¿Te subirías en un ascensor que funciona bien el 89% de las veces?
En el cruce entre el cuerpo humano y la vigilancia algorítmica, investigadores australianos y alemanes han presentado un sistema capaz de identificar personas por su forma de caminar con una precisión del 89% en condiciones de laboratorio. La promesa es seductora —convertir el movimiento cotidiano en una firma irrepetible—, pero expertos advierten que esa cifra se desmorona bajo condiciones reales, y que la pregunta científica de fondo —si cada persona camina de manera verdaderamente única y constante— sigue sin respuesta. Mientras tanto, tribunales de varios países ya admiten esta tecnología como prueba forense, abriendo un debate urgente sobre rigor científico, privacidad y los límites del cuerpo como dato.
- Un estudio con 700 voluntarios logra identificar personas por su marcha en el 89% de los casos, reavivando el debate sobre la biometría del movimiento.
- La precisión se desploma hasta el 52% cuando cambian las condiciones: el calzado, el estado de ánimo, la velocidad o incluso cargar un objeto pueden alterar radicalmente los resultados.
- Expertos como Lorena Jaume-Palasí advierten que la pregunta científica central —si existe una marcha verdaderamente única para cada persona— sigue sin consenso, dejando toda aplicación práctica sobre terreno inestable.
- A pesar de sus limitaciones, la tecnología ya opera en salas de juicio de Reino Unido, EE.UU. y Canadá, donde algunos jueces la aceptan y otros la rechazan por falta de rigor.
- La brecha entre el laboratorio controlado y el mundo real es considerable, y el debate sobre privacidad y vigilancia se intensifica a medida que la IA aprende a leer el cuerpo sin consentimiento.
¿Puede la inteligencia artificial reconocer a una persona simplemente observando cómo camina? Investigadores de la Universidad de Adelaida y la Universidad Johannes Gutenberg creen estar más cerca de una respuesta: su método analiza las fuerzas que el cuerpo ejerce sobre el suelo al caminar y logró identificar correctamente a los participantes en el 89% de los casos, en un experimento con 700 voluntarios que caminaron sobre una plataforma de sensores de diez metros.
Pero ese porcentaje esconde una fragilidad importante. En otras pruebas, la misma tecnología apenas alcanzó el 52% de acierto. El calzado, la velocidad, el peso, el estado de ánimo o incluso si la persona arrastra algo pueden alterar significativamente los resultados. Lorena Jaume-Palasí, asesora del Parlamento Europeo en materia de inteligencia artificial, lo resume con una analogía incómoda: ¿subirías a un ascensor que funciona correctamente el 89% de las veces?
El problema de fondo es más profundo: la ciencia aún no ha demostrado que cada persona tenga una forma de andar verdaderamente única y constante a lo largo del tiempo. Sin ese consenso, cualquier aplicación práctica —especialmente en contextos forenses o de seguridad— se sostiene sobre bases frágiles. Y sin embargo, la tecnología ya se usa en tribunales de Reino Unido, Estados Unidos y Canadá, donde algunos jueces la admiten como prueba y otros la desestiman por falta de rigor científico.
El reconocimiento de la marcha lleva dos décadas en uso y sus defensores señalan su potencial médico: analizar cómo caminamos puede ayudar a diagnosticar enfermedades neurológicas y musculoesqueléticas. Pero su aplicación en vigilancia —identificar a alguien sin su consentimiento basándose únicamente en su movimiento— plantea preguntas que la tecnología, por ahora, no está en condiciones de responder con la certeza que exigen.
La forma en que caminamos es tan personal como una firma, o eso es lo que sugiere un nuevo estudio que ha reavivado una vieja pregunta: ¿puede la inteligencia artificial identificar a una persona simplemente observando cómo se mueve? Investigadores de la Universidad de Adelaida y la Universidad Johannes Gutenberg han desarrollado un método que analiza las fuerzas que ejercemos sobre el suelo al caminar, logrando identificar correctamente a las personas en el 89% de los casos. El experimento involucró a 700 voluntarios de varios países que caminaron descalzos y con zapatos sobre una plataforma de diez metros equipada con sensores capaces de medir la presión y las coordenadas del centro de gravedad. Los resultados, publicados en la revista Interface de la Royal Society, parecen prometedores a primera vista. Pero la realidad es más complicada.
El problema fundamental es que esa tasa de precisión del 89% no es consistente. En otras pruebas, la misma tecnología alcanzó apenas el 52% de acierto, lo que revela una debilidad crítica: los resultados dependen enormemente de las condiciones en que se realiza la medición. El calzado, la velocidad de la marcha, el peso corporal, la altura, el sexo, todos estos factores influyen en los resultados. Pero hay más. Lorena Jaume-Palasí, asesora del Parlamento Europeo y del Instituto Max Planck en cuestiones de inteligencia artificial, señala que el estado de ánimo, la ropa que se lleva, la presencia de otras personas, incluso si se está arrastrando algo, pueden alterar significativamente la forma en que caminamos. Un domingo de paseo no es lo mismo que una estación de metro en hora punta.
