Los ejecutivos de Silicon Valley prohíben tablets a sus propios hijos
En un momento en que la tecnología prometía transformar la educación, los países nórdicos están dando marcha atrás: Finlandia, Suecia y Dinamarca retiran las pantallas de sus aulas tras constatar que deterioran la escritura, la lectura profunda y la comprensión textual. Un catedrático de Lingüística Aplicada llevó esta advertencia a Oviedo, donde las oposiciones a maestro de junio revelaron errores ortográficos alarmantes entre futuros docentes. La paradoja que emerge es antigua y conocida: quienes más predican una herramienta suelen ser los primeros en proteger a los suyos de ella.
- Las oposiciones a maestro celebradas en Asturias en junio dejaron al descubierto faltas ortográficas graves —'abances', 'surga', 'llendo'— que los tribunales calificaron de 'auténticas burradas', señal de un deterioro lingüístico sistémico.
- La evidencia científica acumulada en los países escandinavos apunta en una dirección clara: leer en pantalla entrena una mente más rápida y superficial, mientras que la lectura en papel genera comprensión más profunda y efectos más duraderos.
- La Comunidad Valenciana ya ha limitado el uso de dispositivos en Primaria, y autoridades educativas españolas debaten si seguir el camino nórdico de retirar tablets de las aulas.
- Una ironía difícil de ignorar recorre el debate: los directivos de las grandes tecnológicas de Silicon Valley, que promueven la digitalización educativa global, envían a sus propios hijos a escuelas sin pantallas ni móviles.
- La pregunta que queda sin respuesta cómoda es cuánto daño acumularon generaciones de estudiantes que aprendieron a leer principalmente en pantallas, y si España actuará a tiempo para corregir el rumbo.
Los países nórdicos están rectificando. Finlandia, Suecia y Dinamarca, que durante años apostaron por la digitalización de sus aulas, han comenzado a retirar tablets y dispositivos electrónicos de los colegios al constatar que perjudican la escritura, la lectura profunda y la comprensión de textos complejos.
David Lasagabaster, catedrático de Lingüística Aplicada en la Universidad del País Vasco, trasladó esta evidencia a Oviedo durante el II Congreso Internacional de Investigación y Creatividad en la Enseñanza de Lenguas. Su argumento descansa en datos escandinavos: la lectura en pantalla genera una mentalidad más superficial y rápida, mientras que la lectura en papel permite captar matices con efectos más duraderos.
El debate no es abstracto en Asturias. Las oposiciones a maestro del 20 de junio revelaron un panorama inquietante: entre los miles de aspirantes, los tribunales encontraron no solo un elevado número de suspensos, sino errores de una gravedad inesperada. Faltas como 'abances', 'surga' o 'llendo', junto a problemas serios de puntuación, sintaxis y comprensión lectora, sorprendieron a los evaluadores. Muchos candidatos no alcanzaron el mínimo exigido en la primera prueba.
Algunas comunidades ya actúan. La Comunidad Valenciana ha limitado el uso de dispositivos en Educación Primaria, recuperando el papel impreso. Lasagabaster interpreta esta decisión como parte de una corrección de rumbo más amplia: la tecnología en las aulas se vendió durante años como inevitable y necesaria, y ahora quienes la impulsaron reconocen que quizá se equivocaron.
El catedrático señala una paradoja que resulta difícil de ignorar: los grandes ejecutivos de las empresas tecnológicas de Silicon Valley, que predican las bondades de la digitalización educativa, envían a sus propios hijos a escuelas donde los dispositivos están prohibidos. Lasagabaster lo describe como un acto de hipocresía que revela lo que realmente piensan quienes más se benefician de vender esos dispositivos.
La pregunta incómoda que queda es cuánto daño acumularon los estudiantes que crecieron leyendo principalmente en pantallas. No se trata de condenar la tecnología en sí, sino de reconocer que algo en la forma de integrarla ha interferido con habilidades fundamentales. Mientras España debate si seguir el ejemplo nórdico, la respuesta podría definir qué tipo de lectores y escritores se forman en los próximos años.
Los países nórdicos están dando marcha atrás. Después de años apostando por tablets y dispositivos electrónicos en las aulas, Finlandia, Suecia y Dinamarca han comenzado a retirarlos de los colegios. La razón es directa: están dañando la capacidad de los estudiantes para escribir correctamente, leer con profundidad y comprender textos complejos.
David Lasagabaster, catedrático de Lingüística Aplicada en la Universidad del País Vasco, llevó este mensaje a Oviedo esta semana durante el II Congreso Internacional de Investigación y Creatividad en la Enseñanza de Lenguas. Su argumento se apoya en datos que los propios países escandinavos han recopilado: la lectura en pantalla produce una mentalidad más superficial, más rápida, menos reflexiva. Cuando leemos en papel, nos sumergimos de otra manera. Captamos matices que la pantalla nos roba. Los estudios demuestran que los efectos positivos de la lectura impresa son más duraderos que los de la digital.
