Turquía: 50 terremotos en un siglo y la urgencia de construcciones antisísmicas

Más de 80.000 muertes en 50 terremotos fuertes durante el último siglo; el terremoto de 1999 causó 17.000 muertes en la región del mar de Mármara.
Cada vez que tiembla, aprenden por las malas que es hora de aplicar lo que ya saben
Una ingeniera resume el ciclo de promesas incumplidas y lecciones reaprendidas tras cada terremoto en Turquía.

Turquía lleva un siglo habitando sobre una de las encrucijadas tectónicas más tensas del planeta, donde cuatro placas convergen y liberan su energía en ciclos de destrucción que han cobrado más de ochenta mil vidas. La ciencia puede señalar los lugares del peligro y describir su naturaleza, pero no puede anunciar su hora; lo que sí permite es prepararse. El verdadero dilema turco no es geológico sino humano: el país posee las leyes, los conocimientos y la experiencia necesarios para reducir el daño, pero cada terremoto revela que esa sabiduría acumulada no siempre se traduce en acción antes de que la tierra vuelva a moverse.

  • Cincuenta terremotos de magnitud 6 o superior en cien años han convertido la memoria sísmica en parte del tejido social turco, donde un temblor leve basta para inundar los teléfonos de mensajes de auxilio.
  • La confluencia de cuatro placas tectónicas hace que la tensión geológica sea constante e inevitable, pero la magnitud del daño humano depende de decisiones que los propios turcos pueden tomar.
  • Tras el terremoto de 1999, que dejó diecisiete mil muertos, se reformaron agencias de emergencia y se prometió renovar el parque inmobiliario, pero la implementación avanzó con lentitud y la legislación antisísmica no siempre se cumple.
  • La población carece de preparación real: los simulacros nacionales llegan tarde, y ante cada seísmo se repiten reacciones peligrosas que obstaculizan el rescate y multiplican las víctimas.
  • Expertos e ingenieros señalan que Turquía ya posee el conocimiento técnico y el marco legal para protegerse; el desafío pendiente es aplicarlos de forma sistemática antes de que llegue el próximo gran terremoto.

En Turquía, un temblor leve basta para que los teléfonos vibren y los grupos de mensajería se llenen de preguntas urgentes. Esa vigilancia colectiva no es paranoia: es el reflejo de vivir sobre uno de los territorios más sísmicamente activos del mundo, donde cuatro placas tectónicas —la de Anatolia, la arábiga, la euroasiática y la africana— convergen y generan fuerzas colosales que se liberan en ciclos de destrucción. En el último siglo, más de cincuenta terremotos de magnitud 6 o superior han matado a más de ochenta mil personas.

El más letal fue el de Erzincan en 1939, con treinta y dos mil muertos. Pero para quienes crecieron en Estambul y alrededor del mar de Mármara, el terremoto de 1999 es el que define una generación: diecisiete mil muertos y una herida colectiva que los turcos de cierta edad pueden narrar con precisión fotográfica. Los científicos saben dónde ocurrirán los próximos seísmos y cómo serán, pero no cuándo. Lo que sí es posible, como explica la catedrática Eulàlia Masana, es prepararse: simulacros regulares y edificios diseñados para absorber la energía en lugar de ceder ante ella.

Turquía aprendió esa lección en 1999, aunque el aprendizaje fue lento. Se reformaron las agencias de emergencia y los equipos de protección civil se convirtieron en referentes regionales, pero la renovación del parque inmobiliario prometida entonces avanzó a paso de tortuga. El sistema de inspección de edificios no se extendió a todo el país hasta doce años después, y los expertos advierten que la legislación antisísmica aún no siempre se cumple.

A ello se suma otro problema: la población no está preparada. El profesor Serif Baris señala que la falta de formación desemboca en reacciones peligrosas —personas que saltan por ventanas o bloquean las carreteras de acceso a los equipos de rescate. Las alertas de simulacro enviadas a todos los móviles del país llegaron, en muchos casos, horas tarde. Eylem Ulutas Ayatar, presidenta de la Cámara de Ingenieros Civiles de Esmirna, lo resume con claridad: la calidad de las construcciones es una de las principales causas de la destrucción, y Turquía debe preguntarse, una vez superada la crisis inmediata, por qué sigue aprendiendo por las malas lo que ya sabe.

En Turquía, un temblor leve es suficiente para desencadenar una cascada de mensajes. Los teléfonos vibran. Los grupos de WhatsApp se llenan de preguntas urgentes: ¿Lo sentiste? ¿Es un terremoto? ¿Estás bien? Esta vigilancia constante no es paranoia. Es memoria. Es geografía.

El país se asienta en uno de los lugares más sísmicamente activos del planeta. Cuatro placas tectónicas convergen allí: la de Anatolia, la arábiga, la euroasiática y la africana. Dos grandes fallas atraviesan el territorio de norte a sur y de este a oeste, creando un sistema de fracturas donde la tensión geológica se acumula y se libera en ciclos de destrucción. La placa arábiga avanza hacia el norte a razón de dos centímetros cada año. La africana la sigue. La de Anatolia es expulsada hacia el oeste. Estos movimientos imperceptibles en la escala humana generan fuerzas colosales en la escala geológica.

