La vieja economía silenciosa tira con mucha fuerza de las rentabilidades
En un mundo donde la geografía vuelve a dictar el precio del dinero, los mercados oscilan entre euforia y corrección al ritmo de las tensiones en el estrecho de Ormuz y el reordenamiento de las alianzas globales. La incertidumbre no es ruido pasajero, sino señal estructural: energía, defensa, inteligencia artificial y la llamada vieja economía emergen como los territorios donde el capital busca refugio y crecimiento simultáneamente. Los gestores más atentos no huyen de la volatilidad, sino que la leen como un mapa hacia las oportunidades que el consenso aún no ha descubierto.
- El péndulo de los mercados pasó de máximos históricos a correcciones en cuestión de días, sacudido por la ruptura de negociaciones entre Trump e Irán y la cancelación de una cumbre de paz en Suiza.
- El petróleo actúa como termómetro de la crisis: incluso si el conflicto en Ormuz se resolviera hoy, la normalización del suministro tardaría meses y la reposición de inventarios un año completo.
- La inteligencia artificial impulsa una nueva ola de OPV concentrada en empresas privadas maduras, con SpaceX como detonador y Wellington Management advirtiendo que no es una reactivación generalizada sino un fenómeno selectivo.
- La defensa europea se consolida como apuesta estructural de largo plazo, con gestores como los del Tikehau European Sovereignty Fund manteniendo cerca del 18% de su cartera en compañías como Rheinmetall y Leonardo.
- Ante inflación superior al 4% en Estados Unidos y tipos altos prolongados, los gestores rotan hacia posiciones defensivas: infrapondera tecnología growth y aumenta exposición a bonos del Tesoro a corto plazo.
- La vieja economía —energía, industria y minería— resurge con vigor como contrapeso a los titulares tecnológicos, recordando que el mundo físico sigue siendo el sustrato del mundo digital.
Los mercados bursátiles viven un movimiento de péndulo: máximos históricos borrados en días por la volatilidad geopolítica que alimenta la ruptura de negociaciones entre Trump e Irán y la cancelación de una cumbre de paz en Suiza. El petróleo, activo más sensible a estos movimientos, se ha convertido en el termómetro más visible de la incertidumbre.
Victoria Torre, de Self Bank, advierte que incluso en el mejor escenario posible la normalización del suministro desde Ormuz tomaría entre dos y tres meses, y la reposición de inventarios se extendería durante un año. Los analistas estiman el barril en torno a los 80 dólares este año, bajando hacia los 70 el próximo. Una prima temporal pero significativa para los gestores de carteras.
Jorge Díaz, desde Eurízon, amplía el foco más allá del crudo hacia tres pilares interconectados: el espectro energético completo —renovables, sostenibles y nuclear—, la urbanización acelerada de las grandes megalópolis y el crecimiento exponencial de los centros de datos. Estos tres vectores definen, a su juicio, las principales oportunidades de crecimiento futuro.
En el terreno tecnológico, la salida a bolsa de SpaceX ha abierto el apetito por las OPV vinculadas a la inteligencia artificial. Wellington Management matiza que no es una reactivación generalizada, sino un fenómeno concentrado en empresas privadas maduras capaces de mejorar el retorno sobre capital, formar nuevos sectores cotizados e influir en futuras decisiones de salida a bolsa.
Mientras tanto, la defensa europea se consolida como temática estructural. Los gestores del Tikehau European Sovereignty Fund mantienen posiciones en Rheinmetall y Leonardo, con cerca del 18% de su cartera expuesta al sector, convencidos de que el rearme, la soberanía y el refuerzo industrial del continente son fuerzas de largo plazo.
En el frente más conservador, Juan Ignacio Marrón, de Inversores Institucionales, alerta sobre un escenario de tipos altos prolongados con inflación superior al 4% en Estados Unidos. La respuesta de los gestores es una reconfiguración defensiva: infraponderar activos de mayor duración y tecnología growth, y aumentar la exposición a bonos del Tesoro a corto plazo. Una adaptación prudente a un entorno que combina presión inflacionaria, incertidumbre geopolítica y expectativas de tipos elevados durante más tiempo.
Los mercados bursátiles viven estos días un movimiento de péndulo. Hace apenas una semana, varios índices principales alcanzaban máximos históricos. Días después, esos mismos máximos se borraban del tablero. La causa es clara: la volatilidad geopolítica que domina los mercados financieros, alimentada por el acercamiento y posterior ruptura de negociaciones entre Trump e Irán, incluida la cancelación de una cumbre de paz prevista en Suiza. El petróleo, ese activo más sensible a estos movimientos, ha sido el termómetro más visible de esta incertidumbre.
Victoria Torre, responsable de oferta digital en Self Bank, explica que incluso en el mejor escenario posible —la resolución inmediata del conflicto en el estrecho de Ormuz— la normalización del suministro no sería instantánea. Tomaría entre dos y tres meses como mínimo restaurar los flujos regulares, y la reposición completa de inventarios se extendería durante un año entero. Esta realidad significa que el crudo mantendrá una prima de precio en el corto plazo. Los analistas de Self Bank estiman que durante este año el barril rondará los 80 dólares, bajando gradualmente hacia los 70 dólares el próximo año conforme se normalice el equilibrio entre oferta y demanda. Para los gestores de carteras, esto representa una oportunidad temporal pero significativa dentro de sus estrategias de inversión.
