Gente que odia a nuestro país será enfrentada con toda la fuerza necesaria
En el umbral de sus 79 años, Donald Trump convierte el 14 de junio —Día de la Bandera y aniversario del Ejército Continental— en un escenario de afirmación personal y política: un desfile militar sin precedentes en Washington que, para sus críticos, evoca las exhibiciones de poder de regímenes autoritarios y, para él, representa la culminación de un anhelo largamente frustrado. El espectáculo no ocurre en el vacío: mientras tanques y cazas se preparan para surcar la capital, marines ya patrullan Los Ángeles y la amenaza de 'fuerza contundente' pende sobre cualquier voz disidente. La historia recuerda que las naciones más seguras de sí mismas rara vez necesitan demostrar su poder en las calles de su propia capital.
- Trump finalmente logra el desfile militar masivo que le fue negado en su primer mandato, con tanques, cazas y bayonetas desfilando por Washington el día de su cumpleaños.
- La coincidencia de la fecha con su aniversario personal desata una tormenta política: senadores demócratas lo comparan abiertamente con los desfiles de Kim Jong-Un y Vladimir Putin.
- El presidente ha desplegado 700 marines en Los Ángeles y amenaza con 'fuerza muy contundente' contra cualquier protesta, mientras planea enviar 2.000 efectivos adicionales a otras ciudades demócratas.
- La alcaldesa de Washington, que antes bloqueó el desfile alegando daños a la infraestructura y costos de 50 millones de dólares, esta vez ha cedido y otorgado los permisos necesarios.
- Trump aparta sistemáticamente a los altos mandos militares que considera ideológicamente contaminados, consolidando un control personal sobre las Fuerzas Armadas que va más allá del simbolismo del desfile.
Donald Trump cumple 79 años el 14 de junio y ha decidido celebrarlo con lo que durante su primer mandato le fue negado: un desfile militar masivo en Washington. Tanques, cazas y uniformes recorrerán la capital en una exhibición sin precedentes, bajo la doble justificación del Día de la Bandera y el 250 aniversario del Ejército Continental. Que la fecha coincida con su cumpleaños no ha pasado desapercibido para nadie.
En su primer mandato, el proyecto naufragó ante la resistencia de la alcaldesa demócrata Muriel Bowser, quien advirtió que los puentes y el pavimento no soportarían el peso de los blindados, y que el costo total rondaría los 50 millones de dólares. Esta vez, Bowser —quien ya cedió ante otras exigencias presidenciales, como la remoción del mural 'Black Lives Matter' frente a la Casa Blanca— ha otorgado los permisos. La capital ya amanece rodeada de vallas de seguridad.
Las críticas de la oposición son contundentes. El senador Adam Schiff calificó el evento de 'espectáculo militar por vanidad' y lo equiparó a las exhibiciones de Kim Jong-Un y Putin. La historia ofrece su propio contrapunto: Eisenhower rechazó en su momento la idea de imitar los desfiles soviéticos, argumentando que hacerlo haría parecer débil a la potencia preeminente del mundo.
El desfile, sin embargo, no es un acto aislado. Trump ha desplegado 700 marines en Los Ángeles para contener disturbios y planea enviar 2.000 efectivos adicionales a otras ciudades gobernadas por demócratas. Su advertencia fue explícita: quienes quieran protestar serán recibidos con 'una fuerza muy contundente'. Mientras tanto, aparta sistemáticamente a los altos mandos militares que considera ideológicamente comprometidos, presentándose como el presidente cercano al soldado raso.
Lo que comienza como una celebración de cumpleaños se revela como algo más denso: una demostración de que las Fuerzas Armadas responden a su voluntad, que Washington está bajo su control y que la disidencia tiene un precio. El desfile es vanidad, sí, pero también es un mensaje.
Donald Trump cumple 79 años el 14 de junio, y ha decidido regalarse algo que persiguió sin éxito durante su primer mandato: un desfile militar masivo en el corazón de Washington. Tanques, cazas surcando el cielo, uniformes y bayonetas desfilarán por las calles de la capital estadounidense en una exhibición de poder que la ciudad no ha presenciado jamás. La fecha elegida no es casual. Aunque el 14 de junio marca tanto el Día de la Bandera como el 250 aniversario de la fundación del Ejército Continental, la coincidencia con el cumpleaños presidencial ha generado una tormenta política que apenas comienza.
