Tráfico de vacunas falsas: el nuevo mercado criminal que crece en América Latina

Personas que reciben inyecciones de sustancias desconocidas o ineficaces en lugar de vacunas auténticas enfrentan riesgos graves para su salud sin protección contra el COVID-19.
No hay nadie autorizado para vender la vacuna. Si alguien dice que les va a vender, están cometiendo fraude
El subsecretario de salud mexicano advierte sobre operaciones fraudulentas que ofrecen dosis falsas en redes sociales y sitios web.

En los primeros meses de 2021, mientras América Latina luchaba por acceder a vacunas contra el COVID-19, el crimen organizado encontró en la escasez y la desesperación humana un nuevo territorio de explotación. Desde México hasta Argentina, grupos criminales comenzaron a comercializar inyecciones falsas, certificados fraudulentos y medicamentos adulterados, aprovechando la fragmentación de los sistemas de distribución y la angustia de poblaciones que no podían esperar. INTERPOL alertó al mundo sobre este fenómeno, recordándonos que las crisis sanitarias no solo ponen a prueba la capacidad de los Estados, sino también la vulnerabilidad de las personas ante quienes se benefician de su miedo.

  • El tráfico de vacunas falsas creció un 400% en la Dark Web entre diciembre de 2020 y enero de 2021, convirtiendo la pandemia en un mercado criminal de escala sin precedentes.
  • Laboratorios clandestinos en México, clínicas ilegales en Ecuador y redes de fraude en Colombia inyectaban sustancias desconocidas a personas que creían estar protegiéndose contra el virus.
  • El crimen organizado —desde el Cartel Jalisco Nueva Generación hasta disidencias de las FARC— adaptó sus operaciones hacia productos médicos de alta demanda, aprovechando la confianza comunitaria ganada durante la pandemia.
  • Gobiernos como Brasil y Chile lanzaron campañas de alerta y operativos digitales, pero expertos advierten que la desigualdad en el acceso global a las vacunas alimenta inevitablemente este mercado negro.
  • Mientras América Latina concentraba el 8% de los casos mundiales de COVID-19, solo había recibido el 3% de las dosis administradas globalmente, una brecha que convertía cualquier promesa de vacunación rápida en una trampa perfecta.

A finales de enero de 2021, mientras los gobiernos latinoamericanos competían por asegurar dosis de vacunas, las autoridades comenzaban a detectar un mercado criminal paralelo: inyecciones falsas vendidas a una población desesperada por inmunizarse. INTERPOL emitió una alerta mundial sobre el tráfico de vacunas fraudulentas, un fenómeno especialmente peligroso en una región donde el crimen organizado ya tenía raíces profundas.

México fue el primer epicentro. La distribución descentralizada de vacunas creó vulnerabilidades que carteles como el Jalisco Nueva Generación y la Familia Michoacana aprovecharon rápidamente. En enero, el Consejo Nacional de Seguridad Privada confirmó la existencia de laboratorios clandestinos en cuatro estados. En Quintana Roo, brigadas fraudulentas visitaban hogares solicitando documentos de identidad bajo el pretexto de vacunar. Una página web que imitaba el sitio oficial de Pfizer fue desmantelada por las autoridades. El subsecretario Hugo López-Gatell fue categórico: nadie estaba autorizado a vender la vacuna, y quien lo hiciera cometía fraude poniendo vidas en riesgo.

El fenómeno se extendía por toda la región. En Colombia, antes de que comenzara la vacunación, ya circulaban dosis falsas en el mercado negro. En el aeropuerto de Cúcuta se incautaron medicamentos ilegales valuados en miles de dólares. En Ecuador, la policía desmanteló una clínica clandestina en Quito que inyectaba sustancias desconocidas a pacientes que creían recibir la vacuna. En Chile, un oficial policial describió el crecimiento de la oferta falsa en internet como el más acelerado en la historia reciente. Brasil lanzó una campaña nacional tras identificar más de dos mil páginas sospechosas.

