Sismo de magnitud 6 en Perú deja heridos leves y daños estructurales en el norte

Varias personas resultaron heridas leves; una fue rescatada tras quedar atrapada por el colapso del techo de su vivienda en La Esperanza.
Una persona atrapada bajo el techo de su casa cuando este se desplomó
En La Esperanza, Trujillo, agentes de la Policía Nacional rescataron a una persona durante el sismo de magnitud 6.

Poco antes de la medianoche del sábado 28 de diciembre, la tierra reclamó su presencia bajo el norte de Perú: un sismo de magnitud 6, originado en el Pacífico frente a Chimbote, extendió su onda a través de una docena de regiones y llegó hasta Lima. Los daños fueron leves en comparación con tragedias pasadas, pero suficientes para herir a varias personas, derrumbar techos y recordar a quienes habitan el Cinturón de Fuego que la estabilidad del suelo es siempre provisional. Las réplicas que siguieron en la madrugada del domingo subrayaron, con su silencioso insistir, que la tierra aún no había terminado de hablar.

  • Un sismo de magnitud 6 sacudió el norte de Perú a las 21:51 del sábado, propagándose desde el océano Pacífico hasta doce regiones del país, incluida la capital.
  • En La Esperanza, una persona quedó atrapada bajo el techo derrumbado de su vivienda y debió ser rescatada por la Policía Nacional; en Virú, una pared colapsó sobre otra persona y el suministro eléctrico se interrumpió.
  • Un hospital en Áncash sufrió grietas estructurales, baldosas desprendidas y un corte de electricidad que complicó su funcionamiento en plena emergencia.
  • Las autoridades desplegaron equipos de evaluación en múltiples distritos de La Libertad y Áncash para cuantificar los daños en viviendas, infraestructuras y servicios públicos.
  • Dos réplicas —de magnitudes 4,1 y 4,3— sacudieron la región horas después, manteniendo la tensión entre una población que aún no había recuperado la calma.

El sábado por la noche, poco antes de las diez, un sismo de magnitud 6 se originó en el océano Pacífico, a 67 kilómetros al oeste de Chimbote, y su onda expansiva atravesó el norte de Perú de costa a interior. La sacudida se sintió en doce regiones, desde Tumbes hasta Ucayali, y llegó incluso a Lima.

Las zonas más afectadas fueron La Libertad y Áncash. En los distritos trujillanos de La Esperanza, Alto Trujillo y Virú se registraron derrumbes y daños estructurales: una persona fue rescatada tras quedar atrapada bajo el techo de su casa, una familia escapó por poco del colapso total de su vivienda y al menos dos personas fueron atendidas en centros médicos por heridas causadas por paredes caídas. En Virú, además, la caída de un tanque de agua dejó sin alumbrado público a parte del pueblo.

En Áncash, más cercana al epicentro, los daños se reportaron como leves en Chimbote y Cáceres, aunque un hospital presentó grietas, baldosas desprendidas y un corte eléctrico que complicó sus operaciones. En otros distritos de La Libertad, especialistas iniciaron la evaluación de viviendas para dimensionar el impacto total.

La noche no terminó con el sismo principal. Una hora después se registró una réplica de magnitud 4,1, y a las 0:17 del domingo otra de 4,3 volvió a estremecer la región, confirmadas por el Instituto Geofísico del Perú. Cada movimiento fue un recordatorio de que Perú habita el Cinturón de Fuego del Pacífico, donde más del 80 por ciento de la actividad sísmica mundial tiene lugar. El último gran terremoto que devastó el país ocurrió en 2007, con una magnitud de 7,9 en Ica y cerca de 500 muertos. Este sismo fue menor, pero suficiente para que la tierra volviera a hacer sentir su peso.

El sábado por la noche, poco antes de las diez, la tierra se movió bajo el norte de Perú. Un sismo de magnitud 6 sacudió ciudades desde la costa hasta el interior, dejando a su paso heridos leves, casas dañadas y la incertidumbre que siempre acompaña a los temblores: ¿cuánto más vendrá?

El movimiento se originó en el océano Pacífico, a 67 kilómetros al oeste de Chimbote, una ciudad portuaria en la región de Áncash. Fue registrado a las 21:51 horas del sábado 28 de diciembre. La onda expansiva llegó a Lima, la capital, y se sintió también en una docena de regiones más: Cajamarca, Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad, Amazonas, San Martín, Junín, Pasco, Huánuco y Ucayali. Fue un evento que atravesó el país de norte a sur.