Durante su primer mandato, Trump intentó organizar un desfile similar pero fue bloqueado. La alcaldesa demócrata de Washington, Muriel Bowser, advirtió que los puentes y el pavimento de la ciudad no soportarían el peso de los vehículos blindados. El costo estimado, incluyendo cortes viales y reparaciones, alcanzaría los 50 millones de dólares. Pero el panorama político ha cambiado. En esta segunda etapa presidencial, pocos se atreven a enfrentarse a Trump. La alcaldesa Bowser, quien ya ha cedido ante otras exigencias del presidente —incluyendo la remoción del mural "Black Lives Matter" frente a la Casa Blanca— ha autorizado esta vez los permisos necesarios. La Casa Blanca ya está rodeada de vallas de seguridad en anticipación de protestas que sin duda llegarán.
La elección de la fecha ha desatado críticas feroces entre los demócratas. El senador Adam Schiff de California ha calificado el desfile como un "espectáculo militar por vanidad", comparándolo directamente con las exhibiciones organizadas por el líder norcoreano Kim Jong-Un y el presidente ruso Vladímir Putin. Para la oposición, lo que se aproxima es una deriva delirante, un culto a la personalidad más propio de Pionyang, Pekín o Moscú que de una democracia occidental. Incluso la historia ofrece una advertencia: Dwight D. Eisenhower, cuando fue cuestionado sobre si Estados Unidos debería exhibir su poderío militar con desfiles como los soviéticos en la Plaza Roja, respondió categóricamente que no, porque imitarlos haría parecer débil a la potencia preeminente del mundo.
El desfile no ocurre en un vacío político. Mientras se prepara esta celebración, Trump ha desplegado 700 marines en Los Ángeles para contener disturbios, con planes de enviar 2.000 efectivos adicionales a otras ciudades gobernadas por demócratas. El martes pasado, el presidente lanzó una advertencia explícita: "A quienes quieran protestar, los va a recibir una fuerza muy contundente". Afirmó que aunque no ha escuchado de protestas previstas, sabe que se trata de "gente que odia a nuestro país" y serán "enfrentados con toda la fuerza necesaria". Los convocantes de manifestaciones buscan replicar las protestas de Los Ángeles con la mayor intensidad posible, pero la militarización de Washington envía un mensaje claro.
Esta concentración de poder militar bajo control presidencial refleja una estrategia más amplia. Trump ha visitado Fort Bragg para reforzar su imagen como comandante en jefe cercano a las tropas de base. Se presenta como el presidente que cuenta con el respaldo de los soldados rasos, a diferencia de los altos mandos, a quienes ha ido apartando sistemáticamente por considerarlos parte de una élite militar "contaminada" por ideas de izquierda radical. El desfile, entonces, no es solo una celebración de cumpleaños. Es una demostración de que las Fuerzas Armadas estadounidenses responden a su voluntad, que la capital está bajo su control, y que cualquier disidencia será sofocada con "fuerza contundente". Lo que comienza como un acto de vanidad presidencial se convierte en un ejercicio de consolidación del poder sobre las instituciones militares del país.
Notable Quotes
Somos la potencia preeminente del mundo. Imitar a los soviéticos en la Plaza Roja nos haría parecer débiles— Dwight D. Eisenhower (citado)
Espectáculo militar por vanidad, comparable a las exhibiciones de regímenes autoritarios— Senador Adam Schiff
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué insistir en un desfile militar ahora, después de que fracasara en su primer mandato?
Porque entonces no tenía el poder político para ignorar las objeciones. Bowser se plantó. Ahora, pocos se atreven a decirle que no. Es una cuestión de control.
Pero la fecha es extraña. ¿No habría sido más natural el 4 de julio?
Claro. Pero el 14 de junio es su cumpleaños. Y eso es el punto. No es un desfile por la historia militar estadounidense. Es un desfile para él.
¿Cómo reaccionan los demócratas?
Lo ven como autoritarismo. Comparan el evento con lo que hace Kim Jong-Un en Corea del Norte. Para ellos, esto es un culto a la personalidad disfrazado de patriotismo.
¿Y los militares? ¿Están cómodos con esto?
Los mandos superiores que cuestionaban sus decisiones han sido apartados. Los soldados rasos, según Trump, lo respaldan. Ha visitado Fort Bragg para reforzar esa imagen. Es una purga silenciosa de la élite militar.
¿Qué significa que haya 700 marines en Los Ángeles?
Significa que está usando las Fuerzas Armadas para contener protestas internas. Y amenaza con más tropas en otras ciudades demócratas. El desfile no es solo vanidad. Es una demostración de que controla la máquina militar.
¿Qué debería preocupar a la gente?
Que un presidente pueda desplegar tropas militares contra ciudadanos estadounidenses sin resistencia institucional real. Y que use esas tropas como herramienta política contra ciudades que no lo apoyan.