justo a tiempo para el partido más grande.

Ander Herrera lleva treinta y seis años en el planeta y ha jugado en algunos de los mejores equipos de Europa, pero en estos últimos meses en Boca ha tenido que aprender una lección que no esperaba: la paciencia. Desde que llegó a Buenos Aires a principios de año, el mediocampista vasco ha sido perseguido por las lesiones. Cinco problemas físicos diferentes en apenas siete meses lo mantuvieron fuera de las canchas durante ciento nueve días y lo obligaron a perderse dieciocho partidos. Parecía que el cuerpo se negaba a acompañar la voluntad.

Pero algo cambió. Por primera vez desde su arribo al club, Herrera acaba de jugar cinco partidos seguidos. No es un número espectacular para cualquier futbolista, pero para él representa un punto de quiebre, el momento en que el cuerpo finalmente cede y permite que el talento fluya sin interrupciones. Todavía no está en condiciones de completar los noventa minutos, pero cada vez que entra al campo, la diferencia es evidente. Sus pases tienen la precisión de quien ha jugado en los mejores escenarios del fútbol europeo. Sus movimientos generan situaciones de gol que nacen de la experiencia acumulada.

Contra Defensa y Justicia, Herrera fue el protagonista de un momento decisivo. Una acción suya resultó en penal, que Leandro Paredes transformó en el empate parcial de un partido que finalmente Boca perdió. Pero fue contra Estudiantes donde su influencia se hizo más evidente. Jugó treinta minutos en La Plata, y en ese lapso provocó la expulsión del uruguayo Neves con una jugada que el árbitro primero sancionó como amarilla, pero el VAR corrigió para mostrar la roja. Luego, sobre el final del partido, Herrera tuvo la lucidez de buscar una pelota en un contraataque, ingresó por la derecha con peligro, y fue derribado por Fabricio Pérez. El árbitro de campo no vio la falta dentro del área, pero nuevamente el VAR intervino para confirmar el penal. Merentiel lo convirtió, y Boca se llevó una victoria agónica de La Plata.

Después de ese triunfo, Herrera habló con la tranquilidad de quien finalmente puede respirar. Recordó que Estudiantes casi nunca pierde en casa, y menos aún de forma cómoda, así que el resultado tenía un peso especial. Describió el partido como un encuentro de carácter, donde Boca tuvo que sufrir, especialmente cuando los estudiantes buscaban centros al área. Elogió a los defensores centrales por su trabajo contra Carrillo, un delantero que representa un peligro constante.

Sobre la importancia de ganar antes del Superclásico, Herrera fue claro: en Boca la obligación es ganar todos los partidos, y cuando hay un encuentro tan importante por delante, el resultado previo adquiere una dimensión extra. Reconoció que ha tenido otros partidos en los que se sintió bien, pero los problemas físicos le impidieron tener la continuidad que hubiera deseado. Sin embargo, expresó que ponerse la camiseta de Boca es un regalo, algo que el fútbol y el club le han dado, y que aunque le hubiera gustado jugar veinte partidos seguidos, está agradecido por la oportunidad.

Ahora se siente importante, se siente útil. Herrera entiende que las buenas temporadas no se hacen solo con once jugadores, sino con todos los que integran la plantilla. Algunos días le tocará ser titular, otros sumará desde el banco, y eso es Boca. Mencionó a Luis Advíncula, Kevin Zenón y Malcom Braida como ejemplos de jugadores que han entrado en momentos clave y han dejado todo en la cancha. Esa es, para él, la única forma de construir equipos ganadores: entre todos.

El Superclásico contra River está en el horizonte, y Herrera lo vive con ganas. Ha visto muchos clásicos desde España, desde su casa, y ahora poder ser parte de uno es especial. Confía en que Boca es un equipo difícil de batir, aunque respeta las armas que tiene River. Su plan es descansar y luego preparar el partido de la mejor manera, enfocándose en lo que Boca puede hacer antes que en lo que haga el rival. Sobre su rol en el equipo, Herrera destacó la belleza de una plantilla que mezcla experiencia con juventud, donde jugadores como Delgado y Di Lollo aportan hambre y energía, mientras que él y otros veteranos intentan guiarlos desde la experiencia. Así, dice, se construyen los equipos que compiten.

No recuerdo que Estudiantes haya perdido aquí un partido de forma cómoda, así que estamos felices. Fue un partido de carácter, por momentos de sufrir.
— Ander Herrera, tras la victoria contra Estudiantes
He tenido problemas físicos que no me permitieron la continuidad que hubiera querido, pero para mí ponerme esta camiseta es un regalo del fútbol y del club.
— Ander Herrera, sobre su presente en Boca
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