Zelenski compara a Putin con Hamás antes de reunirse con Trump

Rusia realiza ataques diarios contra infraestructura energética ucraniana, afectando sistemas vitales y exponiendo a la población civil a consecuencias humanitarias.
El lenguaje de la fuerza y la justicia también funcionará con Rusia
Zelenski argumenta que la presión militar puede convertirse en presión diplomática, como ocurrió en Oriente Medio.

En vísperas de un encuentro con Donald Trump, Volodímir Zelenski equiparó la valentía de Vladimir Putin con la de grupos terroristas, invocando la lógica de que solo la presión armada convierte a los agresores en negociadores. La guerra en Ucrania, ya convertida en un desgaste sistemático contra la infraestructura civil, busca ahora un punto de inflexión diplomático a través de la amenaza de misiles Tomahawk y una posible cumbre Trump-Putin en Budapest. Es el viejo dilema de la paz: si la fuerza puede abrir la puerta que la razón no ha podido.

  • Zelenski llega a Washington con una comparación provocadora: Putin no es más valiente que Hamás, y el lenguaje de la fuerza es el único que Moscú comprende.
  • Los misiles Tomahawk se convierten en el eje de la tensión: su sola mención en una llamada Trump-Putin habría bastado para que Rusia comenzara a reabrir canales de diálogo.
  • Rusia responde con su propia presión: bombardeos diarios contra la infraestructura energética ucraniana dejan a la población civil sin calefacción ni electricidad ante el invierno que avanza.
  • Trump anuncia una reunión con Putin en Budapest, una ventana que Zelenski interpreta como su mejor oportunidad para convertir la amenaza militar en acuerdo diplomático.
  • Ucrania no solo pide armas: pide un aliado que entienda que la escalada creíble puede ser la única ruta real hacia la mesa de negociaciones.

Volodímir Zelenski llegó a Washington con un mensaje calculado: Vladimir Putin no merece más respeto que los terroristas que Occidente combate. Lo escribió en Telegram horas antes de reunirse con Donald Trump, señalando que el mismo lenguaje de fuerza que funcionó en Oriente Medio podría funcionar con Moscú.

En el centro de esa estrategia estaban los misiles Tomahawk, sistemas de largo alcance capaces de golpear profundamente en territorio ruso. Su sola mención en una llamada entre Trump y Putin —confirmada por el propio Kremlin— habría sido suficiente para que Rusia comenzara a reabrir canales de diálogo. Zelenski observaba eso con satisfacción: la presión funcionaba.

Trump anunció además una reunión con Putin en Budapest, fecha aún por definir. Para Zelenski, esa cumbre representaba una ventana de oportunidad: si la amenaza de armamento avanzado en manos ucranianas podía forzar a Moscú a negociar, quizá la guerra tuviera salida.

Mientras tanto, Rusia no detenía su estrategia de desgaste. Los bombardeos diarios contra la infraestructura energética ucraniana continuaban, dejando a ciudadanos sin calefacción ni electricidad ante el invierno que se aproximaba. Zelenski lo llamaba terrorismo de Estado.

Lo que el presidente ucraniano buscaba en Trump era más que misiles: buscaba a alguien que entendiera que la amenaza creíble de escalada puede convertirse en la mejor herramienta diplomática. Había funcionado en Gaza, argumentaba. La reunión con Trump era su mejor —y quizá última— oportunidad de acelerar el fin de la guerra.

Volodímir Zelenski llegaba a Washington con un mensaje directo para quien lo escuchara: Vladimir Putin no merece ser considerado más valiente que los terroristas que Occidente combate. El presidente ucraniano escribió estas palabras el jueves en Telegram, horas antes de su encuentro programado con Donald Trump, un encuentro que Zelenski veía como una oportunidad para obtener el impulso político y militar que necesitaba para terminar la guerra que Rusia libra contra su país.

