España llega como el aliado problemático, el único que ha dejado claro que no aceptará la presión
En Ankara, los treinta y dos líderes de la OTAN se reúnen bajo la sombra de una exigencia que redefine el equilibrio atlántico: Donald Trump reclama que cada aliado destine el cinco por ciento de su PIB a defensa antes de 2035, una cifra que España rechaza públicamente mientras el resto cede. La cumbre no es solo un debate sobre presupuestos militares, sino una negociación sobre quién asume la carga de proteger Occidente en una era en que Estados Unidos anuncia que reducirá sus compromisos. Lo que emerge en Turquía es el esbozo de una alianza transformada, donde Europa deberá sostenerse más sobre sus propios pies.
- Trump declara estar 'muy decepcionado' con la OTAN y exige el 5% del PIB en gasto militar para 2035, ignorando que los aliados ya aumentaron su inversión casi un 20% solo en 2025.
- España se convierte en el único aliado que desafía abiertamente la cifra concreta, logrando que la OTAN acepte comprometerse a gastar más sin atarse a un porcentaje específico.
- Washington anuncia que retirará material militar clave de la estructura colectiva de la OTAN, forzando a Europa a asumir mayor responsabilidad en su propia defensa convencional.
- Los aliados impulsan un paquete de 140.000 millones de euros para Ucrania financiado por Europa y Canadá, con el que se comprarán armas estadounidenses, mientras EE.UU. no aporta fondos directos.
- En las calles de Estambul, manifestantes rechazan la presencia de la OTAN, recordando que la sede misma de la cumbre no es territorio de consenso unánime.
Ankara acoge esta semana a los treinta y dos líderes de la OTAN en una cumbre marcada por la presión de Donald Trump, quien exige que todos los miembros de la alianza destinen el cinco por ciento de su PIB a defensa antes de 2035. España llega como el aliado más díscolo: Pedro Sánchez ha dejado claro que su país no alcanzará esa cifra y ha conseguido que la OTAN acepte un compromiso de aumento del gasto sin vincularlo a un porcentaje concreto. Es una victoria diplomática modesta pero llamativa en un momento en que casi todos los demás socios ceden ante Washington.
El secretario general Mark Rutte ha intentado calmar al presidente estadounidense con datos —los aliados invirtieron 139.000 millones de dólares adicionales solo en 2025—, pero Trump sigue insatisfecho y lo ha expresado públicamente. La tensión no es solo retórica: Washington ha anunciado que dejará de poner a disposición de la alianza cierto material militar esencial, obligando a Europa a asumir más protagonismo en su propia defensa. Esta reconfiguración, bautizada como OTAN 3.0, incomoda a muchos aliados que no están preparados para el ritmo que se les impone.
Ucrania ocupa el otro gran espacio de la agenda. Los aliados preparan un paquete de apoyo militar de 140.000 millones de euros para dos años, financiado principalmente por Europa y Canadá, con el que se adquirirán armas estadounidenses —entre ellas interceptores Patriot— a través de la iniciativa PURL. Estados Unidos no contribuirá económicamente al fondo, pero será el principal proveedor del armamento que se compre con él. Zelenski participará en la primera jornada junto a Rutte en un consejo OTAN-Ucrania.
Mientras los líderes negocian en el interior, manifestantes en las calles de Estambul rechazan la presencia de la alianza, subrayando que la elección de Ankara como sede no está exenta de contradicciones. La pregunta que sobrevuela la cumbre es si los compromisos anunciados —contratos por decenas de miles de millones de dólares, promesas de mayor gasto— lograrán satisfacer a Trump o si la presión sobre los aliados europeos continuará escalando en los próximos años.
Ankara se prepara esta semana para recibir a los treinta y dos líderes de la OTAN en una cumbre que promete ser incómoda para algunos y exigente para todos. España llega como el aliado problemático, el único que ha dejado claro públicamente que no aceptará la presión de Donald Trump para comprometerse con un gasto militar del cinco por ciento del producto interior bruto. El presidente estadounidense ha estado pidiendo durante meses a sus aliados que aumenten significativamente sus inversiones en defensa, y Ankara será el escenario donde esa tensión se hará más visible.
Lo que está en juego es fundamental. Hace un año, los miembros de la Alianza Atlántica se comprometieron a elevar su gasto de defensa hasta el cinco por ciento del PIB. Trump quiere que esa cifra sea obligatoria para todos en 2035. Mark Rutte, secretario general de la OTAN, ha intentado suavizar las críticas del presidente estadounidense mostrándole datos: solo en 2025, los aliados incrementaron su inversión en casi un veinte por ciento, lo que representa ciento treinta y nueve mil millones de dólares adicionales. Pero Trump sigue insatisfecho. "Estamos muy decepcionados con la OTAN, porque no ha hecho absolutamente nada", ha dicho públicamente, rechazando lo que considera esfuerzos insuficientes.
