Se movía muchísimo y sonaba como un rugido profundo
En la tarde del miércoles, dos terremotos sucesivos —de magnitud 7,2 y 7,5— sacudieron Venezuela con una fuerza que la tierra no había ejercido sobre ese país desde 1967, cuando el mismo barrio caraqueño de Los Palos Grandes fue reducido a escombros. Una torre residencial de 22 pisos se derrumbó por completo, y entre el hormigón roto, voces llamaban a los suyos en la oscuridad. La catástrofe recuerda que la memoria geológica es más larga que la humana, y que las ciudades construidas sobre fallas guardan siempre una deuda pendiente con el tiempo.
- Dos terremotos en minutos —7,2 y luego 7,5— convirtieron una tarde ordinaria en Caracas en una de las noches más violentas de su historia reciente.
- Una torre de 22 pisos en Los Palos Grandes se desplomó por completo, atrapando a residentes mientras sus familiares gritaban sus nombres entre las placas de concreto.
- El aeropuerto de Maiquetía fue cerrado por daños graves, el centro comercial Sambil fue evacuado en pánico, y múltiples edificios en la capital presentan destrucción visible.
- Voluntarios improvisados trepaban los escombros en la oscuridad pidiendo linternas, mientras los equipos de rescate profesionales aún no habían llegado al lugar.
- El número de víctimas permanece desconocido y las autoridades advierten sobre posibles réplicas, manteniendo a la población en un estado de angustia e incertidumbre.
Cuando cayó la tarde del miércoles en Caracas, dos terremotos consecutivos sacudieron Venezuela con una violencia que no se sentía desde hace casi seis décadas. El primero alcanzó magnitud 7,2; el segundo, minutos después, llegó a 7,5. En el barrio de Los Palos Grandes, una torre residencial de 22 pisos se desmoronó por completo.
Entre los escombros, vecinos y familiares gritaban desesperados. Una mujer llamaba sin parar: "Antonio, es tu mamá, aquí estoy". Otro grito atravesaba la noche: "Tania, Tania". Los voluntarios improvisados trepaban las enormes placas de concreto buscando alguna señal de vida. Solo encontraban silencio. Cuando oscureció, alguien pidió lo más básico: linternas. Un hombre lloraba quedamente en la calle.
En el centro comercial Sambil, la gente salía conmocionada. Odalis Escalona, empleada bancaria de 54 años, describió la experiencia como si el mundo se moviera en ondas continuas, como agua. En La Castellana, la ingeniera María Romero escapó de su apartamento en segundos: "Se movía muchísimo y sonaba como un rugido profundo". Saltó sobre el muro de su vivienda, que quedó con varias paredes agrietadas.
El alcance de la catástrofe se extendía más allá de la capital: los sismos se sintieron desde los Andes hasta La Guaira, y el aeropuerto de Maiquetía fue cerrado por los daños sufridos. Lo que hacía este terremoto particularmente significativo era su rareza histórica: desde 1967, Venezuela no había experimentado un sismo de esta magnitud. En aquel entonces, Los Palos Grandes también fue el barrio más afectado, con un saldo de 236 fallecidos. Ahora, mientras los rescatistas se desplegaban en la noche y los gritos resonaban entre los escombros, nadie sabía aún cuál sería el costo humano de esta nueva tragedia.
Cuando cayó la tarde del miércoles en Caracas, dos terremotos consecutivos sacudieron Venezuela con una violencia que no se había sentido en casi seis décadas. El primero alcanzó magnitud 7,2; el segundo, apenas minutos después, llegó a 7,5. En el barrio de Los Palos Grandes, una zona de clase media acomodada donde abundan restaurantes y cafés, una torre residencial de 22 pisos se desmoronó por completo.
Entre los escombros de hormigón, vecinos y familiares gritaban desesperados. Una mujer llamaba una y otra vez: "Antonio, Antonio, es tu mamá. Antonio, es tu mamá, aquí estoy". Otro grito atravesaba la noche: "Tania, Tania". Los improvisados voluntarios se subían a las enormes placas de concreto, buscando algún sonido, alguna señal de vida. Solo encontraban silencio. Un policía los acompañaba en la espera de los equipos de rescate. Cuando oscureció, uno de los voluntarios pidió lo más básico: "Necesitamos linternas". Un hombre lloraba quedamente en la calle.
