Sarah Santaolalla critica la presencia de Javi Poves en TV: «No hay que darles voz»

Es tan peligroso blanquear a alguien que va contra la ciencia
Santaolalla critica que el programa amplíe ideas refutadas científicamente en una plataforma de masas.

En los platós de televisión, como en las plazas públicas de otras épocas, la pregunta sobre a quién se le concede la palabra sigue siendo una de las más cargadas de consecuencias. En el programa 'En boca de todos' de Cuatro, la periodista Sarah Santaolalla se negó a aceptar como normal la presencia del terraplanista Javi Poves junto a la astronauta Sara García Alonso, argumentando que dar tribuna a teorías científicamente refutadas no es pluralismo, sino negligencia editorial. Su voz solitaria en la mesa reveló una fractura más profunda: la que separa el entretenimiento de la responsabilidad informativa en la era de la desinformación masiva.

  • El programa de Cuatro invitó a un terraplanista confeso para 'responder' a una astronauta, tratando la pseudociencia como si fuera una postura académica legítima.
  • Mientras sus compañeros de mesa recibían a Javi Poves con simpatía o indiferencia, Sarah Santaolalla rompió el consenso con una advertencia directa: no se debate lo que ya está demostrado.
  • Santaolalla acusó al programa de 'blanquear' a alguien que va contra la ciencia, señalando que el verdadero peligro era la escala del daño: millones de espectadores, incluidos menores, sin filtro crítico.
  • El desacuerdo quedó sin resolverse en el aire, dejando expuesta la tensión irresuelta entre la lógica del entretenimiento televisivo y la ética de la responsabilidad editorial.

En el plató de 'En boca de todos', Nacho Abad presentó a Javi Poves —presidente del CD Colonia Moscardó y defensor de la teoría de la tierra plana— como su 'terraplanista de referencia', invitándolo a responder a Sara García Alonso, la primera mujer española candidata a astronauta, quien acababa de desmantelar punto por punto las afirmaciones terraplanistas.

La mayoría de los colaboradores no vieron problema en ello. Antonio Naranjo dijo que Poves le caía bien; Sonia Ferrer compartía esa postura. La atmósfera era de curiosidad televisiva, no de alarma.

Sarah Santaolalla fue la excepción. Intervino con firmeza para señalar que no se debe debatir lo que ya está establecido y documentado científicamente. Su preocupación no era solo intelectual: advirtió que amplificar estas ideas en un programa de gran audiencia tiene consecuencias reales, especialmente en los menores, quienes pueden absorber desinformación de una pantalla que muchas familias perciben como autoridad.

Cuando sus compañeros no recogieron la advertencia, Santaolalla fue más directa: acusó al programa de 'blanquear' a alguien que va contra la ciencia, y subrayó que lo verdaderamente peligroso no era solo la presencia de Poves, sino que estuviera en uno de los espacios más vistos de la televisión española.

El intercambio dejó sin resolver una pregunta que atraviesa el periodismo contemporáneo: ¿dónde termina el derecho a la palabra y dónde comienza la responsabilidad de no difundir daño?

En el plató de 'En boca de todos', el programa de Cuatro que reúne cada tarde a decenas de miles de espectadores, sucedió una escena que dividió a los colaboradores. Nacho Abad había invitado a Javi Poves, presidente del CD Colonia Moscardó y conocido defensor de la teoría de la tierra plana, para que respondiera a los argumentos que acababa de exponer Sara García Alonso, la primera mujer española candidata a astronauta. García Alonso había hablado de la importancia de la ciencia y había desmantelado, punto por punto, las afirmaciones sobre terraplanismo que Poves ha sostenido públicamente durante años.

La mayoría de los colaboradores no vieron problema en la presencia de Poves. Antonio Naranjo comentó que le caía bien independientemente de sus opiniones. Sonia Ferrer compartía esa postura. Nacho Abad, con cierto tono de ligereza, presentó a Poves como su "terraplanista de referencia", como si se tratara de una posición académica más entre otras.

