Abrirse al mundo no significa alejarse de la región sino fortalecerla
En la ciudad paraguaya de Luque, el presidente uruguayo Yamandú Orsi tomó las riendas del Mercosur durante la 68ª cumbre del bloque, inaugurando una presidencia pro tempore orientada a la apertura comercial y la modernización regional. Su mandato llega en un momento en que el acuerdo histórico con la Unión Europea abre horizontes inéditos, pero también expone las fracturas internas que ningún tratado ha logrado sanar. Orsi apuesta a que la integración no sea solo un ejercicio diplomático, sino una promesa cumplida en la vida cotidiana de los ciudadanos del bloque.
- Uruguay asume la presidencia del Mercosur con una agenda ambiciosa de apertura global, justo cuando el bloque enfrenta tensiones internas que amenazan su cohesión.
- Paraguay, excluido del acceso oceánico, advierte que los nuevos acuerdos comerciales reproducen desigualdades estructurales en lugar de corregirlas, poniendo en duda el beneficio real para los miembros más vulnerables.
- La ausencia de Javier Milei en la cumbre subraya las fracturas políticas que atraviesan el bloque y complican cualquier agenda de consenso.
- Uruguay impulsará negociaciones con Canadá, Emiratos Árabes Unidos, India, Vietnam y Japón, buscando convertir acuerdos en papel en empleos e inversiones concretas.
- Orsi acumula simultáneamente la presidencia de la Celac, el G77 y China, y el Consenso de Brasilia, consolidando a Uruguay como eje diplomático regional en un momento de reconfiguración global.
En Luque, Paraguay, Yamandú Orsi recibió esta semana la presidencia pro tempore del Mercosur durante la 68ª cumbre del bloque, de manos de su homólogo paraguayo Santiago Peña. Su mensaje central fue inequívoco: el Mercosur necesita modernizarse y abrirse al mundo, pero los acuerdos solo tienen valor si se traducen en empleos, inversiones y oportunidades reales para la ciudadanía.
Orsi destacó el acuerdo de asociación estratégica entre el Mercosur y la Unión Europea como uno de los hitos más significativos en la historia del bloque. Durante su mandato, Uruguay impulsará la implementación de los acuerdos ya cerrados, convocará el primer Foro Empresarial Mercosur-UE y buscará cerrar negociaciones pendientes con Canadá, Emiratos Árabes Unidos, India, Vietnam y Japón, sin descuidar los lazos regionales a través de la Aladi.
Sin embargo, la visión expansiva de Orsi chocó con una realidad incómoda que Paraguay no dejó pasar. Peña fue directo: su país, sin salida al océano, enfrenta costos logísticos que ningún otro miembro soporta, y cuestionó si un acuerdo que reproduce las asimetrías existentes en lugar de corregirlas tiene sentido real. Su pregunta fue provocadora: ¿para qué abrir mercados si las reglas del juego siguen siendo desiguales?
La cumbre reunió a los presidentes de Brasil y Bolivia, mientras que la ausencia de Javier Milei reflejó las tensiones políticas que atraviesan el bloque. También participaron los mandatarios de Ecuador y Chile. Con esta presidencia, Uruguay suma responsabilidades adicionales al presidir simultáneamente la Celac, el Grupo de los 77 y China, y el Consenso de Brasilia, una acumulación de liderazgos que revela tanto el peso diplomático del país como la complejidad de coordinar agendas en un mundo en transformación.
En Luque, Paraguay, el presidente uruguayo Yamandú Orsi recibió esta semana las riendas del Mercosur durante la 68ª cumbre del bloque, asumiendo una presidencia pro tempore que marca un punto de giro en la estrategia de integración regional. Su mensaje fue claro: el bloque necesita modernizarse, abrirse al mundo, pero sobre todo debe entregar resultados tangibles a sus ciudadanos. No basta con firmar acuerdos en salones de conferencias; lo que importa es que esos compromisos se conviertan en empleos, inversiones y oportunidades reales para la gente.
Orsi recibió la coordinación de manos de Santiago Peña, su homólogo paraguayo, en una ceremonia que subrayó tanto las ambiciones compartidas como las fracturas que persisten en el bloque. El presidente uruguayo destacó que el acuerdo de asociación estratégica entre el Mercosur y la Unión Europea representa uno de los momentos más significativos en la historia del grupo. No es un acuerdo menor: abre puertas a inversión, amplía la cooperación política, y crea espacios para que el comercio y el desarrollo prosperen entre dos de las regiones económicamente más importantes del mundo.