Expertos en crimen organizado veían en esto una adaptación natural: cuando un producto se vuelve más riesgoso, las organizaciones migran hacia otro. El especialista Luis Fernando Trejos anticipaba que el comercio ilegal se expandiría más allá de las vacunas hacia otros insumos médicos. El trasfondo global agravaba todo: América Latina concentraba el 8% de los casos mundiales pero había recibido apenas el 3% de las dosis disponibles. Sin mejoras en la distribución y transparencia de los planes de vacunación, advertían los expertos, el mercado negro seguiría creciendo sin freno.

A finales de enero de 2021, mientras los gobiernos de América Latina competían por asegurar dosis de vacunas contra el coronavirus, las autoridades comenzaban a detectar un problema paralelo: un mercado criminal emergente dedicado a vender inyecciones falsas a una población desesperada por inmunizarse. INTERPOL emitió una alerta mundial al inicio del año advirtiendo sobre el aumento del tráfico de vacunas fraudulentas, un fenómeno que en la región representaba un riesgo particular dado el poder consolidado de los grupos de crimen organizado.

México fue el primer epicentro latinoamericano. El país recibió las primeras tres mil dosis de la vacuna Pfizer-BioNTech en diciembre de 2020 como parte de una compra inicial de 1,4 millones. Pero la distribución descentralizada que permitió a los gobiernos estatales suscribir contratos propios para adquirir y distribuir las vacunas creó vulnerabilidades. Organizaciones como el Cartel Jalisco Nueva Generación, la Familia Michoacana y el Cartel del Golfo, que habían ganado presencia comunitaria durante la pandemia repartiendo alimentos y organizando jornadas de salud, ahora tenían acceso a una cadena de suministro fragmentada. El 8 de enero, el Consejo Nacional de Seguridad Privada de México confirmó la existencia de laboratorios clandestinos produciendo vacunas falsas en Jalisco, Tamaulipas, Chihuahua y Ciudad de México. En Quintana Roo, brigadas fraudulentas visitaban casas solicitando credenciales de elector bajo el pretexto de aplicar vacunas. En ciudades fronterizas como Tijuana y destinos turísticos como Cancún, no solo se vendían dosis falsas sino también certificados fraudulentos de pruebas PCR.

La sofisticación de las operaciones era notable. Una página web que imitaba el sitio oficial de Pfizer, completa con logos corporativos y del gobierno federal mexicano, fue desmantelada por las autoridades. El subsecretario de prevención y promoción de la salud, Hugo López-Gatell, fue enfático en conferencia de prensa: "No hay nadie autorizado para vender la vacuna. Si alguien dice que les va a vender la vacuna para el COVID, están cometiendo fraude y poniéndolos en riesgo".

El problema se extendía por toda la región. En Colombia, donde la vacunación aún no había comenzado a finales de enero, el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos ya alertaba sobre dosis fraudulentas circulando en el mercado negro. En el aeropuerto de Cúcuta, una ciudad fronteriza con Venezuela donde operan disidencias de las FARC, estructuras del ELN y el Clan del Golfo, las autoridades incautaron 27 cajas de Remdesivir valuadas en 18 mil dólares que iban destinadas a Antioquia para ser vendidas ilegalmente. Un infectólogo del Hospital Universitario Nacional advirtió que el riesgo no era solo la falta de protección contra el virus, sino la posibilidad de recibir sustancias potencialmente dañinas. En Ecuador, la policía desmanteló una clínica clandestina en Quito que inyectaba sustancias desconocidas a pacientes que creían estar recibiendo la vacuna contra el coronavirus.

En Chile, donde la vacunación había comenzado a finales de diciembre, el jefe nacional de Delitos Económicos de la Policía de Investigaciones afirmó que el crecimiento en la oferta de vacunas falsas en internet era "más exponencial que ningún otro producto que conozcamos en la historia reciente". Brasil lanzó una campaña nacional titulada "Vacuna Pirata, ¡No!" después de identificar más de dos mil páginas sospechosas dedicadas a este fraude. Entre diciembre de 2020 y enero de 2021, el tráfico de vacunas falsas en la Dark Web creció un 400 por ciento, según datos de Check Point, una agencia de ciberseguridad.