Pero Sarah Santaolalla no estuvo de acuerdo. La periodista intervino con firmeza: no se debería debatir sobre cosas que ya están establecidas, estudiadas y documentadas. Según ella, dar voz a estas teorías refutadas era un error fundamental. "A estos debates de estos tipos no hay que darles voz", insistió, diferenciándose claramente del resto de la mesa.

Su preocupación iba más allá de la simple desacuerdo intelectual. Santaolalla señaló el riesgo específico que representaba amplificar estas ideas en un programa de televisión de gran audiencia. Los niños, advirtió, son fáciles de engañar. Pueden creer a Poves cuando son pequeños, pero eventualmente, conforme crecen, se darán cuenta de lo absurdo de sus afirmaciones. El problema real, en su opinión, era que durante esos años formativos, habrían estado expuestos a desinformación transmitida por una pantalla que muchas familias ven como autoridad.

Cuando sus compañeros no parecieron recoger su advertencia, Santaolalla elevó el tono. Acusó directamente al programa de "blanquear" a alguien que va contra la ciencia. "¿Cómo vais a blanquear a alguien que va contra la ciencia? No podéis", dijo, dirigiéndose a Abad. Luego remató con una observación que tocaba el corazón del asunto: lo peligroso no era solo que Poves estuviera allí, sino que estuviera en uno de los programas más vistos de la televisión española, donde millones de personas, incluidos menores, podían escucharlo sin filtro crítico.

La escena dejó clara una tensión fundamental en el periodismo televisivo contemporáneo: la diferencia entre incluir voces diversas y amplificar deliberadamente ideas que la comunidad científica ha rechazado. Para Santaolalla, la responsabilidad editorial no era negociable. Para otros en la mesa, la presencia de Poves parecía un entretenimiento más, una curiosidad televisiva sin mayores consecuencias. El desacuerdo no se resolvió en el aire, pero quedó flotando: ¿cuándo termina el derecho a la palabra y comienza la responsabilidad de no difundir daño?

No hay que debatir sobre cosas que ya están establecidas, estudiadas y documentadas
— Sarah Santaolalla
Es muy peligroso porque los niños se engañan con facilidad y luego, cuando crecen, se dan cuenta de la absurdez
— Sarah Santaolalla
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué Santaolalla sintió que debía intervenir tan directamente? ¿No era solo un momento más de televisión?

Model

Porque vio algo que los demás no parecían ver: que la televisión no es neutral. Cuando millones de personas ven a alguien hablar sin contraposición clara, eso se convierte en autoridad.

Inventor

Pero Poves fue invitado precisamente para ser rebatido por una astronauta. ¿No es eso un debate legítimo?

Model

Ahí está el punto. Para Santaolalla, no hay debate posible sobre hechos ya establecidos. Es como invitar a alguien a debatir si el agua hierve a 100 grados. El formato de "ambos lados" presupone que ambos lados son válidos.

Inventor

¿Y los niños que mencionó? ¿Realmente absorben estas cosas de la televisión?

Model

Ella lo cree así. Los niños no tienen el marco crítico de un adulto. Ven a alguien en televisión, lo escuchan, y eso se queda. Años después pueden cuestionarlo, pero el daño inicial ya está hecho.

Inventor

¿Entonces propone que simplemente no se invite a gente como Poves?

Model

Sí, pero no por censura. Por responsabilidad. Hay diferencia entre silenciar a alguien y elegir no amplificar sus ideas en una plataforma de masas.

Inventor

¿Y si otros colaboradores tienen razón? ¿Si la gente tiene derecho a escuchar todas las opiniones?

Model

Esa es la pregunta que quedó sin responder en el plató. Pero Santaolalla diría que no todas las opiniones son iguales. Algunas están respaldadas por evidencia. Otras no. Y esa diferencia importa.

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