Suiza instala paneles solares entre vías de tren con resultados alentadores

El aire desplazado por los trenes ayuda a mantener limpios los paneles
Un descubrimiento inesperado durante el primer año de operación que simplifica el mantenimiento del sistema.

En los márgenes silenciosos de la infraestructura cotidiana, Suiza ha encontrado un lugar inesperado para la energía del futuro: el espacio vacío entre los rieles de sus ferrocarriles. Cerca de Buttes, en el cantón de Neuchâtel, 48 paneles solares desmontables sobrevivieron un año y más de once mil trenes sin alterar las vías, generando electricidad limpia sin reclamar ni un metro de tierra nueva. El experimento no es solo un logro técnico; es un recordatorio de que la transición energética a veces comienza por mirar con otros ojos lo que ya existe.

  • La pregunta que nadie podía responder sin datos reales era si miles de trenes pasando sobre paneles solares destruirían la infraestructura ferroviaria — y durante doce meses, la respuesta fue un rotundo no.
  • Más de once mil trenes circularon sobre el tramo experimental sin detectar ninguna alteración en la geometría de las vías, sorprendiendo incluso a los ingenieros que supervisaban el proyecto.
  • Un hallazgo inesperado añadió valor al experimento: el aire desplazado por los trenes mantiene los paneles relativamente limpios, reduciendo la necesidad de mantenimiento manual frecuente.
  • Cada módulo puede desmontarse en minutos con herramientas específicas, resolviendo el dilema crítico de cómo acceder a la infraestructura ferroviaria sin interrumpir operaciones esenciales.
  • La investigación continúa hasta 2028, y si los resultados se sostienen, la tecnología podría expandirse a otras líneas suizas y convertirse en una fuente solar significativa sin ocupar nuevos territorios.

En abril de 2025, Suiza inauguró un experimento tan sencillo en concepto como audaz en ejecución: instalar paneles solares en el espacio vacío entre los rieles de un ferrocarril. Cerca de Buttes, en el cantón de Neuchâtel, la empresa Sun-Ways colocó 48 módulos desmontables sobre un tramo de poco más de cien metros de la línea R21, operada por transN. El objetivo era generar electricidad limpia sin ocupar terrenos nuevos, aprovechando un espacio que hasta entonces no servía para nada.

La pregunta central era si la infraestructura resistiría el peso y las vibraciones constantes de los trenes. Tras doce meses, la respuesta llegó con claridad: más de once mil trenes circularon sobre el tramo sin que se detectara ninguna alteración en la geometría de las vías. La instalación genera una potencia de 18,48 kilovatios pico y supera los dieciséis mil kilovatios hora anuales — cifras modestas, pero suficientes para validar la tecnología en condiciones reales.

El proyecto deparó además una sorpresa: el aire desplazado por el paso de los trenes ayuda a mantener limpias las superficies de los paneles, reduciendo la acumulación de polvo que normalmente exigiría limpieza frecuente. Igualmente decisivo resultó el diseño desmontable: cada módulo puede retirarse en pocos minutos, garantizando acceso rápido a la vía cuando las operaciones lo requieren.

La investigación continuará hasta 2028, monitoreando producción eléctrica, seguridad y comportamiento de los materiales. Si los resultados se mantienen positivos, la tecnología podría extenderse a otras líneas del país. Más allá de los datos energéticos, el proyecto ilustra un principio más amplio: la transición hacia energías limpias no siempre exige nuevas tierras, sino una mirada distinta sobre los espacios que ya existen.

En abril de 2025, Suiza inauguró un experimento que aprovecha uno de los espacios más inesperados de su infraestructura: el área vacía entre los rieles de un ferrocarril. Cerca de Buttes, en el cantón de Neuchâtel, una empresa tecnológica instaló 48 paneles solares desmontables sobre un tramo de poco más de cien metros de la línea R21, operada por transN. La idea era simple pero audaz: generar electricidad limpia sin ocupar nuevos terrenos, utilizando espacio que hasta entonces permanecía sin aprovechamiento alguno.