Pedro Sánchez ya ha tomado su posición. España no llegará a ese cinco por ciento, y ha logrado que la OTAN acepte su postura de aumentar el gasto sin vincularlo a un porcentaje específico. Es una victoria diplomática pequeña pero significativa en un momento en que casi todos los demás miembros están cediendo a la presión estadounidense. Rutte ha intentado en varias ocasiones calmar a Trump, incluso presentándole gráficos en el Despacho Oval que demostraban el compromiso europeo, pero nada parece haber funcionado.
La cumbre de dos días también marca un cambio estructural en la alianza. Washington ha anunciado que dejará de poner a disposición de la OTAN cierto material fundamental en caso de ataque para concentrarse en otros escenarios. Lo que se ha llamado OTAN 3.0 significa que Europa debe asumir más responsabilidad en su propia defensa convencional mientras Estados Unidos permanece en la alianza pero con menos compromisos. Es una reconfiguración que obliga a los europeos a actuar, aunque no todos están cómodos con el ritmo ni con la dirección.
Ucrania será otro pilar central de la cumbre. Se espera que los aliados impulsen un paquete de apoyo militar para Kyiv de ciento cuarenta mil millones de euros durante dos años, financiado principalmente por Europa y Canadá, con una contribución de sesenta mil millones de euros en forma de préstamo de la Unión Europea. Estados Unidos no aportará dinero a ese fondo, pero el dinero europeo servirá para comprar armas estadounidenses a través de la iniciativa PURL de la OTAN, principalmente defensas aéreas como interceptores Patriot que se enviarán a Ucrania. Rutte recibirá al presidente ucraniano Volodímir Zelenski durante la primera jornada, y habrá un consejo OTAN-Ucrania a nivel de ministros de Exteriores.
La cumbre llega en un momento de tensión visible. En las calles de Estambul, manifestantes han rechazado la llegada de la OTAN, dejando claro que no todos los turcos ven con buenos ojos que Ankara sea la sede de este encuentro. Mientras tanto, Europa intenta cumplir con las exigencias de Trump sin romper su propia cohesión. Mark Rutte ha anunciado que se anunciarán contratos por valor de decenas de miles de millones de dólares, pero la pregunta que flota sobre Ankara es si eso será suficiente para satisfacer al presidente estadounidense o si la presión seguirá aumentando en los próximos años.
Notable Quotes
Estamos muy decepcionados con la OTAN, porque no ha hecho absolutamente nada— Donald Trump
La OTAN es y siempre será una alianza transatlántica, pero debemos reequilibrarla para mejor— Mark Rutte, secretario general de la OTAN
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué España se resiste específicamente al cinco por ciento? ¿Es una cuestión de capacidad económica o de principio?
Es más complejo que eso. España tiene argumentos económicos reales, pero también ha tomado una posición política deliberada. Ha logrado que la OTAN acepte que puede aumentar su gasto sin atarse a un porcentaje fijo. Es una forma de mantener soberanía sobre sus propias prioridades presupuestarias.
¿Qué significa realmente esta OTAN 3.0 que mencionan? ¿Es un debilitamiento de la alianza?
No exactamente un debilitamiento, sino una redistribución de responsabilidades. Estados Unidos dice que seguirá en la alianza, pero que Europa debe hacerse cargo de más de su propia defensa convencional. Es un cambio de expectativas, no un abandono.
¿Cómo reacciona Europa a esta presión de Trump?
Con una mezcla de cumplimiento y resistencia. Están aumentando el gasto, pero no al ritmo que Trump exige. Rutte intenta mantener la calma mostrando números, pero Trump parece decidido a que la cifra sea aún mayor.
¿Y Ucrania en todo esto? ¿Cómo encaja en la estrategia?
Ucrania es el argumento que justifica todo lo demás. El apoyo militar masivo a Kyiv es lo que hace que los aliados acepten aumentar sus gastos. Sin la guerra en Ucrania, probablemente esta presión no existiría.
¿Qué pasa si España sigue negándose? ¿Hay consecuencias reales?
Eso es lo que nadie sabe aún. Trump ha sido impredecible. Podría haber presión diplomática, o podría simplemente aceptar la posición española si los demás cumplen. La cumbre de Ankara dirá mucho sobre cómo maneja Trump la desobediencia.