La ansiedad fue tan real como la falta de dinero
En medio de una pandemia que sacudió los cimientos de la educación superior, la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas eligió no detenerse. Con una inversión de entre diez y doce millones de soles, la UPC intentó sostener a sus estudiantes frente a la deserción, la morosidad y la angustia colectiva, apostando por la continuidad como acto de responsabilidad institucional. Hoy, mientras lanza una feria virtual para atraer nuevas generaciones, la universidad enfrenta la pregunta que comparten todas las instituciones educativas del mundo: cómo reconstruir el vínculo humano cuando el espacio físico ha desaparecido.
- La cuarentena sorprendió a la UPC en plena matrícula, pero la universidad decidió comenzar clases en la fecha prevista, apostando por una infraestructura digital construida durante una década.
- Entre el 10 y el 15% de los estudiantes no pudo continuar: algunos por crisis económica, otros por ansiedad y el peso psicológico del confinamiento.
- La morosidad en pregrado se duplicó hasta alcanzar el 25%, obligando a la universidad a ofrecer becas, financiamiento a tasa cero y chips de conectividad para evitar una deserción aún mayor.
- La inversión de S/ 10-12 millones forzó a postergar proyectos de infraestructura, revelando el costo real de sostener la educación en tiempos de crisis.
- Con la feria virtual UPC Box —que espera entre 6.000 y 8.000 asistentes— la universidad intenta reconectar con futuros estudiantes y demostrar que sigue en pie.
Cuando el gobierno peruano decretó la cuarentena, la UPC estaba en plena matrícula, a una semana de iniciar clases. Mientras la mayoría de instituciones postergó el semestre, el rector Edward Roekaert tomó una decisión distinta: comenzar en la fecha prevista. La universidad ya contaba con sistemas diseñados para la educación a distancia, y distribuyó más de mil dispositivos —iPads y laptops— a estudiantes sin equipos. Aun así, la brecha de conectividad en el país era un obstáculo que ninguna infraestructura interna podía resolver por completo.
Entre el 10 y el 15% de los alumnos no pudo continuar sus estudios. Algunos nunca iniciaron el semestre; otros lo abandonaron a mitad de camino. Las razones iban más allá de lo económico: la ansiedad y el estrés del confinamiento pesaron sobre muchos estudiantes que, sin haberse contagiado, enfrentaban una crisis de salud mental silenciosa. Para contener la deserción, la UPC invirtió entre diez y doce millones de soles en plataformas digitales, licencias, ciberseguridad, alquiler de equipos, chips de datos y financiamiento a tasa cero. Esas decisiones obligaron a postergar proyectos de infraestructura que habían sido planificados con anticipación.
A pesar de una recuperación parcial en el segundo semestre, la morosidad en pregrado llegó al 25%, el doble del nivel habitual, evidenciando que las dificultades económicas se profundizaban con el paso de los meses. Roekaert mira el 2021 con cautela: la educación seguirá siendo mayormente a distancia, y la recuperación será gradual.
En ese contexto, la universidad lanzó hoy la feria virtual UPC Box, una reinvención completa de sus tradicionales ferias de campus. Con más de cien transmisiones en vivo, veinte salas grupales y la participación de decanos y especialistas de las cuarenta y ocho carreras disponibles, la feria ofrece orientación vocacional, asesoría psicológica gratuita e información sobre becas. La UPC espera recibir entre seis mil y ocho mil visitantes virtuales: una apuesta por mantener vivo el vínculo con los estudiantes del futuro en un presente que aún no permite el reencuentro presencial.
Cuando el gobierno peruano decretó el estado de emergencia y ordenó la cuarentena, la Universidad de Ciencias Aplicadas estaba en medio del período de matrícula, apenas una semana antes de que comenzaran las clases. La mayoría de las instituciones educativas habría pospuesto el inicio del semestre. La UPC no. El rector Edward Roekaert recuerda esa decisión como un reflejo de la transformación digital que la universidad había construido durante la década anterior: decidieron comenzar en la fecha prevista y mantener la educación en marcha.
La universidad pudo hacerlo porque ya contaba con cien sistemas diseñados para soportar educación a distancia. Pero eso no era suficiente. Muchos estudiantes no tenían computadoras ni tablets en casa. La UPC distribuyó más de mil dispositivos —ipads y laptops— a quienes los necesitaban. Sin embargo, la infraestructura digital era solo parte del problema. El verdadero desafío era la conectividad: el país entero enfrentaba brechas severas de acceso a internet, y eso afectaba directamente a los estudiantes que intentaban seguir sus clases desde casa.
