Irán continuará con su defensa hasta alcanzar el nivel requerido de disuasión
En medio de una guerra que ya ha cobrado más de dos mil vidas y desplazado a un millón de personas, Donald Trump anunció desde Dubái que Irán mostraba disposición para negociar, extendiendo al mismo tiempo el plazo de su ultimátum sobre el Estrecho de Ormuz. Teherán rechazó la narrativa de inmediato, mientras mediadores de Turquía, Egipto y Pakistán tejían canales silenciosos entre las partes. Es el viejo dilema de la historia: la diplomacia y la guerra avanzan en paralelo, cada una desafiando la legitimidad de la otra.
- Trump afirma que enviados estadounidenses sostuvieron conversaciones con un alto funcionario iraní el domingo, sugiriendo que un acuerdo podría materializarse esta semana.
- Irán desmiente públicamente cualquier negociación y acusa a Washington de fabricar noticias para manipular los mercados del petróleo y las bolsas globales.
- Israel lanza nuevos ataques contra Teherán y Beirut mientras Netanyahu declara que continuará la ofensiva independientemente de cualquier proceso diplomático.
- Turquía, Egipto y Pakistán actúan como conductos de mensajes entre Washington y Teherán, buscando evitar ataques a infraestructura energética crítica.
- La Guardia Revolucionaria iraní amenaza con atacar instalaciones eléctricas que abastecen bases estadounidenses y advierte que la infraestructura vital regional, incluidas plantas de desalinización, podría convertirse en objetivo legítimo.
Desde Dubái, Donald Trump anunció el lunes que Estados Unidos mantenía conversaciones activas con funcionarios iraníes y que Irán mostraba disposición para negociar el fin de la guerra. Al mismo tiempo, extendió su ultimátum: Teherán tendría cinco días adicionales para reabrir el Estrecho de Ormuz antes de enfrentar ataques a sus centrales eléctricas. Los mercados respondieron de inmediato: el petróleo bajó y las bolsas respiraron aliviadas.
Trump atribuyó el avance a conversaciones sostenidas el domingo por el enviado Steve Witkoff y Jared Kushner con un alto funcionario iraní no identificado. Sin embargo, Irán rechazó la versión: el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf, publicó que no existían negociaciones y acusó a Washington de usar noticias falsas para mover los mercados financieros. La propuesta estadounidense incluía que Estados Unidos tomara control del uranio enriquecido iraní, exigencia que Teherán ha rechazado históricamente. Según expertos, Irán ya ha completado el 99 por ciento del trabajo necesario para producir material de grado armamentístico para nueve armas nucleares.
Detrás de escenas, Turquía, Egipto y Pakistán actuaban como mediadores. El canciller iraní Abbas Araghchi confirmó una llamada con su homólogo turco, quien también contactó a Qatar, Arabia Saudí y la Unión Europea. Egipto reveló que había transmitido mensajes entre Washington y Teherán con el objetivo de evitar ataques a infraestructura energética.
Pero la realidad en el terreno contradecía cualquier narrativa de paz. Israel lanzó nuevos ataques contra Teherán el lunes y continuó bombardeando Beirut y destruyendo puentes en el sur de Líbano. Netanyahu declaró que Israel seguiría atacando sin importar las conversaciones diplomáticas. El presidente libanés advirtió que los ataques a los puentes parecían preludio de una invasión terrestre. Más de mil muertos y un millón de desplazados registraba ya el Líbano.
Irán respondió con amenazas precisas: la Guardia Revolucionaria prometió atacar instalaciones eléctricas que abastecen bases estadounidenses, y Qalibaf advirtió que la infraestructura vital regional, incluidas plantas de desalinización, podría convertirse en objetivo legítimo. El costo total de la guerra superaba ya los dos mil muertos, entre ellos trece militares estadounidenses. Mientras Trump hablaba de acuerdos, Estados Unidos desplegaba más marines hacia Oriente Medio. La diplomacia y la guerra seguían avanzando, una al lado de la otra, sin que ninguna cediera el paso.
Desde Dubái, el presidente estadounidense Donald Trump anunció el lunes que su país mantenía conversaciones activas con funcionarios iraníes y que la República Islámica mostraba disposición para negociar el fin de la guerra. En el mismo movimiento, extendió el plazo que había impuesto días antes: Irán tendría cinco días adicionales para reabrir el Estrecho de Ormuz o enfrentar ataques contra sus centrales eléctricas. El cambio de tono fue inmediato en los mercados globales. Los precios del petróleo bajaron y los índices bursátiles se movieron, aliviados después de cuatro semanas de combates que habían incluido amenazas de ataques a infraestructura energética crítica.
Trump afirmó que el enviado Steve Witkoff y su yerno Jared Kushner habían sostenido conversaciones el domingo con un alto funcionario iraní, aunque no identificó a quién. Aclaró que Estados Unidos no había hablado directamente con el ayatolá Mojtaba Jamenei, el líder supremo. La declaración presidencial sugería que una solución podría estar al alcance esta semana, atribuyendo el progreso a su amenaza de destruir las instalaciones eléctricas iraníes. Sin embargo, Irán rechazó de inmediato la narrativa. Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento iraní, publicó en redes sociales que no había negociaciones en curso y acusó a Washington de usar noticias falsas para manipular los mercados financieros y petroleros.
La propuesta estadounidense incluía un componente nuclear central: si se llegaba a un acuerdo, Estados Unidos tomaría control del uranio enriquecido de Irán, material crucial para su programa nuclear. Teherán ha rechazado históricamente estas exigencias, insistiendo en su derecho a enriquecer uranio para fines pacíficos. Los números revelan la magnitud del desafío: según Robert Goldston, profesor de Princeton especializado en control de armas, Irán ya ha completado el 99 por ciento del trabajo de centrifugado necesario para producir uranio de grado armamentístico para nueve armas nucleares. Hasta junio de 2025, el Organismo Internacional de Energía Atómica calculaba que Irán poseía 440,9 kilogramos de uranio altamente enriquecido.
