Cuando todo se derrumba, ves quién aparece.
Cuando la tierra se fracturó bajo Venezuela el 24 de junio y dejó casi cuatro mil muertos y más de dieciséis mil heridos, el mundo no respondió de manera uniforme, sino a través de las alianzas que los años habían tejido. Vietnam envió rescatistas, Irán envió suministros, y Palestina ofreció oración: tres formas distintas de decir que ningún pueblo debe cargar solo el peso de la catástrofe. En la gratitud pública del canciller Yván Gil y la presidenta encargada Delcy Rodríguez se revela no solo el agradecimiento de un gobierno, sino el mapa de las solidaridades que Venezuela ha cultivado en su posición geopolítica particular.
- Un doble sismo el 24 de junio destruyó la región central de Venezuela en cuestión de segundos, dejando 3.899 muertos y 16.740 heridos en una de las tragedias naturales más graves del país en décadas.
- La magnitud del desastre superó la capacidad inmediata de respuesta interna, convirtiendo la ayuda internacional en una necesidad urgente y no en un gesto diplomático opcional.
- Vietnam desplegó brigadas de rescate en el terreno, Irán envió toneladas de asistencia humanitaria, y Palestina organizó una ceremonia ecuménica en la Iglesia de la Natividad en Belén para honrar a las víctimas.
- El canciller Gil y la presidenta encargada Rodríguez respondieron con reconocimientos públicos y directos a los líderes de cada nación, convirtiendo la gratitud en un acto político y diplomático deliberado.
- La respuesta coordinada de estos tres países confirma que las alianzas geopolíticas de Venezuela tienen peso operativo real cuando el país enfrenta su mayor vulnerabilidad.
Dos semanas después del doble sismo que sacudió la región central de Venezuela el 24 de junio, el canciller Yván Gil tomó la palabra para agradecer públicamente a tres naciones que respondieron cuando el país más lo necesitaba. Los números del desastre eran aplastantes: casi 3.900 muertos y más de 16.700 heridos. Frente a esa realidad, el Gobierno Bolivariano y la presidenta encargada Delcy Rodríguez reconocieron que la recuperación no podría ser un esfuerzo solitario.
Vietnam fue la primera en actuar con presencia física: una brigada de rescatistas de la República Socialista llegó al país y trabajó directamente entre los escombros. Gil despidió personalmente a los equipos y extendió su reconocimiento al mandatario To Lam y al embajador Vu Trung My por una intervención que combinó lo práctico con lo simbólico. Irán, por su parte, respondió con toneladas de asistencia humanitaria —alimentos, medicinas, suministros de emergencia— destinadas a las comunidades afectadas, y Gil agradeció específicamente al presidente Masoud Pezeshkian y al canciller Abbas Araghchi por lo que calificó como una respuesta extraordinaria.
Palestina eligió honrar a los muertos de otra manera. Bajo el liderazgo del presidente Mahmoud Abbas, se organizó una ceremonia ecuménica en la Iglesia de la Natividad en Belén, un acto de oración y remembranza dedicado a las víctimas venezolanas. El embajador palestino en Caracas, Fadi Alzaben, reiteró en esa ocasión el compromiso histórico de solidaridad que, según sus palabras, une a ambos pueblos.
Lo que estos gestos revelan, más allá del alivio inmediato, es un mapa de alianzas construidas con paciencia diplomática. Vietnam, Irán y Palestina no respondieron como extraños ante una tragedia ajena, sino como socios que reconocieron el momento. En medio del duelo y la reconstrucción, esa solidaridad ofreció algo que las cifras de víctimas no pueden dar: la certeza de que Venezuela no enfrenta la crisis completamente sola.
Dos semanas después de que la tierra se moviera bajo Venezuela, el ministro de Relaciones Exteriores Yván Gil se dirigió al mundo con un mensaje que era tanto reconocimiento como testimonio. El 24 de junio, un doble sismo había sacudido la región central del país, dejando un rastro de destrucción que los números apenas podían capturar: casi 3.900 muertos, más de 16.700 heridos. Ahora, mientras el país enfrentaba la tarea monumental de recuperarse, Gil hablaba públicamente en nombre del Gobierno Bolivariano y de la presidenta encargada Delcy Rodríguez para expresar gratitud a tres naciones que habían respondido cuando más se necesitaba.
