Acúfenos, el tabú silenciado que afecta al 40% de los músicos de orquesta en España

Cientos de músicos profesionales sufren acúfenos crónicos que afectan su identidad profesional, autoestima y calidad de vida, con síntomas que incluyen pitidos constantes, barotraumas y disfunción auditiva irreversible.
El tinnitus es tan real como difícil de demostrar
Un músico describe la paradoja central del problema: la enfermedad existe pero es invisible ante la ley y los tribunales.
Mark

¿Por qué crees que los músicos guardan silencio sobre algo tan debilitante?

Mimi

Porque en la música clásica, la excelencia es todo. Admitir una lesión es como confesar que no eres lo suficientemente fuerte, que el trabajo te está destruyendo. Y hay miedo real: si tu orquesta sabe que tienes acúfenos, ¿te seguirán contratando? ¿Te ofrecerán menos conciertos?

Mark

Pero la ley de ruido existe desde 2006. ¿No debería proteger a estos músicos?

Mimi

La ley fue diseñada para fábricas, no para conciertos. Cuando finalmente se adaptó a la música clásica en 2008, fue demasiado tarde para muchos. Y además, los sistemas de medición siguen siendo inadecuados. No captan la realidad acústica de una orquesta.

Mark

¿Qué pasaría si un músico demanda a su orquesta por daño auditivo?

Mimi

Casi imposible. Sin un biomarcador objetivo, el tinnitus es invisible ante un juez. El músico dice que escucha pitidos constantes. La orquesta dice que eso no se puede probar. Y el músico pierde.

Mark

Entonces, ¿cuál es la solución?

Mimi

Las hay: rotar a los músicos, instalar pantallas acústicas, gestionar la programación de forma responsable. Pero cuestan dinero. Es más barato repartir tapones y esperar que nadie demande.

Mark

¿Los tapones no funcionan?

Mimi

A veces crean nuevos problemas. Barotraumas, disfunción tubárica, lesiones irreversibles. Es como intentar arreglar un problema con una solución que genera otros.

Mark

¿Qué necesitaría cambiar para que esto mejore?

Mimi

Que la música clásica reconozca que sus músicos se están lastimando. Que las orquestas inviertan en prevención real, no solo en protección superficial. Y que exista un biomarcador para que el tinnitus deje de ser invisible.

  • Más del 40% de músicos de orquesta en España padecen acúfenos
  • Exposición a 135 decibelios en algunas secciones, 50 decibelios por encima del límite permitido
  • La ley de ruido se adaptó a música clásica en 2008, dos años después de su promulgación original
  • No existe biomarcador objetivo para diagnosticar tinnitus

Más del 40% de músicos profesionales de orquestas sinfónicas padecen acúfenos, un trastorno sin cura que genera estrés psicológico severo y afecta su calidad de vida laboral. La normativa de ruido de 2006 no se adaptó a la música clásica hasta 2008, y los sistemas de medición infravaloran el impacto real en músicos expuestos a más de 135 decibelios.

El 40% de los instrumentistas de orquesta en España sufre acúfenos, un trastorno auditivo crónico infradiagnosticado que permanece oculto por vergüenza y miedo a represalias laborales, a pesar de exposiciones a ruido que superan los límites permitidos.

Hace casi 150 años, el compositor checo Bedřich Smetana escribió un pasaje de cuarteto de cuerda que reproducía fielmente un sonido que solo él podía escuchar: un zumbido agudo y constante que resonaba en su cabeza. Lo llamó insoportable. Lo incluyó en su música porque era tan real, tan presente, que no podía ignorarlo. Ese mismo fenómeno, que la medicina moderna conoce como tinnitus o acúfenos, afecta hoy a más del 40% de los músicos profesionales de orquestas sinfónicas en España, según datos de la Academia Americana de Otorrinolaringología. Y sin embargo, casi nadie habla de ello.

El silencio que rodea a los acúfenos en el mundo de la música clásica es casi tan ensordecedor como el ruido que los provoca. Pilar Parreño, viola de la Orquesta de València y miembro fundadora de la Asociación de Músicos Profesionales de Orquestas Sinfónicas, lo describe como el gran tabú del gremio. Los músicos no hablan porque sienten vergüenza, porque temen que revelar su condición pueda costarles el trabajo, porque en un entorno obsesionado con la excelencia técnica, admitir una lesión auditiva es como confesar una debilidad. "Muy pocos se atienen a hablar de ello", dice Parreño. "El miedo a las consecuencias es real".

