Para proteger la salud de las personas debemos cuidar la salud de los animales
Cada año, 2,7 millones de personas mueren por enfermedades que cruzan la frontera entre el reino animal y el humano, un tránsito tan antiguo como la vida compartida entre especies. El reciente brote de hantavirus a bordo de un crucero no fue una anomalía, sino una señal más de que la deforestación, la ganadería industrial y la globalización están rediseñando los ecosistemas a un ritmo que los patógenos aprovechan con eficiencia evolutiva. Lo que los científicos denominan zoonosis —más de 200 enfermedades de origen animal— representa ya más de la mitad de todas las infecciones transmisibles del mundo, y su contención exige algo que la medicina convencional rara vez practica: pensar en la salud del planeta como condición previa a la salud humana.
- El hantavirus, transmitido principalmente por la inhalación de excretas de roedores, irrumpió en un crucero internacional con la cepa Andes, la única variante capaz —en circunstancias muy excepcionales— de pasar de persona a persona.
- Las enfermedades zoonóticas ya no son amenazas periféricas: representan más del 50% de todas las infecciones transmisibles globales, con 2,5 millones de casos humanos y 2,7 millones de muertes al año.
- La destrucción de ecosistemas y la expansión agrícola intensiva multiplican los puntos de contacto entre especies, acelerando los saltos virales adaptativos que convierten patógenos animales en amenazas humanas.
- Los programas sanitarios actuales responden patógeno por patógeno, ignorando las causas sistémicas; investigadores como Julio Álvarez advierten que sin veterinarios y ecólogos en las decisiones de salud pública, el ciclo no se romperá.
- El enfoque One Health —una salud única que integra medicina humana, veterinaria y ecología— emerge como la única estrategia capaz de pasar de la reacción ante brotes a la prevención estructural.
Cada año, enfermedades que saltan de animales a humanos matan a 2,7 millones de personas. No son excepciones: representan más de la mitad de todas las infecciones transmisibles del mundo. El brote reciente de hantavirus en un crucero lo confirmó con crudeza: los patógenos zoonóticos son una realidad presente, no una amenaza futura.
El hantavirus viaja principalmente a través de la inhalación de partículas de orina y heces de roedores infectados. El brote del crucero MV Hondius fue causado por la cepa Andes, originaria del Cono Sur americano y singular entre los hantavirus por su rarísima capacidad de transmitirse entre personas. Los investigadores subrayan que para ello se requiere contacto muy cercano y alta carga viral, algo que ocurre casi exclusivamente en las primeras fases de la enfermedad.
La zoonosis abarca más de 200 afecciones causadas por bacterias, virus, parásitos o agentes no convencionales. Para que un virus salte de especie, necesita cambios evolutivos que le permitan adaptarse a nuevos hospedadores. Los virus tienen una ventaja decisiva: su variabilidad genética es extraordinaria. Cuantas más oportunidades de contacto existan entre especies distintas, más probable es que esos saltos ocurran.
Lo que ha acelerado esta propagación no es la biología viral, sino las decisiones humanas. La deforestación, la ganadería industrial y la globalización han transformado los ecosistemas, alterado las poblaciones de roedores y creado nuevas vías de contagio. Los programas de control, señalan los expertos, suelen concentrarse en un patógeno específico, ignorando las causas sistémicas.
El investigador Julio Álvarez lo formula con claridad: al alterar la salud ambiental generamos desequilibrios en sistemas que evolucionaron durante milenios. Proteger la salud humana exige cuidar también la de los animales silvestres y los ecosistemas que habitan, lo que implica incorporar veterinarios y ecólogos a las decisiones sanitarias. El enfoque One Health no es una propuesta abstracta: es la diferencia entre reaccionar a los brotes y construir sistemas que impidan su emergencia.
Cada año, enfermedades que saltan de animales a humanos matan a 2,7 millones de personas en el mundo. No son casos aislados ni excepcionales. Representan más de la mitad de todas las infecciones transmisibles que circulan entre nosotros. El brote reciente de hantavirus en un crucero confirmó lo que los científicos llevan tiempo advirtiendo: los patógenos zoonóticos no son una amenaza futura, sino una realidad presente que se expande.
El hantavirus es un patógeno que viaja de animales a humanos, principalmente a través de una vía simple pero efectiva: la inhalación de partículas de orina y heces de roedores infectados. Quienes viven o trabajan en espacios contaminados por estos excrementos corren mayor riesgo. El brote del crucero MV Hondius fue causado por la cepa Andes, una variante originaria del Cono Sur americano que posee una característica inusual entre los hantavirus: puede transmitirse entre personas. Aunque esto ocurre, sigue siendo extraordinariamente raro. Los investigadores subrayan que se necesita contacto muy cercano y una carga viral lo suficientemente alta para que la infección pase de un humano a otro, algo que ocurre principalmente en las primeras fases de la enfermedad.
