La verdadera rebeldía hoy es animarse a dejar el celular
En Argentina, uno de cada cuatro adolescentes de entre 11 y 17 años ha participado en al menos un reto viral durante el último año, según un estudio publicado en Youth & Society con 848 participantes. Detrás de esa cifra no hay simple imprudencia juvenil, sino una búsqueda profundamente humana de pertenencia y reconocimiento en un mundo donde la aprobación se mide en likes. El fenómeno revela cómo las plataformas digitales amplifican una necesidad tan antigua como la adolescencia misma, pero con consecuencias que pueden ir desde la incomodidad social hasta el riesgo físico real.
- Un 4% de los adolescentes encuestados admitió haber participado en retos que ellos mismos consideraban peligrosos para su integridad, incluyendo desafíos extremos como la Ballena Azul.
- El miedo a quedar excluido del grupo impulsa la participación: los adolescentes sienten que rechazar un reto equivale a perder amistades o volverse invisibles ante sus pares.
- El uso compulsivo de redes sociales y la participación en retos se retroalimentan: cuanto más se busca gratificación digital, mayores riesgos se asumen para obtener más likes.
- Las familias suelen reaccionar con castigos —quitando el celular— pero los especialistas advierten que esa respuesta llega tarde y resulta contraproducente sin un diálogo previo.
- La estrategia recomendada apunta al desarrollo del pensamiento crítico y una autoestima que no dependa de la aprobación digital, comenzando la conversación antes de entregar un dispositivo.
Un estudio reciente publicado en la revista Youth & Society analizó las respuestas de 848 adolescentes argentinos de entre 11 y 17 años y encontró que el 25% había participado en al menos un reto viral durante el último año. Mientras muchos desafíos son simples coreografías o juegos, otros implican riesgos reales: el 4% reconoció haber realizado uno que consideraba peligroso para su propia integridad. Santiago Resett, investigador del Conicet, señala que el espectro va desde desafíos extremos como la Ballena Azul —que incluye autolesiones y culmina en suicidio— hasta otros aparentemente menores pero igualmente dañinos, como permanecer días sin dormir.
La motivación central no es la adrenalina sino el vínculo social. Los adolescentes temen quedar fuera del grupo si no participan, y disfrutan cuando otros imitan lo que publican. Resett explica que existe una relación directa entre el uso compulsivo de las plataformas y la mayor participación en retos: cada comportamiento compulsivo exige una gratificación creciente, lo que lleva a asumir riesgos cada vez mayores para conseguir más likes.
María Zysman, psicopedagoga y fundadora de Libres de Bullying, enmarca el fenómeno en un problema más amplio: la necesidad de sentirse valioso ante los demás. Recomienda a las familias observar señales de alerta como el aislamiento, la dependencia excesiva de la aprobación ajena o los cambios en los hábitos de sueño. Advierte que reaccionar quitando el celular suele ser ineficaz si no hubo conversación previa.
Los especialistas coinciden en que la clave está en hablar antes que castigar, interesarse genuinamente por el mundo digital que habitan los jóvenes y ayudarlos a construir una autoestima que no dependa de los likes. Zysman propone abrir el diálogo con preguntas abiertas —como si alguna vez recibieron una propuesta que los hizo sentir incómodos— y trabaja con adolescentes la idea de que la verdadera rebeldía hoy es animarse a desconectarse y no vivir pendiente de la aprobación digital.
Una de cada cuatro adolescentes argentinas y argentinos entre 11 y 17 años ha participado en al menos un reto viral durante el último año. Esa cifra, extraída de un estudio reciente publicado en la revista científica Youth & Society, dimensiona un fenómeno que ha vuelto a ocupar la agenda pública tras una serie de desafíos que circularon por las redes sociales con consecuencias preocupantes. Desde amenazas de tiroteos en escuelas hasta el Blackout Challenge, que alcanzó repercusión internacional, algunos de estos contenidos encendieron las alarmas entre especialistas y familias.
La investigación analizó las respuestas de 848 adolescentes y encontró que mientras muchos retos consisten en simples juegos o coreografías, otros implican riesgos reales para la salud física y psicológica. El 14% de los participantes realizó uno o dos desafíos; el 5% participó de tres o cuatro; el 6% hizo cinco o más. Lo más inquietante: alrededor del 4% reconoció haber realizado un reto que consideraba riesgoso para su integridad. Santiago Resett, doctor en Psicología e investigador independiente del Conicet, advierte que algunos desafíos pueden ser extremos, como la Ballena Azul, que incluye actos de autolesión y culmina en suicidio, mientras que otros, aunque menos extremos, representan peligros reales para la integridad física y psicológica, como permanecer muchos días sin dormir.
