Economista advierte: «No existe la hucha de las pensiones» y el sistema es inviable

Ya no hay dinero para las pensiones de nadie
El economista Pablo Gil resume su diagnóstico sobre la viabilidad del sistema de pensiones en España.

En España, mientras los pensionistas reciben sus pagas con el ajuste anual prometido, el economista Pablo Gil advierte que esa tranquilidad descansa sobre una ficción contable: no existe una reserva real de fondos, sino una cadena de deuda pública que sostiene el sistema. La inversión de la pirámide demográfica —menos jóvenes cotizando, más ancianos cobrando— convierte esta dependencia del endeudamiento en una ecuación que, según Gil, no puede cerrarse indefinidamente. La pregunta ya no es si el dinero existe, sino hasta cuándo una sociedad puede endeudarse para honrar una promesa intergeneracional.

  • Pablo Gil declara sin rodeos que la hucha de pensiones es una ilusión: el gobierno emite deuda para llenar un agujero que nunca deja de crecer.
  • La proporción demográfica se ha invertido dramáticamente: donde antes tres trabajadores sostenían a un jubilado, hoy un solo joven carga con el peso de tres ancianos.
  • El sistema se financia con bonos públicos, lo que significa que cada pensión pagada hoy añade una obligación futura al conjunto de la sociedad española.
  • La reacción ciudadana es polarizada: algunos llevan décadas advirtiendo sobre este colapso anunciado, mientras otros señalan que la deuda es una herramienta común a todos los Estados modernos.
  • Sin reformas estructurales que aborden el desequilibrio demográfico, la viabilidad del sistema a largo plazo permanece en entredicho, independientemente de las subidas anuales.

Mientras decenas de miles de pensionistas españoles reciben su incremento anual del 2,8%, el economista Pablo Gil ha lanzado una advertencia que contradice la narrativa oficial: ya no hay dinero para las pensiones, y lo que se llama hucha no es más que una ilusión contable. Según Gil, el gobierno no gestiona un fondo acumulado, sino un mecanismo que debe llenarse constantemente con transferencias del presupuesto y, sobre todo, con emisión de deuda pública. El país se endeuda para mantener el sistema funcionando.

La raíz del problema es demográfica y no admite discusión. Hace décadas, tres trabajadores sostenían a un jubilado; hoy esa proporción se ha invertido. Vivimos más años, nacen menos niños, y la carga sobre los cotizantes activos crece sin pausa. La ecuación, señala Gil, no cierra: menos contribuyentes, más pensionistas, gastos crecientes y financiamiento mediante deuda.

La respuesta en redes ha sido dividida. Algunos reconocen que esta advertencia lleva treinta años circulando sin que se haya actuado. Otros replican que la deuda es un instrumento común a todos los Estados y que países sin sistemas de pensiones públicas también arrastran pasivos enormes. El debate revela una tensión de fondo: ¿es el sistema fundamentalmente insolvente, o es una cuestión de voluntad política y distribución de recursos?

Lo que Gil deja claro es que la pregunta ya no es si el dinero existe, sino si España está dispuesta a seguir endeudándose para honrar esa promesa, y por cuánto tiempo más podrá hacerlo.

En las últimas semanas, mientras decenas de miles de pensionistas españoles reciben sus nóminas con el incremento anual del 2,8% ajustado a la inflación, un economista ha lanzado una advertencia que desafía la narrativa oficial sobre la viabilidad del sistema. Pablo Gil, quien participó recientemente en el podcast 'conpdepodcast', fue directo al responder sobre el futuro de las pensiones en España: ya no hay dinero. No habrá dinero.

Lo que existe, según Gil, es una ilusión contable. El gobierno no gestiona una hucha de pensiones repleta de fondos acumulados a lo largo de los años. Lo que existe es un mecanismo de transferencia continua de riqueza pública hacia lo que se llama simbólicamente una hucha, pero que en realidad funciona como un agujero que debe llenarse constantemente. Las pensiones representan uno de los gastos más grandes del presupuesto estatal, y ese dinero tiene que venir de algún lado.

