Cuando escasea dinero o espacio, vivimos más apretados
En España, la vivienda ha dejado de medirse en pisos y ha comenzado a medirse en habitaciones. El arquitecto Edu Saz observa que esta transformación no es un accidente ni una anomalía, sino el último capítulo de una larga historia en la que la economía y la escasez reconfiguran, una y otra vez, la forma en que los seres humanos habitan el mundo. Con alquileres que crecen al 11% anual y salarios que no avanzan, millones de españoles no eligen compartir espacio: simplemente no tienen otra opción.
- El alquiler medio en Madrid supera los 20 euros por metro cuadrado, convirtiendo un piso ordinario en un lujo inalcanzable para la mayoría de los trabajadores.
- La Ley de Vivienda de 2023, pensada para proteger a los inquilinos, redujo la oferta de pisos completos y empujó involuntariamente a más personas hacia el mercado de habitaciones.
- Una habitación individual cuesta ya 588 euros al mes en Madrid, lo que equivale al precio de un piso entero en muchas ciudades españolas hace apenas una década.
- El coliving ha pasado de 2.000 plazas en 2020 a más de 20.000 previstas para 2025, y el Ayuntamiento de Madrid ya modificó su normativa urbanística para regularlo formalmente.
- Lo que antes se consideraba una solución provisional para estudiantes o migrantes se convierte en el modelo habitacional permanente de una generación adulta sin acceso a la propiedad.
El arquitecto y creador de contenido Edu Saz lanza una pregunta que incomoda precisamente porque no suena descabellada: ¿compartir habitación está a punto de convertirse en la norma? Su respuesta no es alarmista, sino histórica. Cada vez que una sociedad enfrenta escasez económica o de espacio, encuentra la manera de vivir en menos. La vivienda no es un hecho natural; es una respuesta a su tiempo.
España lo ilustra con claridad. En el siglo XIX, las familias burguesas ocupaban edificios enteros. La Ley de Propiedad Horizontal de 1960 fraccionó esos edificios en pisos independientes, democratizando el acceso a la propiedad. Décadas después, los hogares se redujeron —de cuatro personas en los setenta a apenas 2,5 hoy— y con ellos los espacios: estudios, microapartamentos, metros cuadrados cada vez más escasos.
Ahora, en 2025, la unidad de mercado ha vuelto a desplazarse. Ya no se alquila el piso: se alquila la habitación. Con precios que rondan los 520 euros mensuales en toda España y 588 en Madrid, una habitación individual cuesta hoy lo que costaba un piso completo hace pocos años. La Ley de Vivienda de 2023 agravó el problema al contraer la oferta de alquiler tradicional.
En ese vacío crecen el coliving y el cohousing: habitaciones privadas con zonas comunes compartidas, una suerte de residencia de estudiantes para adultos. De 2.000 plazas en 2020 a más de 20.000 previstas para 2025. Madrid ya los regula por ordenanza. Saz recuerda que Japón lleva décadas normalizando los hoteles cápsula y los microapartamentos de diez metros cuadrados. Cuando el dinero escasea y el espacio se agota, las sociedades se adaptan. Lo que hoy parece excepcional, mañana será simplemente la manera en que se vive.
Edu Saz, arquitecto y productor de contenido digital, plantea una pregunta incómoda en sus redes sociales: ¿hemos llegado al punto en que compartir habitación será la norma? No es una predicción apocalíptica, sino una observación histórica. Según Saz, cada vez que una sociedad enfrenta escasez de dinero o espacio, encuentra formas de vivir en áreas más pequeñas. La vivienda no emerge del vacío; responde a la economía, la regulación, la técnica constructiva y los cambios sociales de cada época.
España ofrece un caso de estudio perfecto. En el siglo XIX, las familias burguesas vivían en palacios urbanos completos, edificios enteros concebidos para un solo hogar. Luego vino la Ley de Propiedad Horizontal, promulgada el 21 de julio de 1960, que transformó la unidad de mercado: el edificio completo cedió paso a pisos independientes por planta. Cada vivienda podía tener dueño propio. Fue un cambio radical que democratizó el acceso a la propiedad. Pero la historia no se detuvo ahí. A partir de los años noventa, las familias se redujeron. El hogar medio pasó de cuatro personas en los setenta a apenas 2,5 hoy. Surgieron estudios de treinta metros cuadrados, microapartamentos, espacios cada vez más comprimidos.