El proyecto enfrentaba una pregunta central que los ingenieros no podían responder sin datos reales: ¿soportaría la infraestructura ferroviaria el peso y las vibraciones constantes de miles de trenes pasando sobre paneles solares? Durante doce meses, la respuesta llegó de manera contundente. Más de once mil trenes circularon sobre el tramo experimental sin que se detectaran alteraciones en la geometría de las vías. Los paneles, diseñados con soportes especiales que permitían su extracción rápida para tareas de mantenimiento, demostraron una estabilidad que sorprendió a quienes los supervisaban.

La instalación genera una potencia de 18,48 kilovatios pico, con una producción estimada que supera los dieciséis mil kilovatios hora anuales. Estas cifras son modestas comparadas con una planta solar convencional, pero suficientes para validar la viabilidad de la tecnología en condiciones reales. Lo que los ingenieros descubrieron durante el primer año fue igualmente revelador: el aire desplazado por el paso de los trenes ayuda a mantener relativamente limpias las superficies de los paneles, reduciendo la acumulación de polvo que normalmente requeriría limpieza manual frecuente.

Cada módulo puede desmontarse en pocos minutos utilizando herramientas específicas, permitiendo acceso rápido a la infraestructura cuando es necesario. Esta característica resultó ser más que un detalle técnico: es la diferencia entre un proyecto viable y uno que interfiere con operaciones críticas. Los responsables de Sun-Ways, la empresa detrás del proyecto, reconocen que no todas las líneas ferroviarias reúnen las condiciones necesarias para este sistema, pero ven en él una oportunidad significativa.

La investigación continuará hasta 2028, con seguimiento de aspectos como la producción eléctrica, la seguridad, el mantenimiento y el comportamiento de los materiales bajo uso real. Si los resultados permanecen positivos, la tecnología podría extenderse a otras líneas ferroviarias del país. Sus creadores estiman que un despliegue a gran escala permitiría generar una parte significativa de la electricidad solar que consume Suiza. Más allá de los números de energía, el proyecto demuestra un principio más amplio: la transición energética no siempre requiere nuevas tierras. A veces, solo necesita mirar los espacios que ya existen y preguntarse qué más podrían hacer.

La instalación soportó miles de pasos de trenes sin registrar alteraciones en la infraestructura ferroviaria, uno de los principales interrogantes del proyecto
— Sun-Ways, empresa responsable del proyecto
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué Suiza eligió específicamente los espacios entre rieles para este experimento?

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Porque es territorio que ya existe y no genera conflicto de uso. Un panel solar en un campo ocupa tierra que podría usarse para agricultura o conservación. Entre rieles, el espacio estaba completamente desaprovechado.

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¿Cuál fue la preocupación más grande antes de instalar los paneles?

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Las vibraciones. Nadie sabía si once mil trenes pasando sobre estructuras nuevas dañaría las vías o los paneles mismos. Eso era lo que mantenía a los ingenieros despiertos.

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Y resultó no ser un problema.

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No solo no fue un problema. Descubrieron que el aire que generan los trenes ayuda a limpiar los paneles. Es como si la infraestructura ferroviaria se convirtiera en su propio sistema de mantenimiento.

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¿Entonces por qué no se expande ya a todas partes?

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Porque esto es todavía un piloto. Necesitan datos hasta 2028. Y además, no todas las líneas funcionan igual. Algunas tienen demasiado tráfico, otras demasiado poco. Hay que entender dónde funciona realmente.

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¿Cuánta energía genera en realidad?

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Dieciséis mil kilovatios hora al año. Es modesto si lo comparas con una planta solar grande, pero es suficiente para demostrar que la idea no es fantasía. Es real.

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¿Qué significa esto para Suiza a largo plazo?

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Significa que la transición energética no tiene que ser un proyecto de ocupar nuevas tierras. Puedes mirar lo que ya construiste y preguntarte qué más puede hacer. Eso es un cambio de mentalidad.

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