Semana horribilis para el PSOE: derrotas electorales y la imputación de Zapatero

Un expresidente imputado por primera vez en la historia de España
La Audiencia Nacional citó a Zapatero como investigado por tráfico de influencias en una trama que alcanza al gobierno actual.

En el transcurso de una sola semana, el PSOE ha encajado dos golpes que, vistos juntos, trazan una imagen de declive institucional difícil de ignorar: el peor resultado electoral de su historia en Andalucía y la imputación sin precedentes de un expresidente por corrupción vinculada a Venezuela. Lo que antes podía leerse como turbulencia pasajera empieza a revelar un patrón más profundo, uno que cuestiona no solo la fortaleza del partido, sino la salud del proyecto político que encabeza Pedro Sánchez. La historia rara vez juzga a los gobiernos por un solo escándalo; los juzga por su acumulación.

  • El PSOE cayó por debajo del 20% en Málaga por primera vez en unas autonómicas andaluzas, siendo superado incluso por Vox en municipios como Mijas, una señal de alarma que el partido no puede atribuir al azar.
  • La imputación de José Luis Rodríguez Zapatero por tráfico de influencias ante la Audiencia Nacional rompió un tabú histórico: ningún expresidente español había sido investigado jamás en términos penales.
  • El gobierno respondió con sus argumentos de siempre —jueces sesgados, lawfare, persecución política— pero esta vez los bulos que intentaron sembrar se desmoronaron en menos de veinticuatro horas, sin que nadie los sostuviera.
  • Las investigaciones judiciales ya rodean a la esposa de Sánchez, a su hermano, a dos exnúmeros dos del partido y ahora a su mentor político, configurando un cerco que el ejecutivo no logra explicar como coincidencia.
  • Mientras Cataluña cerraba presupuestos con ERC e invertía en infraestructura ferroviaria propia, Andalucía seguía esperando décadas de promesas incumplidas, subrayando una fractura territorial que el PSOE no ha sabido gestionar.

El PSOE cerró una semana que difícilmente olvidará. El domingo, los resultados de las elecciones andaluzas confirmaron lo que muchos temían: el partido cayó por debajo del 20% en Málaga, un umbral nunca antes traspasado en unas autonómicas. En municipios como Mijas quedaron relegados a tercera fuerza, superados por Vox. La candidata María Jesús Montero, rostro visible del sanchismo, no realizó un solo acto público durante la campaña, como si el rechazo fuera ya un dato asumido.

Dos días después, mientras el gobierno de Salvador Illa en Cataluña sellaba un acuerdo presupuestario con ERC que incluía inversión en una nueva red ferroviaria financiada con fondos nacionales, Andalucía seguía esperando soluciones para su tren litoral. El contraste territorial habló por sí solo.

Pero el golpe más inesperado llegó el martes: la Audiencia Nacional citó como investigado al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por tráfico de influencias en una trama con ramificaciones en Venezuela. Era la primera vez en la historia española que un expresidente era imputado. El magistrado lo sitúa en el centro de una presunta red criminal; las fiscalías de Suiza y Francia habían detectado movimientos de dinero sospechosos que abrieron la causa. La acusación incluye su presunta influencia en el rescate de la aerolínea Plus Ultra y sus vínculos con figuras del chavismo como Delcy Rodríguez.

La reacción del PSOE fue de desconcierto. Se intentó desviar la atención hacia los logros sociales de la era Zapatero, y los sectores más próximos a Sánchez recurrieron al relato del lawfare. Llegaron a afirmar que todo había partido de una denuncia del sindicato ultraderechista Manos Limpias. Era mentira: la investigación nació en las fiscalías europeas. Esta vez, los bulos no sobrevivieron ni un día.

El gobierno de Sánchez acumula ya investigaciones que alcanzan a su esposa, su hermano, dos exnúmeros dos del partido y ahora a su propio mentor político. La pregunta que nadie en La Moncloa responde con claridad es cuánto tiempo más puede sostenerse una administración envuelta en un patrón judicial que ya no parece episódico, sino estructural.

El PSOE ha atravesado una semana de golpes sucesivos que parecen haberse convertido en rutina para el partido. El domingo llegó el primero: los resultados electorales andaluces marcaron un hito histórico negativo. No era sorpresa, pero el dato dolió igual. Por primera vez en unas elecciones autonómicas en Andalucía, el PSOE cayó por debajo del 20 por ciento en Málaga. En municipios grandes como Mijas, quedaron relegados a tercera fuerza, superados incluso por Vox. La candidata María Jesús Montero no logró conectar con el electorado. Ella representa una de las caras más visibles del sanchismo, y en Andalucía esa asociación pesa. Durante toda la campaña no realizó ni un solo acto de presencia pública, sin paseos por mercados ni recorridos por calles pidiendo votos. Quizá temía el rechazo.

