Los inspectores regresaron, pero solo parcialmente. Es como si Irán dijera: pueden mirar, pero no todo.
En el cruce entre la diplomacia y la amenaza nuclear, Marco Rubio y Rafael Grossi se reunieron esta semana en Washington para reafirmar el papel del OIEA como guardián de un mundo que teme lo que Irán podría estar construyendo en silencio. Los inspectores internacionales han regresado parcialmente a suelo iraní tras meses de expulsión, pero el acceso a los sitios más sensibles sigue vedado, y el reloj corre hacia el 31 de agosto, fecha en que Estados Unidos y Europa decidirán si la diplomacia aún tiene algo que ofrecer.
- Irán ha enriquecido más de 400 kilogramos de uranio a niveles cercanos al grado militar, una escala sin precedentes para un país sin armas nucleares declaradas.
- Tras los bombardeos israelíes y estadounidenses sobre instalaciones nucleares iraníes, Teherán expulsó a los inspectores del OIEA, dejando al mundo sin ojos dentro del programa.
- Los inspectores han regresado, pero solo a la central de Bushehr; los sitios bombardeados y otros lugares clave permanecen fuera de su alcance, y la cooperación iraní sigue siendo insuficiente.
- El 31 de agosto es la fecha límite fijada por EE.UU. y el E3 europeo: si Irán no reanuda negociaciones y no permite acceso pleno, las sanciones de la ONU del acuerdo de 2015 volverán automáticamente.
- Grossi, quien recibe protección policial tras recibir amenazas atribuidas a Irán, advierte que aún queda mucho por aclarar antes de poder hablar de una supervisión completa.
Marco Rubio se reunió esta semana en Washington con Rafael Grossi, director general del OIEA, para reafirmar el compromiso estadounidense con la supervisión del programa nuclear iraní. El secretario de Estado publicó un mensaje claro tras el encuentro: Estados Unidos sigue respaldando al organismo en su tarea de monitorear el enriquecimiento de uranio y garantizar que la energía nuclear iraní tenga usos exclusivamente pacíficos.
El contexto es delicado. Hace poco más de un mes, Israel y Estados Unidos bombardearon instalaciones nucleares en Irán, incluyendo ataques con bombas antibúnker. Como respuesta, Teherán expulsó a los inspectores del OIEA. Tras una guerra de doce días entre Irán e Israel en junio, los inspectores han regresado, pero solo parcialmente: pueden supervisar el reemplazo de combustible en la central de Bushehr, mas no acceder a los sitios bombardeados ni a otras instalaciones clave. Grossi, quien ahora recibe protección policial especial tras una amenaza que él atribuye a la dirección iraní, reconoció que el trabajo de recuperar el acceso completo sigue en marcha.
Lo que da urgencia a todo esto es el uranio. Irán ha acumulado más de 400 kilogramos enriquecidos a niveles cercanos al grado militar, una escala que ningún otro país sin armas nucleares ha alcanzado. La cooperación iraní con los inspectores sigue siendo insuficiente, y el acceso a los sitios más sensibles aún no se ha restablecido.
Durante su visita, Grossi también se reunió con representantes de Alemania, Francia y el Reino Unido, el llamado E3, que llevan semanas negociando con Irán en busca de una salida diplomática. El plazo es el 31 de agosto: si para esa fecha Irán no reanuda negociaciones con Washington, no permite acceso pleno a los inspectores de la ONU y no rinde cuentas sobre su uranio altamente enriquecido, EE.UU. y el E3 activarán el mecanismo de reversión del acuerdo nuclear de 2015, lo que implicaría el regreso automático de las sanciones de la ONU.
El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, confirmó la presencia de inspectores en Bushehr, pero advirtió que eso no garantiza acceso a otras instalaciones en el corto plazo. Grossi fue cauteloso pero esperanzador: el regreso de los inspectores, aunque limitado, es un avance real en un momento en que había voces que apostaban por el fin de toda cooperación. Lo que queda por ver es si ese avance será suficiente antes de que el reloj marque el 31 de agosto.
Marco Rubio se sentó con Rafael Grossi en Washington esta semana para hablar de lo que preocupa a medio mundo: qué está haciendo Irán con su programa nuclear y quién lo está vigilando. El secretario de Estado estadounidense salió de la reunión con un mensaje claro publicado en redes sociales: Estados Unidos sigue respaldando al Organismo Internacional de Energía Atómica en su tarea de monitorear el enriquecimiento de uranio iraní y garantizar que los usos de la energía nuclear sean pacíficos, no armados.
Esta conversación ocurre en un momento delicado. Hace poco más de un mes, Israel y Estados Unidos bombardearon instalaciones nucleares iraníes, incluyendo ataques con bombas antibúnker. Después de eso, Irán expulsó a los inspectores de la OIEA. Ahora, tras una guerra de doce días entre Irán e Israel en junio, los inspectores han regresado parcialmente. Pueden acceder a la central nuclear de Bushehr para supervisar el reemplazo de combustible, pero no tienen acceso a otros sitios clave, especialmente aquellos que fueron bombardeados. Grossi, quien ahora recibe protección policial especial después de recibir lo que él describe como una amenaza que provino "de la dirección" de Irán, ha dejado claro que el trabajo de recuperación del acceso completo sigue en marcha.
