Terremoto en Venezuela enluta a Bucaramanga: Argemiro Antolínez y su pareja mueren bajo los escombros

Argemiro Antolínez Ángel y su pareja fallecieron bajo los escombros de un edificio colapsado; el terremoto dejó 188 muertos y más de 1.520 heridos en Venezuela.
No podemos quedarnos con la idea de que nadie sepa que esta persona falleció
La periodista Indira Ramírez explicó por qué decidió buscar a los familiares de Antolínez Ángel en Bucaramanga.

Un ciudadano colombiano que residía 12 años en Falcón murió abrazado a su pareja en el colapso de un edificio residencial durante el sismo. El terremoto en Venezuela dejó 188 fallecidos y más de 1.520 heridos, con advertencias de organismos internacionales sobre posible incremento de víctimas.

  • Argemiro Antolínez Ángel, de Bucaramanga, murió en el colapso del edificio La Mar Suite en Tucacas, Venezuela, el 24 de junio
  • Llevaba entre 12 y 14 años viviendo en el estado Falcón
  • El terremoto dejó 188 muertos y más de 1.520 heridos en Venezuela
  • Su cuerpo permanece en la morgue de Tucacas sin que se haya localizado a sus familiares en Colombia

Argemiro Antolínez Ángel, oriundo de Bucaramanga, falleció junto a su pareja bajo los escombros del edificio La Mar Suite en Tucacas, Venezuela, tras el terremoto del 24 de junio que dejó 188 muertos.

El miércoles 24 de junio, un terremoto sacudió el norte de Venezuela con una fuerza que dejó escombros en ciudades costeras y dolor que atravesó fronteras. En Tucacas, una localidad turística del estado Falcón, el edificio La Mar Suite se desplomó. Dentro, en un apartamento del tercer piso, murieron dos personas abrazadas: Argemiro Antolínez Ángel, un colombiano de Bucaramanga, y su pareja. Los brigadistas que removían concreto y buscaban sobrevivientes los encontraron juntos bajo las toneladas de escombro, una imagen que hablaba de la violencia con que el edificio se había desmoronado.

Antolínez Ángel había vivido en Falcón durante más de una década. Doce o catorce años lejos de su ciudad natal, construyendo una vida en otro país. El terremoto lo mató en segundos. Las autoridades venezolanas reportaron 188 muertes en total, aunque organismos internacionales como el Servicio Geológico de Estados Unidos advertían que la cifra podría crecer. Más de 1.520 personas resultaron heridas. La destrucción fue especialmente grave en las zonas más vulnerables, donde los edificios no resistieron el movimiento telúrico.

Pero la muerte de Antolínez Ángel generó un problema que va más allá del duelo. Llevaba años viviendo en Venezuela sin documentación legal que formalizara su relación conyugal actual. Su cuerpo quedó bajo custodia de la morgue del hospital de Tucacas, retenido por trámites que exigían un familiar consanguíneo que lo reclamara. En Bucaramanga, en la capital de Santander, nadie sabía que había muerto. Su exesposa, sus hermanos, sus primos, sus hijos si los tenía: todos ignoraban lo que había pasado.

Indira Ramírez, una periodista colombiana que vive en España, decidió que eso no podía seguir así. Conocía la historia de Antolínez Ángel y entendió que el silencio era una forma de abandono. Lanzó una campaña en redes sociales y contactó medios de comunicación, buscando desesperadamente a alguien en Bucaramanga que pudiera reclamar el cuerpo. "Creemos que esto hay que hacerlo por humanidad", dijo Ramírez al diario Vanguardia. "No podemos quedarnos con la idea de que su exesposa, hermanos, primos o hijos en Bucaramanga no sepan que esta persona falleció".

Los intentos de Ramírez chocaron con muros. Contactó emisoras locales, buscó puentes con autoridades en Santander, pero no obtuvo respuesta. El cuerpo seguía en la morgue de Tucacas, esperando. Cada día que pasaba sin que alguien lo reclamara era un día más en que Argemiro Antolínez Ángel permanecía sin nombre en los registros forenses, sin familia que lo llorara, sin un lugar donde ser enterrado. El terremoto había destruido un edificio en segundos. Pero la burocracia, la falta de documentación, la distancia entre países, amenazaba con destruir también la memoria de que había existido.

Creemos que esto hay que hacerlo por humanidad. No podemos quedarnos con la idea de que su exesposa, hermanos, primos o hijos en Bucaramanga no sepan que esta persona falleció
— Indira Ramírez, periodista colombiana
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué una periodista en España se involucró en esto? ¿Cuál era su conexión con Antolínez Ángel?

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No está claro si lo conocía personalmente o si simplemente supo de su historia después del terremoto. Lo que importa es que vio un vacío: un hombre muerto cuya familia no sabía que había muerto. Eso fue suficiente para actuar.

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¿Y por qué fue tan difícil encontrar a los familiares? Bucaramanga no es una ciudad enorme.

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Porque Antolínez Ángel se había ido hace más de una década. Las personas se dispersan, pierden contacto, cambian de números de teléfono. Además, si no tenía documentación legal de su relación actual, es posible que sus familiares ni siquiera supieran que tenía pareja. La vida que construyó en Venezuela quedó separada de la que dejó atrás.

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¿Qué pasa ahora con su cuerpo?

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Sigue en la morgue, esperando. Las autoridades venezolanas no pueden entregarlo sin un familiar consanguíneo que lo reclame. Es un limbo legal, una consecuencia del terremoto que no aparece en las cifras de muertos.

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¿Hay algo que sugiera que finalmente lo encontraron?

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El artículo no lo dice. Solo documenta que la búsqueda estaba en curso, que Ramírez seguía intentando, que el cuerpo seguía bajo custodia. Es una historia sin cierre, lo cual es parte de su peso.

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¿Qué nos dice esto sobre los desastres naturales?

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Que matan de muchas formas. No solo en el momento del colapso, sino después, en los trámites, en la separación de familias, en los registros que no existen. El terremoto fue el evento, pero sus consecuencias se extienden mucho más allá.

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