Uno de cada cuatro adolescentes tiene adicción a Internet, según estudio de la UCAM

Los adolescentes con adicción a Internet presentan deterioro en salud física y mental, rendimiento académico deficiente y mayor vulnerabilidad psicológica.
Internet no es el culpable; es un espejo de vulnerabilidades que ya existen
El estudio revela que los adolescentes con problemas de salud mental son más propensos a un uso problemático de Internet.

En Murcia, una investigadora ha completado un doctorado que convierte un fenómeno cotidiano en una advertencia colectiva: más de uno de cada cuatro adolescentes muestra una relación con Internet tan intensa que compromete su salud, su sueño, su alimentación y su futuro académico. El estudio, apoyado en inteligencia artificial, no señala a la pantalla como villana, sino como espejo de fragilidades más antiguas —ansiedad, soledad, depresión— que la conexión constante amplifica en lugar de aliviar. La pregunta que deja abierta no es tecnológica, sino humana: ¿tienen nuestras escuelas a alguien preparado para ver lo que los algoritmos ya pueden detectar?

  • El 26,7% de los adolescentes estudiados presenta un uso de Internet que los investigadores califican de problemático o adictivo, con mayor incidencia entre las chicas.
  • La adicción digital no aparece sola: viene acompañada de ansiedad, depresión, mala nutrición, sueño deteriorado y un rendimiento académico en caída, formando un ciclo que se retroalimenta.
  • Un equipo de la UCAM desarrolló una herramienta de inteligencia artificial capaz de generar una puntuación de riesgo individual analizando más de 500 estudiantes en múltiples dimensiones de salud y conducta.
  • La solución propuesta pasa por la enfermera escolar como figura de detección precoz, pero la mayoría de los centros educativos carece de ese recurso o lo tiene de forma insuficiente.
  • El estudio reencuadra el problema: Internet no crea la vulnerabilidad, la revela y la profundiza, lo que exige intervención sobre el adolescente completo, no solo sobre su tiempo de pantalla.

En la Universidad Católica de Murcia, María Abellaneda concluyó su doctorado con un hallazgo que interpela a una de cada cuatro familias: más del 26% de los adolescentes analizados en su estudio muestra un uso de Internet que puede considerarse adictivo. La investigación, que abarcó a más de 500 estudiantes de la región, empleó algoritmos de inteligencia artificial para identificar no solo quién está en riesgo, sino qué factores lo explican.

La herramienta diseñada por Abellaneda y su equipo —que incluyó especialistas en Enfermería e Informática— funciona como un sistema de alerta temprana. Examina cómo come y duerme un adolescente, si padece ansiedad o depresión, si sufre acoso, y cuánto tiempo pasa conectado. El patrón que emerge es consistente: quienes más horas pasan en línea tienden a tener peor salud física, nutrición más deficiente y calificaciones más bajas. Las chicas presentan una prevalencia significativamente mayor de este uso problemático.

Lo que el estudio subraya es que Internet no es el origen del problema, sino su amplificador. Un adolescente ansioso o socialmente aislado tiende a refugiarse en la red, y una vez allí, el tiempo conectado agrava el aislamiento real, el sueño interrumpido y el deterioro emocional. El ciclo se cierra sobre sí mismo.

La propuesta concreta es fortalecer la figura de la enfermera escolar, capaz de usar esta herramienta para identificar estudiantes en riesgo y coordinar con docentes, psicólogos y familias. El obstáculo es conocido: la mayoría de los centros educativos no cuenta con ese personal. La inteligencia artificial puede señalar el camino, pero solo si hay alguien en la escuela dispuesto a recorrerlo.

En la Universidad Católica de Murcia, una investigadora acaba de terminar su doctorado con un hallazgo que toca a una de cada cuatro familias: más de una cuarta parte de los adolescentes que participaron en su estudio presentan un uso de Internet tan problemático que puede considerarse adictivo. El trabajo, que incluyó a más de 500 estudiantes de la región, utilizó algoritmos de inteligencia artificial para mapear no solo quién estaba en riesgo, sino por qué.

