Una "guerra congelada" es el futuro más probable del conflicto en Ucrania, según Dezcallar

El conflicto ha causado casi dos años de combates intensos con miles de bajas militares y civiles, desplazamiento masivo de población y destrucción de infraestructuras.
Una guerra congelada no beneficia a ninguno, pero es lo más probable
Dezcallar describe el futuro más probable del conflicto ucraniano como un estancamiento indefinido sin solución a corto plazo.

Desde la experiencia acumulada en décadas de diplomacia e inteligencia, Jorge Dezcallar contempla el conflicto ucraniano no como una guerra que se gana o se pierde, sino como una herida que se enquista. Ninguno de los dos bandos puede ceder territorio sin traicionarse a sí mismo ante su propia historia, y así el frente se petrifica en algo que el analista llama 'guerra congelada': ni paz ni victoria, sino un limbo armado que podría durar generaciones. En ese horizonte sombrío, Europa enfrenta la paradoja de necesitar eventualmente entenderse con la misma Rusia que ha roto las reglas del orden que ella misma contribuyó a construir.

  • Casi dos años de combates intensos han transformado una guerra de movimiento en una guerra de trincheras donde las líneas apenas se mueven y las bajas se acumulan sin que ningún bando logre una ruptura decisiva.
  • La anexión formal de territorios ucranianos por parte de Rusia y la reclamación ucraniana de los mismos crean un nudo político que ningún gobierno puede desatar sin pagar un precio interno devastador.
  • Una derrota ucraniana no sería solo una tragedia local: Dezcallar advierte que animaría a Rusia a repetir el patrón en Moldavia y los países bálticos, erosionando la credibilidad de la OTAN y el orden de seguridad europeo.
  • La ironía estratégica es brutal: Putin invadió para alejar a la OTAN de sus fronteras y ha conseguido exactamente lo contrario, con Suecia y Finlandia incorporadas a la alianza y el flanco ruso más expuesto que nunca.
  • La oposición interna en Rusia es demasiado débil para cambiar el curso de los eventos, y una población mayoritariamente desinformada sostiene el nacionalismo que alimenta la guerra, cerrando la puerta a una salida por implosión del régimen.

Jorge Dezcallar, exdirector del Centro Nacional de Inteligencia y veterano de la diplomacia española, llega a una conclusión incómoda en su libro El fin de una era: el conflicto ucraniano no terminará pronto, y cuando se estabilice, lo hará probablemente como una 'guerra congelada', un estado de ni paz ni victoria que podría perpetuarse indefinidamente.

La razón es estructural. Rusia ha anexionado formalmente varias regiones ucranianas; Ucrania las sigue reclamando. Para cualquiera de los dos bandos, ceder esos territorios equivale a admitir derrota ante su propia población, algo políticamente insostenible. Dezcallar reconoce que la cesión ucraniana de zonas como el Donbás podría ser 'la solución menos mala', pero añade con honestidad descarnada que tampoco es una solución buena. Tras casi dos años de combates, las líneas se han endurecido y una gran ofensiva que rompa el equilibrio parece improbable. Lo más verosímil es que el frente se congele, con escaramuzas esporádicas y la amenaza latente de una segunda etapa de grandes combates.

Las consecuencias de una derrota ucraniana van más allá de Ucrania. Dezcallar advierte que sería 'muy mala para Occidente', dañaría la credibilidad de la OTAN y abriría el apetito ruso hacia Moldavia y los países bálticos. Al mismo tiempo, señala la ironía estratégica del cálculo de Putin: la invasión pretendía alejar a la OTAN de las fronteras rusas y ha logrado exactamente lo contrario, incorporando a Suecia y Finlandia a la alianza.

Mirando al largo plazo, Dezcallar sostiene que Europa deberá eventualmente buscar un entendimiento con Rusia, porque ignorarla indefinidamente no es realista y porque una Rusia empujada hacia China tampoco conviene a los intereses europeos. Sin embargo, el régimen de Putin, al que describe como una 'dictadura perfecta' experta en neutralizar cualquier amenaza interna, hace que ese reencuentro sea una perspectiva lejana. La población rusa, mayoritariamente desinformada sobre la guerra y movilizada por el nacionalismo, no ofrece por ahora el contrapeso necesario para cambiar el curso de los eventos.

Jorge Dezcallar, quien durante años ocupó puestos clave en la diplomacia española y dirigió el Centro Nacional de Inteligencia, tiene una conclusión incómoda sobre lo que espera a Ucrania: el conflicto no terminará pronto, y cuando finalmente se estabilice, probablemente lo hará en forma de lo que él llama una "guerra congelada".

En presentaciones recientes de su libro El fin de una era, que examina las consecuencias de la invasión rusa, Dezcallar ha sido directo sobre por qué ninguna de las partes puede simplemente ceder territorio. Rusia ha anexionado formalmente varias regiones a la Federación Rusa, y Ucrania sigue reclamándolas. Para cualquiera de los dos bandos, abandonar esos territorios significaría admitir derrota ante su propia población, algo que ningún gobierno puede permitirse políticamente. Aunque Dezcallar sugiere que la cesión ucraniana de zonas como el Donbás o Zaporiya podría ser "la solución menos mala", reconoce que no es una solución buena en absoluto. "No se me ocurre otra mejor", ha dicho, con el tono de alguien que ha pensado largo y tendido en esto.

