Washington quería salir de Maduro, pero no de la dictadura
Una fotografía de un funcionario estadounidense junto a Diosdado Cabello —figura perseguida por narcotráfico en su propio país— ha abierto una grieta en el discurso oficial de Washington sobre Venezuela. El analista Diego Scharifker señala que la imagen no es un tropiezo diplomático, sino el reflejo de una estrategia que prioriza la obediencia geopolítica sobre la restauración democrática. En el fondo, la pregunta que plantea no es sobre una foto, sino sobre qué tipo de Venezuela le conviene realmente a Estados Unidos.
- La imagen de John Barret junto a Cabello —acusado de narcotráfico por la propia justicia estadounidense— desató indignación inmediata entre venezolanos que ven en ella una traición a sus aspiraciones democráticas.
- La contradicción es difícil de ignorar: Washington persigue judicialmente a Cabello mientras sus funcionarios lo tratan como interlocutor legítimo en negociaciones diplomáticas.
- Scharifker advierte que Trump no busca una transición real, sino sustituir a Maduro con un gobierno igualmente autoritario pero alineado con los intereses de la Casa Blanca.
- Delcy Rodríguez emerge como la figura preferida de Washington, lo que sugiere que el cambio que se negocia es de rostro, no de sistema.
- La oposición democrática venezolana, encabezada por figuras como María Corina Machado, queda fuera de este cálculo, relegada ante la lógica del control geopolítico.
Una fotografía que circuló en redes sociales mostró a John Barret, funcionario de la administración Trump, junto a Diosdado Cabello, uno de los hombres más poderosos del gobierno venezolano y al mismo tiempo uno de los más buscados por la justicia norteamericana bajo cargos de narcotráfico. La imagen no tardó en encender alarmas entre venezolanos que veían en ella algo más que una curiosidad diplomática.
Diego Scharifker, exconcejal de Chacao, fue convocado por NTN24 para analizar lo que la fotografía revelaba. Su lectura fue sin rodeos: la imagen exponía una contradicción que no era accidental. Cabello es señalado como miembro del Cartel de los Soles, acusado de dirigir rutas de narcotráfico hacia Estados Unidos. Que funcionarios del mismo gobierno que lo persigue lo reconozcan como figura negociable no es un matiz menor —es una señal sobre cuáles son los objetivos reales de Washington en Venezuela.
Para Scharifker, el discurso público de Trump sobre remover a Maduro encubre una intención distinta: no restaurar la democracia, sino instalar un gobierno obediente. En ese esquema, Delcy Rodríguez aparece como la opción preferida de Washington —alguien dispuesta a seguir instrucciones desde la Casa Blanca, con o sin Maduro en el poder. La ausencia de respaldo real a María Corina Machado y a quienes exigen elecciones libres refuerza esa lectura.
La conclusión de Scharifker es tan clara como incómoda: la fotografía de Barret con Cabello no fue un error. Fue una ventana hacia una realidad que Washington preferiría mantener fuera del debate público —que sus intereses en la región no siempre coinciden con el deseo de los venezolanos de vivir en democracia.
Una fotografía circuló en redes sociales mostrando a John Barret, funcionario estadounidense, junto a Diosdado Cabello, figura central del gobierno venezolano buscada por la justicia norteamericana por cargos de narcotráfico. La imagen encendió una alarma entre los venezolanos que observaban lo que parecía ser una contradicción fundamental en la política exterior de Washington.
Diego Scharifker, exconcejal del municipio de Chacao en Caracas, fue invitado al programa La Tarde de NTN24 para desentrañar lo que la fotografía revelaba sobre las intenciones reales de la administración Trump hacia Venezuela. Su análisis fue directo: la imagen transmitía un mensaje de confusión deliberada, o al menos de objetivos cruzados que no se alineaban con lo que Washington decía públicamente.
La contradicción era evidente en los términos más simples. Cabello estaba siendo perseguido por autoridades estadounidenses como miembro del Cartel de los Soles, acusado de dirigir operaciones de narcotráfico que enviaban drogas hacia Estados Unidos. Al mismo tiempo, funcionarios de la administración Trump lo estaban reconociendo como una autoridad con la que se podía negociar y coordinar. No se trataba de un matiz diplomático menor. Era la diferencia entre decir que alguien es un criminal y tratarlo como un socio legítimo.
Scharifker argumentó que esta aparente contradicción revelaba algo más profundo sobre la estrategia estadounidense. Trump había hablado públicamente sobre su deseo de remover a Nicolás Maduro del poder, pero sus acciones sugerían que lo que realmente buscaba era reemplazar a Maduro con un gobierno que siguiera las instrucciones de la Casa Blanca. Delcy Rodríguez, ministra de Relaciones Exteriores del gobierno venezolano, parecía ser la opción preferida de Washington. No era una transición hacia la democracia. Era un cambio de administración dentro del mismo sistema autoritario.
La lógica era inquietante en su claridad. Si Trump quisiera genuinamente restaurar la democracia en Venezuela, estaría apoyando a María Corina Machado y a los sectores que clamaban por elecciones libres y transparentes. En cambio, la fotografía con Cabello y las declaraciones sobre Rodríguez sugerían que Washington estaba dispuesto a mantener la estructura de poder autoritaria siempre que fuera obediente a sus intereses. El terremoto político que había sacudido a Venezuela recientemente solo parecía fortalecer esta posición: Rodríguez seguiría cumpliendo las instrucciones que recibiera de Washington, con o sin Maduro en el cargo.
Para Scharifker, el mensaje era claro pero amargo. La administración Trump no estaba buscando una transición democrática genuina en Venezuela. Estaba buscando un gobierno que respondiera a sus órdenes. La fotografía de Barret con Cabello no era un error diplomático. Era una ventana hacia una realidad incómoda: que los intereses geopolíticos de Estados Unidos en la región no siempre se alineaban con el deseo de los venezolanos de vivir en democracia.
Citações Notáveis
Lo que este mensaje transmite es una clara contradicción en la postura de Estados Unidos hacia el gobierno de Delcy Rodríguez— Diego Scharifker
La opción de Trump y de la administración actual es Delcy Rodríguez y su clan, no es realmente una transición a la democracia en Venezuela— Diego Scharifker
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué una simple fotografía genera tanta indignación? ¿No es normal que diplomáticos se reúnan con diferentes actores políticos?
Porque Cabello no es un actor político ordinario. Está en la lista de buscados de Estados Unidos por narcotráfico. Reunirse con él mientras lo persigues legalmente es enviar dos mensajes contradictorios simultáneamente.
¿Qué mensaje crees que Washington realmente quería enviar?
Que Cabello sigue siendo útil. Que aunque sea un criminal según sus propias leyes, es un criminal que puede ser controlado. Es más valioso que el caos de una transición democrática real.
¿Y María Corina Machado? ¿Dónde queda ella en esta ecuación?
Exactamente donde no quiere estar Washington. Una líder democrática es impredecible. No recibe instrucciones de la Casa Blanca. Delcy Rodríguez, en cambio, ya ha demostrado que obedece.
¿Crees que Trump cambió de opinión sobre Venezuela, o esto fue siempre el plan?
No creo que haya cambiado de opinión. Creo que nunca fue sobre democracia. Fue sobre reemplazar a Maduro con alguien más manejable. La fotografía simplemente expone lo que ya estaba sucediendo en las sombras.
¿Qué debería hacer el pueblo venezolano con esta información?
Entender que no pueden contar con Washington para salvarlos. La democracia en Venezuela tendrá que construirse desde adentro, sin esperar que Estados Unidos la entregue como un regalo.