Un contrabajista de una importante orquesta española, que prefiere permanecer anónimo, experimentó un trauma acústico hace ocho años durante un concierto. Desde entonces escucha pitidos constantemente, sin pausa, sin descanso. Veinticuatro horas al día. Lo más difícil, explica, no es la pérdida auditiva en sí —en su caso no es grave— sino el peso psicológico que conlleva. El estrés amplifica la percepción del tinnitus, creando un círculo vicioso donde la ansiedad por el sonido lo hace más insoportable. Su posición en la orquesta, justo delante de la sección de metales, lo expone a los picos más intensos de ruido. Otros músicos en su sección sufren en silencio; algunos apenas notan el problema. Todo depende de dónde estés sentado.

La investigadora María José Laguna publicó en 2016 uno de los estudios más exhaustivos realizados en Europa sobre los riesgos del ruido en orquestas sinfónicas. Sus hallazgos fueron contundentes: en apenas dos o tres horas de ensayo, un músico puede superar ampliamente la dosis diaria de ruido permitida por ley. Pero aquí está el problema: la normativa de ruido de 2006, diseñada para regular máquinas industriales y martillos neumáticos, no se adaptó al sector de la música clásica hasta 2008. Y cuando lo hizo, los sistemas de medición siguieron siendo inadecuados. No están pensados para captar la realidad acústica de una orquesta. Tienden a infravalorar el impacto real en los músicos. En los procesos judiciales, acreditar la exposición al ruido es casi imposible.

Patrick Alfaya, exgerente de varias orquestas, recuerda la reacción cuando la ley finalmente se aplicó al sector: pánico. Los directores temían que tendrían que tocar más suave. Que desaparecerían de los programas Wagner y Strauss. Los sindicatos reaccionaron con energía al principio, pero cuando llegó el momento de cuadrar presupuestos, recogieron velas. Una ley pensada para fábricas no puede gobernar conciertos. Gerard Beltran, fagotista de la Orquestra Simfònica Illes Balears desde hace 26 años, trabaja frente a ráfagas de 135 decibelios. Eso es más de cincuenta decibelios por encima del límite permitido. Es el equivalente al despegue de un avión a reacción. Su orquesta ha invertido en pantallas acústicas de alta calidad, pero incluso eso no siempre es suficiente. Con los años, el ruido se vuelve insoportable.

Las soluciones que los músicos y especialistas proponen —rotación de intérpretes, distancia estratégica entre secciones, pantallas acústicas homologadas, gestión responsable de la programación— encuentran resistencia administrativa. Es más fácil repartir tapones para evitar demandas. Pero los protectores auditivos, los llamados EPI, tienen sus propios peligros. Aritz García de Albéniz, trompista de la Orquesta Sinfónica de Navarra, ha sufrido barotraumas causados por la presión del aire en el oído taponado. Pérdida de audición, dolor, mareos. María Rubio Navarro, trompa solista de la Orquesta de València, desarrolló una disfunción tubárica en el oído izquierdo por los protectores. De no haberla detectado a tiempo, la lesión habría sido irreversible.

Pedro Cobo, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, explica el verdadero obstáculo: no existe una prueba objetiva para diagnosticar el tinnitus. Sin un biomarcador, el tinnitus se vuelve invisible ante una mutua, ante un juez, ante cualquiera que no sea el músico que lo padece. Es tan real como imposible de demostrar. Muchos músicos afectados desarrollan complejos, temiendo equivocarse o no estar a la altura. Es la respuesta lógica a un entorno que exige perfección pero no reconoce la enfermedad que genera. Ximo Carrascosa, percusionista de la Bilbao Orkestra Sinfonikoa desde 1988, desarrolló su lesión auditiva durante la formación en el conservatorio, antes de llegar a la orquesta. No fue un accidente puntual, sino la acumulación de años sin cultura preventiva, sin información, sin protección. Ha aprendido a vivir con los acúfenos. Pero para muchos otros, dice, son una auténtica tortura. No hay cirugía que los cure. Solo hay que aprender a sobrellevarlos, mientras se trabaja en un entorno que sigue sin reconocer que el problema existe.

Es el gran tabú y estigma de este gremio: muy pocos se atreven a hablar de ello por vergüenza y miedo a las consecuencias
— Pilar Parreño, viola de la Orquesta de València
El tinnitus rara vez mata, pero puede destruir la calidad de vida de los músicos: afecta a su herramienta de trabajo, a su identidad personal y a su autoestima
— Chris Aldren, cirujana otológica
Contact Us FAQ