Seis horas después de su anuncio, Castillo estaba detenido
En el transcurso de una sola tarde, Perú vivió el colapso de un gobierno, la detención de un presidente y el nacimiento de una primera mandataria. El 7 de diciembre de 2022, Pedro Castillo intentó disolver el Congreso por decreto, pero la maniobra aceleró su propia caída: destituido con 101 votos y arrestado en menos de tres horas, dejó el poder en manos de Dina Boluarte. Lo que ocurrió en Lima ese día no fue solo una crisis institucional más, sino el reflejo de una democracia que lleva años buscando su propio equilibrio.
- Castillo anunció al mediodía la disolución del Congreso, un toque de queda y elecciones constituyentes, desatando una crisis institucional inmediata.
- En menos de treinta minutos, seis ministros de su propio gabinete renunciaron públicamente, y su vicepresidenta lo acusó de perpetrar un golpe de Estado.
- El Congreso respondió con velocidad inusual: adelantó la sesión de emergencia y lo destituyó con 101 votos, superando ampliamente el umbral requerido.
- Castillo fue detenido a las 2:54 p.m. acusado de rebelión, mientras focos de protesta y enfrentamientos con la policía se encendían en las calles de Lima.
- A las 3:52 p.m., Dina Boluarte juraba como la primera presidenta mujer del país, pidiendo tregua política y prometiendo combatir la corrupción desde el primer día.
El miércoles 7 de diciembre de 2022 comenzó como un día ordinario en Lima y terminó reescribiendo la historia política del Perú. Poco después del mediodía, el presidente Pedro Castillo anunció por cadena nacional que disolvía temporalmente el Congreso, convocaba a una asamblea constituyente e imponía un toque de queda. Lo que presentó como una medida de gobierno resultó ser el primer paso de su propia destrucción.
La respuesta fue inmediata y devastadora para su administración. En menos de media hora, seis ministros renunciaron a través de redes sociales, incluyendo los titulares de Economía, Justicia y Relaciones Exteriores. La vicepresidenta Dina Boluarte rompió públicamente con él, calificando el anuncio de golpe de Estado. Las Fuerzas Armadas, en un giro ambiguo, emitieron un comunicado respaldando el orden constitucional sin ponerse del lado de Castillo.
El Congreso no esperó. Convocado en sesión de emergencia, adelantó la votación prevista para la noche y destituyó a Castillo con 101 votos a favor, superando con holgura los 87 necesarios. Era el tercer intento de vacancia en menos de un año, y esta vez Castillo ni siquiera pudo dirigirse al pleno para defenderse. A las 2:54 p.m. fue detenido en la prefectura de Lima, acusado del presunto delito de rebelión por quebrantar el orden constitucional.
Mientras tanto, en las calles se registraban manifestaciones y enfrentamientos entre simpatizantes del expresidente y agentes policiales. El país procesaba en tiempo real una crisis que se aceleraba por minutos. A las 3:52 p.m., Dina Boluarte prestó juramento ante el Congreso, convirtiéndose en la primera mujer presidenta de la historia peruana y en la sexta mandataria en apenas cinco años.
En su primer discurso, Boluarte pidió una tregua política y la formación de un gobierno de unidad nacional, anunciando que su prioridad sería combatir la corrupción. Al caer la tarde, la Presidencia confirmó que el orden constitucional había sido restablecido y que el toque de queda decretado por Castillo no entraría en vigor. Seis horas bastaron para que un gobierno colapsara y una nueva era comenzara, frágil y cargada de incertidumbre.
El miércoles 7 de diciembre de 2022 comenzó como un día más en Lima, pero terminó transformando la política peruana en cuestión de horas. Poco después del mediodía, el presidente Pedro Castillo se dirigió a la nación por cadena nacional con un anuncio que sacudiría las instituciones del país: disolvía temporalmente el Congreso, convocaba a elecciones para una asamblea constituyente, gobernaría mediante decretos ley e imponía un toque de queda que entraría en vigor a la medianoche. Lo que Castillo presentaba como una medida de gobierno se revelaría como el primer paso de su propia caída.
La reacción fue inmediata y caótica. Dentro de treinta minutos, seis ministros de su gabinete anunciaban sus renuncias a través de redes sociales: los titulares de Economía y Finanzas, Trabajo, Justicia y Derechos Humanos, Relaciones Exteriores y Ambiente abandonaban sus cargos. Minutos después se sumaba la ministra de Cultura, Silvia Robles. Mientras el gobierno se desmoronaba desde adentro, la vicepresidenta Dina Boluarte rompía públicamente con Castillo, calificando su acción de golpe de Estado y acusándolo de perpetrar el quiebre del orden constitucional. En un giro que parecería contradictorio, las Fuerzas Armadas emitieron un comunicado conjunto respaldando la medida, argumentando que respetaban el orden constitucional y que la Constitución otorgaba al presidente el derecho de disolver el Congreso.
