Las mujeres sabemos que no nos regalan nada. Cuando necesitamos algo, nos lo trabajamos.
En el año en que el mundo aprendió a reinventarse, Clara Lapiedra fundó una escuela de negocios que no improvisaba lo digital sino que lo habitaba desde su origen. Cinco años después, Aula Magna Business School ha crecido hasta convertirse en una comunidad global que forma a mujeres profesionales con agendas complejas, extiende su alcance a empresas que enfrentan nuevas obligaciones normativas y financia becas en tres continentes. En un sector donde las mujeres siguen siendo apenas el 20% de los participantes en formación ejecutiva, este proyecto no es solo una escuela: es una respuesta a una ausencia que el mercado no había querido ver.
- Las mujeres representan solo el 20% de los participantes en educación ejecutiva, una brecha que AMBS lleva cinco años intentando cerrar con un modelo diseñado específicamente para ellas.
- El formato asíncrono y flexible no fue una concesión a la pandemia, sino una decisión fundacional que permite estudiar sin sacrificar trabajo, familia ni geografía.
- La demanda empresarial ha crecido con fuerza: organizaciones de todos los tamaños recurren a AMBS para cumplir con nuevas exigencias normativas en igualdad, diversidad y liderazgo, con programas subvencionables.
- La escuela financia becas en Ecuador, Kenia y Camboya, y ha rehabilitado aulas en una de las barriadas más vulnerables de Nairobi, demostrando que el modelo online puede llegar donde los recursos tradicionales no alcanzan.
- Historias como la de Belén —más de 50 años, desempleada, graduada en Big Data y con nuevo trabajo el día de su titulación— no son anécdotas: son el propósito declarado de la institución.
Cuando el mundo se cerró en 2020, Clara Lapiedra —con un MBA de ESADE, un PDG de IESE y años de consultoría estratégica— decidió fundar una escuela de negocios pensada desde cero para funcionar en línea y dirigida a mujeres profesionales cuyas agendas no cabían en las aulas tradicionales. Así nació Aula Magna Business School, en un momento en que la mayoría del sector aún improvisaba su salto a lo digital.
Los programas de AMBS funcionan de forma asíncrona, permitiendo que cada estudiante avance a su ritmo con contenidos diseñados por profesoras en ejercicio. La comunidad que se formó alrededor de la escuela es hoy uno de sus rasgos más visibles: mujeres de distintos países que se conectan, comparten oportunidades y colaboran en proyectos. No es solo una plataforma de aprendizaje; es una red.
En los últimos años, el impulso más fuerte ha llegado del lado empresarial. Organizaciones de todos los tamaños recurren a AMBS para formar a sus equipos en liderazgo, diversidad e inclusión, campos donde la actualización constante responde también a nuevas exigencias normativas. Todos los programas son subvencionables, lo que ha abierto puertas en compañías que necesitaban adaptarse a obligaciones como los planes de igualdad. Recientemente, la escuela lanzó además una academia de idiomas que amplía el acceso a proyectos internacionales.
Pero AMBS no es solo un negocio. La escuela financia becas para mujeres en Ecuador, Kenia y Camboya, ha colaborado en la rehabilitación de aulas en una barriada vulnerable de Nairobi y ha puesto en marcha programas de emprendimiento digital para mujeres en países en desarrollo. El modelo online, por su naturaleza, ha permitido que la formación llegue donde los recursos tradicionales nunca lo hacen.
Entre las historias que ilustran este impacto está la de Belén, una alumna de más de 50 años que había perdido su empleo y decidió formarse en Big Data. Antes de terminar el programa ya tenía entrevistas, y el día de su graduación celebró su primera nómina en un nuevo trabajo. Casos como este no son excepcionales; son el propósito.
En su quinto año, AMBS sigue anclada en una realidad incómoda: en muchas aulas ejecutivas, las mujeres siguen siendo apenas el 20%. Esa cifra es la razón por la que una escuela como esta tenía sentido entonces y lo sigue teniendo ahora.
Cuando el mundo se cerró en 2020 y la educación ejecutiva se tambaleaba buscando su lugar en lo digital, Clara Lapiedra vio algo que otros no veían: una oportunidad. Con un MBA de ESADE, un PDG de IESE y años de consultoría estratégica a sus espaldas, decidió fundar una escuela de negocios pensada desde cero para funcionar en línea, dirigida a mujeres profesionales cuyas agendas no cabían en las aulas tradicionales. Así nació Aula Magna Business School, hace ahora cinco años, en un momento en que la mayoría del sector aún improvisaba.