La energía, sin embargo, va más allá del petróleo. Jorge Díaz, desde Eurízon, identifica oportunidades especialmente atractivas en todo el espectro energético. Pero el análisis se expande hacia tres pilares interconectados: las energías tradicionales y nuevas —incluyendo renovables, sostenibles e incluso nuclear—; la urbanización acelerada de las grandes megalópolis mundiales, que concentran cada vez más población y se han convertido en centros potentes de desarrollo de infraestructuras; y el crecimiento exponencial de los centros de datos. Estos tres factores combinados definen dónde deberían concentrarse las principales oportunidades de crecimiento futuro.
La inteligencia artificial, tema obsesivo para los mercados en los últimos meses, está generando movimiento en el mercado de ofertas públicas de venta. La salida a bolsa de SpaceX ha abierto el apetito, y se esperan movimientos similares de otras empresas tecnológicas con fuerte vinculación al desarrollo de IA. Wellington Management subraya que no se trata de una reactivación generalizada del mercado de OPV, sino de un fenómeno concentrado en un número reducido de empresas privadas maduras y de gran tamaño. Este bloque de empresas puede actuar como catalizador en tres ámbitos clave: mejorar el retorno sobre el capital invertido, formar un nuevo sector en los mercados cotizados, e influir en las decisiones sobre futuras salidas a bolsa de compañías privadas en fase avanzada.
Pero mientras la tecnología acapara titulares, existe una economía más tradicional que ha estado impulsando con fuerza las rentabilidades de las carteras. Sectores como la energía, la industria y la minería —aquello que hace funcionar el mundo moderno— han resurgido con vigor. Luis Chicharro, gestor de cartera en CaixaBank Asset Management, y Pilar García Germán, directora comercial en Fidelity International, coinciden en que esta vieja economía merece atención renovada.
La defensa europea emerge como una temática estructural de largo plazo. Jean-Marc Delfieux y Clovis Couasnon, gestores del Tikehau European Sovereignty Fund, mantienen posiciones en Rheinmetall y Leonardo, dos compañías que ofrecen exposición directa a la dinámica de rearme europeo. A cierre de mayo, la exposición al sector defensa representaba aproximadamente el 18% de su cartera, reflejando su convicción de que el aumento de presupuestos militares, las consideraciones de soberanía y la necesidad de reforzar las capacidades industriales del continente seguirán siendo fuerzas estructurales.
En el lado más conservador, Juan Ignacio Marrón, CEO de Inversores Institucionales, advierte que nos encontramos en un escenario de tipos de interés altos durante más tiempo, con inflación que continúa presionando. Los datos recientes de Estados Unidos muestran inflación superior al 4%, y el cierre prolongado del estrecho de Ormuz —sin perspectivas de reapertura a corto plazo— mantiene la presión alcista. Ante este panorama, los gestores están rotando sus carteras hacia una combinación entre reflación y estanflación, otorgando cada vez más peso a esta última. Las posibles subidas de tipos en Europa y Estados Unidos respaldan esta tesis. La consecuencia es clara: infraponderar activos de mayor duración, tanto en renta variable como en renta fija, mientras se aumenta la exposición a bonos del Tesoro a corto plazo e infraponderar valores tecnológicos de estilo growth. Es una reconfiguración defensiva en respuesta a un entorno que combina incertidumbre geopolítica, presión inflacionaria y expectativas de tipos más altos durante más tiempo.
Citações Notáveis
Incluso en el mejor escenario, la normalización del suministro no sería inmediata. Se tardaría como mínimo dos o tres meses, y la reposición de inventarios tardará un año— Victoria Torre, Self Bank
La defensa europea continúa siendo una temática estructural, respaldada por el aumento de presupuestos militares y la necesidad de reforzar las capacidades industriales del continente— Jean-Marc Delfieux y Clovis Couasnon, Tikehau European Sovereignty Fund
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué el petróleo sigue siendo tan importante si el mundo está girando hacia las renovables?
Porque la transición es lenta. Incluso si resolvemos hoy el conflicto en Ormuz, tardaremos años en normalizar los suministros. Mientras tanto, el crudo sigue siendo la sangre de la economía global. Las renovables crecen, pero no reemplazan la energía tradicional de la noche a la mañana.
Entonces, ¿la defensa europea es realmente una apuesta a largo plazo o es reactiva a las tensiones actuales?
Es estructural. Los presupuestos militares están subiendo en toda Europa, no por capricho, sino por una reconfiguración geopolítica que probablemente durará años. Rheinmetall y Leonardo no son apuestas cortoplacistas; son exposición a una tendencia que trasciende los titulares de esta semana.
¿Cómo conviven la IA y la defensa en una cartera?
No compiten. La IA necesita energía y datos, la defensa necesita tecnología avanzada. Ambas están impulsadas por los mismos factores estructurales: inversión en infraestructura, soberanía, capacidad industrial. Un gestor inteligente ve cómo se refuerzan mutuamente.
¿Qué significa infraponderar tecnología growth en este contexto?
Significa que los gestores creen que los tipos altos van a quedarse. Si los bonos cortos pagan bien y sin riesgo, ¿por qué asumir el riesgo de una empresa de crecimiento que no genera ganancias? Es una rotación hacia lo tangible, lo que genera flujo de caja hoy.
¿Entonces el mercado está asustado?
No asustado. Cauteloso. Hay oportunidades reales en energía, defensa, datos. Pero el gestor prudente no apuesta todo a que la IA seguirá subiendo indefinidamente. Está diversificando hacia lo que funciona cuando los tipos son altos y la inflación persiste.