El Congreso, sin embargo, no esperaría. Convocado a sesión de emergencia para las 12:30 p.m., el pleno adelantó el procedimiento que estaba programado para horas de la noche. En una votación que requería 87 votos para aprobar la moción de vacancia constitucional, Castillo fue destituido con 101 votos a favor. Era el tercer intento de vacancia contra él en menos de un año; los dos anteriores, en noviembre de 2021 y marzo de 2022, habían fracasado. Esta vez, el contexto era distinto. Castillo ni siquiera tuvo oportunidad de dirigirse al pleno para defenderse.
A las 2:54 p.m., menos de tres horas después de su anuncio de disolución, Castillo fue detenido en la prefectura de Lima. El Ministerio Público informó que lo acusaban por el presunto delito de rebelión, regulado en el artículo 346 del Código Penal, por quebrantar el orden constitucional. Mientras tanto, en las calles de Lima se registraban focos de manifestación. Algunos ciudadanos protestaban contra la detención del expresidente, enfrentándose con agentes de la policía en operativos que se desplegaban en la prefectura. El país se sumergía en una nueva crisis política mientras intentaba procesar lo que estaba sucediendo.
A las 3:52 p.m., Dina Boluarte se posesionó como presidenta de Perú ante el Congreso. Con ese acto, se convirtió en la primera mujer en ocupar la presidencia en la historia del país. Era también la sexta mandataria en cinco años, un dato que ilustraba la inestabilidad política crónica que atravesaba la nación. Boluarte se esperaba que completara el mandato hasta julio de 2026. En su primer discurso como presidenta, pidió una tregua política y la formación de un gobierno de unidad nacional. Anunció que su primera medida sería enfrentar la corrupción en todas sus dimensiones, refiriéndose con repulsión a los actos de latrocinio contra el dinero público que había visto documentados en la prensa y los organismos jurisdiccionales.
Mientras Boluarte se reunía con el presidente del Tribunal Constitucional para demostrar una restauración de la separación de poderes, el Ministerio Público anunciaba que Castillo sería procesado no solo por rebelión, sino también por delitos contra los Poderes del Estado y el Orden Constitucional en la modalidad de conspiración. A las 5:54 p.m., la Presidencia anunció que el orden constitucional se había restituyó, por lo que el toque de queda que Castillo había decretado no entraría en efecto. Seis horas después de su anuncio de disolución, Castillo estaba detenido, su gobierno había colapsado, y una nueva presidenta pedía calma y unidad a un país que llevaba años sumido en turbulencia política.
Citas Notables
Rechazo la decisión de Pedro Castillo de perpetrar el quiebre del orden constitucional con el cierre del Congreso. Se trata de un golpe de Estado— Dina Boluarte, vicepresidenta en ese momento
Mi primera medida es enfrentar la corrupción, en todas las dimensiones. He visto con repulsión cómo la prensa y los organismos jurisdiccionales han dado cuenta de vergonzosos actos del latrocinio contra el dinero de todos los peruanos— Dina Boluarte, en su primer discurso como presidenta
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Cómo es posible que un presidente anuncie la disolución del Congreso y termine detenido en menos de tres horas?
Porque el acto fue tan radical que destruyó su propia coalición. Sus ministros renunciaron casi inmediatamente, su vicepresidenta lo acusó de golpe de Estado, y el Congreso simplemente votó más rápido de lo que él esperaba.
¿Las Fuerzas Armadas no lo apoyaron?
Dijeron que respaldaban su derecho constitucional a disolver el Congreso, pero eso no significaba que lo apoyaran políticamente. Fue una posición técnica, no una alianza.
¿Por qué el Congreso votó tan rápido?
Porque Castillo había convocado a elecciones para una asamblea constituyente. Eso amenazaba directamente el poder legislativo. No podían permitir que eso sucediera, así que aceleraron todo.
¿Qué significa que Boluarte sea la sexta presidenta en cinco años?
Significa que Perú está en colapso institucional. Ningún presidente logra completar su mandato. Boluarte hereda un país fracturado que ella espera gobernar hasta 2026, pero nadie sabe si lo logrará.
¿Castillo tenía alguna posibilidad de éxito?
No. El momento en que sus propios ministros renunciaron, perdió. Necesitaba apoyo dentro del gobierno para que su movimiento fuera creíble. Sin eso, fue solo un hombre solo contra todas las instituciones.