Trivium desata la tormenta antes de la esperada llegada de Limp Bizkit al Resurrection Fest

Trivium irrumpió como un elefante atravesando una tienda de porcelana
La banda desató la violencia metal que preparó el terreno para la esperada llegada de Limp Bizkit.

En el corazón de Viveiro, el Resurrection Fest atravesó su tercera jornada como quien sube una escalera sin techo: desde la melancolía gótica de The Rasmus hasta la devastación sonora de Trivium, el festival fue calibrando la temperatura del público con la precisión de quien conoce bien el fuego. Limp Bizkit, invitado por primera vez en la historia del evento, coronó una noche que no pedía permiso para mezclar géneros ni para exigir todo el cuerpo de quienes la vivieron.

  • El festival arrancó su tercera jornada con la energía residual de Iron Maiden y Anthrax aún suspendida sobre el recinto de Lavandeiras, creando una presión difícil de igualar.
  • The Rasmus ofreció un respiro melódico que el público agradeció coreando 'In the Shadows' al unísono, pero fue la última tregua que la noche concedería.
  • Trivium irrumpió como una tormenta calculada: desde el segundo tema ya había mosh pit, y para el tercero el caos se había triplicado en un recinto casi abarrotado.
  • El nordés gallego refrescó el ambiente en el momento justo, como si la meteorología también formara parte del cartel, dejando al público sudoroso y listo para Limp Bizkit.
  • La banda de Fred Durst subió al Main Stage por primera vez en la historia del festival, recogiendo una intensidad que Trivium había construido tema a tema durante toda la tarde.

El Resurrection Fest llegó a su tercera jornada con el eco de dos noches memorables flotando sobre Viveiro. Iron Maiden había actuado por segunda vez en la historia del festival, y Anthrax había cerrado la madrugada anterior con el thrash que los mantiene en el Big Four. El recinto de Lavandeiras despertó el jueves cargado de esa energía, listo para lo que vendría.

La jornada arrancó con tempo contenido. Nevertel mezcló hip hop y electrónica con hard rock, y luego The Rasmus llegó desde Helsinki con un rock gótico que funcionó como transición suave. Los finlandeses guardaron 'In the Shadows' para el final: todo el campo la coreó y saltó al unísono, aunque el vocalista Lauri Ylöne parecía llegar algo exhausto al clímax. Fue prácticamente la última pausa que el programa permitiría.

Sin respiro, la jornada pasó del rock casi pop de The Rasmus a los guturales del portugués Okkultist, al metalcore de Bled From Within y al black metal de Hulder. Entonces Trivium irrumpió en el escenario como un elefante atravesando una tienda de porcelana: batería, fuego y mosh pits que se triplicaron en cuestión de minutos. La banda de Florida no vino a calentar motores, vino a demoler, y su actuación fue el preludio exacto que Limp Bizkit necesitaba para subir al Main Stage por primera vez en la historia del festival.

El nordés gallego había refrescado el ambiente durante la tarde, bajando la temperatura y limpiando el aire. Cuando Trivium terminó y el público quedó sudoroso y pulsante, el festival estaba en el punto exacto. Marilyn Manson vendría hoy. El cartel seguía mezclando géneros sin disculparse, y cada acto era un peldaño más en una escalera que no tenía techo.

El Resurrection Fest llegaba a su tercera jornada con el peso de dos noches memorables aún flotando en el aire de Viveiro. Iron Maiden había tocado por segunda vez en la historia del festival, Anthrax había cerrado la noche anterior pasada la medianoche con el thrash metal que los ha mantenido en el Big Four junto a Metallica, Megadeth y Slayer. El recinto de Lavandeiras despertaba el jueves con esa energía residual, lista para lo que vendría.

La jornada comenzó con ritmo contenido, como si los organizadores hubieran calibrado deliberadamente el tempo para que el público fuera entrando en calor de manera gradual. Nevertel abrió el Main Stage mezclando hip hop y electrónica con hard rock. Luego llegaron The Rasmus desde Helsinki, trayendo un rock gótico más suave que funcionó como transición. Los finlandeses tocaron Livin' in a World Without You e In My Life antes de reservar para el final In the Shadows, la canción que el público conocía de memoria. Todo el campo la coreó y saltó al unísono, aunque el vocalista Lauri Ylöne parecía llegar un poco exhausto al clímax.