En el último siglo, Turquía ha experimentado más de cincuenta terremotos de magnitud seis o superior, la clase de seísmo capaz de arrasar ciudades en un radio de ciento cincuenta kilómetros. Esos cincuenta terremotos han matado a más de ochenta mil personas. El más devastador ocurrió en 1939 en la provincia de Erzincan, donde murieron treinta y dos mil personas. Pero para la generación que creció en Estambul y alrededor del mar de Mármara, el terremoto de 1999 es el que define sus vidas. Diecisiete mil muertos. Cada turco de cierta edad puede describir fotográficamente dónde estaba cuando la tierra se movió, qué hizo en los días siguientes. Es una de las historias que se cuentan cuando una amistad comienza a tomar forma, una forma de exorcizar fantasmas compartidos.

Los científicos pueden decir dónde ocurrirán los terremotos. Pueden explicar cómo serán, si serán fuertes o débiles. Lo que no pueden hacer es decir cuándo. Eulàlia Masana, catedrática de Geodinámica Interna de la Universidad de Barcelona, lo explica con claridad: la predicción temporal es imposible. Lo que sí es posible es la preparación. En zonas de alta actividad sísmica, eso significa simulacros regulares y construcción sismorresistente. Significa que los edificios estén diseñados para doblarse sin romperse, para absorber la energía del terremoto en lugar de ceder a ella.

Turquía aprendió esta lección en 1999, pero el aprendizaje ha sido lento. Después de aquel terremoto catastrófico, se reformaron agencias de emergencia. Los equipos de protección civil turcos ahora se encuentran entre los más expertos de la región. Pero la promesa de renovar todas las infraestructuras y viviendas con medidas antisísmicas avanzó a paso de tortuga. El sistema de inspección de edificios que se prometió en 1999 no se implementó en modo piloto hasta diecinueve provincias, y no se extendió a todo el país hasta doce años después, cuando ya había ocurrido el terremoto de Van en 2011. En 2011, el entonces primer ministro Recep Tayyip Erdogan prometió renovar el parque inmobiliario turco. La mayoría de los nuevos edificios ahora incluyen medidas antisísmicas, pero los expertos advierten que la legislación no siempre se cumple.

Hay otro problema: la población no está preparada. Serif Baris, profesor de Ingeniería Geofísica de la Universidad de Kocaeli, lamentaba la falta de preparación general, que desemboca en reacciones peligrosas. Personas que saltan por ventanas. Personas que corren a sus vehículos y bloquean las carreteras por las que debe llegar la ayuda. Hace meses, la agencia de gestión de Emergencias de Turquía envió alertas de simulacro a todos los teléfonos móviles del país. En muchos casos, las alertas llegaron horas después de lo previsto.

Eylem Ulutas Ayatar, presidenta de la Cámara de Ingenieros Civiles de Esmirna, resume el dilema: la calidad de las construcciones es una de las principales causas de que los terremotos sean tan destructivos. Ahora, dice, lo que el país necesita es cooperación inmediata para rescatar a los atrapados, mantas y comida para los damnificados, ayuda para superar el trauma. Pero una vez pase la crisis, Turquía debe preguntarse por qué, cada vez que tiembla la tierra, tiene que aprender por las malas que es hora de aplicar las leyes, los conocimientos técnicos y la experiencia que ya posee.

Sabemos dónde se van a producir los terremotos y cómo serán, pero no tenemos información clara para predecir cuándo ocurrirán
— Eulàlia Masana, catedrática de Geodinámica Interna de la Universidad de Barcelona
Una de las principales causas de que los terremotos sean tan destructivos es la calidad de las construcciones
— Eylem Ulutas Ayatar, presidenta de la Cámara de Ingenieros Civiles de Esmirna
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué Turquía tiembla tanto más que otros países?

Model

Porque está en el cruce de cuatro placas tectónicas. Esas placas se mueven constantemente, empujándose unas a otras, acumulando tensión. Cuando esa tensión se libera, tiembla.

Inventor

Entonces, ¿los turcos saben que los terremotos van a venir?

Model

Sí. Los científicos saben dónde ocurrirán. Pero no saben cuándo. Eso es lo que aterroriza. Es como vivir en una casa donde sabes que el techo se va a caer, pero no sabes si será mañana o en diez años.

Inventor

¿Qué pasó en 1999 que fue tan importante?

Model

Murieron diecisiete mil personas en el área de Estambul. Fue tan destructivo no solo por el terremoto en sí, sino porque muchos edificios estaban mal construidos. Eso cambió todo. El país prometió renovar todo. Pero esa promesa tardó años en cumplirse.

Inventor

¿Entonces ahora están mejor preparados?

Model

Parcialmente. Los equipos de rescate son buenos. Pero muchos edificios viejos siguen siendo frágiles, y la gente no sabe cómo reaccionar. Saltan por ventanas. Cierran las carreteras. El pánico mata tanto como el terremoto.

Inventor

¿Qué necesitaría Turquía para estar realmente segura?

Model

Tres cosas: edificios construidos correctamente y inspeccionados regularmente, simulacros que funcionen de verdad, y educación. La gente necesita saber qué hacer cuando tiembla. Necesita saber que meterse en un coche no es la solución.

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