pasar de los principios hacia políticas que realmente funcionen
En Santo Domingo, los gobiernos de América Latina y el Caribe acordaron una hoja de ruta concreta para los años 2026 y 2027, buscando que la inteligencia artificial sirva a las personas antes que a los mercados. La Declaración de Santo Domingo no es una promesa más: es el tercer eslabón de un proceso regional que comenzó en Santiago y continuó en Montevideo, y que ahora exige pasar de los principios a las políticas reales. La región reconoce que la IA puede profundizar sus desigualdades históricas o atenuarlas, y ha elegido, al menos sobre el papel, apostar por la segunda opción.
- América Latina enfrenta una carrera contra el tiempo: sin marcos regulatorios sólidos ni talento especializado suficiente, la IA podría ampliar las brechas digitales en lugar de cerrarlas.
- La desinformación impulsada por herramientas de IA representa una amenaza inmediata para la región, lo que llevó a los países a comprometerse con un protocolo de respuesta rápida aún por construir.
- Los gobiernos aprobaron cinco frentes de acción simultáneos —gobernanza, talento, protección de vulnerables, sostenibilidad ambiental e infraestructura— reconociendo que ninguno puede avanzar sin los demás.
- República Dominicana asumió la presidencia del Grupo de Trabajo Regional, convirtiéndose en el motor institucional que deberá traducir los acuerdos en resultados medibles antes de la próxima cumbre.
- La Unesco y el CAF respaldan el proceso con apoyo técnico y financiero, señalando que este no es un ejercicio diplomático aislado sino un compromiso con continuidad y rendición de cuentas.
En Santo Domingo, los países de América Latina y el Caribe cerraron la tercera Cumbre Ministerial sobre la Ética de la Inteligencia Artificial con dos resultados concretos: la Declaración de Santo Domingo y una hoja de ruta para 2026-2027. A diferencia de las cumbres anteriores —celebradas en Santiago de Chile en 2023 y Montevideo en 2024—, este acuerdo no se detiene en principios generales sino que traza un plan de trabajo con compromisos específicos.
La hoja de ruta organiza los esfuerzos regionales en cinco áreas: gobernanza y regulación ética de la IA, desarrollo de talento digital, protección de grupos vulnerables, sostenibilidad ambiental e infraestructura tecnológica accesible. La visión que articula es clara: la inteligencia artificial en la región debe estar centrada en las personas, anclada en derechos humanos y orientada hacia la equidad, no solo hacia el crecimiento económico.
Entre las acciones más urgentes figura la creación de un Grupo Regional de Especialistas sobre Desinformación e Inteligencia Artificial, encargado de desarrollar un protocolo de respuesta rápida ante la manipulación de información. El plan también contempla un curso abierto regional sobre competencias en IA, capacitación con perspectiva de género para políticas públicas, un estándar regional para datos ambientales y estudios sobre infraestructura y entornos de experimentación regulatoria.
República Dominicana asumió la presidencia del Grupo de Trabajo Regional sobre la Ética de la IA, con responsabilidad directa sobre la implementación y la coordinación entre países. La Unesco y el CAF acompañarán el proceso con respaldo técnico y financiero, y las cumbres ministeriales se mantendrán como espacios anuales, garantizando que el proceso no se detenga.
Lo que está en juego es concreto: si la región puede construir una estrategia de IA que no reproduzca ni profundice sus desigualdades históricas. Los compromisos existen. La prueba llegará cuando se mida si se convierten en infraestructura real, en regulaciones que funcionen y en especialistas formados.
En Santo Domingo, República Dominicana, los gobiernos de América Latina y el Caribe cerraron un acuerdo regional que marca un punto de inflexión en cómo la región piensa sobre la inteligencia artificial. Durante la tercera Cumbre Ministerial y de Alto Nivel sobre la Ética de la Inteligencia Artificial, los países aprobaron la Declaración de Santo Domingo y una nueva hoja de ruta que cubre 2026 y 2027. El documento no es un conjunto de aspiraciones vagas. Es un plan de trabajo concreto que busca pasar de los principios que se discutieron en cumbres anteriores—en Santiago de Chile en 2023 y Montevideo en 2024—hacia políticas y mecanismos que realmente funcionen.
Lo que distingue este acuerdo es su enfoque en cinco áreas específicas. Los países se comprometieron a fortalecer la gobernanza y regulación de la IA bajo criterios éticos. Acordaron invertir en talento digital y competencias en inteligencia artificial, reconociendo que la región enfrenta una escasez real de especialistas. Establecieron que la protección de grupos vulnerables debe ser central, garantizando que los beneficios de la tecnología no se concentren en unos pocos. Incluyeron consideraciones ambientales, conscientes del consumo energético que demanda la IA. Y pusieron énfasis en construir infraestructura tecnológica accesible y sostenible como base para que toda la región pueda participar en esta transformación.