Expertos en crimen organizado veían en las vacunas falsas una adaptación natural de las operaciones criminales. Frédéric Massé, codirector de la Red CORAL de monitoreo del crimen organizado en América Latina, explicó que cuando un producto se vuelve más riesgoso de traficar, las organizaciones simplemente se mueven hacia otro. Luis Fernando Trejos, especialista en seguridad, afirmó que era "inevitable" que los grupos criminales consolidados terminaran dominando este mercado, especialmente en países donde las demoras y la falta de claridad en los planes de vacunación creaban frustración. Trejos anticipaba que el comercio ilegal no se limitaría a vacunas falsas sino que se expandiría a otros insumos médicos: guantes, mascarillas y medicamentos.

El contexto global agravaba el problema. Según datos de la Universidad de Oxford, América Latina, que representaba aproximadamente el 8 por ciento de los casos de COVID-19 en el mundo, había recibido solo el 3 por ciento de las dosis administradas globalmente hasta ese momento. Los países ricos acaparaban la producción disponible mientras la región enfrentaba una escasez que hacía que cualquier promesa de acceso rápido a la vacuna resultara tentadora. En China, las autoridades desmantelaron una red asociada a la mafia que vendía solución salina como si fuera la vacuna Sinovac. Aunque aún no había vínculos claros entre las operaciones de venta de vacunas fraudulentas y los grupos criminales más consolidados, expertos advertían que la conexión era solo cuestión de tiempo. Sin mejoras en la distribución y transparencia de los planes de vacunación, el mercado negro seguiría expandiéndose exponencialmente.

Si es más arriesgado traficar un producto, el negocio se mueve hacia otro producto
— Frédéric Massé, codirector de Red CORAL
Se ha detectado un crecimiento más exponencial en falsificación de vacunas que ningún otro producto que conozcamos en la historia reciente
— Jaime Ansieta, jefe nacional de Delitos Económicos de Chile
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué el crimen organizado se interesaría específicamente en las vacunas cuando ya tienen tantas otras fuentes de ingresos?

Model

Porque la vacuna es escasa y la gente la quiere desesperadamente. Cuando un producto es difícil de conseguir legalmente, el precio en el mercado negro sube. Es economía básica.

Inventor

Pero ¿no es más riesgoso vender una vacuna falsa que, digamos, drogas? Si alguien muere...

Model

Exactamente. Por eso algunos expertos dicen que es inevitable que suceda. El crimen organizado ya está acostumbrado a asumir riesgos. Y en este caso, el riesgo es manejable porque la gente que compra una vacuna falsa probablemente no sabrá que es falsa hasta mucho después, si es que lo descubre.

Inventor

¿Cómo logran hacer que parezcan reales?

Model

Copian los sitios web oficiales, usan los logos de las compañías farmacéuticas, imitan los certificados. En México encontraron una página que era casi idéntica a la de Pfizer. La sofisticación es sorprendente porque tienen recursos.

Inventor

¿Y qué hay dentro de esas jeringas falsas?

Model

Eso es lo aterrador. A veces solución salina. A veces sustancias completamente desconocidas. En Ecuador cerraron una clínica donde inyectaban cosas que nadie sabía qué eran. La gente creía que se estaba protegiendo del virus.

Inventor

¿Hay alguna forma de que alguien sepa que recibió una vacuna falsa?

Model

No inmediatamente. Eso es parte del problema. Podrían pasar semanas o meses antes de que alguien se dé cuenta de que no tiene inmunidad. Para entonces, el criminal ya desapareció.

Inventor

¿Los gobiernos están haciendo algo?

Model

Están emitiendo alertas, desmantelando laboratorios clandestinos, cerrando páginas web. Pero es como jugar a las escondidas. Cierran una operación y aparecen tres más. El verdadero problema es que hay tanta demanda insatisfecha que siempre habrá mercado para esto.

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