La marcha partió desde la Puerta del Sol hacia la casa de Maricarmen en el barrio de Ibiza, recorriendo 4.500 pasos en silencio como acto de duelo colectivo. Maricarmen falleció horas antes de firmar un nuevo contrato que le permitiría regresar a su hogar de siete décadas, generando indignación sobre desahucios de personas mayores.
20.000 personas marchan por Maricarmen en Madrid: «¡No son muertes, son asesinatos!»
Murió en acto de servicio en defensa de su dignidad
¿Por qué esta marcha fue diferente a otras manifestaciones por vivienda que hemos visto?
Porque no fue una marcha de consignas. La mayor parte del recorrido fue en silencio casi absoluto. La gente apenas hablaba. Era un funeral colectivo, no una protesta política.
Pero luego, en Cibeles, sí hubo gritos. ¿Cómo reconciliamos eso con el silencio?
El silencio era el duelo. Los gritos en Cibeles eran la rabia. Ambas cosas eran necesarias.
¿Quién era Maricarmen para que veinte mil personas salieran a la calle?
Una mujer de 87 años que fue desahuciada de su casa de siete décadas. Pero más que eso: fue la cara visible de una lucha que el Sindicato de Inquilinas llevaba meses haciendo. Ella se convirtió en símbolo.
Aunque hay que decir que murió horas antes de poder regresar. Eso es lo que generó la indignación específica. No es solo que fuera desahuciada; es que estuvo tan cerca de volver.
¿Qué significa que el PP y Vox se negaran a participar en el minuto de silencio?
Dijeron que no querían instrumentalizar su muerte. Pero para muchos, eso fue visto como una negativa a reconocer el problema de los desahucios.
Aunque técnicamente, su argumento es que no querían que la muerte se usara políticamente. La pregunta es si un minuto de silencio es político o es simplemente humano.
¿Qué pasa ahora? ¿Cambia algo después de esta marcha?
El Sindicato de Inquilinas dice que seguirá luchando. Maricarmen dejó de ser una cifra en las estadísticas de desahucios para convertirse en un símbolo que la gente siente como propio.
Pero eso es esperanza, no cambio confirmado. Aún no sabemos si esto presionará a los políticos a actuar sobre vivienda asequible.
Le Pouls
- Veinte mil personas marcharon desde la Puerta del Sol hasta la casa de Maricarmen en el barrio de Ibiza
- Maricarmen Abascal, 87 años, falleció horas antes de firmar un nuevo contrato para regresar a su hogar de siete décadas
- Fue desahuciada hace dos semanas; el Sindicato de Inquilinas había logrado detener tres intentos previos de desahucio
- La marcha recorrió 4.500 pasos en silencio casi absoluto, como acto de duelo colectivo
La marcha partió desde la Puerta del Sol hacia la casa de Maricarmen en el barrio de Ibiza, recorriendo 4.500 pasos en silencio como acto de duelo colectivo. Maricarmen falleció horas antes de firmar un nuevo contrato que le permitiría regresar a su hogar de siete décadas, generando indignación sobre desahucios de personas mayores.
Unas 20.000 personas marcharon por Madrid en honor a Maricarmen Abascal, mujer de 87 años desahuciada hace dos semanas, quien se convirtió en símbolo de la lucha por el derecho a la vivienda.
Veinte mil personas recorrieron las calles de Madrid el jueves por la noche en un acto de duelo colectivo por Maricarmen Abascal, la mujer de 87 años cuyo desahucio hace dos semanas se convirtió en punto de quiebre para un movimiento que lleva meses enfrentándose a la crisis de vivienda en la capital. La marcha partió desde la Puerta del Sol, epicentro de las acampadas que Maricarmen inspiró, y avanzó en silencio casi absoluto hacia su casa en el barrio de Ibiza, recorriendo 4.500 pasos en lo que fue menos una manifestación política que un funeral en la calle.
