Misiles disparados contra soldados dormidos mientras continúan las operaciones de rescate
Rusia asume control del mar de Azov y despliega misiles hipersónicos Kinjal con alcance de 2.000 km y velocidad diez veces superior al sonido. Bombardeo a cuartel en Mikolaiv mata entre 50 y 200 soldados; crisis humanitaria genera 3,3 millones de refugiados y 6,5 millones de desplazados internos.
- Rusia toma control del mar de Azov el día 24 de la invasión
- Misiles Kinjal: alcance de 2.000 km, velocidad 10 veces superior al sonido
- Bombardeo a cuartel en Mikolaiv: entre 50 y 200 soldados muertos
- 3,3 millones de refugiados según ACNUR; 6,5 millones de desplazados internos
- 112 niños muertos desde el inicio de la invasión
El ejército ruso toma control del mar de Azov y utiliza por primera vez misiles hipersónicos Kinjal, mientras se confirman bombardeos a cuarteles militares. La crisis humanitaria alcanza 3,3 millones de refugiados.
En el vigésimo cuarto día de la invasión, el ejército ruso había consolidado su control sobre el mar de Azov, cerrando una de las últimas vías de escape para los defensores ucranianos atrapados en Mariúpol. La ciudad, ya devastada por semanas de bombardeos incesantes, se convirtió en el epicentro de una ofensiva diseñada para conectar la península de Crimea —anexionada por Moscú en 2014— con los territorios ocupados en el este. Los combates avanzaban hacia el centro urbano, donde la planta metalúrgica de Azovstal, una de las más grandes de Europa, había sido reducida a escombros bajo las órdenes de Vladímir Putin.
En paralelo, el Ministerio de Defensa ruso confirmó públicamente lo que hasta entonces había permanecido en el terreno de la especulación: había utilizado por primera vez misiles hipersónicos Kinjal en territorio ucraniano. El ataque apuntó a un depósito subterráneo de armas ubicado a unos cien kilómetros de la frontera rumana, en el occidente del país. Moscú presentó estas armas como superiores a cualquier sistema de defensa antiaérea existente. Los números eran intimidantes: alcance de más de dos mil kilómetros, velocidad diez veces superior a la del sonido, y capacidad de maniobra permanente durante el vuelo que hacía prácticamente imposible su interceptación.
El viernes por la mañana, un bombardeo directo impactó un cuartel militar en Mikolaiv, ciudad ubicada al sur de Ucrania. Los testimonios de los sobrevivientes pintaban un cuadro de horror. Un soldado de veintidós años que llegó desde un puesto cercano describió la escena: no menos de doscientos militares dormían en la estructura cuando fue atacada. Los equipos de rescate habían extraído al menos cincuenta cuerpos, pero nadie sabía cuántos más permanecían bajo los escombros. Otro militar estimó que el saldo podría alcanzar un centenar de muertos. El gobernador Vitali Klim caracterizó el ataque como un acto de cobardía: misiles disparados contra soldados dormidos mientras las operaciones de rescate continuaban sin tregua.
La violencia no discriminaba. En Novi Petrivski, al norte de Kiev, un niño de dos años murió en un bombardeo. Su muerte elevaba a ciento doce el número de menores fallecidos desde el inicio de la invasión. En la capital, aproximadamente doscientas personas buscaban refugio en la estación de metro Syrets, en el noreste de la ciudad. Una semana antes, muchos desplazados se habían congregado en teatros y centros de entretenimiento, pero uno de estos espacios fue bombardeado, dejando cientos de muertos que el Kremlin se negaba a reconocer.
La crisis humanitaria alcanzaba proporciones sin precedentes. Según la ACNUR, más de tres millones trescientos mil personas habían huido de Ucrania, muchas atravesando la ciudad de Lviv, ubicada a setenta kilómetros de Polonia. El aeropuerto de esa ciudad fue bombardeado el viernes anterior, dejando al menos treinta y cinco muertos según estimaciones de las autoridades locales. Pero el número de desplazados internos —personas que habían abandonado sus hogares pero permanecían dentro del país— alcanzaba los seis millones quinientos mil.
En el frente diplomático, las palabras se endurecían. El primer ministro británico Boris Johnson advirtió el sábado que sería un error volver a relaciones normales con Rusia una vez cesara la invasión. Refiriéndose a cómo Occidente había intentado normalizar vínculos después de la anexión de Crimea en 2014, Johnson declaró que repetir ese camino sería cometer el mismo error nuevamente. En un discurso ante el congreso de su partido en Blackpool, con el embajador ucraniano Vadim Pristaiko presente, Johnson planteó la disyuntiva en términos binarios: elegir entre libertad y opresión.
Estados Unidos, por su parte, expresó estar profundamente decepcionado por la visita del presidente sirio a Emiratos Árabes Unidos, el primer viaje a un país árabe desde el inicio del conflicto sirio en 2011. Simultáneamente, Washington confirmó su compromiso de suministrar antimisiles a Kiev. Los diálogos de paz seguían estancados mientras la maquinaria de guerra rusa desplegaba su arsenal más avanzado: desde el misil Avangard hasta el dron submarino Poseidón, armas que Moscú había presentado cuatro años antes como invencibles e hipersónicas, de alcance ilimitado e invisibles al radar. Putin justificaba la operación militar como una misión de salvación, caracterizando los ataques como respuesta a lo que llamaba genocidio. Zelenski, por su lado, advertía que si Ucrania no recuperaba su integridad territorial y su justicia, las pérdidas rusas serían tales que varias generaciones no podrían recuperarse.
Citações Notáveis
Intentar normalizar las relaciones con Putin después de esto, como lo hicimos en 2014, sería cometer de nuevo el mismo error— Boris Johnson, primer ministro británico
Es hora de restaurar la integridad territorial y la justicia para Ucrania. Si no, las pérdidas de Rusia serán tales que no tendrá varias generaciones para ascender— Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué el control del mar de Azov importa tanto en esta guerra?
Porque cierra la trampa. Mientras Rusia controle ese mar, los defensores de Mariúpol no tienen escapatoria. Y para Putin, conectar Crimea con los territorios del este es el objetivo estratégico fundamental de toda esta ofensiva.
¿Qué hace tan especial al misil Kinjal que Rusia decidió revelar su uso?
La velocidad y la maniobra. Diez veces más rápido que el sonido, imposible de interceptar con los sistemas actuales. Creo que Moscú quería demostrar que posee armas que nadie puede detener, que la victoria es inevitable.
¿Cómo se vive en una ciudad como Kiev cuando hay bombardeos constantes?
Doscientas personas durmiendo en una estación de metro. Teatros convertidos en refugios. Y luego esos mismos teatros son bombardeados. Es la incertidumbre total: ningún lugar es seguro.
Los números de refugiados parecen crecer cada día.
Tres millones trescientos mil personas han cruzado fronteras. Pero hay seis millones y medio más adentro del país, desplazados pero atrapados. Es una migración forzada de escala histórica.
¿Qué significa la advertencia de Boris Johnson sobre no normalizar relaciones?
Que esta vez, si gana Occidente, no volverá a permitir que Rusia se reintegre a la comunidad internacional como si nada hubiera pasado. 2014 fue el error que no se puede repetir.