Lo que comenzó como una respuesta a un problema específico se ha convertido en un ecosistema. Los programas de AMBS funcionan de forma asíncrona, permitiendo que cada estudiante avance según su ritmo, con contenidos diseñados por profesoras en ejercicio y encuentros puntuales —como el kick-off anual— que mantienen viva la sensación de estar acompañadas. La comunidad que se formó alrededor de la escuela es hoy uno de sus rasgos más visibles: mujeres de distintos países que se conectan, comparten oportunidades, colaboran en proyectos y hasta se visitan cuando sus viajes coinciden. No es solo una plataforma de aprendizaje; es una red.
El crecimiento inicial vino de profesionales individuales buscando formación flexible. Pero en los últimos años, el impulso más fuerte proviene del lado empresarial. Organizaciones de todos los tamaños recurren a AMBS para entrenar a sus equipos en liderazgo, gestión, pensamiento crítico, diversidad e inclusión. Estos son campos donde la actualización constante no es opcional. Además, todos los programas son subvencionables, lo que ha abierto puertas en compañías que necesitaban responder a nuevas exigencias normativas como la información no financiera o los planes de igualdad. Recientemente, la escuela lanzó una academia de idiomas —inglés, francés, castellano e italiano— que amplía aún más el alcance y permite que más profesionales accedan a proyectos internacionales.
Pero AMBS no es solo un negocio. La escuela ha construido una línea de impacto social que es parte central de su identidad. Financia becas para mujeres en Ecuador, Kenia y Camboya. En Nairobi, ha colaborado en la rehabilitación de aulas deterioradas en una de las barriadas más vulnerables de la ciudad, para que niñas y jóvenes tengan un espacio seguro donde estudiar. También ha puesto en marcha programas para mujeres de países en desarrollo que quieren emprender desde casa, enfocándose en habilidades digitales y modelos de negocio que solo necesitan una conexión a internet. El modelo online, por su naturaleza, ha permitido que la formación llegue donde los recursos tradicionales nunca lo hacen.
Entre las historias que ilustran este impacto está la de Belén, una alumna de más de 50 años que había perdido su empleo. Decidió formarse en Big Data a través de AMBS. Antes de terminar el programa ya tenía varias entrevistas. El día de su graduación celebró su primera nómina en un nuevo trabajo. Casos como este no son excepcionales en la escuela; son el propósito.
Ahora, en su quinta año, AMBS se expande globalmente, reforzando su presencia en empresas y profundizando el impacto social que ha ido construyendo edición tras edición. Pero el proyecto sigue anclado en una realidad incómoda que Lapiedra observó repetidamente a lo largo de los años: en muchas aulas ejecutivas, las mujeres siguen siendo apenas el 20%. Esa cifra es la razón por la que una escuela como esta tenía sentido entonces y lo sigue teniendo ahora. Acercar la formación directiva a mujeres que no podían encajarla por horarios, por carga mental o simplemente por geografía no es un eslogan de marketing. Es un vacío real que nadie había llenado del todo.
Notable Quotes
Las mujeres sabemos que no nos regalan nada. Cuando necesitamos algo, nos lo trabajamos.— Clara Lapiedra, fundadora de AMBS
Acercar la formación directiva a mujeres que no podían encajarla por horarios, por carga mental o simplemente por geografía no es un reclamo comercial: es un hueco real que nadie había cubierto del todo.— Narrativa de AMBS
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué Clara Lapiedra decidió crear una escuela de negocios justo cuando todo se cerraba?
Vio lo que otros veían como un obstáculo y lo convirtió en oportunidad. Tenía la experiencia, pero más importante: tenía claridad sobre un problema que nadie estaba resolviendo bien.
¿Qué hace diferente el modelo asíncrono de AMBS?
Permite que mujeres con vidas complejas —carreras exigentes, responsabilidades familiares, múltiples proyectos— aprendan sin sacrificar nada. Avanzan a su ritmo, pero no están solas.
La comunidad parece ser tan importante como los contenidos.
Quizá más. Las alumnas se conectan, se refieren oportunidades, colaboran. Es una red de profesionales que se apoyan mutuamente. Eso no se compra; se cultiva.
¿Cómo pasó de ser un servicio para individuos a un modelo B2B?
Las empresas vieron lo que funcionaba y quisieron replicarlo internamente. Necesitaban formar líderes en diversidad, inclusión, pensamiento crítico. AMBS ya lo hacía bien.
El impacto social en Kenia, Ecuador, Camboya... ¿es parte del negocio o algo aparte?
Es parte de la identidad. Financia becas, rehabilita aulas, enseña emprendimiento digital a mujeres sin acceso a recursos. El modelo online hace posible lo que antes era imposible.
¿Qué significa que las mujeres sean solo el 20% en educación ejecutiva?
Significa que hay un hueco enorme. Mujeres que podrían liderar pero no encuentran formación que quepa en sus vidas. AMBS existe porque ese hueco es real.