El sistema se financia, explica Gil, mediante partidas presupuestarias ordinarias y mediante la emisión de deuda. El gobierno emite bonos, obtiene dinero de esos bonos, y ese dinero termina siendo utilizado para pagar lo que llamamos la hucha de pensiones. Es decir, el país se endeuda para mantener el sistema funcionando. Si ya no hay dinero disponible en las arcas públicas y las pensiones se siguen pagando, es porque se ha encontrado una manera de endeudarse para cubrir ese gasto continuo que no desaparece.

La situación se agrava por una realidad demográfica que no admite discusión. Hace décadas, tres jóvenes trabajadores mantenían económicamente a un jubilado. Hoy, la proporción se ha invertido dramáticamente. Un joven trabajador sostiene a tres ancianos, o está en camino de hacerlo. Vivimos más años. Hay menos nacimientos. La pirámide poblacional se ha volteado. Cada año que pasa, la carga sobre los trabajadores activos aumenta mientras disminuye el número de personas que cotizan para financiar a los jubilados.

Gil es categórico: tal como está planteado actualmente, el sistema no es viable. No es una opinión marginal ni alarmista. Es una conclusión que surge de observar los números: menos contribuyentes, más pensionistas, gastos crecientes, financiamiento mediante deuda. La ecuación no cierra.

La reacción en redes ha sido mixta. Algunos usuarios coinciden con el análisis, señalando que desde hace treinta años se viene advirtiendo sobre la insostenibilidad de las pensiones. Otros cuestionan la lógica del argumento, preguntándose cómo se financia entonces la defensa nacional o la seguridad pública, y apuntando que países como Estados Unidos, sin sistema de sanidad pública ni pensiones como las que existe en España, también cargan con deuda masiva. El debate refleja una tensión profunda: entre quienes ven el sistema como fundamentalmente quebrado y quienes lo ven como un problema de prioridades políticas y distribución de recursos.

Lo que queda claro es que la pregunta sobre si habrá dinero para las pensiones del futuro ya no es una pregunta sobre si el dinero existe. Es una pregunta sobre si el país está dispuesto a seguir endeudándose para mantenerlas, y por cuánto tiempo más puede hacerlo.

No existe la hucha de pensiones, sino una transferencia de riqueza del gobierno hacia lo que se llama simbólicamente una hucha que debe estar llena para pagar las pensiones
— Pablo Gil, economista
El sistema se financia mediante emisión de bonos y endeudamiento, porque ya no hay dinero disponible en las arcas públicas
— Pablo Gil, economista
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

Cuando dices que no existe la hucha de pensiones, ¿qué significa exactamente? ¿Dónde está el dinero que se supone que se ha ahorrado?

Model

No está en ningún lado. Lo que existe es un flujo de dinero que entra y sale cada mes. El gobierno recauda impuestos y cotizaciones, y ese dinero se paga inmediatamente a los jubilados. No hay un fondo acumulado esperando. Es un sistema de reparto puro.

Inventor

Pero entonces, ¿cómo se financia si no hay ahorros?

Model

Con deuda. El gobierno emite bonos, pide dinero prestado, y usa ese dinero para pagar las pensiones. Es como si cada mes tuvieras que pedir un préstamo para pagar una factura que sabes que va a volver a llegar el mes siguiente.

Inventor

¿Y eso puede continuar indefinidamente?

Model

No. Porque cada año hay menos gente trabajando y más gente jubilada. La proporción que antes era de tres trabajadores por jubilado ahora es casi de uno a uno. En algún momento, el sistema se quiebra porque no hay suficientes contribuyentes.

Inventor

¿Qué pasaría si el gobierno dejara de emitir deuda?

Model

Las pensiones no se pagarían. O habría que reducirlas drásticamente. O subir los impuestos y las cotizaciones de manera que la gente activa no pudiera vivir. Es un triángulo imposible.

Inventor

¿Hay alguna solución?

Model

Habría que cambiar la estructura fundamental del sistema. Aumentar la edad de jubilación, reducir las pensiones, aumentar las cotizaciones, o una combinación de todo. Pero eso es políticamente muy difícil. Es más fácil seguir endeudándose.

Inventor

¿Y mientras tanto?

Model

Mientras tanto, el país se endeuda más cada año, y el problema se hace más grande. Cada generación que pasa, la solución es más dolorosa.

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