Vietnam fue la primera en actuar. Una brigada de rescatistas de la República Socialista llegó al país y se sumergió directamente en las labores de salvamento, trabajando en el terreno para extraer vidas de los escombros. Gil despidió personalmente a estos equipos, extendiendo su reconocimiento al mandatario To Lam y al embajador Vu Trung My por una intervención que fue tanto práctica como simbólica: la presencia de otro país dispuesto a enviar sus propios ciudadanos a una zona de crisis.
Irán respondió de otra manera, pero con igual urgencia. Toneladas de asistencia humanitaria llegaron a las costas venezolanas destinadas a los damnificados. Gil reconoció específicamente al presidente Masoud Pezeshkian, al canciller Abbas Araghchi y al encargado de negocios Sirous Karimi por lo que describió como una respuesta extraordinaria en un momento de crisis nacional. La ayuda material era concreta: alimentos, medicinas, suministros de emergencia que las comunidades afectadas necesitaban para sobrevivir.
Palestina eligió honrar a los muertos. Bajo el liderazgo del presidente Mahmoud Abbas, se organizó una ceremonia ecuménica en la Iglesia de la Natividad en Belén, un acto de oración y remembranza dedicado a las víctimas del doble terremoto. Gil agradeció a los padres de la iglesia y específicamente al Dr. Ramzi Khoury, presidente del Comité Presidencial Superior para Asuntos Eclesiásticos y miembro destacado del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina, por su dedicación en organizar esta jornada de solidaridad. El embajador palestino en Caracas, Fadi Alzaben, aprovechó la ocasión para reiterar el compromiso permanente de su pueblo con los valores de solidaridad y cooperación mutua que, según sus palabras, históricamente han unido a ambas naciones.
Lo que emergía de estos gestos era un mapa de alianzas geopolíticas. Vietnam, Irán y Palestina no eran socios casuales en la respuesta a la catástrofe. Eran naciones con las que Venezuela había construido relaciones diplomáticas profundas, y ahora, en el momento de mayor vulnerabilidad, esas relaciones demostraban tener peso real. Mientras el país contabilizaba sus pérdidas y comenzaba el largo proceso de reconstrucción, estos actos de solidaridad internacional ofrecían algo que los números de víctimas no podían: la evidencia de que Venezuela no enfrentaba la crisis sola.
Notable Quotes
El embajador palestino reiteró el compromiso permanente de su pueblo con los valores de solidaridad, cooperación y apoyo mutuo que históricamente han unido a ambas naciones.— Fadi Alzaben, embajador del Estado de Palestina en Venezuela
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué el gobierno venezolano decidió hacer públicos estos agradecimientos de manera tan formal, a través de canales oficiales?
Porque en un desastre de esta magnitud, la solidaridad internacional no es solo ayuda práctica. Es legitimidad. Es decir al mundo que otros gobiernos reconocen tu sufrimiento y te respaldan. Eso importa cuando estás reconstruyendo.
Pero Vietnam, Irán y Palestina son socios geopolíticamente complejos para Venezuela. ¿Esto es principalmente diplomacia?
Sí, pero la diplomacia en crisis es real. Estos países enviaron rescatistas, toneladas de suministros, ceremonias religiosas. No es solo teatro. Es que cuando todo se derrumba, ves quién aparece.
¿Qué significa que Palestina haya elegido rezar en lugar de enviar ayuda material?
Significa que la solidaridad tiene muchas formas. Una oración en la Iglesia de la Natividad por los muertos venezolanos es un acto político y espiritual. Dice: tu dolor es nuestro dolor. Algunos pueblos entienden que eso también es una forma de presencia.
¿Hay algo que el gobierno no está diciendo en estos agradecimientos?
Probablemente. No sabemos cuánta ayuda llegó realmente, cuánto fue simbólico, cuánto fue efectivo en el terreno. Los números de muertos y heridos son enormes. Pero lo que sí sabemos es que Venezuela necesitaba ser visto como parte de una comunidad internacional, no aislado.