Ante el Consejo de Seguridad de la ONU, los arquitectos de la inteligencia artificial más poderosa del mundo pidieron que otros los frenen. Sam Altman y Dario Amodei, líderes de OpenAI y Anthropic, advirtieron en septiembre de 2026 que sin límites globales verificables, la humanidad podría perder el control sobre una tecnología que ellos mismos construyen. La sesión expuso una fractura entre potencias: mientras Reino Unido y Francia impulsan estándares comunes, Estados Unidos rechaza cualquier marco regulatorio compartido, dejando sin respuesta la pregunta más profunda de nuestra era: quién de
Altman y Amodei piden a la ONU regulación global para la IA ante riesgo de pérdida de control
Podríamos perder el control del futuro a manos de la IA
¿Por qué los ejecutivos de las empresas de IA piden regulación si eso podría limitarles?
Porque están diciendo que el riesgo de perder control es real, y que si eso sucede, nadie gana. Prefieren regulación acordada ahora a un caos incontrolable después.
Pero hay que notar que piden regulación global, no regulación que los limite específicamente a ellos. Es fácil pedir reglas cuando esperas que otros las cumplan más estrictamente.
¿Cuál es exactamente la diferencia entre lo que pide Reino Unido y lo que pide Estados Unidos?
Reino Unido quiere estándares comunes vinculantes que todos los países y empresas deben seguir. Estados Unidos quiere compartir la tecnología sin restricciones regulatorias globales.
Lo que no está claro es si esos estándares comunes serían verificables o solo aspiracionales. El comunicado dice "estándares globales" pero no especifica cómo se garantizaría el cumplimiento.
¿Qué significa que la IA podría "perder el control"?
Significa que los sistemas podrían volverse tan complejos y autónomos que los humanos no puedan predecir o detener sus acciones. Es lo que Amodei llama un riesgo existencial.
Eso es una caracterización. Lo que sabemos es que ambos ejecutivos lo dijeron. Lo que no sabemos es cuán probable es que suceda o cuándo.
¿Qué pasa con las armas biológicas?
Amodei pidió específicamente que se acuerde no permitir que la IA ayude a construir armas biológicas. Es una línea roja clara.
Pero eso es una petición, no un acuerdo. Aún no hay nada vinculante. Y la pregunta es cómo se verificaría algo así en la práctica.
Il Polso
- Los propios creadores de la IA más avanzada del mundo comparecieron ante la ONU para pedir que se les impongan límites, una paradoja que revela la magnitud del riesgo que ellos mismos perciben.
- Amodei advirtió que una mala gestión de la IA podría representar un riesgo existencial para la humanidad, mientras Altman alertó sobre la posibilidad de perder el control del futuro a manos de las máquinas.
- La sesión destapó una fractura geopolítica profunda: Reino Unido y Francia presionan por estándares globales, pero Washington se niega a someter la tecnología a una gobernanza internacional compartida.
- El canciller francés evocó a HAL9000 y la era atómica como espejos del presente, mientras el secretario general de la ONU advertía que los 'robots asesinos' ya no son ciencia ficción.
- La pregunta que quedó sin respuesta en la sala define la agenda global: si no hay acuerdo sobre quién controla la IA, ¿quién —o qué— tomará las decisiones que afectan a todos?
Ante el Consejo de Seguridad de la ONU, los arquitectos de la inteligencia artificial más poderosa del mundo pidieron que otros los frenen. Sam Altman y Dario Amodei, líderes de OpenAI y Anthropic, advirtieron en septiembre de 2026 que sin límites globales verificables, la humanidad podría perder el control sobre una tecnología que ellos mismos construyen. La sesión expuso una fractura entre potencias: mientras Reino Unido y Francia impulsan estándares comunes, Estados Unidos rechaza cualquier marco regulatorio compartido, dejando sin respuesta la pregunta más profunda de nuestra era: quién decide el futuro cuando las máquinas ya participan en él.
Sam Altman y Dario Amodei se presentaron ante el Consejo de Seguridad de la ONU con un mensaje que suena casi paradójico: la inteligencia artificial que ellos construyen necesita regulación global urgente, o la humanidad podría perder el control sobre ella. Amodei fue directo al advertir que sin salvaguardias acordadas entre naciones, la tecnología podría derivar en consecuencias irreversibles. Altman lo expresó en términos más crudos: el futuro mismo podría escapar de las manos humanas. Ambos coincidieron en que los países deben establecer límites verificables antes de que la tecnología alcance un poder imposible de supervisar, y en que ese poder no debe concentrarse en una sola empresa o nación.
