El cuerpo a los 85 años responde bien al ejercicio; lo que falta es creer que puede hacerlo
España, uno de los países más longevos del mundo, se asoma a un futuro demográfico en el que la vejez será la condición de millones. El médico y catedrático Alejandro Lucía recuerda que el cuerpo humano no abandona su capacidad de respuesta ante el ejercicio ni siquiera a los 85 años, y que la verdadera limitación no reside en la biología, sino en los prejuicios colectivos que condenan a los mayores a la pasividad antes de que sus cuerpos lo exijan. La pregunta que España debe hacerse no es cuántos años viviremos, sino con qué libertad y plenitud los habitaremos.
- España supera los 84 años de esperanza de vida y las proyecciones demográficas anticipan una sociedad cada vez más envejecida, lo que convierte el modelo de vejez en una urgencia de salud pública.
- El mayor obstáculo no es físico: la subestimación social de las capacidades de las personas mayores actúa como una barrera más paralizante que cualquier limitación biológica real.
- El catedrático Alejandro Lucía propone un régimen concreto —entre 150 y 300 minutos de ejercicio semanal— como respuesta accesible y consistente para mantener el cuerpo activo en la vejez.
- El trabajo de fuerza muscular emerge como elemento crítico: los músculos en la vejez no son un detalle estético, sino la infraestructura que sostiene la independencia y la autonomía cotidiana.
- La conversación apunta hacia un cambio de mentalidad colectiva: reconocer que envejecer no es una sentencia de inactividad, sino una etapa que el ejercicio puede mantener plena y capaz.
España envejece. Con una esperanza de vida que supera los 84 años, el país figura entre los más longevos del mundo, y las proyecciones apuntan a que esa cifra seguirá creciendo. La pregunta inevitable es qué tipo de vejez nos espera: ¿una de reposo y dependencia, o una que siga siendo activa y plena?
Alejandro Lucía, médico y catedrático de la Universidad Europea, ofrece una respuesta clara: el cuerpo humano responde bien al ejercicio incluso a los 85 años. Lo que falta, según él, no es capacidad física, sino una mentalidad social que la reconozca. "Se tiende a subestimar la capacidad de las personas mayores", señaló, identificando ese prejuicio silencioso como una barrera más real que cualquier limitación biológica.
Sus recomendaciones son concretas: entre 150 y 300 minutos de ejercicio por semana, equivalentes a media hora diaria a ritmo sostenido. No es atletismo extremo; es una invitación a mantener el cuerpo en movimiento. Con especial énfasis, Lucía destaca el trabajo de fuerza: levantar pesas, fortalecer la musculatura. En la vejez, los músculos son infraestructura, no estética. Son lo que permite levantarse de una silla, subir escaleras, conservar la independencia.
Lo que emerge es una visión que desafía el relato dominante: el envejecimiento no es una sentencia de inactividad. La barrera más importante no está en los huesos ni en los músculos, sino en las expectativas que la sociedad impone sobre lo que una persona mayor puede hacer. Cómo envejezcamos dependerá, en buena medida, de si somos capaces de ver a nuestros mayores como personas cuya vida sigue siendo susceptible de vivirse plenamente.
España envejece. Con una esperanza de vida que supera los 84 años, el país se sitúa entre los más longevos del mundo, y las proyecciones demográficas apuntan hacia un futuro en el que esa cifra seguirá creciendo. La pregunta que emerge, inevitable, es qué tipo de vejez nos aguarda. ¿Seremos una generación de mayores confinados al reposo, o podremos construir una vejez que siga siendo activa, plena, capaz?
Alejandro Lucía, médico y catedrático de la Universidad Europea, tiene una respuesta clara. En una conversación reciente, señaló que el cuerpo humano, incluso a los 85 años, responde notablemente bien al ejercicio. Lo que falta, según su análisis, no es capacidad física en los mayores, sino una mentalidad social que reconozca esa capacidad. "Es una lástima, pero se tiende a subestimar la capacidad de las personas mayores", observó. Esa subestimación, ese prejuicio silencioso sobre lo que un cuerpo envejecido puede hacer, se convierte en una barrera más real que cualquier limitación biológica.
Las recomendaciones sobre actividad física han evolucionado conforme la sociedad ha comprendido mejor cómo funciona el envejecimiento. Lucía propone un régimen accesible pero consistente: entre 150 y 300 minutos de ejercicio por semana. Traducido a la vida cotidiana, eso significa media hora diaria a un ritmo sostenido. No es una propuesta de atletismo extremo. Es, más bien, una invitación a mantener el cuerpo en movimiento, a exigirle lo justo para que siga respondiendo.
Pero hay un elemento que Lucía subraya con particular énfasis: el trabajo de fuerza. Levantar pesas, acudir al gimnasio, fortalecer la musculatura. En la vejez, los músculos no son un lujo estético; son infraestructura. Son lo que permite levantarse de una silla sin ayuda, subir escaleras, mantener el equilibrio, conservar la independencia. "Hipertrofiar los músculos" es el término técnico que usa Lucía, pero lo que describe es algo más fundamental: la diferencia entre una vejez en la que uno sigue siendo dueño de su propio cuerpo y una en la que el cuerpo se convierte en una carga.
Lo que emerge de esta conversación es una visión que desafía el relato dominante sobre el envejecimiento. No se trata de negar que el cuerpo cambia con los años. Se trata de reconocer que esos cambios no son una sentencia de inactividad. El ejercicio no es un lujo para los mayores; es una herramienta de preservación, quizá la más poderosa de la que disponemos. Y la barrera más importante no está en los músculos o en los huesos, sino en las expectativas que la sociedad deposita sobre lo que una persona mayor puede hacer. España envejece, sí. Pero cómo envejezcamos dependerá, en buena medida, de si somos capaces de ver a nuestros mayores no como personas cuya vida útil ha terminado, sino como personas cuya vida sigue siendo susceptible de ser vivida plenamente.
Citações Notáveis
Con 85 años el cuerpo responde muy bien al ejercicio. Es una lástima, pero se tiende a subestimar la capacidad de las personas mayores— Alejandro Lucía, médico y catedrático de la Universidad Europea
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué insiste tanto en que la gente mayor puede hacer ejercicio? ¿No hay un límite real en el que el cuerpo simplemente no responde?
El límite existe, claro. Pero está mucho más lejos de lo que creemos. Lo que Lucía está diciendo es que a los 85 años el cuerpo sigue siendo plástico, sigue respondiendo. El problema es que dejamos de pedirle que responda.
¿Y eso qué cambia en la práctica? Si alguien tiene 80 años y nunca ha ido al gimnasio, ¿empieza ahora?
Sí. Y eso es lo radical. No es que sea demasiado tarde. Es que nunca es demasiado tarde. El músculo tiene memoria, pero también tiene capacidad de regeneración a cualquier edad.
Pero hay gente que tiene artrosis, problemas de corazón, limitaciones reales.
Las hay. Pero Lucía no está hablando de un programa único para todos. Está diciendo que la suposición por defecto debería ser que el movimiento es posible, no que es imposible. Que la pregunta sea "¿cómo adaptamos el ejercicio?" en lugar de "¿por qué no puede hacer ejercicio?"
¿Y si lo que falta es simplemente que alguien les enseñe? ¿Que no hay acceso?
Eso es parte. Pero también está el mensaje cultural. Si la sociedad dice "los viejos no hacen ejercicio", entonces los viejos no lo hacen. Lucía está intentando romper ese mensaje.