La pregunta científica fundamental sigue sin respuesta: ¿existe realmente una forma de andar única y genuina para cada persona que permanezca constante a lo largo del tiempo? Los autores del estudio no lo afirman con certeza, y Jaume-Palasí advierte que el trabajo no contribuye de manera clara a resolver este debate central. Sin consenso científico sobre este punto básico, cualquier aplicación práctica de la tecnología queda en terreno inestable. La experta plantea una analogía mordaz: ¿subirías a un ascensor que funciona correctamente el 89% de las veces? Un nivel de precisión aceptable depende del contexto, pero en medicina o seguridad, esos márgenes de error son inaceptables.
La tecnología de reconocimiento de andares no es nueva. Lleva dos décadas en uso, especialmente en países anglosajones, y ya ha sido admitida como prueba forense en tribunales de Reino Unido, Estados Unidos y Canadá. El primer caso documentado data de 1839 en Londres, cuando Thomas Jackson, que caminaba cojeando por una pierna arqueada, fue identificado por un testigo que declaró simplemente: "Le reconozco por su forma de andar". Desde entonces, los casos se han multiplicado, muchos de ellos apoyados en herramientas de inteligencia artificial. Sin embargo, hay jueces que rechazan estas pruebas argumentando que carecen del rigor científico necesario.
Los investigadores explican que el reconocimiento de la marcha requiere modelos matemáticos complejos, como redes neuronales profundas, capaces de distinguir las características que varían entre individuos pero permanecen constantes en cada persona a lo largo del tiempo. Los andares, escriben en su trabajo, son "una historia personal escrita por el cuerpo", una herramienta potencialmente valiosa tanto para la medicina como para la seguridad. En el ámbito médico, analizar la marcha puede ayudar a diagnosticar y tratar enfermedades neurológicas y musculoesqueléticas. Pero en el ámbito de la seguridad, la aplicación es más delicada: identificar a individuos basándose únicamente en cómo caminan, sin su consentimiento, plantea cuestiones profundas sobre privacidad y vigilancia.
El hecho de que el estudio haya utilizado una plataforma de sensores en lugar de cámaras de infrarrojos o tecnología 3D subraya su naturaleza de experimento de laboratorio, alejado de las condiciones reales en que se usaría esta tecnología. Los resultados, por tanto, deben interpretarse con cautela. La brecha entre lo que funciona en un laboratorio controlado y lo que funciona en el mundo real es considerable. Mientras los investigadores continúan refinando sus métodos, los tribunales siguen admitiendo pruebas basadas en tecnología que aún no ha alcanzado un nivel de confiabilidad universalmente aceptado. El debate sobre si nuestros andares son realmente únicos e inmutables, y si la inteligencia artificial puede identificarlos de manera fiable, permanece abierto.
Citações Notáveis
Los andares son una historia personal escrita por el cuerpo, una herramienta para entender la identidad biológica en medicina y seguridad— Kayne A. Duncanson y colegas, Universidad de Adelaida
Todavía no hay consenso científico acerca de si cada persona tiene una forma totalmente genuina de moverse, que permita identificar sin ningún tipo de duda a un individuo— Lorena Jaume-Palasí, asesora del Parlamento Europeo
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué un 89% de precisión es problemático si suena bastante alto?
Porque el contexto importa. En medicina o seguridad, ese margen de error significa que de cada cien identificaciones, once serían incorrectas. Eso es inaceptable cuando estás decidiendo si alguien entra a una prisión o recibe un tratamiento médico.
Pero el estudio dice que alcanzó el 89%. ¿Por qué entonces en otras pruebas bajó al 52%?
Porque el laboratorio es un lugar controlado. Cuando cambias variables simples como el tipo de zapato o la velocidad de la marcha, todo se desmorona. En la vida real, hay demasiadas cosas que afectan cómo caminamos.
¿Entonces la tecnología no funciona?
Funciona en condiciones muy específicas. Pero eso no es lo mismo que funcionar en general. Es como un medicamento que solo funciona si tomas exactamente la dosis correcta en el momento exacto del día.
¿Y qué pasa con los juicios? He leído que ya se usa como prueba forense.
Eso es lo preocupante. Se está usando en tribunales de Reino Unido, Estados Unidos y Canadá, pero muchos jueces la rechazan porque saben que no tiene el rigor científico suficiente. Estamos identificando a personas con una tecnología que ni siquiera sabemos si es fundamentalmente confiable.
¿Cuál es el problema fundamental entonces?
Que nadie ha demostrado realmente que cada persona tenga una forma de andar única y constante. Ese es el supuesto en el que se basa toda la tecnología, y no está probado. Sin eso, todo lo demás es especulación.
¿Entonces debería prohibirse?
No necesariamente prohibirse, pero sí regularse mucho más. Necesitamos consenso científico primero. Necesitamos saber si esto es posible antes de usarlo para condenar a alguien o vigilar a una población.