Esta conversación no es teórica en Asturias. Las oposiciones a maestro celebradas el 20 de junio revelaron un panorama inquietante. Entre los miles de aspirantes que se presentaron, hubo un número elevado de suspensos. Pero lo que sorprendió a los miembros del tribunal fue la calidad de los errores. No se trataba de deslices ocasionales. Aparecieron faltas como "abances", "surga" y "llendo". Errores de ortografía básica, sí, pero también problemas graves de puntuación, sintaxis y comprensión lectora. "Hemos visto auténticas burradas", declararon los evaluadores. Muchos aspirantes ni siquiera alcanzaron el mínimo exigido en algunas partes de la primera prueba.
La Comunidad Valenciana ya ha tomado medidas. Ha limitado el uso de dispositivos electrónicos en Educación Primaria, priorizando nuevamente el papel impreso. Lasagabaster señala que esto refleja una corrección de rumbo más amplia. Durante la década anterior, la incorporación de tecnología a las escuelas se presentó como algo inevitable, moderno, necesario. Ahora, muchas de las autoridades educativas que impulsaron esa transformación están reconociendo que quizá no fue la mejor opción.
Hay una ironía que el catedrático no deja pasar. Los grandes ejecutivos de las empresas tecnológicas de Silicon Valley, aquellos que predican las maravillas de la digitalización educativa en todo el mundo, envían a sus propios hijos a escuelas donde los dispositivos electrónicos están prohibidos. Les prohíben los móviles. No les permiten asistir a centros donde se usan tablets. Mientras el resto del mundo escucha discursos sobre las bondades de la tecnología en el aula, ellos eligen lo opuesto para sus familias. Lasagabaster lo ve como una paradoja enorme, un acto de hipocresía que revela lo que realmente piensan quienes más se benefician de la venta de estos dispositivos.
La pregunta que emerge es incómoda: ¿qué hemos hecho durante estos años? Los estudiantes que ahora se presentan a oposiciones crecieron en aulas cada vez más digitales. Aprendieron a leer en pantallas. Y ahora, cuando deben demostrar que saben escribir correctamente, que comprenden un texto, que pueden estructurar una idea, muchos fracasan. No es que la tecnología sea mala en sí misma. Es que algo en la forma en que la hemos integrado en la educación está interfiriendo con habilidades fundamentales que antes se daban por sentadas.
Los correctores de las Pruebas de Acceso a la Universidad también están de acuerdo en que penalizar las faltas de ortografía es necesario, que los estudiantes deben abandonar ese hábito. Pero la pregunta más profunda permanece: ¿cómo llegamos aquí? ¿Cómo permitimos que generaciones de estudiantes pasaran años en aulas donde la herramienta principal de aprendizaje era una pantalla que, según la evidencia, los enseñaba a leer de forma superficial? Ahora, mientras algunos países comienzan a corregir el curso, en España se debate si hacer lo mismo. La respuesta podría determinar qué tipo de lectores y escritores formamos en los próximos años.
Citações Notáveis
Los estudios demuestran que el impacto de leer en papel tiene efectos más positivos y duraderos que leer en una pantalla— David Lasagabaster, catedrático de Lingüística Aplicada
Hemos visto auténticas burradas— Miembros del tribunal de oposiciones a maestro
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué los países nórdicos decidieron sacar las tablets de las aulas si hace poco las consideraban el futuro de la educación?
Porque se dieron cuenta de que la realidad no coincidía con la promesa. Los datos mostraban que los estudiantes estaban leyendo de forma más superficial, sin profundidad. La pantalla no enseña a pensar igual que el papel.
¿Hay algo específico en cómo leemos en papel que sea diferente?
Sí. Cuando lees en papel, tu mente se comporta de otra manera. Te sumerges más. Capturas relaciones complejas entre ideas. En pantalla, tendemos a escanear, a buscar palabras clave. Es una lectura más rápida pero menos reflexiva.
¿Y eso explica los errores de ortografía en las oposiciones a maestro?
Es parte de la explicación. Si pasaste años leyendo en pantalla, donde los errores se corrigen automáticamente, donde no necesitas pensar en la forma de las palabras, pierdes la familiaridad con la escritura correcta. Es como un músculo que no se ejercita.
Pero Lasagabaster menciona algo sobre los ejecutivos de Silicon Valley. ¿Qué tiene que ver eso?
Todo. Si los creadores de estas tecnologías no las usan para sus propios hijos, ¿por qué deberíamos usarlas nosotros? Es una señal de que saben algo que no dicen públicamente. Que la tecnología en el aula tiene un precio.
¿Entonces la solución es eliminar completamente los dispositivos?
No necesariamente eliminar. Es repensar cuándo y cómo se usan. Quizá el papel debería ser el centro, y la tecnología una herramienta ocasional, no la base del aprendizaje.
¿Qué debería hacer una escuela ahora mismo?
Aprender de lo que está pasando en Escandinavia. Reconocer que la incorporación acelerada de tecnología fue un experimento, y que los resultados no son los que esperábamos. Volver a lo que funciona: papel, lectura profunda, escritura cuidadosa.