Chile declara catástrofe por incendios: 19 muertos y 50 mil evacuados en el sur

Diecinueve personas fallecidas, más de 50 mil evacuados, hospitales evacuados incluyendo pacientes y médicos, y poblaciones desplazadas de sus hogares.
El fuego lo quemó todo, incluyendo la iglesia y una escuela
Residentes de Punta de Parra describieron la devastación total que dejaron los incendios en su comunidad.

En el corazón del verano austral, el fuego reclamó diecinueve vidas en las regiones chilenas de Ñuble y Biobío, obligando a más de cincuenta mil personas a abandonar cuanto conocían. El presidente Gabriel Boric decretó estado de catástrofe y viajó al sur para enfrentar una crisis que, como él mismo advirtió, aún no había dicho su última palabra. En los momentos en que la naturaleza desborda la capacidad humana de contenerla, las sociedades se ven obligadas a redescubrir qué significa actuar como uno solo.

  • Veinte focos simultáneos ardían en el sur de Chile el domingo, avanzando con una velocidad que superaba la capacidad de respuesta de los bomberos y las autoridades.
  • Hospitales enteros —médicos, enfermeras y pacientes— tuvieron que ser evacuados cuando las llamas se acercaron demasiado, mientras los albergues colapsaban sin alimentos suficientes.
  • El presidente Boric decretó estado de catástrofe y toques de queda en varias comunas, transfiriendo el control operativo a las Fuerzas Armadas para intentar ordenar el caos.
  • El gobernador regional advirtió que el número de muertos podría ser mucho mayor, pues el fuego había sorprendido a personas en sus casas sin tiempo para escapar.
  • En un gesto inusual de unidad política, el presidente electo José Antonio Kast se ofreció a colaborar con el gobierno saliente, declarando que no había espacio para la política en una emergencia crítica.
  • Las altas temperaturas y los fuertes vientos previstos para los días siguientes amenazaban con alimentar aún más los incendios, dejando a los equipos de extinción trabajando contra un reloj implacable.

El domingo por la tarde, con temperaturas extremas y vientos implacables azotando el sur de Chile, el presidente Gabriel Boric llegó a Concepción para enfrentar una crisis que ya había cobrado diecinueve vidas. Más de veinte focos ardían simultáneamente en las regiones de Ñuble y Biobío, incendios iniciados el sábado que avanzaban con una velocidad que las autoridades no lograban contener. Más de cincuenta mil personas habían sido obligadas a abandonar sus hogares.

Boric decretó estado de catástrofe en ambas regiones durante la madrugada, transfiriendo el control operativo a las Fuerzas Armadas. El ministro de Seguridad, Luis Cordero, confirmó las cifras de fallecidos y desplazados. En su conferencia de prensa, Boric advirtió con franqueza que el número de muertos aumentaría —y así fue: pasadas las nueve de la noche, Cordero confirmó la decimonovena víctima. Se implementaron toques de queda en Lirquén, Penco, Nacimiento y Laja, y el presidente advirtió que quienes saquearan o encendieran fuegos serían perseguidos.

La situación en el terreno era caótica. El alcalde de Penco denunció robos en las zonas evacuadas y cuestionó la demora en la respuesta del gobierno. En Lirquén, el hospital completo tuvo que ser evacuado cuando las llamas se acercaron. En Punta de Parra, los residentes Víctor Burboa y Juan Lagos describieron cómo el fuego había consumido casas, la iglesia local y una escuela que llevaba apenas un año funcionando. Habían vivido incendios antes, dijeron, pero nunca habían llegado hasta su poblado.

La respuesta política fue notable por su unidad: el presidente electo José Antonio Kast se ofreció a colaborar con el gobierno saliente, y Boric confirmó que ambos acordaron actuar como uno solo. Sin embargo, lo que complicaba todo era el pronóstico: las altas temperaturas y los vientos previstos para los días siguientes amenazaban con seguir alimentando los incendios, dejando a los bomberos trabajando contra un reloj que no daba tregua.

El domingo por la tarde, mientras las temperaturas se disparaban y los vientos azotaban el sur de Chile, el presidente Gabriel Boric llegó a Concepción para enfrentar una crisis que ya había cobrado diecinueve vidas. Los bomberos combatían más de veinte focos simultáneos en las regiones de Ñuble y Biobío, incendios que se habían iniciado el sábado por la tarde y que avanzaban con una velocidad que las autoridades no podían contener. Más de cincuenta mil personas habían sido obligadas a abandonar sus hogares.

Boric decretó estado de catástrofe en ambas regiones durante la madrugada, una medida que transfiere el control operativo a las Fuerzas Armadas y moviliza recursos de emergencia a escala nacional. El ministro de Seguridad, Luis Cordero, confirmó los números de fallecidos y desplazados, describiendo a las víctimas como personas encontradas en las zonas donde el fuego se propagaba más intensamente. Durante la noche, el Sistema de Alerta de Emergencia había enviado entre 87 y 88 notificaciones a los residentes de la zona, instándolos a evacuar.