La magnitud de lo ocurrido se hizo evidente en toda la capital. En el centro comercial Sambil, uno de los más grandes de Caracas, la gente salía conmocionada a las calles. Odalis Escalona, empleada bancaria de 54 años, describió la experiencia como si el mundo se moviera como agua, en ondas continuas. "Fue horrible", dijo a la AFP. Zenia González, de 52 años, había estado en el mismo centro comercial con una adolescente. Ambas bajaron corriendo por las escaleras mecánicas, pero tuvieron que esperar porque el temblor era demasiado fuerte y duró mucho tiempo.
En La Castellana, urbanización vecina a Los Palos Grandes, María Romero, ingeniera de 48 años, escapó de su apartamento en segundos. "Se movía muchísimo y sonaba como un rugido profundo", recordó. Saltó desde un banco sobre el muro de su vivienda, que quedó con varias paredes agrietadas. Los venezolanos, acostumbrados a temblores frecuentes, se lanzaron inmediatamente a las calles y muchos demoraron en regresar a sus casas y oficinas, temerosos de las réplicas que pudieran venir.
El alcance de la catástrofe se extendía más allá de Caracas. Los sismos se sintieron con fuerza desde el estado Trujillo, en los Andes, hasta La Guaira. El aeropuerto de Maiquetía, que sirve a la capital, fue cerrado por los graves daños sufridos. Varias edificaciones en Caracas presentaban destrucción visible. Sin embargo, las autoridades aún no habían cuantificado el total de daños ni confirmado el número de víctimas.
Lo que hacía este terremoto particularmente significativo era su rareza histórica. Venezuela es sacudida por temblores con regularidad, pero desde 1967 no había experimentado un sismo de esta magnitud. En aquel terremoto de hace casi 60 años, el barrio de Los Palos Grandes también fue el más afectado, con edificios enteros derrumbados. El saldo final fue de 236 fallecidos. Ahora, mientras los rescatistas se desplegaban en la noche y los gritos de familiares resonaban entre los escombros, nadie sabía aún cuál sería el costo humano de esta nueva tragedia.
Citações Notáveis
Antonio, Antonio, es tu mamá. Antonio, es tu mamá, aquí estoy— Una mujer gritando entre los escombros de la torre derrumbada
Se movía muchísimo y sonaba como un rugido profundo— María Romero, ingeniera de 48 años, describiendo el terremoto
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué este terremoto es tan notable si Venezuela experimenta temblores con frecuencia?
Porque la magnitud es excepcional. Desde 1967 no había habido uno comparable. Eso significa casi 60 años sin un evento de esta escala. La gente estaba acostumbrada a temblores menores, no a esto.
¿Qué nos dice el hecho de que Los Palos Grandes fue el barrio más afectado tanto en 1967 como ahora?
Sugiere que esa zona tiene características geológicas o de construcción que la hacen particularmente vulnerable. Es una zona de clase media acomodada, con edificios residenciales de altura. El terremoto de 1967 dejó 236 muertos allí. Ahora se repite el patrón.
¿Qué importancia tiene que el aeropuerto fuera cerrado?
Es un indicador de la severidad del daño. El aeropuerto no se cierra por temblores menores. Significa que la infraestructura crítica fue comprometida. Aisla a la capital del resto del mundo justo cuando más se necesitan recursos de rescate.
Los gritos de los familiares entre los escombros—¿qué nos dicen esos detalles?
Que en ese momento, nadie sabía cuántos estaban vivos o muertos. Los familiares gritaban esperando respuesta. El silencio que encontraban era lo más aterrador. Eso es la incertidumbre en tiempo real.
¿Por qué la gente tardó en volver a sus casas si el terremoto ya había pasado?
Porque esperaban réplicas. Cuando ocurre un sismo de esa magnitud, la gente sabe que pueden venir temblores secundarios. Quedarse en la calle, en espacios abiertos, es la respuesta de supervivencia. Volver adentro era arriesgarse a que otro colapso los atrapara.