Sesgos de género en cardiología: las mujeres se diagnostican más tarde y con herramientas médicas deficientes

Se estima que 8.243 muertes de mujeres podrían haberse evitado durante el período estudiado si hubieran recibido la misma calidad de atención que los hombres tras infarto.
8.243 muertes podrían haberse evitado si las mujeres hubieran recibido la misma atención que los hombres
Un estudio en la revista Heart cuantifica el costo humano de la discriminación de género en cardiología durante el período analizado.

Las mujeres consultan más tarde por infarto, los médicos las diagnostican lentamente y reciben tratamientos más conservadores que los hombres. La escala GRACE, derivada principalmente de estudios con predominancia masculina, clasifica incorrectamente el riesgo en mujeres al grupo bajo-intermedio.

  • El 35% de las muertes anuales de mujeres son por enfermedad cardiovascular
  • La escala GRACE, derivada principalmente de estudios con predominancia masculina, subestima el riesgo de muerte en mujeres
  • Las mujeres participan en menos del 30% de los ensayos clínicos cardiovasculares
  • 8.243 muertes de mujeres podrían haberse evitado con igual calidad de atención que la recibida por hombres

Un estudio revela que la escala GRACE, usada para medir riesgo de muerte tras infarto, subestima la mortalidad en mujeres, evidenciando discriminación de género en atención cardiovascular desde diagnóstico hasta tratamiento.

Cuando una mujer llega a urgencias con dolor en el pecho, el reloj ya está en su contra. Un infarto no espera, y cada minuto sin tratamiento significa más tejido cardíaco dañado, más riesgo de muerte. Pero mientras que los hombres con síntomas similares suelen recibir atención rápida y decisiva, las mujeres enfrentan un camino más lento, más confuso, más peligroso. Un estudio presentado recientemente en el Congreso Europeo de Cardiología en Barcelona ha puesto números a lo que la comunidad científica lleva más de una década documentando: existe una discriminación sistemática de género en la atención cardiovascular que comienza en la consulta y termina en la sala de operaciones.

La enfermedad cardiovascular mata a más mujeres que a los hombres cada año. Representa el 35% de todas las muertes femeninas. Y sin embargo, las mujeres siguen siendo diagnosticadas tarde, tratadas de forma insuficiente, y evaluadas con herramientas médicas que no reflejan su realidad biológica. El problema no es uno solo, sino varios que se refuerzan mutuamente. Comienza con la percepción: la mayoría de las mujeres cree que el cáncer de mama es su principal amenaza de muerte, no el infarto. Esa brecha de información las deja desprevenidas. Cuando llega el dolor, muchas dudan. Consultan más tarde que los hombres. Y cuando finalmente llegan al hospital, los médicos tienden a minusvalorar sus síntomas, a atribuirlos a ansiedad o a otras causas menos graves.

Pero el sesgo no termina en el diagnóstico. Una vez identificado el problema, el tratamiento suele ser más conservador. Los cirujanos operan menos, realizan menos procedimientos invasivos, prescriben menos terapias agresivas. La justificación que escuchan las pacientes es que son más frágiles, que el riesgo es mayor. Lo que no se dice es que esta cautela, aunque bien intencionada, las mata. Un estudio publicado en la revista Heart encontró que durante el período analizado, 8.243 muertes de mujeres podrían haberse evitado si hubieran recibido la misma calidad de atención que los hombres. Eso no es un número abstracto. Son 8.243 vidas que terminaron porque el sistema las trató de forma diferente.

La herramienta que debería ayudar a los médicos a tomar decisiones correctas es en sí misma sesgada. La escala GRACE, un parámetro internacional usado para medir el riesgo de muerte hospitalaria tras un infarto, fue desarrollada principalmente a partir de estudios donde los hombres eran la mayoría. Como resultado, subestima el riesgo en mujeres, clasificándolas incorrectamente en grupos de bajo o intermedio riesgo cuando en realidad necesitan intervención temprana. Ana García, cardióloga del Hospital Clínic de Barcelona, no se sorprendió por los hallazgos. "La mayoría de las escalas se han derivado de estudios donde la predominancia masculina es clave", explicó. Es decir, la medicina moderna se construyó sobre cuerpos de hombres, y ahora las mujeres pagan el precio.