Ahora, en 2025, la presión económica ha desplazado la unidad de mercado nuevamente. Ya no se alquilan pisos; se alquilan habitaciones. El alquiler medio en España ronda los 14,5 euros por metro cuadrado, con subidas anuales cercanas al 11 por ciento, mientras los salarios reales permanecen estancados. En Madrid, la cifra se dispara a 20,9 euros por metro cuadrado; un piso de setenta metros cuadrados cuesta fácilmente 1.400 euros mensuales. Una habitación individual, en cambio, cuesta en promedio 520 euros al mes en toda España, cifra que alcanza 588 euros en Madrid a mediados de 2025. Es lo que costaba un piso completo hace apenas unos años en muchas ciudades.
La Ley de Vivienda de 2023 aceleró este proceso al reducir la oferta de pisos completos, empujando a los ciudadanos hacia nuevos modelos habitacionales. El coliving y el cohousing, conceptos que parecían exóticos hace poco, se normalizan rápidamente. Funcionan como residencias de estudiantes para adultos: alquilas una habitación privada y compartes cocina, salón y otras zonas comunes. En 2020 había aproximadamente 2.000 plazas de coliving en España. Para 2025, se esperan más de 20.000. No es una moda pasajera. El Ayuntamiento de Madrid modificó sus normas urbanísticas en noviembre de 2023 para regular específicamente el coliving y el cohousing, reconociendo que estos modelos han llegado para quedarse.
Saz señala que este fenómeno no es exclusivamente español. Japón lleva décadas con hoteles cápsula y microapartamentos de ocho a diez metros cuadrados, concebidos únicamente para dormir, con servicios compartidos. Cuando el espacio escasea y el dinero es limitado, las sociedades se adaptan. La forma de habitar responde a las presiones del momento. Lo que hoy parece anómalo—compartir habitación siendo adulto, vivir en espacios mínimos—mañana será simplemente la forma en que viven millones de personas. No porque sea ideal, sino porque es lo que la economía permite.
Citas Notables
La forma de habitar no surge de la nada, sino que responde a la economía, el marco normativo, la técnica constructiva y los cambios sociales del momento— Edu Saz, arquitecto
El coliving ha venido para quedarse, sirviendo no solo a nómadas digitales, sino a personas que no pueden pagar una vivienda completa— Edu Saz, arquitecto
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué un arquitecto se detiene a analizar algo tan cotidiano como dónde vivimos?
Porque la vivienda no es solo un techo. Es un espejo de la economía, la regulación y los cambios sociales. Cuando cambia cómo vivimos, cambia algo fundamental sobre quiénes somos.
Mencionas que la historia muestra ciclos de compresión. ¿Esto es inevitable?
No inevitable, pero sí predecible. Cada vez que hay presión económica o escasez de espacio, las sociedades encuentran formas de vivir más apretadas. No es que la gente lo elija; es que no tiene alternativa.
¿Entonces compartir habitación no es una crisis, sino una adaptación?
Es ambas cosas. Es una adaptación a una crisis real. Los alquileres suben 11 por ciento anual mientras los salarios se estancan. Eso no es normal. Pero la respuesta—coliving, microapartamentos—es cómo las ciudades responden cuando el mercado se vuelve insostenible.
¿Qué diferencia hay entre esto y lo que ocurría hace cien años, cuando varias familias compartían una casa?
La escala y la intención. Antes era supervivencia comunitaria. Ahora es un modelo de negocio regulado por el ayuntamiento. Es más eficiente, pero también más frío. Y afecta a personas que antes podían permitirse un piso propio.
¿Ves esto como progreso o como retroceso?
Como ninguno de los dos. Es cambio. La pregunta real es si queremos que siga siendo así, o si preferimos que la vivienda sea accesible de otra forma.