La declaración refleja una visión compartida: que la adopción de inteligencia artificial en América Latina debe estar centrada en las personas, orientada hacia el bienestar social y el desarrollo económico, y fundamentada en derechos humanos, inclusión y equidad. No es retórica vacía. Los ministros y altas autoridades que participaron reconocieron explícitamente que el liderazgo regional en IA requiere que los países articulen políticas públicas coherentes y desarrollen infraestructura digital que sea tanto accesible como sostenible.
Entre las acciones concretas que emergen de la hoja de ruta está la creación de un Grupo Regional de Especialistas sobre Desinformación e Inteligencia Artificial. Este grupo tendrá una tarea urgente: desarrollar un protocolo de respuesta rápida para enfrentar los desafíos que plantea la manipulación de información mediante herramientas de IA. Es una respuesta directa a uno de los riesgos más inmediatos que enfrenta la región. El plan también incluye el desarrollo de un curso abierto regional sobre competencias en IA, capacitación específica para incorporar perspectiva de género en las políticas públicas, un estándar regional para datos ambientales, y estudios sobre infraestructura tecnológica y entornos de experimentación regulatoria.
República Dominicana asumió la presidencia del Grupo de Trabajo Regional sobre la Ética de la Inteligencia Artificial, lo que le da responsabilidad directa sobre la implementación de la hoja de ruta. El país deberá acompañar los avances, articular entre los países participantes, y fortalecer la colaboración con redes internacionales. El Grupo de Trabajo fue establecido como un espacio permanente de coordinación regional, encargado de monitorear el progreso, actualizar iniciativas y mantener viva la colaboración.
La implementación no ocurrirá en el vacío. La Unesco y el CAF—Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe—proporcionarán apoyo técnico y financiero. Los países también acordaron mantener las cumbres ministeriales sobre ética de IA como espacios anuales, lo que significa que este no es un ejercicio de una sola vez sino un proceso continuo de revisión, impulso de nuevos proyectos y garantía de continuidad.
Lo que está en juego es si América Latina puede desarrollar una estrategia de inteligencia artificial que reduzca las brechas tecnológicas existentes en lugar de ampliarlas. La región enfrenta desafíos reales: escasez de talento especializado, marcos regulatorios que aún están en construcción, y la necesidad de asegurar que los beneficios de la tecnología lleguen a poblaciones que históricamente han quedado fuera de las transformaciones digitales. Este acuerdo sugiere que los gobiernos están tomando en serio esa responsabilidad. Lo que viene ahora es la prueba: si estos compromisos se traducen en políticas que funcionen, en infraestructura que se construya, y en talento que se desarrolle.
Notable Quotes
El liderazgo regional en IA requiere que los países articulen políticas públicas y desarrollen infraestructura digital accesible y sostenible— Declaración de Santo Domingo
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué América Latina necesitaba un acuerdo específico sobre IA ética? ¿No es suficiente seguir lo que hacen otros países?
Porque la región tiene dinámicas propias. Tenemos brechas digitales profundas, poblaciones vulnerables que podrían quedar aún más atrás si la IA se desarrolla sin cuidado, y gobiernos que quieren evitar repetir errores de transformaciones tecnológicas anteriores.
¿Qué significa en la práctica que la IA esté "centrada en las personas"?
Significa que antes de desplegar un sistema de IA, preguntas: ¿quién se beneficia? ¿Quién podría ser dañado? ¿Amplifica esto las desigualdades existentes? No es solo tecnología por tecnología.
El grupo sobre desinformación suena urgente. ¿Cuál es el riesgo real que enfrentan?
Las herramientas de IA pueden generar contenido falso convincente a escala. En una región donde la confianza en instituciones ya es frágil, eso es peligroso. Un protocolo de respuesta rápida significa que cuando algo suceda, hay un plan.
¿Por qué República Dominicana asumió el liderazgo?
Fue donde se celebró la cumbre. Pero también señala algo: que el liderazgo en IA no tiene que venir de los países más ricos o más industrializados. Cualquier país puede contribuir a pensar cómo gobernar esta tecnología responsablemente.
¿Qué pasa si algunos países no cumplen con lo acordado?
Ese es el riesgo real. El Grupo de Trabajo de Trabajo monitorea avances, pero no tiene poder de coerción. Depende de que los gobiernos vean beneficio en mantener el compromiso y en la presión de pares.