Un presidente tiene que hablar con todos, incluso con los antagonistas
En vísperas de las elecciones legislativas del 26 de octubre, el gobernador cordobés Martín Llaryora lleva ante empresarios y ciudadanos una advertencia que trasciende la coyuntura: que ninguna estabilidad macroeconómica puede sostenerse en el vacío si no existe detrás un modelo que genere trabajo real. Con Provincias Unidas como estandarte, Llaryora propone que la Argentina no está condenada a elegir entre dos extremos que ya demostraron sus límites, sino que existe un espacio moderado donde el Estado y el mercado coexisten con sentido común. Su voz llega en un momento en que el país busca, quizás sin saberlo todavía, una tercera manera de mirarse a sí mismo.
- Llaryora advierte que la economía argentina flota sobre apoyo financiero externo mientras la recesión profunda y el desempleo creciente revelan la ausencia de un verdadero motor productivo.
- La tensión con el Gobierno nacional es abierta: Milei lo llamó traidor, lo envió al psicólogo en redes y despidió a un funcionario por tener vínculos con el gobernador cordobés.
- La ministra Bullrich atacó a las provincias por sus impuestos y su dependencia fiscal, pero Llaryora responde con datos: Córdoba aporta más de lo que recibe y absorbe servicios nacionales sin financiamiento.
- Provincias Unidas —que agrupa a Córdoba, Santa Fe, Chubut, Santa Cruz y Corrientes— busca consolidarse como tercera fuerza con peso real en el Congreso para construir leyes en lugar de bloquearlas.
- El gobernador espera que tras las elecciones Milei abra canales de diálogo con todos los sectores, convencido de que construir consenso exige más fortaleza que el insulto y la confrontación permanente.
Martín Llaryora llegó al Coloquio de IDEA con un diagnóstico que incomoda a propios y ajenos: Argentina tiene un problema que va más allá de las finanzas. Desde hace dos años insiste ante el Presidente y sus equipos en que ningún modelo económico se sostiene sin un modelo productivo detrás. Lo que observa en cambio es recesión, desempleo en alza y una economía que solo se mantiene gracias al apoyo financiero externo. Cuando alguien menciona desarrollo, dice, el Gobierno reacciona como si fuera un insulto.
Llaryora encabeza Provincias Unidas, una coalición de gobernadores que aspira a ser una tercera fuerza real en el Congreso Nacional. Su diagnóstico sobre el país es claro: Argentina lleva décadas atrapada entre dos proyectos fallidos, uno que creyó que el Estado lo podía todo y otro que confía ciegamente en el mercado. Su propuesta es más modesta y más ambiciosa a la vez: tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario. Sentido común, lo llama. Y señala oportunidades concretas que el país desperdicia: potencial agrícola sin explotar, petróleo, minería, industria del conocimiento, leyes de biocombustibles que no avanzan mientras Brasil y Estados Unidos ya las tienen.
La relación con el Gobierno nacional ha sido áspera. Milei lo acusó de traidor cuando fracasó la Ley Ómnibus, lo envió al psicólogo en redes sociales y despidió a un funcionario por sus vínculos con el gobernador cordobés. Ante los ataques de la ministra Bullrich a las provincias, Llaryora respondió con datos: Córdoba aporta mucho más de lo que recibe, carga con retenciones y con servicios nacionales transferidos sin financiamiento. Si hay paz social en Argentina, afirmó, no es mérito del modelo económico sino del esfuerzo silencioso de gobernadores, intendentes, organizaciones civiles y empresarios.
Aun así, Llaryora no cierra puertas. Espera que después del 26 de octubre el Presidente genere espacios de diálogo con todos los sectores, incluso con sus antagonistas. Un presidente, dice, tiene que hablar con todos. Y concluye con una imagen que resume su filosofía política: destruir una pared cualquiera la agarra con un martillo. Construirla, no.
Martín Llaryora, gobernador de Córdoba, se presentó esta semana ante los empresarios reunidos en el Coloquio de IDEA con un diagnóstico severo del modelo económico nacional y una propuesta que busca posicionar a su coalición como alternativa moderada en las elecciones legislativas del 26 de octubre. Su crítica no apunta solo a la gestión económica, sino a lo que él ve como una ausencia fundamental: una visión productiva que genere empleo real.
En su intervención, Llaryora fue directo. El Gobierno, dijo, tiene un problema que va más allá de las finanzas. Desde hace dos años, cuando los gobernadores se reunieron con el Presidente, él ha insistido en que ningún modelo económico se sostiene sin un modelo productivo detrás. Argentina necesita, en su lectura, sectores que generen inversión, empleo y divisas. Lo que ve en cambio es una recesión profunda, desempleo en alza, y una economía que solo se mantiene en pie gracias al apoyo financiero externo. Cuando habla de desarrollo, dice, el Gobierno reacciona como si fuera un insulto. Solo hablan de que la macroeconomía, por arte de magia, lo arreglará todo. Eso, sostiene, ya Argentina lo intentó y fracasó.
