La privación de energía como arma de presión contra civiles
En el corazón del invierno ucraniano, Rusia volvió a desatar sus drones sobre ciudades y aldeas, matando al menos a dos civiles y dejando a miles sin calor ni luz. Lo que se despliega no es solo una ofensiva militar, sino una estrategia de agotamiento que convierte la energía en arma y el frío en aliado. Casi cuatro años después del inicio de la invasión, el conflicto acumula cerca de dos millones de bajas combinadas —la mayor sangría entre grandes potencias desde la Segunda Guerra Mundial— mientras el frente avanza a paso de glaciar y las negociaciones permanecen en un horizonte incierto.
- Drones y misiles balísticos rusos golpearon simultáneamente Kiev, Zaporizhzhia, Krivói Rog y Odessa, matando a dos personas y dejando en llamas viviendas y un monasterio ortodoxo.
- La empresa energética DTEK calificó los daños como 'enormes' y Naftogaz reveló que una de sus plantas fue bombardeada por quinta vez en enero, agravando la crisis eléctrica en pleno invierno.
- Miles de ucranianos enfrentan temperaturas gélidas sin electricidad, mientras Zelensky denuncia que los ataques sabotean deliberadamente cualquier posibilidad de acuerdo diplomático.
- Un informe del CSIS estima dos millones de bajas militares combinadas desde 2022, con Rusia cargando 1,2 millones de ellas —pérdidas sin precedente desde la Segunda Guerra Mundial.
- El avance territorial ruso no supera los 70 metros diarios en sus mejores momentos, revelando una guerra de desgaste donde destruir infraestructura sustituye a la conquista de territorio.
El miércoles, Rusia desplegó una oleada coordinada de drones y misiles balísticos sobre múltiples regiones ucranianas. En la comunidad de Bilogorodska, cerca de Kiev, un hombre y una mujer murieron durante el bombardeo y cuatro personas más resultaron heridas. Zaporizhzhia fue atacada en dos ocasiones distintas, incendiando una vivienda. En Krivói Rog, misiles balísticos hirieron a dos personas e impactaron infraestructura crítica. Odessa y un monasterio ortodoxo en la región de Kiev también sufrieron el impacto de drones de combate.
Los ataques no son episodios aislados: forman parte de una campaña sistemática contra la red energética ucraniana. La empresa DTEK describió los daños como 'enormes', mientras Naftogaz confirmó que una de sus plantas occidentales fue bombardeada por quinta vez en enero. Analistas del sector interpretan esta estrategia como un intento deliberado de usar la privación de energía como palanca de presión, buscando que el colapso humanitario obligue a Kiev a ceder en futuras negociaciones. Los ataques llegaron días después de una ronda de conversaciones trilaterales mediadas por Estados Unidos en Emiratos Árabes Unidos, y en medio de un invierno que deja a miles de ucranianos sin electricidad ni calefacción.
El presidente Zelensky condenó los bombardeos y llamó a los aliados a intensificar la presión sobre Moscú, argumentando que estas acciones destruyen cualquier posibilidad real de paz. Mientras tanto, un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) publicado esta semana cifra en aproximadamente dos millones las bajas militares combinadas desde febrero de 2022 —la mayor pérdida humana en un conflicto entre grandes potencias en ochenta años. Rusia carga con cerca de 1,2 millones de esas bajas, incluyendo hasta 325.000 muertos en combate.
A pesar de semejante costo, el avance territorial ruso ha sido mínimo: entre 15 y 70 metros diarios en sus ofensivas más activas de 2024 y 2025. Este ritmo glacial confirma la naturaleza de desgaste del conflicto, donde la destrucción sistemática de infraestructura vital sustituye a las victorias rápidas en el campo de batalla.
Rusia intensificó sus operaciones aéreas contra Ucrania el miércoles, desplegando drones y misiles balísticos en un ataque coordinado que atravesó múltiples regiones y dejó un saldo inicial de al menos dos muertos y seis heridos. Las autoridades militares regionales confirmaron los incidentes casi simultáneamente a través de comunicados oficiales, pintando un cuadro de una ofensiva extendida y deliberada.
En la comunidad de Bilogorodska, cerca de Kiev, un hombre y una mujer perdieron la vida durante el bombardeo, según informó Mykola Kalashnyk, jefe de la administración militar de la región. Cuatro personas más requirieron atención médica inmediata tras el mismo ataque. En Zaporizhzhia, el fuego consumió una vivienda tras el impacto de proyectiles enemigos, y el jefe regional Ivan Fedorov advirtió que la zona fue golpeada en dos ocasiones distintas durante la jornada. En Krivói Rog, un ataque con misiles balísticos contra infraestructura dejó heridos a una mujer de 51 años y un hombre de 60 años. Odessa también fue blanco de drones de combate, mientras que en la región de Kiev un dron impactó el territorio de un monasterio ortodoxo, provocando un incendio.
