A los 58 años se graduó de licenciado en Matemáticas vendiendo chance

Sánchez enfrentó dificultades económicas, cansancio físico y exigencias académicas durante años de estudio simultáneo al trabajo informal.
A los 58 años se puso la toga, cuando la mayoría piensa en jubilación
Roberto David Sánchez completó su licenciatura en Matemáticas después de años trabajando informalmente para financiar sus estudios.
Mark

¿Qué lo mantuvo en pie durante esos años? ¿Hubo un momento en el que pensó en abandonar?

Mimi

No lo sabemos con certeza de sus palabras exactas, pero la persistencia habla por sí sola. Cuando tienes 58 años y estás en una ceremonia de graduación, significa que encontraste razones para seguir cada día.

Mark

¿Cómo era una jornada típica para él?

Mimi

Mañana vendiendo chance en las calles, tarde o noche en las aulas. Luego, en casa, estudiando para exámenes, completando trabajos. No había descanso real. El cansancio no era solo físico; era también mental, emocional.

Mark

¿Qué hace que su historia sea diferente a la de otros estudiantes trabajadores?

Mimi

La edad. A los 58 años, la mayoría de las personas no está comenzando una carrera universitaria. Eso lo hace visible, notable. Pero también subraya algo más profundo: que el sistema educativo no está diseñado para personas como él.

Mark

¿Qué debería cambiar?

Mimi

Sistemas que reconozcan que la educación superior no es solo para jóvenes de 18 años con padres que pueden financiarlos. Flexibilidad horaria, becas para trabajadores, reconocimiento de que estudiar mientras trabajas es una realidad para muchos.

Mark

¿Cree que su título en Matemáticas le abrirá puertas ahora?

Mimi

Eso es lo que espera. Pero su verdadera victoria ya ocurrió: demostró que era posible, que la edad no es una barrera insuperable si tienes determinación.

  • Sánchez dividió durante años su energía entre el trabajo informal y las exigencias académicas de una carrera universitaria, sin poder dedicarse plenamente a ninguno de los dos.
  • El agotamiento físico, la presión económica constante y la brecha generacional con sus compañeros de clase convirtieron cada semestre en una prueba de resistencia.
  • La venta de chance fue el único puente que encontró entre la necesidad inmediata y su aspiración de largo plazo, cubriendo matrícula, libros y transporte cuando no había otra salida.
  • Año tras año, sin dramatismo y sin rendirse, acumuló créditos hasta que, a los 58 años, se puso la toga en una ceremonia que pocos imaginaban posible.
  • Su graduación reabre el debate sobre si Colombia está preparada para garantizar acceso real a la educación superior a adultos trabajadores de bajos ingresos.

A los 58 años, Roberto David Sánchez recibió su licenciatura en Matemáticas en la Universidad del Magdalena, cerrando un ciclo que muchos nunca se atreven a abrir. Durante años, vendió chance en las calles para financiar lo que las aulas le ofrecían, convirtiendo cada billete en un paso hacia un título que la sociedad suele reservar para los jóvenes. Su historia no es solo la de un hombre que estudió tarde, sino la de un sistema que obliga a elegir entre sobrevivir y aprender, y de alguien que se negó a elegir.

Roberto David Sánchez llegó a su ceremonia de graduación a los 58 años con una toga que representaba algo más que un logro académico. Durante los años que cursó su licenciatura en Matemáticas en la Universidad del Magdalena, se sostuvo vendiendo chance: un trabajo informal que le permitía cubrir matrícula, libros, transporte y comida. La aritmética de su vida cotidiana no era abstracta como la que estudiaba en las aulas; era la aritmética de la supervivencia.

La doble carga dejó marcas visibles. Mientras sus compañeros de clase, considerablemente más jóvenes, podían concentrarse únicamente en estudiar, Sánchez dividía su energía entre dos mundos que rara vez se comunicaban bien. Las jornadas de trabajo no terminaban cuando comenzaban las clases, y las clases no terminaban cuando comenzaba el trabajo. Aun así, continuó. Semestre tras semestre, completó los trabajos, presentó los exámenes y acumuló los créditos necesarios.

En una entrevista con el programa A Vivir Que Son Dos Días, recordó esas dificultades sin dramatismo, como quien relata simplemente lo que ocurrió. Lo que ocurrió fue que no se rindió. A una edad en que muchos piensan en jubilación, él recibió su título. Su historia es un comentario silencioso sobre las barreras que enfrentan quienes necesitan trabajar mientras estudian, y sobre algo que a menudo se olvida: que la educación superior no tiene fecha de vencimiento.

Roberto David Sánchez llegó a la ceremonia de graduación a los 58 años con una toga que representaba algo más que un título académico: era la prueba tangible de que había sostenido, durante años, una doble vida de trabajador e estudiante.

Durante el tiempo que cursó su licenciatura en Matemáticas en la Universidad del Magdalena, Sánchez vendía chance. No era una carrera glamorosa ni bien remunerada, pero le permitía cubrir los gastos que la universidad no cubría: matrícula, libros, transporte, comida. Cada billete que vendía era un paso más cerca de poder asistir a clase, de completar una tarea, de presentar un examen. La aritmética de su vida cotidiana no era abstracta como la que estudiaba en las aulas: era la aritmética de la supervivencia económica.

La combinación de ambas responsabilidades dejó marcas. Sánchez enfrentó agotamiento físico, presión financiera constante, y la exigencia intelectual de una carrera que no perdona a quienes no pueden dedicarle tiempo completo. Mientras sus compañeros de clase eran considerablemente más jóvenes y muchos de ellos podían concentrarse únicamente en estudiar, él dividía su energía entre dos mundos que no siempre se comunicaban bien. Las jornadas de trabajo no terminaban cuando comenzaban las clases; las clases no terminaban cuando comenzaba el trabajo.

Pero continuó. Año tras año, semestre tras semestre, Sánchez asistió a las aulas, completó los trabajos, presentó los exámenes, acumuló los créditos necesarios. En una entrevista con el programa A Vivir Que Son Dos Días, recordó esas dificultades sin dramatismo, como quien relata simplemente lo que pasó. Lo que pasó fue que no se rindió.

A los 58 años, cuando la mayoría de las personas está pensando en jubilación, Sánchez se puso la toga. Su graduación no es solo un logro personal; es un comentario silencioso sobre las barreras que enfrentan quienes necesitan trabajar mientras estudian, sobre cómo el acceso a la educación superior en Colombia sigue siendo un lujo que muchos no pueden permitirse sin sacrificio extremo. Su historia también sugiere algo que a menudo se olvida: que la educación superior no tiene una edad de vencimiento, que regresar a las aulas después de los 50 años es posible, aunque implique enfrentar desafíos distintos a los de quienes comienzan una carrera al terminar la secundaria.

La venta de chance fue, para Sánchez, el puente entre la necesidad económica inmediata y la aspiración de largo plazo. Fue el trabajo que le permitió permanecer en la universidad cuando otros hubieran tenido que abandonar. Y cuando finalmente recibió su título como licenciado en Matemáticas, ese documento llevaba consigo no solo el conocimiento académico que había adquirido, sino también la evidencia de una persistencia que pocas personas necesitan demostrar.

Durante el proceso tuvo que enfrentar dificultades económicas, cansancio y las exigencias propias de estudiar mientras trabajaba
— Sánchez, en entrevista con A Vivir Que Son Dos Días
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