Dos días después de los comicios, el gobierno de Salvador Illa en Cataluña cerró sus presupuestos con ERC. El acuerdo incluía inversión significativa en una nueva red ferroviaria catalana, financiada con recursos del erario público nacional. Mientras tanto, Andalucía sigue esperando desde hace décadas una solución para el tren litoral. El contraste es evidente: en algunos territorios las cosas avanzan con rapidez; en otros, la parálisis persiste.

Pero si la semana ya era difícil, el martes llegó el golpe que nadie esperaba. La Audiencia Nacional citó como investigado al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero por corrupción. Fue un momento sin precedentes en la historia española: la primera vez que un expresidente era imputado. El magistrado lo sitúa en el vértice de una presunta banda criminal dedicada al tráfico de influencias. Venezuela aparece en el trasfondo de la investigación. Los fiscales de Suiza y Francia detectaron movimientos de dinero sospechosos que llevaron a la apertura de la causa.

La acusación es grave. Zapatero habría utilizado su influencia para beneficiarse en negocios privados, particularmente en relación con el rescate de la aerolínea Plus Ultra. El magistrado sostiene que miembros del Consejo de Ministros, posiblemente incluyendo al propio presidente Sánchez, quien siempre ha sentido admiración por Zapatero, fueron presuntamente influenciados en decisiones que beneficiaron estos intereses. El acercamiento del expresidente a la dictadura chavista, especialmente con Delcy Rodríguez, nunca fue considerado normal. Tampoco quedó claro qué sucedió en el aeropuerto de Madrid cuando la presidenta encargada de Venezuela llegó, ni qué contenían las maletas que fueron trasladadas.

La reacción del PSOE fue de shock. Zapatero parecía intocable. La respuesta inicial fue recordar los logros sociales de su presidencia, pero eso no aborda la cuestión central: si sus negocios posteriores fueron legales o si utilizó contactos y poder para enriquecerse. Los sectores más cercanos a Sánchez sacaron a relucir los argumentos habituales: jueces sesgados, lawfare, persecución política. Incluso circuló la afirmación de que todo había comenzado con una denuncia del sindicato ultraderechista Manos Limpias. Era falso. La investigación partió de las fiscalías suiza y francesa. Esta vez, sin embargo, los bulos apenas duraron veinticuatro horas. Nadie los tomó en serio.

El gobierno de Sánchez ya acumula investigaciones que alcanzan a su esposa, su hermano, dos exnúmeros dos del partido y ahora a su mentor político. El presidente sigue atrincherado en La Moncloa. La pregunta que flota en el aire es cuánto más puede resistir una administración rodeada de procesos judicales. El PSOE, acostumbrado a estar en cuidados intensivos, parece medicado con lo que algunos llaman sinvergüencitis crónica. La semana que terminó dejó claro que los escándalos no son episodios aislados, sino un patrón que define el momento político del país.

El magistrado sitúa a Zapatero como el vértice de una banda criminal dedicada al tráfico de influencias
— Audiencia Nacional
Miembros del Consejo de Ministros, posiblemente incluyendo al presidente Sánchez, fueron presuntamente influenciados en decisiones que beneficiaron estos intereses
— Investigación judicial
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué Montero no hizo campaña si era la candidata principal?

Model

Porque representaba demasiado claramente el vínculo entre el PSOE y el sanchismo que beneficia a los independentistas catalanes. En Andalucía eso es tóxico. Probablemente temía ser abucheada en las calles.

Inventor

¿Es realmente inédito que un expresidente sea imputado en España?

Model

Completamente. Nunca había ocurrido. Zapatero no solo es investigado, sino que el magistrado lo sitúa como cabeza de una banda criminal. Eso marca un antes y un después.

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¿Qué tiene que ver Venezuela con todo esto?

Model

Zapatero mantuvo un acercamiento muy cercano a la dictadura chavista, particularmente con Delcy Rodríguez. Los fiscales suizos y franceses encontraron rastros de dinero sospechoso. Hay un viaje de la presidenta encargada de Venezuela a Madrid que nunca se aclaró del todo.

Inventor

¿Por qué el argumento de los jueces sesgados no funcionó esta vez?

Model

Porque la investigación no viene de Manos Limpias ni de tribunales españoles. Viene de Suiza y Francia. Es difícil acusar de sesgo a fiscalías extranjeras. Los bulos duraron un día.

Inventor

¿Cuál es el verdadero problema para Sánchez?

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Que ya tiene a su mujer, su hermano, dos exlíderes del partido y ahora a su expresidente mentor bajo investigación. La pregunta no es si hay corrupción, sino cuánto tiempo puede gobernar rodeado de procesos judicales.

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