Los investigadores identificaron que la principal motivación detrás de estas conductas es social. Los adolescentes sienten que si no participan, pueden quedar afuera del grupo o perder amistades. Muchos disfrutan cuando otros imitan los desafíos que publican, y participan para sentirse parte de una comunidad. Esa necesidad de reconocimiento funciona como uno de los principales motores. Resett explica que existe una asociación clara entre la frecuencia con la que los adolescentes participan de retos virales y un mayor uso problemático de internet y las redes sociales. Cuanto más compulsivo es el uso de las plataformas, mayor es la participación en desafíos. "Cada comportamiento compulsivo busca una gratificación cada vez mayor. Entonces, cada vez querés más 'me gusta' y eso hace que vayas tomando más riesgos para conseguir más likes", sostiene el investigador.
María Zysman, psicopedagoga y fundadora de Libres de Bullying, ve los retos virales como parte de un problema más amplio: el uso problemático de las redes sociales y la necesidad de sentirse reconocido. "Muchos chicos buscan demostrar que son valiosos o valientes. Se ponen a prueba porque necesitan sentirse importantes para otros", explica. La especialista recomienda que las familias observen señales de alerta: si un adolescente pasa cada vez más tiempo conectado, depende excesivamente de la aprobación de los demás, modifica sus hábitos de sueño, comienza a aislarse, o necesita demostrar constantemente que es "valiente" o aceptado por sus pares.
Los especialistas coinciden en que el enojo o el castigo suelen ser poco efectivos. Muchos padres reaccionan quitando el celular, pero Zysman propone que la conversación debería empezar mucho antes, cuando se decide entregar un dispositivo. "Hay que hablar sobre las propuestas que pueden aparecer en internet y ayudar a los chicos a desarrollar criterio para tomar decisiones", sostiene. El desafío no pasa por prohibir sino por ayudar a los adolescentes a desarrollar pensamiento crítico. Zysman trabaja con ellos la idea de que "la verdadera rebeldía hoy es animarse a dejar el celular y no vivir pendiente de los likes o de lo que hacen los demás".
Las recomendaciones de los especialistas incluyen conversar antes que castigar, no reaccionar únicamente quitando el celular, interesarse por el mundo digital que habitan los chicos, hablar sobre la presión de grupo y la búsqueda de aprobación en redes, y reforzar la autoestima para que no necesiten demostrar su valor a través de desafíos. Zysman también aconseja evitar describir desafíos específicos para no despertar curiosidad, y en cambio abrir espacios de diálogo. Preguntas como "¿Alguna vez te llegó una propuesta que te hizo sentir incómodo?" pueden ser una buena puerta de entrada. Resett subraya que hablar, acompañar y ayudar a los chicos a construir una autoestima que no dependa de los "me gusta" sigue siendo la herramienta más efectiva para prevenir estas conductas.
Citas Notables
Los chicos sienten que, si no participan, pueden quedar afuera del grupo. Incluso creen que sus compañeros pueden dejar de ser sus amigos.— Santiago Resett, doctor en Psicología e investigador del Conicet
Muchos chicos buscan demostrar que son valiosos o valientes. Se ponen a prueba porque necesitan sentirse importantes para otros.— María Zysman, psicopedagoga y fundadora de Libres de Bullying
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué uno de cada cuatro adolescentes participa en estos retos si saben que pueden ser peligrosos?
No es que sepan que son peligrosos. La mayoría participa porque siente que si no lo hace, queda afuera del grupo. Es una necesidad muy profunda en la adolescencia: pertenecer.
Pero entonces, ¿por qué algunos toman riesgos cada vez mayores?
Porque funciona como cualquier comportamiento compulsivo. Cada like, cada comentario, cada imitación genera una gratificación. Y después necesitás más. Así que empezás a tomar riesgos progresivamente mayores para captar atención.
¿Qué diferencia hay entre un reto viral "normal" y uno que es realmente peligroso?
Algunos son simples coreografías o juegos. Otros incluyen autolesiones o privación del sueño. El Blackout Challenge, por ejemplo, puede causar daño físico grave. Pero el problema es que muchos adolescentes no distinguen bien entre uno y otro.
¿Entonces el celular es el culpable?
No exactamente. El celular amplifica algo que ya existe: la necesidad de aprobación. El problema es que las redes sociales hacen que esa necesidad sea visible, cuantificable, adictiva. Un like es una recompensa inmediata.
¿Qué debería hacer un padre si descubre que su hijo participó en un reto riesgoso?
Lo peor que puede hacer es reaccionar con enojo o quitarle el celular. Eso cierra la puerta al diálogo. Debería preguntarle por qué lo hizo, qué sentía, qué esperaba conseguir. Y luego ayudarlo a construir una autoestima que no dependa de los likes.
¿Es posible que un adolescente simplemente deje de participar en estos retos?
Sí, pero no por prohibición. Es posible si desarrolla pensamiento crítico y entiende que su valor no depende de lo que hagan los demás. Eso es más difícil, pero es lo que realmente funciona.