La zoonosis, término que combina las palabras griegas para animal y enfermedad, abarca más de 200 afecciones diferentes. Pueden ser causadas por bacterias, virus, parásitos o agentes no convencionales, y se propagan por contacto directo, alimentos, agua o el ambiente. Algunas, como el VIH, mutaron hace décadas para infectar exclusivamente a humanos. Otras, como el ébola y la salmonelosis, generan brotes recurrentes. Lo que todas comparten es un origen animal.
Para que un virus salte de una especie a otra, debe sufrir cambios evolutivos que le permitan adaptarse a nuevos hospedadores. Los virus poseen una ventaja sobre las bacterias: su variabilidad genética es extraordinaria. Cuando una persona contrae gripe, no está infectada por un único patógeno, sino por una nube de variantes que se replican constantemente. Algunas mutaciones fracasan y desaparecen. Otras adquieren ventajas competitivas que les permiten persistir. Cuantas más oportunidades de contacto existan entre especies diferentes, más probable es que ocurran estos saltos adaptativos.
La tuberculosis ofrece un paralelo útil. Se transmite entre humanos, pero no fácilmente. Requiere contacto prolongado y espacios mal ventilados. El hantavirus Andes funciona de manera similar, aunque aún más restrictiva. Un estudio de un brote en Argentina en 1996 confirmó que la transmisión entre personas era posible pero extraordinariamente complicada, ocurriendo principalmente durante las primeras fases de la enfermedad.
Lo que ha acelerado la propagación de estas enfermedades no es la biología viral, sino las decisiones humanas. La deforestación, la ganadería industrial, las prácticas agrícolas intensivas y la globalización han transformado los ecosistemas a escala mundial. Estos cambios alteran las poblaciones de roedores en áreas endémicas, crean nuevas oportunidades de contacto entre especies y facilitan la diseminación de patógenos. Los expertos señalan que los programas de control de enfermedades zoonóticas típicamente se concentran en un patógeno específico, ignorando las causas sistémicas que permiten su propagación.
Julio Álvarez, investigador en vigilancia sanitaria veterinaria, plantea una perspectiva integral. Los humanos estamos alterando la salud ambiental, generando un desequilibrio en sistemas que evolucionaron durante milenios. Para proteger la salud de las personas, dice, debemos cuidar la salud de los animales, no solo las mascotas sino también la fauna silvestre y los ecosistemas que habitan. Esto requiere incluir veterinarios y ecólogos en las decisiones sanitarias, no solo epidemiólogos.
Los expertos proponen un enfoque llamado One Health, una única salud que involucre a todos los sectores de la sociedad. No es una propuesta abstracta. Representa la diferencia entre reaccionar a brotes cuando ocurren y construir sistemas que prevengan su emergencia. Con 2,5 millones de casos anuales de zoonosis en humanos y 2,7 millones de muertes, el costo de no actuar es medible y permanente.
Citas Notables
Cuando padecemos de gripe, el virus se replica en nuestro interior generando una especie de nube de virus con múltiples variantes— Julio Álvarez, investigador en vigilancia sanitaria veterinaria
Para proteger la salud de las personas debemos cuidar la salud de los animales, no solo de nuestras mascotas sino también de animales silvestres y el entorno que los rodea— Julio Álvarez
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué el hantavirus Andes es diferente de otros hantavirus si todos vienen de roedores?
Porque adquirió la capacidad de transmitirse entre humanos. La mayoría de hantavirus no pueden hacer eso. Andes es único en esa familia porque sus mutaciones le permitieron adaptarse a hospedadores humanos de una manera que otros no lograron.
Pero dijiste que la transmisión entre humanos es rarísima. ¿Entonces qué importancia tiene esa capacidad?
La importancia está en que demuestra cómo los virus evolucionan. Si Andes pudo hacerlo una vez, puede hacerlo de nuevo. Y si otros hantavirus adquieren esa capacidad, el riesgo cambia completamente. Por eso los científicos están atentos.
¿Qué tiene que ver la deforestación con que alguien inhale excretas de ratón?
La deforestación cambia dónde viven los roedores y cuántos hay. Cuando destruimos bosques, los roedores infectados se acercan más a las ciudades, a las granjas, a los espacios donde vivimos. Aumentan las oportunidades de contacto. Es ecología básica.
Entonces el problema no es realmente el virus, sino lo que hacemos con el planeta.
Exactamente. El virus lleva millones de años aquí. Lo que cambió es que nosotros transformamos los ecosistemas de una manera que lo favoreció. Álvarez lo dice claramente: estamos alterando la salud ambiental. El virus solo se adapta a lo que creamos.
¿Y si simplemente matamos todos los roedores?
Eso sería ecológicamente desastroso y probablemente imposible. Los roedores son parte de cadenas alimenticias complejas. Si los eliminas, colapsan otros sistemas. Además, ya están en todas partes. El enfoque One Health dice que debemos trabajar con la naturaleza, no contra ella.