Lo que Dezcallar ve en el horizonte es un conflicto que ha dejado de ser una guerra de movimiento para convertirse en una guerra de trincheras. Tras casi dos años de combates intensos, las líneas se han endurecido. Una paz verdadera no parece posible en el corto plazo. En su lugar, lo más probable es que el frente se congele: ambos bandos mantienen sus posiciones, los combates continúan de forma esporádica pero sin grandes ofensivas, y la situación se perpetúa indefinidamente. "Una guerra congelada es lo más probable", reflexionó. "No beneficia a ninguno de los dos, y hay una gran probabilidad de que haya una segunda etapa de grandes combates. Eso es lo malo."

La perspectiva de una derrota ucraniana lo preocupa profundamente, no solo por Ucrania sino por las implicaciones más amplias. Una victoria rusa, cree, sería "muy mala para Occidente" y dañaría la credibilidad de la OTAN. Peor aún, animaría a Rusia a buscar aventuras militares en otros lugares: Moldavia, Letonia, y otros países bálticos podrían convertirse en objetivos. El patrón de agresión se repetiría.

Dezcallar también ofrece una perspectiva sobre las raíces del conflicto que va más allá de la narrativa occidental estándar. Sostiene que la invasión está conectada con la expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas, algo que Putin interpretó como una amenaza existencial. El presidente ruso intentó crear lo que Dezcallar llama una "zona de seguridad" tomando territorio ucraniano. Pero el plan salió mal. "Ahora tiene a la OTAN en la frontera y a Suecia y Finlandia pidiendo entrar. Lo que ha conseguido es ampliarla y tenerla más cerca", observa con cierta ironía.

Mirando hacia adelante, Dezcallar sostiene que Europa eventualmente necesitará llegar a un entendimiento con Rusia, a pesar de la actual ruptura. "Está ahí y no nos interesa que acabe en los brazos de China", dice. Rusia no desaparecerá del mapa europeo, y una Europa que ignora completamente a Rusia indefinidamente no es realista. Sin embargo, también señala que el régimen de Putin, al que describe como una "dictadura perfecta", ha dificultado el encaje de Rusia en Europa desde el colapso de la Unión Soviética.

Sobre la posibilidad de que una revuelta interna derribe a Putin y termine la guerra, Dezcallar es escéptico. Aunque existe oposición a Putin dentro de Rusia, no es lo suficientemente fuerte como para cambiar el curso de los eventos. Putin, dice, entiende cómo funcionan los golpes de Estado y, por lo tanto, sabe cómo prevenirlos. La población rusa no recibe información veraz sobre la guerra, y una mayoría significativa apoya la invasión, motivada por el nacionalismo y la creencia de que Rusia tiene derecho a invadir Ucrania. Sin un cambio de régimen improbable, el conflicto seguirá su curso hacia esa guerra congelada que Dezcallar ve como el futuro más probable.

Una guerra congelada es lo más probable. No beneficia a ninguno de los dos y hay una gran probabilidad de que haya una segunda etapa de grandes combates.
— Jorge Dezcallar
No es una solución buena, pero no se me ocurre otra mejor
— Jorge Dezcallar, sobre la cesión ucraniana de territorios
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué dice que ninguna parte puede renunciar a los territorios? ¿No es eso lo que hace posible cualquier paz?

Model

Políticamente, es imposible. Si Rusia cede lo que ha anexionado, Putin cae. Si Ucrania lo cede, Zelenski cae. Ambos gobiernos necesitan poder decir a su gente que ganaron algo. Sin eso, la paz es políticamente suicida.

Inventor

Entonces, ¿una guerra congelada es mejor que una paz falsa?

Model

No es mejor. Es simplemente lo que probablemente sucederá porque es lo único que ambos lados pueden vivir sin admitir derrota. Pero tampoco beneficia a nadie. Es un estancamiento perpetuo.

Inventor

¿Qué le preocupa más: que Rusia gane o que esto continúe indefinidamente?

Model

Que Rusia gane. Una victoria rusa destruye la credibilidad de la OTAN y le da a Putin permiso para mirar hacia Moldavia, hacia los bálticos. El patrón se repite. Una guerra congelada es mala, pero una victoria rusa es peor para Occidente.

Inventor

Usted dice que Europa necesitará entenderse con Rusia. ¿Cómo se hace eso mientras el conflicto continúa?

Model

No se hace ahora. Pero Rusia seguirá existiendo después de Ucrania. Ignorarla completamente nos deja vulnerables y la empuja hacia China. Eventualmente, alguien tendrá que hablar con Moscú.

Inventor

¿Cree que Putin podría caer por presión interna?

Model

No. Entiende cómo funcionan los golpes de Estado, así que sabe cómo evitarlos. La población rusa no ve la verdad sobre la guerra, y muchos lo apoyan genuinamente. Sin un cambio de régimen, que es improbable, esto continúa.

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