La falta de conciencia también afecta a los propios médicos. Antonia Sambola, coordinadora del grupo de Trabajo de Mujeres en Cardiología de la Sociedad Española de Cardiología, relata un patrón que ve repetidamente en Vall d'Hebron: mujeres que consultan días antes con dolor en el pecho, y a quienes se les dice que es ansiedad. Cuando regresan con un infarto establecido, ya es tarde. "Cuando tienes un dolor en el pecho, igual que un hombre, tienes que consultar", dice Sambola, con la claridad de quien ha visto demasiadas veces las consecuencias de la duda.

Hay un último sesgo que amplifica todos los anteriores: la investigación médica misma. Las mujeres participan en ensayos clínicos cardiovasculares en porcentajes muy inferiores al 30%. Algunas se retiran por problemas de conciliación o falta de tiempo. Pero otras nunca son reclutadas. Mujeres menores de 55 años, por ejemplo, son excluidas porque menstrúan, y se teme que el ciclo menstrual interfiera con los resultados. Lo que no se considera es que los medicamentos cardiovasculares —antitrombóticos y anticoagulantes— pueden aumentar el sangrado menstrual, causando anemia y efectos secundarios graves. Al excluir a las mujeres de la investigación, la medicina perpetúa su propia ignorancia sobre cómo tratar a las mujeres.

Las cardiólogas consultadas reconocen que se están haciendo esfuerzos para cerrar estas brechas, pero insisten en que el problema es multifactorial y requiere soluciones en varios frentes. Necesitan recalibrar escalas como GRACE con perspectiva de género. Necesitan educar a los médicos sobre los síntomas cardiovasculares en mujeres, que pueden ser más imprecisos que en hombres: náuseas, malestar general, además del dolor en el pecho. Necesitan aumentar la participación de mujeres en ensayos clínicos, no excluyéndolas sino incluyéndolas con protocolos que consideren su biología. Y necesitan, fundamentalmente, cambiar la percepción de que una mujer con enfermedad cardiovascular es una excepción. No lo es. Es la norma.

A pesar de que el 35% de las muertes de mujeres cada año son por enfermedad cardiovascular, a ellas se las sigue diagnosticando y tratando de manera insuficiente
— The Lancet, 2021
Cuando tienes un dolor en el pecho, igual que un hombre, tienes que consultar
— Antonia Sambola, coordinadora del grupo de Trabajo de Mujeres en Cardiología de la Sociedad Española de Cardiología
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué las mujeres consultan más tarde si el dolor es el mismo?

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No es que el dolor sea idéntico. Las mujeres pueden sentir náuseas, malestar general, además del pecho. Eso las confunde. Pero también está el factor cultural: creen que el infarto es cosa de hombres. Esa brecha de información es el primer obstáculo.

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¿Y los médicos? ¿Por qué minimizan los síntomas?

Model

Porque la medicina se entrenó viendo principalmente a hombres. Un médico ve a una mujer con dolor en el pecho y, sin darse cuenta, piensa en ansiedad primero. Es un sesgo inconsciente, pero tiene consecuencias reales.

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La escala GRACE suena como una herramienta objetiva. ¿Cómo puede estar sesgada?

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Porque fue construida con datos de hombres. Si tu herramienta no refleja la realidad de la mitad de la población, no es objetiva. Es solo que nadie lo notó hasta ahora.

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¿Por qué operan menos a las mujeres?

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Dicen que es por fragilidad. Pero la verdad es más complicada. A veces el diagnóstico no fue claro, así que no saben qué hacer. Otras veces, hay una percepción de que las mujeres mayores son más delicadas. El resultado es que reciben menos procedimientos invasivos, aunque los necesiten.

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¿Qué pasa con los ensayos clínicos?

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Las mujeres no llegan al 30% de los participantes. Algunas se retiran por tiempo. Pero muchas nunca son reclutadas porque menstrúan, y se piensa que eso contamina los resultados. Es absurdo: excluyen a las mujeres de la investigación y luego se sorprenden de que no sepan cómo tratarlas.

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¿Qué cambiaría las cosas?

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Recalibrar las escalas. Educar a los médicos. Incluir a las mujeres en la investigación. Y cambiar la narrativa: la enfermedad cardiovascular en mujeres no es una excepción. Es la realidad.

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