Mientras Trump ofrecía una salida diplomática, potencias regionales se movían detrás de escenas. Turquía y Egipto confirmaron que habían hablado con ambas partes, señalando los primeros indicios de una mediación coordinada. El ministro de Asuntos Exteriores iraní Abbas Araghchi reconoció una llamada telefónica con su homólogo turco Hakan Fidan. Funcionarios turcos revelaron que Fidan también había contactado a sus colegas de Qatar, Arabia Saudí, Pakistán, Egipto y la Unión Europea, además de funcionarios estadounidenses, todo como parte de los esfuerzos para detener la guerra. El presidente egipcio Abdel-Fattah el-Sissi indicó que El Cairo había entregado mensajes claros a Irán enfocados en desescalada. Un funcionario egipcio anónimo confirmó que Estados Unidos e Irán intercambiaron mensajes a través de Egipto, Turquía y Pakistán durante el fin de semana con el objetivo específico de evitar ataques contra infraestructura energética.
Pero la realidad en el terreno contradecía la narrativa de negociaciones. Israel lanzó nuevos ataques contra Teherán el lunes, dirigidos según sus declaraciones a infraestructura, con explosiones reportadas en varios puntos de la capital. El primer ministro Benjamin Netanyahu afirmó que Israel continuaría atacando a Irán y Líbano incluso mientras Estados Unidos consideraba un alto el fuego. En Líbano, Israel intensificaba su campaña contra Hezbollah, bombardeando edificios de apartamentos en Beirut y destruyendo puentes sobre el río Litani en el sur. El presidente libanés Joseph Aoun caracterizó los ataques a los puentes como preludio de una invasión terrestre. Las autoridades reportaban más de mil muertes en Líbano y más de un millón de desplazados.
Irán respondió a los cambios con una mezcla de negación y amenaza. Las agencias noticiosas semioficiales Fars y Tasnim sugirieron que Trump se había retractado, insistiendo en que Irán continuaría con su defensa hasta alcanzar el nivel requerido de disuasión. La Guardia Revolucionaria prometió represalias si Trump cumplía sus amenazas, diciendo que atacaría centrales eléctricas en todas las zonas que suministran electricidad a bases estadounidenses, así como infraestructura económica, industrial y energética donde los estadounidenses tuvieran participación. Qalibaf advirtió que Irán consideraría como objetivos legítimos la infraestructura vital de toda la región, incluidas instalaciones de desalinización críticas para el suministro de agua potable. Fars publicó una lista de esas instalaciones, incluyendo la central nuclear de Emiratos Árabes Unidos. El fin de semana anterior, Irán había lanzado misiles hacia Dimona, la ciudad israelí cercana a una instalación clave del programa de armas atómicas, aunque sin causar daños.
El costo humano de la guerra ya era sustancial. Más de dos mil personas habían muerto desde el inicio del conflicto. Irán reportaba más de mil quinientos muertos según su Ministerio de Salud. Israel había sufrido quince muertes por ataques iraníes. Al menos trece miembros del ejército estadounidense habían perdido la vida, junto con más de una docena de civiles en Cisjordania ocupada y estados árabes del Golfo. Mientras Trump extendía plazos y hablaba de acuerdos, Israel desplegaba más buques de asalto anfibio y marines adicionales hacia Oriente Medio. El Consejo de Defensa de Irán advirtió contra cualquier ataque terrestre, diciendo que conduciría al minado de todas las rutas de acceso. Trump había dicho que no tenía planes de enviar fuerzas terrestres a Irán, pero no lo había descartado. La diplomacia avanzaba en un lado mientras la guerra continuaba en el otro.
Citações Notáveis
Quieren paz. Han acordado que no tendrán un arma nuclear— Donald Trump, presidente de Estados Unidos
No se han celebrado negociaciones con Estados Unidos. Se usan noticias falsas para manipular los mercados financieros y petroleros— Mohammad Bagher Qalibaf, presidente del Parlamento iraní
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué Trump cambió de tono tan repentinamente? El fin de semana amenazaba con destruir plantas eléctricas.
Porque los mercados reaccionaron. El petróleo subió, la economía mundial se tambaleó. Una guerra energética regional afectaría a todos. A veces la amenaza funciona mejor que la acción.
Pero Irán niega que haya negociaciones. ¿Quién está mintiendo?
Probablemente ambos. Trump necesita mostrar que está ganando. Irán necesita mostrar que no cede. Pero detrás de escenas, Turquía, Egipto y Pakistán están pasando mensajes. Eso es real.
¿Qué es lo que realmente quiere Trump con el uranio enriquecido?
Control. Irán está a un paso de tener armas nucleares. Trump dice que si hay acuerdo, Estados Unidos toma ese uranio. Pero Irán ha rechazado eso siempre. Es la pregunta más difícil de la mesa.
¿Y si Israel sigue atacando mientras se negocia?
Entonces todo se desmorona. Netanyahu dice que hay más por venir. Es difícil negociar paz cuando alguien está lanzando bombas. Trump está tratando de detener una guerra que no controla completamente.
¿Cuál es el riesgo real aquí?
Las plantas desalinizadoras. Si se destruyen, millones de personas en la región se quedan sin agua potable. Eso no es una amenaza abstracta. Es hambre y sed. Por eso Egipto y Turquía están tan activos. Entienden que esto afecta a todos.