Sin mí, no habría Israel, porque ningún otro presidente estaba dispuesto a hacer lo que yo hice
En el umbral de un acuerdo diplomático con Irán, Donald Trump ha roto con la tradición de discreción presidencial para criticar abiertamente a Benjamin Netanyahu, el aliado más duradero de Washington en Oriente Medio. Lo que emerge no es solo una disputa entre líderes, sino la señal de que el consenso bipartidista que durante décadas sostuvo el apoyo incondicional de Estados Unidos a Israel se ha fracturado bajo el peso de la política doméstica, el costo de la guerra y las ambiciones diplomáticas de un presidente que se atribuye la existencia misma del Estado hebreo. La historia rara vez produce alianzas eternas; produce intereses que convergen y divergen según el momento.
- Trump acusa públicamente a Netanyahu de actuar de manera irresponsable en el Líbano, poniendo en riesgo un acuerdo con Irán que debería firmarse el viernes en Ginebra.
- La guerra es impopular entre los votantes estadounidenses y los precios de la gasolina se han disparado, convirtiendo el conflicto en una carga política que Trump ya no puede ignorar.
- Grupos progresistas denuncian que Trump condiciona la existencia de Israel a su propia figura, mientras sectores conservadores proisraelíes se dividen entre minimizar la crítica y expresar alarma.
- El consenso bipartidista de apoyo a Israel, ya erosionado por la guerra en Gaza, recibe ahora su golpe más visible desde la derecha, el flanco que históricamente lo sostenía.
- Trump busca equilibrar su imagen de máximo defensor de Israel con la necesidad urgente de salir de una guerra que le cuesta votos y dólares en el surtidor de gasolina.
Hace poco más de un año, Netanyahu llamaba a Trump el mejor amigo que Israel había tenido en la Casa Blanca. Hoy, ese mismo Trump lo critica con una dureza sin precedentes entre presidentes estadounidenses, llegando a describirlo como "loco" y afirmando que sin él no existiría Israel. La paradoja es notable: fue Trump quien inició junto a Netanyahu la guerra contra Irán, y ahora es Trump quien más urgentemente quiere cerrarla.
El detonante inmediato son los ataques israelíes contra el Líbano, que amenazan con descarrilar las negociaciones con Teherán previstas para el viernes en Ginebra. Pero el trasfondo es igualmente poderoso: la guerra es impopular en casa, los precios de la gasolina han subido y Trump necesita una victoria diplomática. Como explicó el veterano asesor Aaron David Miller, cuando Netanyahu se interpone en algo que Trump realmente quiere, el presidente está dispuesto a usar toda la influencia que tiene.
En el G7 celebrado en Francia, Trump fue explícito: reconoció su relación con "Bibi", pero exigió que Israel fuera más responsable respecto al Líbano. Las palabras cayeron como una piedra en el estanque político. Grupos progresistas denunciaron que Trump estaba convirtiendo la existencia de Israel en una deuda personal hacia él. Sectores conservadores y proisraelíes se dividieron: algunos, como Matt Brooks de la Coalición Judía Republicana, lo leyeron como una disputa familiar sin mayor trascendencia; otros, como Mort Klein de la Organización Sionista de América, pidieron que esas críticas se mantuvieran en privado, preocupados por la señal que envían a una opinión pública estadounidense cada vez más distante de Israel.
Lo que queda en pie, más allá de las declaraciones, es la imagen de un consenso bipartidista que se resquebraja. Los liberales llevan años cuestionando la política israelí hacia los palestinos; ahora es la derecha la que introduce la duda. Trump, fiel a su estilo, ha convertido una tensión diplomática en un espectáculo público, y en ese proceso ha alterado, quizás de manera irreversible, el lenguaje con el que Estados Unidos habla de su aliado más cercano en Oriente Medio.
Hace poco más de un año, Benjamin Netanyahu le dijo a Donald Trump que era el mejor amigo que Israel había tenido en la Casa Blanca. Hoy, mientras Trump intenta sellar un acuerdo para terminar la guerra con Irán, arremete contra el primer ministro israelí con una dureza que ningún presidente estadounidense anterior se ha atrevido a expresar en público.
Trump se ha atribuido el crédito por la existencia misma de Israel. "Sin mí, no habría Israel", ha dicho en múltiples ocasiones, criticando severamente el juicio de Netanyahu en entrevistas y llegando a describirlo como "loco". El mandato de Netanyahu ha abarcado cuatro presidencias estadounidenses, y en algún momento ha frustrado a todas ellas. Pero ninguna ha sido tan abierta en su reprensión como la de Trump, quien paradójicamente fue quien inició la guerra contra Irán junto con Netanyahu.