Llaryora encabeza Provincias Unidas, una coalición que reúne a gobernadores de varias provincias: Córdoba, Santa Fe, Chubut, Santa Cruz y Corrientes. Su apuesta es convertirse en una tercera fuerza consolidada en el Congreso Nacional, con capacidad real de diálogo y construcción de leyes. Argentina, en su visión, está atrapada entre dos proyectos que han fracasado: uno que creía que el Estado lo podía todo y se peleaba con la actividad privada, generando planes pero no empleo; otro que cree que solo el mercado existe y tampoco está funcionando. Provincias Unidas propone algo distinto: tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario. Sentido común, lo llama.
Cuando se le pregunta sobre las reformas que el Gobierno prometió encarar si ganaba las elecciones, Llaryora reconoce que algunas son necesarias. Pero insiste en que sin una visión productiva, ninguna reforma tendrá efecto duradero. Señala ejemplos concretos: Argentina es el octavo país más grande del mundo, tiene potencial agrícola sin explotar, oportunidades en petróleo y minería, una industria del conocimiento en crecimiento. Pero leyes como la de biocombustibles no avanzan, mientras que Brasil y Estados Unidos ya las tienen. El país tiene un pueblo sin conflictos raciales, recursos naturales abundantes. Lo que falta es la voluntad política de construir un programa que genere trabajo real.
Sobre la crítica de la ministra Patricia Bullrich a las provincias —que dijo que pedían dinero cada diez minutos y que tenían impuestos altos— Llaryora respondió con datos. Córdoba, afirma, aporta mucho más a la Argentina de lo que recibe. Las retenciones que cobra la Nación sobre los productos cordobeses, el impuesto al cheque que pagan más las provincias productivas: todo el marco impositivo es tremendamente difícil para los cordobeses. Pero lo que más le molesta es la lógica de traspasar servicios sin financiamiento. La Nación cobra impuestos y después traslada responsabilidades a provincias y municipios. Si hay paz social en Argentina, dijo, no es porque el modelo económico haya generado empleo, sino porque gobernadores, intendentes, organizaciones civiles y empresarios están haciendo un esfuerzo tremendo para sostener lo que pueden. Las provincias se hicieron cargo de subsidios de transporte, boletos educativos, salud —con aumentos de gasto de más del 30 por ciento— y rutas nacionales. Lo que debería haber, sugirió, es un reconocimiento, no un ataque.
Sobre Javier Milei, Llaryora evita hacer análisis emocional. Dice que no es exégeta de nadie. Pero espera que después de las elecciones el Presidente genere espacios de diálogo con todos los sectores, incluso con los antagonistas. Un presidente, afirmó, tiene que hablar con todos. Ha visto a Milei apenas dos veces. La relación entre ambos ha sido tensa: Milei lo envió al psicólogo en redes sociales, lo acusó de traidor junto con otros gobernadores cuando fracasó la Ley Ómnibus, y despidió a un funcionario que respondía a Llaryora porque consideraba que estaba "durmiendo con el enemigo". Pero el gobernador de Córdoba mantiene su posición: Argentina necesita entender que los dos extremos le han hecho mucho daño. Cree que viene un tiempo en el que los moderados tendrán una oportunidad. Construir consenso, dice, requiere más fuerza que insultar al otro. Destruir una pared cualquiera la agarra con un martillo. Construirla, no.
Citações Notáveis
La macroeconomía sola no se sostiene en el tiempo. Esto Argentina ya lo vivió.— Martín Llaryora, gobernador de Córdoba
Nosotros creemos que somos la única alternativa que hoy le está diciendo a la Argentina que hay una salida y que es con una sostenibilidad macroeconómica, pero con un programa productivo de generación de empleo.— Martín Llaryora
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué insiste tanto en que el Gobierno carece de visión productiva? ¿No es suficiente estabilizar la macroeconomía?
Porque la estabilidad sin empleo no es sostenible. Argentina ya pasó por eso. Puedes ordenar los números, pero si la gente no trabaja, todo se derrumba socialmente.
Entonces, ¿Provincias Unidas es realmente una tercera fuerza o es solo una coalición táctica para las elecciones?
Es ambas cosas. Pero lo importante es que representa algo que falta: gobernadores que saben gobernar, que entienden que necesitas mercado y Estado, que pueden construir leyes con acuerdo. Eso es lo que le falta a Argentina ahora.
¿Cree que Milei puede cambiar de rumbo después de las elecciones?
Espero que sí. Un presidente tiene que hablar con todos, incluso con los que lo critican. Pero hasta ahora no ha mostrado esa apertura. Apenas nos hemos visto dos veces.
¿Y si Provincias Unidas termina siendo solo una minoría en el Congreso?
Entonces seremos una minoría que construye. Eso es más valioso que una mayoría que solo destruye. En un Congreso fragmentado, quien puede dialogar tiene poder real.
¿Qué le molesta más: la soberbia del Gobierno o su falta de visión económica?
La soberbia. Porque la falta de visión se puede corregir. Pero creer que tienes la razón absoluta y que todos los demás están equivocados, eso paraliza todo. Argentina necesita humildad.