María Abellaneda desarrolló una herramienta que funciona como un sistema de alerta temprana. La plataforma examina múltiples dimensiones de la vida de un adolescente: cómo come, cómo duerme, si sufre ansiedad o depresión, si experimenta acoso en la escuela, su relación con el alcohol y otras drogas, y por supuesto, cuánto tiempo pasa conectado. Lo que emerge de estos datos es un patrón consistente. Los jóvenes que pasan demasiado tiempo en línea tienden a tener peor salud física, nutrición más deficiente, síntomas más agudos de problemas mentales, y sus calificaciones sufren.

Lo que sorprende menos, pero importa más, es que las chicas muestran una prevalencia significativamente mayor de este uso problemático. El 26,7% de los estudiantes evaluados encaja en esta categoría de riesgo, pero ese porcentaje es más alto entre las adolescentes. Abellaneda y su equipo —que incluía a los investigadores de Enfermería Isabel Morales y Daniel Guillén, y al especialista en Informática Andrés Bueno— descubrieron que la adicción a Internet no es un problema aislado. Es un síntoma de una vulnerabilidad más profunda: psicológica, conductual, emocional.

La herramienta que crearon genera una puntuación de riesgo instantánea. Un enfermero escolar podría usarla para identificar rápidamente a qué estudiantes necesitan intervención, y luego coordinar con maestros, psicólogos y padres. Pero aquí está el problema: la mayoría de las escuelas no tienen enfermeros escolares, o tienen muy pocos. Abellaneda subraya que fortalecer esa figura es esencial. No se trata solo de detectar el problema, sino de actuar antes de que se profundice.

Lo que el estudio revela es que Internet no es el culpable real. Es más bien un espejo de vulnerabilidades que ya existen. Un adolescente ansioso, deprimido, o socialmente aislado es más propenso a refugiarse en línea. Y una vez allí, el tiempo que pasa conectado amplifica esos problemas. La mala alimentación, el sueño interrumpido, el aislamiento social real: todo se retroalimenta. El rendimiento académico cae. La salud mental se deteriora más. El ciclo se profundiza.

Lo interesante de esta investigación es que no solo documenta el problema. Ofrece un camino hacia la solución. La inteligencia artificial, en este caso, no es una amenaza más para los adolescentes. Es una herramienta para entenderlos mejor y ayudarlos más rápido. Pero solo si las escuelas tienen los recursos y el personal para actuar sobre lo que esa herramienta revela.

Es necesario fortalecer la figura de la enfermera escolar, cuya función incluye la detección precoz y la intervención proactiva
— María Abellaneda, investigadora de la UCAM
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué el estudio se enfoca en chicas específicamente? ¿Hay algo en cómo usan Internet que sea diferente?

Model

Las chicas muestran una prevalencia mayor de uso problemático, pero el estudio no profundiza en el por qué. Podría ser que pasen más tiempo en redes sociales donde la comparación social es más intensa, o que enfrenten presiones diferentes. El dato está ahí; la explicación requiere más investigación.

Inventor

¿La herramienta de IA realmente puede predecir quién va a tener problemas, o solo identifica a quienes ya los tienen?

Model

Identifica el riesgo basándose en patrones. Si un adolescente muestra ansiedad, mala alimentación y ya pasa muchas horas en línea, el algoritmo lo marca. Es detección precoz, no predicción del futuro. Pero eso es suficiente si alguien actúa.

Inventor

¿Qué pasa con los adolescentes que viven en zonas rurales donde no hay enfermero escolar?

Model

Ese es el problema real. La herramienta existe, pero sin personal en las escuelas que la use y responda, es solo datos. Abellaneda lo sabe. Por eso insiste en fortalecer la figura de la enfermera escolar.

Inventor

¿El estudio sugiere que deberían limitar el acceso a Internet para estos adolescentes?

Model

No. El acceso a Internet no es el problema. Es lo que Internet amplifica en adolescentes que ya son vulnerables. Quitarles Internet sin tratar la ansiedad, la depresión, el aislamiento social, no resuelve nada.

Inventor

¿Cuál es el siguiente paso después de este estudio?

Model

Implementar la herramienta en escuelas reales y ver si funciona. Pero eso requiere recursos que muchas regiones no tienen. El estudio abre la puerta; cruzarla depende de decisiones políticas y presupuestarias.

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