Durante todo el día anterior, mientras se conocía la noticia de su muerte, personas de todas las edades habían estado escribiendo mensajes en cartones y lonas. Algunos simplemente querían decir gracias. Otros, más crudos, escribieron que Maricarmen había sido asesinada. Esos papeles, junto con fotos de ella sonriendo con el puño en alto en los tres desahucios que el Sindicato de Inquilinas logró detener, fueron llevados a la marcha. Una corona de flores naranjas —el color del sindicato— encabezaba la comitiva, custodiada por activistas con chalecos del mismo tono. El lazo blanco que colgaba de la corona rezaba: "Seguiremos luchando por ti, te quiere, tu Sindicato". Debajo, una hoja impresa: "Murió en acto de servicio en defensa de su dignidad".
La tragedia que movilizó a la ciudad tenía una crueldad específica: Maricarmen falleció horas antes de poder firmar un nuevo contrato que le habría permitido regresar a la casa donde había vivido durante siete décadas. Lucía López, profesora de 60 años, asistía a la marcha porque la muerte de Maricarmen le generaba una "profunda tristeza" ante una sociedad capaz de tratar así a personas mayores. Su hijo Andrés, de 27 años y trabajador en finanzas, acudía por primera vez a una convocatoria del sindicato. Para él, la muerte de Maricarmen era "una consecuencia de este sistema". Mikel Azkoitia, un hombre de 59 años de Pamplona que se enteró por el telediario, decidió unirse a la marcha mientras estaba en Madrid por trabajo. No solo venía a honrar a Maricarmen, sino también porque sus propios hijos, aunque ya tenían edad para independizarse, "no pueden ni intentarlo" sin vivienda asequible.
A medida que la comitiva avanzaba por la calle de Alcalá, el silencio se rompía en oleadas. Al pasar por el Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento, estallaron proclamas: "¡No son muertes, son asesinatos!", "¡No queremos hacer las paces, esto es lucha de clases!". Horas antes, el PP y Vox se habían negado a participar en un minuto de silencio propuesto por Más Madrid y secundado por el PSOE, argumentando que no querían "instrumentalizar la muerte de ninguna persona". Lola Martínez, directora de instituto de 60 años, coreaba las proclamas junto a su hija Carmen Carreño. Cuando se enteró de la muerte de Maricarmen, no se lo creía. "Se ha convertido en un símbolo", reflexionaba mientras la marcha avanzaba. Su hija sintió "rabia muy grande" al saber que Maricarmen había muerto tan cerca de poder regresar a casa: "Es triste y es vergonzoso".
A las 21:30, hora y media después de que comenzara la comitiva, miles de personas llegaron al portal 46 de la calle donde Maricarmen había vivido. "No estamos todos, falta Maricarmen", corearon. Luego vino el silencio nuevamente. Todos levantaron sus móviles y encendieron las linternas. Blanca Martínez, la "niña favorita" de Maricarmen según el sindicato, llevaba una foto de ella con los brazos en alto celebrando la paralización de su tercer intento de desahucio, tomada ese verano. Era la foto preferida de Maricarmen. Alrededor del pequeño altar improvisado que había brotado en el portal durante el día anterior, ramos de flores y fotografías se acumulaban. Una activista del sindicato invitó a quien quisiera a dejar flores. Decenas de miles de personas de distintos colectivos, con banderas y consignas variadas, se agolpaban en la calle del barrio de Ibiza. Todas compartían algo: habían sentido como propia la muerte de Maricarmen, quien había dejado de ser una cifra más en las estadísticas de desahucios españoles para convertirse en un símbolo de la lucha por vivienda digna. A las 22:15, cuando terminó el funeral, veinte mil personas guardaban silencio. El olor de la cera de las velas llenaba el aire. Era el último minuto de silencio por Maricarmen.
Citations marquantes
Se ha convertido en un símbolo. Sacar a una persona de esa edad de su casa...— Lola Martínez, directora de instituto
Es una consecuencia de este sistema. En algún momento había que decir basta.— Andrés Miranda, hijo de Lucía López