Pero la presidencia de Uruguay no se detiene en Europa. Durante su mandato, el país impulsará la implementación de los acuerdos ya cerrados, incluyendo el Acuerdo Interino de Comercio con la Unión Europea y el tratado con los países de la Asociación Europea de Libre Comercio. Orsi anunció planes para convocar el primer Foro Empresarial Mercosur-Unión Europea, un espacio donde empresarios públicos y privados puedan identificar oportunidades de inversión conjunta. Además, Uruguay buscará cerrar negociaciones pendientes con Canadá y Emiratos Árabes Unidos, mientras avanza en conversaciones comerciales con India, Vietnam y Japón. Todo esto sin descuidar los lazos regionales a través de la Asociación Latinoamericana de Integración.
El mensaje de Orsi fue que abrirse al mundo no significa abandonar la región, sino fortalecerla. Sin embargo, esa visión expansiva chocó con una realidad incómoda que Paraguay no dejó pasar. Santiago Peña, aunque celebró los 35 años del Mercado Común del Sur, fue directo en sus críticas. Paraguay, sin acceso al océano, enfrenta costos logísticos que ningún otro miembro del bloque experimenta. Esos gastos adicionales no son un detalle administrativo; son una barrera estructural que afecta la competitividad de sus empresas y la viabilidad de sus exportaciones.
Peña cuestionó si un acuerdo de libre comercio que reproduce las asimetrías existentes en lugar de corregirlas tiene realmente sentido. Su pregunta fue provocadora: ¿para qué sirve abrir mercados si los términos del juego siguen siendo desiguales? Paraguay no pide privilegios, enfatizó, sino equidad. La brecha entre los miembros del bloque sigue siendo profunda, y el acuerdo con la Unión Europea, aunque histórico, no parece estar diseñado para cerrarla.
La cumbre reunió a los presidentes de Brasil y Bolivia, ambos miembros plenos del bloque. Notablemente ausente estuvo Javier Milei, presidente de Argentina, cuya no asistencia refleja las tensiones políticas que atraviesan el Mercosur. También participaron los mandatarios de Ecuador y Chile, Daniel Noboa y José Antonio Kast, este último visitó Uruguay después de la reunión. Con esta presidencia pro tempore, Uruguay suma responsabilidades adicionales: también preside la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, el Grupo de los 77 y China, y el Consenso de Brasilia. Es una acumulación de liderazgos que refleja tanto el peso diplomático del país como la complejidad de coordinar agendas regionales en un momento de transformación global.
Citas Notables
Queremos un Mercosur más moderno, más dinámico y más abierto al mundo, pero sobre todo que produzca resultados concretos para sus ciudadanos— Yamandú Orsi, presidente de Uruguay
Para Paraguay, este acuerdo tiene un peso distinto: somos un país sin litoral marítimo y esa condición nos impone costos logísticos mucho más elevados que cualquier otro miembro del bloque— Santiago Peña, presidente de Paraguay
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué insiste Orsi en que los acuerdos comerciales deben producir resultados concretos para los ciudadanos? ¿No es eso obvio?
No lo es. Muchos gobiernos firman tratados y declaran victoria, pero los beneficios nunca llegan a la gente. Orsi está diciendo que el Mercosur debe demostrar que funciona en términos reales: empleos, salarios, acceso a productos.
Y Paraguay está diciendo que el acuerdo con Europa no funciona para ellos. ¿Por qué?
Porque Paraguay no tiene costa. Eso significa que todo lo que exporta debe cruzar territorio de otros países, lo que encarece enormemente los costos. Un acuerdo de libre comercio que no reconoce esa realidad es un acuerdo que beneficia a unos y perjudica a otros.
¿Entonces el Mercosur está fracasando?
No, pero está incompleto. Tiene 35 años y ha logrado cosas importantes. El problema es que las desigualdades estructurales entre sus miembros nunca se han resuelto de verdad. Uruguay quiere abrirse al mundo, Paraguay quiere que primero se arregle lo que está roto adentro.
¿Y la ausencia de Milei qué significa?
Que Argentina tiene su propia agenda ahora, y no necesariamente alineada con el bloque. Es un recordatorio de que el Mercosur no es un proyecto cerrado; depende de que sus miembros sigan creyendo en él.