Una veterinaria revela cómo proteger animales callejeros en otoño: revisiones diarias imprescindibles

Cientos de animales callejeros enfrentan riesgo de muerte por hipotermia, infecciones y falta de refugio adecuado durante las lluvias torrenciales de otoño.
Una manta mojada no protege, contamina
La veterinaria Santo Tomás explica por qué la limpieza constante de refugios es tan crítica como su construcción.

Cada otoño, cuando las lluvias arrecian, cientos de perros y gatos sin hogar libran una batalla invisible contra el frío, la humedad y las enfermedades que estas condiciones desencadenan. La veterinaria Lucía Santo Tomás recuerda que la prevención es posible, pero exige preparación, constancia y una responsabilidad compartida entre ciudadanos y comunidades. En el silencio de las calles mojadas, la diferencia entre la vida y la muerte de estos animales depende, con frecuencia, de la atención humana que nadie les debe pero que todos pueden ofrecer.

  • Cientos de animales callejeros enfrentan hipotermia, infecciones respiratorias y problemas cutáneos graves en cuanto las temperaturas caen y las lluvias se prolongan.
  • Los refugios improvisados con madera o lonas se deterioran rápidamente, convirtiendo el supuesto amparo en una trampa húmeda llena de bacterias y hongos.
  • La nutrición se vuelve crítica en otoño: el frío dispara el gasto energético y la comida expuesta al aire libre se contamina en horas si no se retira a tiempo.
  • Señales como tos, apatía o secreciones exigen atención veterinaria inmediata, mientras que los parásitos aprovechan la humedad para multiplicarse sin control.
  • La colaboración ciudadana —avisar a servicios municipales o asociaciones protectoras al detectar un animal en riesgo— es la única red de seguridad real con la que cuentan estos animales.

Cuando el otoño llega con sus lluvias y su frío, los animales que viven en las calles se enfrentan a riesgos que pueden costarles la vida. Las infecciones respiratorias y cutáneas se agravan con rapidez en cuerpos expuestos a la humedad constante, y la hipotermia acecha a quienes no tienen un refugio seco donde descansar. La veterinaria Lucía Santo Tomás, colaboradora de Natura Diet, advierte que la prevención es posible, pero requiere atención sostenida y preparación real.

El primer requisito es un refugio verdadero: impermeable, elevado del suelo y protegido del viento. Los materiales que se deterioran con la lluvia, como la madera o las lonas, pierden su función protectora y pueden convertirse en focos de infección. Santo Tomás recomienda revisar estos espacios cada dos o tres días, reemplazar mantas mojadas y aprovechar los días soleados para desinfectar y secar cada rincón.

La alimentación es otro pilar que no puede descuidarse. El frío obliga al organismo a consumir más energía para mantener la temperatura corporal, por lo que una dieta equilibrada y nutritiva resulta indispensable. Los comederos y bebederos deben mantenerse limpios y protegidos, y el agua ha de renovarse a diario. Cualquier señal de alerta —tos, estornudos, apatía, secreciones o heridas con mal aspecto— debe llevar a consultar con un veterinario sin demora.

Los parásitos, favorecidos por los ambientes húmedos, también representan una amenaza seria. El control antiparasitario regular es una medida que no puede postergarse. Ante todo, Santo Tomás subraya que la ciudadanía tiene un papel decisivo: cuando se detecta un animal en riesgo, contactar con los servicios municipales o con una asociación protectora local no es un gesto opcional, sino la única forma de que estos animales tengan una oportunidad real de sobrevivir al invierno.

Cuando llegan las lluvias de otoño, cientos de perros y gatos que viven en las calles se enfrentan a una batalla silenciosa contra el frío, la humedad y las infecciones que estas condiciones traen consigo. No tienen un techo que los proteja, ni una manta seca donde dormir. Las infecciones respiratorias y cutáneas no son molestias menores en estos animales: pueden complicarse rápidamente y convertirse en amenazas serias para sus vidas.

Lucía Santo Tomás, veterinaria y colaboradora de Natura Diet, ha visto de cerca cómo el cambio de estación afecta a los animales sin hogar. Su mensaje es claro: la prevención es posible, pero requiere atención constante y preparación. "Alojar a un animal en casa cuando no somos sus tutores legales y no están acostumbrados a nuestra presencia puede ser una opción loable en épocas de lluvias y climatología extremas, pero debemos ser cautos y estar preparados", explica. No se trata de una decisión que deba tomarse a la ligera, sino de una responsabilidad que exige conocimiento y compromiso.