La sesión reveló una fractura profunda entre potencias. El canciller británico Ed Miliband respaldó el llamado de los ejecutivos y anunció que cuando el Reino Unido presida el G20, colocará el control de la IA en el centro de las discusiones para alcanzar estándares globales comunes. Pero esa postura chocó de frente con la de Estados Unidos: el asesor científico de la Casa Blanca rechazó cualquier nueva estructura de gobernanza global, argumentando que las preocupaciones sobre el control no justifican frenar el desarrollo de la tecnología.
Amodei también reclamó que los líderes mundiales acuerden prohibir el uso de la IA en la construcción de armas biológicas y establezcan mecanismos para verificar las capacidades reales de los modelos. Un día antes, el secretario general Antonio Guterres había advertido sobre los llamados 'robots asesinos', una amenaza que expertos y líderes europeos ya no consideran hipotética. El canciller francés Jean-Noël Barrot, cuyo país convocó la reunión, trazó un paralelismo entre este momento y la era atómica. La divergencia entre potencias deja abierta la pregunta central: quién tendrá la última palabra sobre las decisiones que involucran a la inteligencia artificial, y bajo qué reglas comunes, si es que alguna vez llegan a existir.
Sam Altman y Dario Amodei se presentaron ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con un mensaje que suena casi contradictorio viniendo de quienes construyen la tecnología en cuestión: la inteligencia artificial necesita regulación global urgente, o la humanidad podría perder el control sobre ella.
Amodei, director ejecutivo de Anthropic, fue directo. Sin salvaguardias comunes acordadas entre naciones, advirtió, la tecnología podría derivar en consecuencias irreversibles. "Si se gestiona mal, creo que la IA podría incluso suponer un riesgo para la humanidad en su conjunto", dijo ante el organismo internacional. Altman, de OpenAI, planteó una preocupación similar pero expresada en términos más crudos: "Podríamos perder el control del futuro a manos de la IA". Ambos coincidieron en un punto central que estructura toda la discusión: los países del mundo, actuando a través del Consejo de Seguridad, deben establecer límites verificables antes de que la tecnología alcance un nivel de poder imposible de supervisar. También insistieron en que ese poder no quede concentrado en una sola empresa o un solo país.
La sesión reveló una fractura profunda entre potencias sobre cómo gobernar esta tecnología. El ministro de Asuntos Exteriores británico, Ed Miliband, respaldó el planteo de los ejecutivos. "Nos están diciendo claramente que no se les puede dejar a ellos la responsabilidad de evitar que el mundo se vea asediado", declaró. "No podemos ignorarlos porque tienen razón". Miliband anunció que cuando el Reino Unido asuma la presidencia del G20 el próximo año, colocará el control de la inteligencia artificial en el centro de las discusiones, con el objetivo de alcanzar un conjunto único de estándares globales para garantizar que el desarrollo sea seguro.
Esta postura choca de manera directa con la posición de Estados Unidos. Michael Kratsios, asesor científico de la Casa Blanca, expresó en la misma sesión que las preocupaciones sobre el control de la tecnología "no son motivo para detener su desarrollo ni para limitarlo con una nueva estructura de gobernanza global". Washington apunta a extender los beneficios de la inteligencia artificial entre sus aliados internacionales sin someterla a un marco regulatorio compartido. "Queremos que ustedes, nuestros aliados y socios, se beneficien de esta tecnología", afirmó Kratsios ante el Consejo.
Amodei también pidió a los líderes mundiales que acuerden no permitir que la inteligencia artificial participe en la construcción de armas biológicas. Reclamó además mecanismos para verificar qué capacidades tienen realmente los modelos disponibles y establecer estándares comunes para las pruebas de seguridad, la detección de pérdida de control de los sistemas y su uso indebido. Un día antes de esta sesión, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, había advertido sobre los llamados "robots asesinos". Según expertos y líderes europeos que participaron del debate, esa advertencia no describe un escenario hipotético, sino una realidad ya presente o peligrosamente próxima a concretarse.
El ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, cuyo país convocó la reunión, trazó un paralelismo entre el momento actual de la inteligencia artificial y dos episodios históricos: la computadora descontrolada HAL9000 de la película "2001: Una odisea del espacio", y los primeros años de la era atómica. La divergencia entre potencias deja planteado un interrogante que atraviesa la agenda de los principales gobiernos: quién debe tener la última palabra sobre las decisiones que involucran sistemas de inteligencia artificial, si los humanos o las propias máquinas, y bajo qué reglas comunes, si es que llegan a existir.
Citazioni salienti
Si se gestiona mal, creo que la IA podría incluso suponer un riesgo para la humanidad en su conjunto— Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic
No podemos ignorarlos porque tienen razón— Ed Miliband, ministro de Asuntos Exteriores británico, sobre los ejecutivos de IA