Esta oleada forma parte de un patrón más amplio de bombardeos rusos dirigidos específicamente contra la red energética ucraniana. La empresa privada DTEK describió los daños como "enormes", mientras que la compañía estatal Naftogaz reportó que una de sus plantas en el oeste del país fue bombardeada por quinta ocasión en enero. El sistema eléctrico nacional, ya debilitado tras casi cuatro años de conflicto, sigue siendo el objetivo principal de las operaciones rusas. Analistas y empresas del sector interpretan esta estrategia como un intento deliberado de utilizar la privación de energía como arma de presión contra la población civil, buscando provocar un colapso humanitario que obligue a Kiev a aceptar términos de rendición en futuras negociaciones.
El presidente Volodimir Zelensky condenó los bombardeos, argumentando que socavan los esfuerzos diplomáticos para alcanzar un acuerdo de paz. Instó a los aliados internacionales a intensificar la presión sobre Moscú para detener la guerra iniciada por la invasión rusa en 2022. Los ataques ocurren en medio de temperaturas gélidas, dejando a miles de ucranianos sin acceso a electricidad en condiciones climáticas extremas. El timing no es casual: los bombardeos se producen poco después de una ronda de negociaciones trilaterales celebrada la semana anterior en Emiratos Árabes Unidos, con mediación estadounidense.
El costo humano acumulado del conflicto alcanza dimensiones históricas. Un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), con sede en Washington, divulgado esta semana, calcula que la invasión rusa ha provocado aproximadamente dos millones de bajas militares combinadas entre ambos bandos desde febrero de 2022. Esta cifra incluye muertos, heridos y desaparecidos, y representa el mayor coste humano registrado en un conflicto entre grandes potencias en los últimos ochenta años. Rusia soporta la mayor parte de estas pérdidas: aproximadamente 1,2 millones de bajas, de las cuales hasta 325.000 corresponderían a muertos en combate. El informe subraya que ninguna gran potencia había registrado pérdidas de tal magnitud desde la Segunda Guerra Mundial, superando incluso las bajas acumuladas por la Unión Soviética en todos sus conflictos posteriores a 1945.
A pesar de estas pérdidas masivas, el avance territorial ruso ha sido extraordinariamente lento. Durante 2024 y 2025, el progreso en las ofensivas más destacadas osciló entre 15 y 70 metros diarios, una tasa inferior a la de casi cualquier campaña ofensiva relevante de las últimas décadas. Este ritmo glacial de avance, combinado con las pérdidas humanas colosales, evidencia la naturaleza de desgaste que define al conflicto. La guerra no se gana mediante movimientos rápidos o victorias decisivas, sino mediante la capacidad de sostener operaciones bajo condiciones de atrito extremo. Los bombardeos contra la infraestructura energética representan una variante de esta estrategia: si no se puede conquistar territorio rápidamente, se puede debilitar la capacidad del enemigo de resistir mediante la destrucción sistemática de sus sistemas vitales.
Citações Notáveis
Los bombardeos minan los esfuerzos diplomáticos para alcanzar un acuerdo de paz— Presidente Volodimir Zelensky
Una casa está ardiendo como resultado de un ataque enemigo en Zaporizhia— Ivan Fedorov, jefe de la administración regional de Zaporizhzhia
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué Rusia sigue atacando plantas de energía si su avance territorial es tan lento?
Porque el objetivo ya no es conquistar territorio rápidamente. Es quebrantar la voluntad de la población civil. Sin electricidad en invierno, sin calefacción, sin agua, la presión sobre Kiev para negociar aumenta exponencialmente.
Pero eso significa que Rusia está admitiendo que no puede ganar militarmente.
Exactamente. Las pérdidas rusas —1,2 millones de bajas en cuatro años— lo dicen todo. Moscú está apostando a que el cansancio y el sufrimiento civil lograrán lo que la fuerza bruta no ha podido.
¿Y funciona? ¿Está Ucrania considerando rendirse?
Zelensky dice que no, que estos bombardeos minan las negociaciones. Pero la realidad es que hay negociaciones en curso. La pregunta es si Ucrania puede mantener la resistencia mientras su población sufre apagones en temperaturas bajo cero.
¿Cuál es el cálculo de Rusia entonces?
Que el tiempo juega a su favor. Aunque avance solo 50 metros diarios, aunque pierda cientos de miles de soldados, si logra que Ucrania colapse internamente, gana. Es una apuesta a la resistencia, no a la victoria rápida.
¿Hay precedentes históricos para esto?
La Segunda Guerra Mundial, el Bloqueo de Leningrado. Pero lo que hace diferente este conflicto es que ocurre en la era de las negociaciones diplomáticas. Rusia no busca ocupar todo el territorio; busca suficiente presión para forzar un acuerdo que le permita retener lo que ha conquistado.