Pero esa fue prácticamente la última tregua que el programa permitiría. Sin transición, sin respiro, la jornada pasó de los ritmos casi pop de The Rasmus a los guturales del portugués Okkultist, con Beatriz Mariano en la voz. Los escoceses de Bled From Within trajeron su metalcore moderno. Hulder sostuvo la tensión con black metal. Y entonces, como un elefante atravesando una tienda de porcelana, Trivium irrumpió en el escenario con batería y fuego, desatando la tormenta que el cielo de Galicia parecía haber estado esperando todo el día.

Desde el segundo tema ya se formaba un mosh pit. En el tercero, ese círculo de cuerpos chocando se había triplicado. Poco a poco, más aparecían en un recinto que ya estaba prácticamente abarrotado. La banda de Florida no vino a calentar motores: vino a demoler. Su actuación funcionó como el preludio perfecto, el acelerador que llevaría al público al punto exacto de intensidad que Limp Bizkit necesitaría cuando subiera al escenario principal por primera vez en la historia del Resurrection Fest.

La meteorología, como si también tuviera un plan, había refrescado el ambiente durante la tarde. El nordés que muchos ya bendecían había llenado el cielo de nubes, bajado la temperatura, limpiado el aire. Cuando Trivium terminó y el público quedó sudoroso, pulsante, listo, el festival estaba en el punto exacto. Limp Bizkit esperaba su turno. Marilyn Manson vendría hoy. El cartel seguía mezclando géneros sin disculparse: folk metal pegadizo, black metal, metalcore, hip hop, rock gótico. Cada acto era un paso más en una escalera que no tenía techo.

El nordés refrescó el ambiente, como si la meteorología también quisiese que todos llegasen en plenas facultades a la traca final
— Descripción de la jornada
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué el artículo insiste tanto en que la jornada comenzó "pausada"? ¿No es raro que un festival de metal empiece lentamente?

Model

No es raro en absoluto. Los festivales de tres días funcionan como maratones, no como sprints. Si comienzas a toda velocidad el tercer día, la gente ya está agotada. La organización estaba siendo inteligente: dejar que el público se recuperara, que sus cuerpos se desentumecieran, antes de la descarga final.

Inventor

Pero entonces Trivium llega y lo destruye todo. ¿Fue un cambio de estrategia o simplemente el orden del cartel?

Model

Fue el orden del cartel, pero también fue perfecto. Trivium no era el acto principal, era el acto que preparaba el terreno. Limp Bizkit era lo que todos esperaban. Trivium tenía que llegar con suficiente fuego para que el público estuviera en el punto exacto: sudoroso, pulsante, listo.

Inventor

Hay algo interesante en cómo el artículo describe el clima. ¿El nordés fue parte de la experiencia o solo un detalle meteorológico?

Model

Fue parte de la experiencia. El artículo dice que el nordés "refrescó el ambiente, como si la meteorología también quisiese que todos llegasen en plenas facultades a la traca final". No es solo lluvia. Es el cielo participando en el festival.

Inventor

¿Y The Rasmus? Parecen haber sido importantes pero también un poco... olvidados después de que Trivium llegó.

Model

Exactamente. The Rasmus fue la última tregua. Fueron el momento en que el público podía respirar, cantar algo que conocía, sentirse parte de algo más pop. Pero el festival no estaba diseñado para quedarse ahí. Estaba diseñado para llevarte más lejos.

Inventor

¿Qué significa que Limp Bizkit subiera "por primera vez" al escenario del festival?

Model

Significa que era un hito. No importa cuántas veces haya tocado Limp Bizkit en otros lugares. Para el Resurrection Fest, para Viveiro, para ese público específico, era la primera vez. Eso añade peso a todo lo que pasó ese día.

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