La decisión marca la tendencia, pero no el camino definitivo
En el umbral entre la adolescencia y el mundo adulto, miles de jóvenes y sus familias se enfrentan cada año a una pregunta que parece definitiva pero que, según expertas en educación y talento, no lo es: ¿qué quiero ser? Un foro organizado por ABC reunió voces especializadas para recordarnos que la vocación no es un destino fijo sino un camino que se recorre con acompañamiento, experiencia y la humildad de saber que el mundo laboral —y nosotros mismos— cambiamos constantemente. La elección profesional, más que una sentencia, es el primer paso de una conversación larga entre el individuo y su tiempo.
- La presión de elegir carrera a los catorce años genera una ansiedad real tanto en adolescentes como en padres, que temen que un error inicial cierre puertas para siempre.
- El mercado laboral se transforma cada dos años, inventando profesiones que ni siquiera existían cuando los padres actuales estudiaban, lo que convierte cualquier certeza vocacional temprana en algo frágil.
- Empresas como Grupo Oesía Networks incorporan anualmente a cuatrocientos estudiantes en prácticas rotativas, apostando por la experiencia directa como el mejor antídoto contra la indecisión y el miedo.
- Las expertas coinciden en que las habilidades blandas, los valores personales y la capacidad de adaptación valen más que la especialización temprana en un entorno laboral en permanente reinvención.
- El papel de los padres se revela decisivo: escuchar sin juzgar, confiar en el proceso y soltar el control es tan importante como cualquier orientación académica formal.
Cuando los estudiantes de secundaria deben elegir asignaturas que trazarán su futuro, la incertidumbre se apodera de adolescentes y familias por igual. En un foro organizado por ABC, tres expertas en educación y gestión del talento ofrecieron un mensaje tranquilizador: no tener la vocación clara a los catorce años no es un fracaso, sino una condición casi universal.
Carmen García de Elías, de la Universidad CEU San Pablo, explicó que la vocación existe, pero reconocerla requiere tiempo y autoconocimiento. Rosa Martínez, fundadora de Cuéntame tu plan, añadió que la ausencia de una dirección clara no indica incapacidad, sino que el joven necesita más experiencias para identificar qué le interesa realmente. Eva Cornide, directora de Talento de Grupo Oesía Networks, insistió en liberar a los estudiantes del estrés de la elección: la carrera o las asignaturas elegidas marcan una tendencia, no un destino inamovible.
Las tres ponentes subrayaron que el mercado laboral se reinventa cada dos años, creando profesiones que muchos padres desconocen. Por eso, la experiencia real en empresas resulta fundamental. Grupo Oesía Networks acoge anualmente a cuatrocientos estudiantes en prácticas rotativas para que descubran, desde dentro, si ese entorno profesional les atrae. La Universidad CEU San Pablo, por su parte, conecta a sus alumnos con profesionales de distintos sectores para mostrarles cómo funciona el mundo laboral antes de que deban comprometerse con él.
En casa, el rol de los padres es igualmente crucial. Martínez destacó la necesidad de practicar una escucha activa y sin juicios, incluso cuando las aspiraciones de los hijos no coinciden con las expectativas familiares. Las expertas también señalaron diferencias entre géneros: las alumnas tienden a reflexionar más profundamente aunque a veces caen en bucles de indecisión, mientras que los alumnos suelen aislarse en lugar de pedir ayuda.
Finalmente, García de Elías recordó que las competencias transversales y los valores personales importan más que los conocimientos específicos. En un mundo donde las oportunidades laborales pueden cambiar radicalmente entre el inicio y el final de una carrera universitaria, la flexibilidad y la capacidad de reinventarse son las herramientas más valiosas que padres y educadores pueden cultivar en los jóvenes.
Cuando los estudiantes de secundaria llegan a ese momento en el que deben elegir asignaturas para trazar el camino hacia su futuro profesional, la incertidumbre invade tanto a los adolescentes como a sus padres. La pregunta que todos se hacen es la misma: ¿estoy eligiendo bien? En un foro organizado por ABC sobre cómo acompañar a los hijos en esta decisión crucial, expertas en educación y gestión del talento ofrecieron una respuesta tranquilizadora: la vocación no es algo que deba estar completamente definido a los catorce años, y equivocarse en la elección inicial no es un fracaso irreversible.
Carmen García de Elías, gerente de la Universidad CEU San Pablo, señaló que la vocación existe, pero la verdadera cuestión es cuándo un adolescente en plena transformación hormonal y emocional es capaz de reconocerla y comprometerse con ella. Lo fundamental, explicó, es que tanto las familias como los centros educativos ayuden a los estudiantes a conocerse a sí mismos y a descubrir gradualmente qué les atrae profesionalmente. Rosa Martínez, fundadora de Cuéntame tu plan, una iniciativa que acompaña a jóvenes en la definición de su futuro académico y laboral, matizó que la ausencia de una vocación clara no significa que los estudiantes sean incapaces. Simplemente necesitan continuar su trayecto para ir identificando las herramientas y experiencias que les permitan determinar realmente qué les interesa.