La comparación no era casual. Zelenski estaba señalando que el lenguaje de la fuerza —el mismo que Trump había empleado en Oriente Medio para presionar hacia un acuerdo entre Israel y Hamás— también funcionaría con Moscú. Y había una herramienta específica en el centro de esa estrategia: los misiles Tomahawk, sistemas de largo alcance que permitirían a las fuerzas ucranianas atacar profundamente en territorio ruso. Estos misiles habían sido tema de conversación en una llamada telefónica entre Trump y Putin el mismo jueves, según confirmó el presidente ruso.

Zelenski observaba con cierta satisfacción que Moscú ya estaba apresurándose a reabrir canales de diálogo después de escuchar mencionar los Tomahawks. Trump había anunciado que se reuniría con Putin en Budapest en una fecha aún por determinar, un encuentro que el presidente ucraniano veía como una ventana de oportunidad. Si Trump podía presionar a Rusia con la amenaza de armamento avanzado en manos ucranianas, quizá la negociación fuera posible.

Pero mientras Zelenski hablaba de paz y garantías de seguridad confiables, Rusia seguía ejecutando su estrategia de desgaste. Los bombardeos diarios contra la infraestructura energética ucraniana continuaban, un ataque sistemático contra los sistemas vitales del país. Zelenski describía esto como terrorismo de Estado, una táctica diseñada para quebrantar la resistencia civil. Ucrania, respondía, estaba trabajando en fortalecer su resiliencia, pero la realidad era que cada ataque dejaba a más ciudadanos sin calefacción, sin electricidad, expuestos al invierno que se aproximaba.

Lo que Zelenski buscaba en Trump era más que armas. Buscaba un aliado que entendiera que la presión militar podía convertirse en presión diplomática, que la amenaza creíble de escalada podía forzar a la mesa de negociaciones. Había funcionado en Gaza, argumentaba. Podría funcionar en Ucrania. El presidente ucraniano cerraba su mensaje con gratitud hacia quienes lo ayudaban, pero la realidad subyacente era más cruda: Ucrania estaba sangrando lentamente, y necesitaba que alguien con poder real en Washington acelerara el proceso de terminación de la guerra. La reunión con Trump era su mejor oportunidad.

Putin seguramente no es más valiente que Hamás o cualquier otro terrorista
— Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania
Esperamos ganar un impulso para superar el terror y la guerra, algo que funcionó en Oriente Medio
— Volodímir Zelenski
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué Zelenski compara específicamente a Putin con Hamás? ¿No es una comparación extraña entre un Estado y una organización terrorista?

Model

No es extraña si entiendes lo que Zelenski está haciendo. Está diciendo que la valentía de Putin —su disposición a continuar la guerra— no es diferente de la de cualquier actor violento. Es una forma de deshumanizar la resistencia rusa, de decir que no hay nada noble o estratégicamente superior en lo que Putin está haciendo.

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Pero entonces menciona que el lenguaje de la fuerza funcionará con Rusia. ¿Qué significa eso exactamente?

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Significa que Zelenski cree que si Trump amenaza con darle a Ucrania armas más potentes —los Tomahawks que pueden atacar profundo en territorio ruso— Putin se verá obligado a negociar. Es presión militar convertida en presión diplomática.

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¿Y cree realmente que eso funcionará?

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Zelenski lo espera. Observa que Moscú ya está buscando diálogo después de que se mencionaron los Tomahawks. Pero también está consciente de que mientras habla de paz, Rusia sigue bombardeando infraestructura energética. No es optimismo ingenuo; es una apuesta calculada.

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¿Qué pasa si Trump se reúne con Putin y negocia sin Zelenski en la mesa?

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Ese es el riesgo real. Trump ya anunció una reunión con Putin en Budapest. Zelenski está tratando de asegurarse de que cualquier negociación incluya sus intereses, que cualquier acuerdo no lo deje fuera o lo sacrifique.

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