La tensión surge en un momento crítico. Trump está presionando para lograr un acuerdo con Teherán que está previsto se firme el viernes en Ginebra. Pero los recientes ataques israelíes contra Líbano amenazan con descarrilar esas negociaciones. En casa, Trump enfrenta un costo político considerable: la guerra es impopular entre los votantes estadounidenses y los precios de la gasolina se han disparado. Aaron David Miller, quien asesoró sobre asuntos de Oriente Medio para gobiernos demócratas y republicanos durante dos décadas, lo explicó de manera directa: "Si Netanyahu se interpone en algo que Trump realmente quiere, y eso es salir de esta guerra, está dispuesto a usar la influencia que tiene".
Hablando en la cumbre anual del G7 en Francia, Trump fue explícito sobre su frustración. "Sin Estados Unidos, no habría Israel. Sin mí, no habría Israel, porque ningún otro presidente estaba dispuesto a hacer lo que yo hice", declaró. Luego añadió, usando el apodo familiar "Bibi": "He tenido una gran relación con Bibi. Ahora Bibi tiene que ser más responsable con respecto al Líbano".
Esta ruptura pública marca un quiebre en el consenso bipartidista que durante décadas ha sostenido el apoyo estadounidense a Israel. Ese consenso ya se había debilitado en años recientes. Los liberales han expresado cada vez más indignación por el trato de Israel a los palestinos, especialmente durante la guerra en Gaza. Los conservadores, por su parte, han comenzado a cuestionar la importancia del apoyo estadounidense. Las preocupaciones sobre antisemitismo persisten en ambos extremos del espectro político.
Los comentarios de Trump provocaron críticas inmediatas de grupos progresistas. Halie Soifer, directora del Jewish Democratic Council of America, señaló que Trump estaba "planteando que la mera existencia de Israel depende de él", algo que calificó como "profundamente ofensivo para la gran mayoría de los judíos que se preocupan por el futuro de Israel". El expresidente Joe Biden y la exvicepresidenta Kamala Harris habían discrepado públicamente con Netanyahu durante la guerra en Gaza, pero fueron más cautelosos para evitar acusaciones de ser antiisraelíes.
Los grupos conservadores y proisraelíes estaban divididos sobre la gravedad de la condena pública de Trump. Matt Brooks, presidente de la Coalición Judía Republicana, describió la crítica como poco más que un desacuerdo inevitable entre miembros de una familia. Argumentó que Trump ha sido un apoyo confiable de Israel como presidente, señalando su papel en el traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén durante su primer mandato. "Si Biden o Harris dijeron algo crítico, provenía de la posición de alguien que era hostil hacia Israel", sostuvo Brooks.
Pero otros defensores de Israel expresaron preocupación. Mort Klein, presidente de la Zionist Organization of America, dijo que Trump debería haber mantenido sus comentarios en privado, especialmente considerando sus elogios públicos a líderes autoritarios en Turquía, Corea del Norte y China. Klein sugirió que Trump podría estar haciendo estos comentarios públicamente para atraer a críticos de Israel, "porque ve que los estadounidenses se han vuelto más hostiles hacia Israel que nunca". "Eso me preocupa", expresó.
Citas Notables
Si Netanyahu se interpone en algo que Trump realmente quiere, y eso es salir de esta guerra, está dispuesto a usar la influencia que tiene— Aaron David Miller, asesor de Oriente Medio
Es profundamente ofensivo para la gran mayoría de los judíos que se preocupan por el futuro de Israel— Halie Soifer, Jewish Democratic Council of America
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué Trump está dispuesto a romper con Netanyahu ahora, cuando durante años fue su aliado más leal?
Porque tiene algo que quiere más que la lealtad a Netanyahu: un acuerdo con Irán. Y ese acuerdo está en riesgo por los movimientos israelíes en Líbano. Trump está bajo presión política en casa por los precios del combustible y una guerra impopular.
¿Pero no fue Trump quien inició esta guerra con Irán junto con Netanyahu?
Exacto. Eso es lo que hace esto tan extraño. Ahora quiere salir de ella, y Netanyahu se interpone. Trump cree que puede presionar a Netanyahu de una manera que otros presidentes no se atrevieron.
¿Qué tan grave es esto para la relación entre Estados Unidos e Israel?
Depende de a quién le preguntes. Para algunos, es solo una disputa familiar. Para otros, es un síntoma de que el consenso bipartidista sobre Israel se está desmoronando en Estados Unidos.
¿Hay judíos estadounidenses que ven esto como ofensivo?
Sí. Cuando Trump dice "sin mí, no habría Israel", está reclamando crédito por la existencia de un país. Eso ofende a muchos judíos que ven a Israel como algo que existe más allá de cualquier presidente estadounidense.
¿Y los conservadores proisraelíes qué piensan?
Están divididos. Algunos dicen que Trump tiene derecho a criticar a Netanyahu porque ha sido un apoyo confiable. Otros piensan que debería haber mantenido esto en privado, especialmente porque Trump elogia públicamente a dictadores en otros lugares.