Entre el diez y el quince por ciento de los alumnos de la UPC no pudo continuar sus estudios. Algunos nunca iniciaron. Otros abandonaron durante el semestre. Las razones eran variadas. Roekaert explica que aunque la universidad intentó que ningún retiro fuera por motivos puramente económicos, la realidad fue más compleja: hubo casos de ansiedad, de estudiantes que enfrentaban presiones de salud mental que la pandemia intensificó, no necesariamente porque se hubieran contagiado sino por el estrés del confinamiento y la incertidumbre.
Para contrarrestar la deserción, la universidad invirtió entre diez y doce millones de soles. Ese dinero fue a reforzar las herramientas digitales: softwares, licencias, plataformas, medidas de ciberseguridad. Pero también fue a apoyar directamente a los estudiantes: alquileres de equipos, chips de conectividad, recargas de datos. La universidad ofreció becas temporales y financiamiento a tasa cero para quienes enfrentaban dificultades económicas. Esas decisiones obligaron a la institución a postergar proyectos de infraestructura y mantenimiento que había planeado.
A partir del segundo semestre, la universidad notó una recuperación. Los números, sin embargo, contaban otra historia. La morosidad en pregrado alcanzó aproximadamente el veinticinco por ciento, el doble de lo que había sido en períodos anteriores. Eso significaba que muchos estudiantes no podían pagar sus cuotas, que las dificultades económicas se profundizaban conforme avanzaba la pandemia. Roekaert reconoce que aunque ve con optimismo los próximos años, la universidad debe ser cautelosa: el 2021 seguiría siendo mayormente a distancia.
Para atraer nuevos estudiantes y mostrar que la institución seguía funcionando, la UPC lanzó hoy una feria virtual llamada UPC Box. No era una adaptación de las ferias tradicionales de campus: era una transformación completa de cómo la universidad presentaba su oferta académica. Habrá más de cien transmisiones en vivo distribuidas en veinte salas grupales, con decanos, directores y especialistas de las cuarenta y ocho carreras que ofrece la universidad. Los futuros estudiantes podrán acceder a sesiones de orientación vocacional, hacer tests en línea, recibir asesoría gratuita de psicólogos, y obtener información sobre becas y financiamientos. La universidad espera que entre seis mil y ocho mil personas asistan a la feria. Es un esfuerzo por mantener viva la conexión con los estudiantes potenciales en un momento en que la educación presencial sigue siendo imposible.
Notable Quotes
Esa decisión muestra la cultura y transformación digital que ha vivido la UPC a lo largo de la última década— Edward Roekaert, rector de la UPC
El retiro no fue por temas económicos en la mayoría de casos, sino por temas de salud, incluyendo ansiedad— Edward Roekaert, rector de la UPC
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué la UPC decidió comenzar clases a tiempo cuando todo el país estaba en pánico?
Porque ya había invertido años en infraestructura digital. No fue una decisión valiente sino lógica: tenían los sistemas listos. El verdadero riesgo habría sido esperar.
Pero distribuir mil dispositivos a estudiantes cuesta dinero. ¿Eso fue suficiente?
No. El dinero no era el único problema. Muchos estudiantes vivían en zonas sin conectividad. Podían tener una laptop pero sin internet era inútil. La brecha digital del país se convirtió en la brecha educativa de la universidad.
El rector menciona que algunos estudiantes se retiraron por ansiedad, no por dinero. ¿Eso sorprende?
No debería sorprender. La pandemia no fue solo una crisis económica. Fue una crisis de salud mental. Estudiantes jóvenes confinados, sin poder ver a sus compañeros, sin la estructura de la vida universitaria. La ansiedad fue tan real como la falta de dinero.
¿Qué significa que la morosidad se duplicó a veinticinco por ciento?
Significa que aunque la universidad ayudó a muchos estudiantes a quedarse, sus familias seguían sin poder pagar. El dinero que la UPC invirtió fue un parche, no una solución. El problema era más profundo: la economía del país se estaba desmoronando.
¿Por qué lanzar una feria virtual ahora, cuando todo sigue siendo a distancia?
Porque necesitaban nuevos estudiantes. Y porque la feria virtual es lo único que pueden hacer. Es una forma de decir: seguimos aquí, seguimos funcionando, y tenemos un plan para ustedes.