Las ciudades más golpeadas fueron La Libertad y Áncash. En Trujillo, capital de La Libertad y ubicada a unos 550 kilómetros al norte de Lima, los distritos de La Esperanza, Alto Trujillo y Virú sufrieron derrumbes y daños estructurales. En La Esperanza, agentes de la Policía Nacional rescataron a una persona que había quedado atrapada bajo el techo de su casa cuando este se desplomó. En Alto Trujillo, una familia escapó de lo que pudo haber sido una tragedia: su vivienda estuvo a punto de colapsar completamente. En Virú, el sismo fue particularmente intenso. Allí una persona fue llevada a un centro médico después de que una pared se desmoronara, y otra resultó herida al caer. El pueblo también registró el colapso total de una vivienda y la caída de un tanque de agua que interrumpió el alumbrado público en la zona.

En otros distritos de La Libertad —Ascope, Pacasmayo, Chepén, Gran Chimú, Julcán y Santiago de Chuco— especialistas comenzaron a evaluar el estado de las viviendas para determinar la magnitud de los daños. En Nuevo Chao, otra persona fue atendida en un centro médico tras el derrumbe de una pared.

En Áncash, donde el epicentro estuvo más cercano, los daños fueron reportados como leves en los distritos de Chimbote y Cáceres. Pero incluso allí, un hospital no escapó: presentó grietas en sus estructuras, baldosas desprendidas del techo, equipos averiados y un corte de electricidad que complicó las operaciones.

Lo que vino después fue predecible pero inquietante. Una hora después del sismo principal, se registró una réplica de magnitud 4,1 en la misma zona. Luego, a las 0:17 horas del domingo, otro movimiento de magnitud 4,3 sacudió nuevamente la región. El Instituto Geofísico del Perú confirmó ambos eventos. Para quienes ya estaban nerviosos, cada réplica fue un recordatorio de que el peligro no había pasado completamente.

Perú vive en una geografía de riesgo permanente. El país se sitúa en el Cinturón de Fuego del Pacífico, la zona más sísmica del planeta, donde ocurre más del 80 por ciento de la actividad telúrica mundial. Esto es consecuencia del choque constante entre la placa tectónica del Pacífico y la placa de Nazca en la costa sur. Los terremotos no son excepciones aquí; son parte de la realidad geológica. El último gran terremoto que devastó el país fue en agosto de 2007, cuando un sismo de magnitud 7,9 golpeó la región de Ica, en el sur, dejando alrededor de 500 muertos y pérdidas económicas incalculables. Este sismo de magnitud 6 fue significativamente menor, pero fue suficiente para recordar a los peruanos que viven en una tierra inestable.

En La Esperanza, agentes de la Policía Nacional rescataron a una persona que había quedado atrapada bajo el techo de su casa cuando este se desplomó
— Reportes de autoridades locales
En Alto Trujillo, una familia escapó de lo que pudo haber sido una tragedia: su vivienda estuvo a punto de colapsar completamente
— Reportes de centros de operaciones de emergencia regional
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué este sismo en particular merece atención si fue de magnitud 6 y no dejó muertes?

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Porque magnitud no es lo mismo que impacto. Un 6 en la costa norte, donde hay ciudades densas como Trujillo, causa daños reales: gente rescatada de casas derrumbadas, hospitales con grietas, servicios cortados. Y porque las réplicas que vinieron después mantienen a la gente en alerta.

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¿Qué diferencia hay entre este terremoto y el de 2007 que mencionas?

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El de 2007 fue casi un punto y medio más fuerte en magnitud, pero eso significa muchísima más energía liberada. Ese mató a 500 personas. Este dejó heridos leves. La diferencia es brutal, pero también es suerte: depende de dónde golpee, a qué hora, qué tan bien construidas están las casas.

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¿Por qué Perú está tan expuesto a esto?

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Está en el Cinturón de Fuego. Dos placas tectónicas gigantes chocan constantemente bajo el océano frente a su costa. No es un accidente geográfico; es la realidad geológica del lugar. El 80 por ciento de los terremotos del mundo ocurren en esa zona.

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¿Qué significa que haya habido réplicas de 4.1 y 4.3?

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Significa que el sistema no se estabilizó de inmediato. Después de un sismo grande, la tierra sigue ajustándose. Esas réplicas son menores, pero psicológicamente importantes: la gente que ya está asustada siente que el peligro continúa.

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¿Cuál fue el daño más grave que se reportó?

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El colapso de viviendas en Virú, donde además cayó un tanque de agua. Pero el rescate en La Esperanza fue lo más dramático: una persona atrapada bajo un techo derrumbado, sacada viva por la policía. Eso es lo que pudo haber sido mucho peor.

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