Eva Cornide, directora de Talento de Grupo Oesía Networks, reconoció que pedir a alumnos tan jóvenes que tomen decisiones que aparentemente marcarán su destino es una presión considerable. Sin embargo, enfatizó que es crucial liberar a los estudiantes del estrés que genera esta elección, porque aunque la decisión de qué asignaturas estudiar o qué carrera seguir establece una tendencia, no determina un camino definitivo e inmutable. El mundo laboral cambia constantemente, y los profesionales pueden adaptarse y reinventarse según descubran sus verdaderas preferencias. Las ponentes coincidieron en que el mercado laboral se transforma cada dos años, creando profesiones que ni siquiera existían hace poco tiempo y que muchos padres ni siquiera conocen bien.
Para facilitar este descubrimiento, las expertas destacaron la importancia de la experiencia real en el mundo empresarial. Grupo Oesía Networks incorpora anualmente a cuatrocientos estudiantes en prácticas, permitiéndoles probar en distintos departamentos para que descubran si ese tipo de trabajo es lo que desean o si prefieren explorar otras opciones. Cornide subrayó que las empresas tienen el reto de establecer vínculos más sólidos con universidades e institutos desde edades tempranas, para que los jóvenes conozcan el mundo profesional real y pierdan el miedo a lo desconocido. García de Elías añadió que la Universidad CEU San Pablo acompaña a los estudiantes a través de programas en los que asesores y profesionales de diversos sectores les muestran cómo se trabaja en las compañías, qué perfiles se demandan y cuáles son las líneas de futuro.
Dentro del hogar, el papel de los padres es igualmente decisivo. Rosa Martínez enfatizó que los progenitores deben practicar una escucha activa, sin juzgar ni mostrar desaprobación, incluso cuando lo que sus hijos quieren hacer no coincide con sus expectativas. Confiar en ellos y acompañarlos en el proceso, superando el temor a que cometan errores, es esencial. Las ponentes también señalaron diferencias en cómo chicos y chicas abordan esta decisión: las alumnas tienden a madurar antes y a reflexionar más profundamente, aunque a veces caen en bucles de indecisión; sin embargo, suelen tener una visión más clara de su futuro. Los alumnos, por su parte, tienden a consumir menos energía mental una vez toman una decisión, aunque tienen más tendencia a aislarse en lugar de buscar ayuda.
Un aspecto que García de Elías subrayó como fundamental es que las habilidades y competencias importan más que los conocimientos específicos. Los valores personales, las capacidades transversales y las competencias blandas son lo que realmente define a un profesional en un mercado laboral en constante transformación. Aunque es comprensible que los estudiantes consideren las salidas profesionales al elegir una carrera, las ponentes advirtieron que las oportunidades laborales pueden cambiar significativamente entre el momento en que se inicia una carrera y el momento en que se termina. Por eso, la flexibilidad y la capacidad de adaptación son más valiosas que la especialización temprana. En un mundo donde los médicos pueden desarrollar tecnología biomédica y donde profesiones completamente nuevas emergen cada dos años, lo esencial es que los padres acompañen a sus hijos en este proceso de descubrimiento continuo, permitiéndoles reinventarse según evoluciona el mercado y según descubren sus verdaderas pasiones.
Citas Notables
La vocación existe, la cuestión es en qué momento un joven de 14 años es capaz de reconocerla y reafirmar qué quiere hacer con su vida profesional— Carmen García de Elías, gerente de la Universidad CEU San Pablo
Los padres deben escuchar siempre la decisión de su hijo, sin juicios, sin levantar la ceja, aunque nos cueste hacerlo— Rosa Martínez, fundadora de Cuéntame tu plan
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué insisten tanto en que la vocación no está clara a los catorce años? ¿No debería estarlo?
Porque a esa edad el cerebro adolescente aún está en formación, y la mayoría de los chicos no tienen suficiente experiencia del mundo real para saber qué les atrae realmente. La vocación existe, pero reconocerla requiere tiempo y exposición.
Entonces, ¿qué deberían hacer los padres cuando su hijo dice que no sabe qué quiere estudiar?
Escuchar sin juzgar. Acompañarlo en el proceso de descubrimiento, no presionarlo. Ayudarle a conocerse a sí mismo a través de experiencias reales, no solo teoría.
¿Y si elige mal? ¿Si a mitad de la carrera se da cuenta de que no era lo suyo?
Eso no es un fracaso. El mercado laboral cambia cada dos años. Las profesiones que hoy existen mañana pueden ser completamente distintas. Lo importante es que desarrolle habilidades y competencias que le permitan adaptarse.
¿Qué diferencia hay entre un conocimiento y una competencia?
El conocimiento es lo que sabes. La competencia es lo que puedes hacer con lo que sabes, y más importante aún, quién eres como persona. Un médico puede ser ingeniero biomédico. Un abogado puede trabajar en tecnología. Las competencias te permiten reinventarte.
¿Las empresas realmente quieren ayudar en esto, o solo buscan mano de obra barata?
Ambas cosas. Pero las empresas inteligentes saben que necesitan talento bien formado y motivado. Por eso invierten en prácticas, en mentoría, en mostrar a los jóvenes cómo es realmente el trabajo. Es inversión a largo plazo.
¿Hay diferencia entre cómo chicos y chicas abordan esta decisión?
Las chicas maduran antes y reflexionan más, a veces demasiado. Los chicos tienden a decidir y seguir adelante sin cuestionarse tanto. Pero ambos necesitan apoyo, solo que de formas distintas.