El primer paso es garantizar que estos animales tengan acceso a un refugio real. Si no pueden estar dentro de una vivienda, el espacio exterior debe ser impermeable, estar elevado del suelo y protegido del viento. La humedad agrava el frío y puede provocar hipotermia, una condición potencialmente mortal. Santo Tomás advierte contra el uso de materiales como la madera o las lonas, que se deterioran rápidamente bajo la lluvia constante y pierden su capacidad de protección. Un refugio que se desmorona no es refugio en absoluto.

La limpieza de estos espacios es tan importante como su estructura. Santo Tomás recomienda revisar las zonas donde duermen estos animales cada dos o tres días. Una manta mojada o un suelo húmedo se convierten en un caldo de cultivo perfecto para bacterias y hongos. Los días soleados deben aprovecharse para desinfectar y secar cada rincón, preparando el espacio para los días grises que inevitablemente llegarán. La negligencia en este aspecto puede transformar un refugio en una trampa sanitaria.

La nutrición juega un papel fundamental que muchos pasan por alto. El otoño y las lluvias aumentan el gasto energético de los animales, que necesitan más calorías simplemente para mantener su temperatura corporal. Una dieta equilibrada y nutritiva no es un lujo: es una necesidad fisiológica. Además, la comida dejada al aire libre se contamina rápidamente con microorganismos si no se retira a tiempo. Los comederos y bebederos deben mantenerse limpios y, si es posible, protegidos bajo techo. El agua debe renovarse cada día sin excepción.

Detectar problemas de salud a tiempo puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. La tos, los estornudos, la apatía y las secreciones son señales de alarma que no deben ignorarse. El pelaje y la piel también cuentan historias: mantenerlos secos y cepillados mejora la circulación y la salud cutánea. Cuando se encuentran heridas, la cautela es esencial. Las heridas superficiales pueden limpiarse con agua y jabón y tratarse con clorhexidina, pero si hay inflamación, secreción o mal olor, un profesional veterinario debe intervenir de inmediato, porque la infección puede estar presente.

Los parásitos encuentran en los ambientes húmedos un paraíso para proliferar. Las pulgas, garrapatas y mosquitos se multiplican con facilidad en estas condiciones. Un control veterinario regular y la aplicación de tratamientos antiparasitarios adecuados a cada caso son medidas que no pueden postergarse. Santo Tomás insiste en que la ciudadanía tiene un papel crucial que jugar. Cuando se ve a un animal en riesgo, lo correcto es avisar a los servicios municipales o a una asociación protectora local. La colaboración no es opcional: es la única forma de que estos animales sin voz tengan alguna oportunidad.

Alojar a un animal en casa cuando no somos sus tutores legales puede ser una opción loable en épocas de lluvias extremas, pero debemos ser cautos y estar preparados
— Lucía Santo Tomás, veterinaria
La limpieza es fundamental. Una manta mojada o un suelo húmedo son terreno perfecto para bacterias
— Lucía Santo Tomás, veterinaria
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué el otoño es tan peligroso para los animales callejeros?

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Porque el frío y la humedad no solo causan incomodidad. Crean las condiciones perfectas para infecciones respiratorias y cutáneas que pueden matar rápidamente a un animal sin sistema inmune fortalecido ni acceso a atención veterinaria.

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¿Qué hace que un refugio sea realmente seguro?

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No basta con cualquier cubierta. Debe ser impermeable, estar elevado del suelo para evitar la humedad que sube desde abajo, y protegido del viento. La madera y las lonas se deterioran y pierden su función. Es un refugio que debe funcionar durante semanas de lluvia constante.

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¿Por qué revisar cada dos o tres días?

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Porque la humedad se acumula rápidamente. Una manta mojada no protege, contamina. Las bacterias proliferan en esos espacios. Sin revisiones regulares, el refugio se convierte en un foco de infección.

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¿Cómo sabe alguien si un animal está enfermo?

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Busca señales obvias: tos, estornudos, apatía. Pero también mira el pelaje y la piel. Un animal que no puede mantenerse seco pierde la capacidad de regular su temperatura. El cepillado regular no es vanidad, es medicina.

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¿Qué papel tiene la comida en todo esto?

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Es fundamental. El frío aumenta el gasto energético. Necesitan más calorías solo para sobrevivir. Pero la comida mojada se contamina en horas. Debe estar protegida, limpia, y el agua debe renovarse diariamente.

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¿Cuándo debe intervenir un veterinario?

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Inmediatamente si hay inflamación, secreción o mal olor en una herida. Las infecciones avanzan rápido en animales debilitados. No hay tiempo para esperar a ver si mejora solo.

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