En su conferencia de prensa desde el terreno, Boric inicialmente reportó dieciocho muertos, pero advirtió con una franqueza que reflejaba la gravedad de la situación: esa cifra aumentaría. Pasadas las nueve de la noche, Cordero confirmó que el número había subido a diecinueve. El presidente implementó toques de queda totales en Lirquén desde las siete de la tarde sin fecha de término, y en Penco, Nacimiento y Laja desde las ocho de la noche hasta las seis de la mañana del lunes. Advirtió además que cualquier persona involucrada en saqueos, robos o en encender fuegos de forma intencional o negligente sería perseguida y sancionada.

La situación en el terreno era caótica. El alcalde de Penco, Rodrigo Vera, denunció robos y saqueos en las zonas evacuadas y cuestionó la demora en la respuesta del gobierno federal. Los albergues estaban colapsados y sin alimentos suficientes. En la comuna de Lirquén, el hospital completo —médicos, enfermeras y pacientes— tuvo que ser evacuado cuando las llamas se acercaron demasiado. En Penco, los tres accesos a la comuna fueron cerrados, y el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres emitió órdenes de evacuación para nueve sectores adicionales. El gobernador regional del Biobío, Sergio Giacaman, reconoció que los muertos podrían ser muchos más, considerando que el fuego había sorprendido a las personas en sus casas, sin tiempo para escapar.

En Punta de Parra, en la comuna de Tomé, dos residentes llamados Víctor Burboa y Juan Lagos describieron a la agencia Associated Press cómo el fuego lo había consumido todo: casas, la iglesia local, una escuela que llevaba apenas un año funcionando. Habían vivido incendios antes, dijeron, pero nunca habían llegado hasta su poblado. Se autoevacuaron apenas escucharon las alertas de emergencia. La provincia de Concepción completa permanecía en alerta roja, una situación que obligó incluso a suspender un partido amistoso entre Universidad de Chile y Racing Club de Argentina programado para ese domingo.

La respuesta política fue notable por su unidad. José Antonio Kast, quien asumirá la presidencia el once de marzo, se ofreció a colaborar con el gobierno saliente de Boric. A través de redes sociales, pidió enfocarse en combatir los incendios y auxiliar a los afectados, afirmando que no había espacio para la política en un momento de emergencia crítica. Boric confirmó que había hablado con Kast para actualizarlo, y ambos acordaron que el gobierno saliente y el futuro gobierno debían actuar como uno solo para responder a los chilenos que los necesitaban.

Lo que complicaba todo era el pronóstico meteorológico. Las altas temperaturas y los fuertes vientos que caracterizaban el verano en esa región no solo habían iniciado los incendios, sino que continuaban alimentándolos. El ministro del Interior, Álvaro Elizalde, describió la situación como un cuadro complejo, y las previsiones de temperaturas aún más altas para el lunes siguiente sugerían que los próximos días serían críticos. Los bomberos trabajaban contra el reloj, sabiendo que cada hora que pasaba podría significar más vidas perdidas y más familias desplazadas de sus comunidades.

Pero tenemos la certeza, desgraciadamente, que ese número va a aumentar
— Presidente Gabriel Boric, sobre la cifra de fallecidos
No hay espacio para la política en este momento crítico de la emergencia
— José Antonio Kast, presidente electo de Chile
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué el presidente viajó personalmente a Concepción en lugar de coordinar desde la capital?

Model

Porque una catástrofe de esta magnitud requiere presencia. Cincuenta mil personas evacuadas, hospitales siendo desalojados, comunas enteras cortadas del mundo. Boric necesitaba estar donde estaba sucediendo para que los chilenos vieran que el gobierno estaba ahí.

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¿Qué significa realmente el estado de catástrofe que decretó?

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Significa que las Fuerzas Armadas toman el control operativo. Los militares pueden movilizar recursos sin los trámites normales, pueden imponer toques de queda, pueden reorganizar todo lo que sea necesario para responder. Es una herramienta de emergencia que solo se usa cuando el sistema civil no puede solo.

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El alcalde de Penco habló de robos y saqueos. ¿Eso es común en estas situaciones?

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Lamentablemente sí. Cuando la gente evacúa dejando sus casas vacías y hay caos, hay quienes aprovechan. Por eso Boric fue explícito en advertir que perseguirían a cualquiera involucrado en saqueos. Es una forma de mantener el orden cuando todo se desmorona.

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¿Por qué el gobernador regional dijo que los muertos podrían ser muchos más?

Model

Porque el fuego sorprendió a la gente en sus casas, en circunstancias domésticas. No tuvieron tiempo de refugiarse. Todavía estaban buscando cuerpos entre los escombros cuando se hablaba de diecinueve muertos. La cifra era provisional.

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¿Qué tan inusual es que Kast y Boric se coordinen así?

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En una catástrofe, la política desaparece. Kast asume en menos de dos meses, así que ambos saben que esto no es un problema de un gobierno u otro: es un problema de Chile. Necesitan estar unidos porque los chilenos los necesitan unidos.

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¿Qué viene ahora para esas comunas?

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Días muy difíciles. El pronóstico de temperaturas aún más altas para el lunes significa que el fuego podría extenderse más. Los albergues ya están colapsados sin alimentos. Esto no termina cuando se apagan las llamas; termina cuando la gente puede volver a sus casas, si es que quedan.

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