Lo que hace que todo esto sea urgente es el uranio. Irán ha enriquecido más de 400 kilogramos de uranio a niveles cercanos al grado militar. Es el único país sin armas nucleares que lo hace en esa escala. Estados Unidos, la OIEA y otros actores internacionales sostienen que Irán mantuvo un programa de armas nucleares hasta 2003, aunque Teherán insiste en que su programa es exclusivamente civil. La cooperación iraní con los inspectores sigue siendo insuficiente, según advierte Grossi, y el acceso a los sitios clave aún no se ha restablecido plenamente.
Durante su visita a Washington, Grossi no solo se reunió con Rubio. También habló con funcionarios de Alemania, Francia y el Reino Unido, los tres países europeos conocidos como el E3. Estos líderes europeos han estado negociando con representantes iraníes en las últimas semanas, intentando encontrar una solución diplomática antes de que se agote el tiempo. El 31 de agosto es la fecha límite que han fijado Estados Unidos y el E3. Si Irán no cumple varias condiciones para esa fecha —reanudar negociaciones con Washington, permitir acceso completo a inspectores de la ONU y rendir cuentas sobre el uranio altamente enriquecido— activarán el mecanismo de reversión automática del acuerdo nuclear de 2015. Esto significa que las sanciones de la ONU volverían a imponerse.
Grossi ha caracterizado el regreso de los inspectores como un avance significativo, aunque limitado. Señaló que había voces en Irán que abogaban por terminar toda cooperación con la OIEA después de los bombardeos, y voces en el mundo que sugerían que la agencia nunca volvería. El hecho de que los inspectores hayan regresado, aunque sea parcialmente, es importante porque permite que continúe el trabajo de verificación que realiza la OIEA en nombre de la comunidad internacional. Sin embargo, Grossi fue claro: aún hay mucho por aclarar y varios aspectos que abordar antes de que se pueda decir que la supervisión es completa.
El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, confirmó el miércoles que los inspectores están presentes en Bushehr, pero advirtió que esto no significa que la OIEA vaya a tener acceso a otras instalaciones en el corto plazo. Grossi no tiene previsto regresar a Irán pronto —su última visita fue a principios de año— aunque mantiene contacto con las autoridades iraníes para coordinar la logística de acceso a todos los sitios.
Lo que está en juego es si la diplomacia puede prevalecer antes del 31 de agosto. Si no hay avances, las sanciones volverán, lo que podría escalar aún más las tensiones en una región ya tensa. Por ahora, los inspectores están de vuelta en Irán, aunque solo parcialmente, y el mundo está observando si eso es suficiente para que ambas partes encuentren un camino hacia adelante.
Citas Notables
Reafirmé el apoyo de Estados Unidos al OIEA en mi reunión con el Director General Rafael Grossi. Estados Unidos está comprometido con el fomento de los usos pacíficos de la energía nuclear y la prevención de la proliferación de armas nucleares.— Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos
Es importante que los inspectores hayan regresado, aunque aún debemos aclarar varios aspectos y abordar todos los temas relevantes para las inspecciones que debemos realizar en Irán.— Rafael Grossi, director general de la OIEA
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué es tan importante que Rubio se reúna con Grossi justo ahora?
Porque hay un reloj corriendo. El 31 de agosto es la fecha límite para que Irán cumpla con varias condiciones, o si no, las sanciones vuelven. Rubio necesita que quede claro que Estados Unidos respalda el trabajo de la OIEA, que es la única forma de verificar qué está haciendo Irán realmente.
¿Qué cambió después de los bombardeos?
Irán expulsó a los inspectores. Fue una ruptura casi total. Ahora han vuelto, pero solo parcialmente. Pueden estar en Bushehr, pero no en los sitios que fueron bombardeados. Es como si Irán dijera: "Pueden mirar, pero no todo".
¿Cuál es el verdadero problema con el uranio?
Irán tiene más de 400 kilogramos enriquecido a niveles cercanos al grado militar. Eso es suficiente para hacer armas. Es el único país sin armas nucleares que hace esto. Entonces la pregunta es: ¿por qué lo necesita si dice que su programa es pacífico?
¿Qué pasa si no hay acuerdo antes del 31 de agosto?
Las sanciones vuelven. Eso significa más presión económica sobre Irán, pero también más riesgo de escalada. Nadie quiere eso, pero tampoco parece que haya mucho movimiento diplomático en este momento.
¿Grossi está en peligro?
Recibe protección policial especial ahora. Dice que recibió una amenaza que provino de "la dirección" de Irán. Eso te dice algo sobre las tensiones. Pero sigue haciendo su trabajo, intentando mantener los canales abiertos con Teherán.
¿Qué necesita pasar para que esto se resuelva?
Irán tendría que permitir acceso completo a todos los sitios nucleares, rendir cuentas sobre ese uranio, y volver a negociar con Washington. Es mucho pedir después de los bombardeos. Pero es lo que está sobre la mesa.